Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 2 ❦ Capítulo II
Desarrollo de las ideas filosóficas en Alemania en vísperas de la revolución burguesa de 1848. La filosofía clásica alemana. L. Feuerbach.
La Alemania del segundo cuarto del siglo XIX no era ya la misma de la centuria pasada. En ese tiempo se desarrolla con bastante rapidez la industria capitalista, aparecen centros fabriles en el Rin y se forma un mercado interior común a todo el país. Todo esto crea las premisas objetivas de la revolución burguesa.
Las capas más radicales de la burguesía, alentadas por los éxitos de la revolución francesa de 1830, propugnan la reorganización burguesa del régimen social y político y la unificación nacional de Alemania.
La burguesía reclamaba la creación de asambleas representativas en vez de los Landtag de las provincias, instituciones estamentales en las que los nobles hacían y deshacían a su antojo. Al mismo tiempo, la capa superior de la burguesía buscaba el compromiso con los señores feudales prusianos, con la esperanza de que la unificación nacional de Alemania se llevaría a cabo bajo la égida de Prusia.
El proletariado alemán comienza a salir a la palestra de la lucha política. En 1814 se produjo el famoso levantamiento de los tejedores de Silesia, que tuvo eco en toda Alemania. Menudean también las “revueltas del hambre” de los obreros y las acciones espontáneas de los campesinos en distintas regiones del país.
La burguesía presiente que la revolución está cerca y trata de encontrar apoyo en las masas del pueblo. Ahora bien, en su generalidad se ve dominada por el temor a los movimientos populares y por eso se limita a pedir escasas reformas y busca el acuerdo con la reacción feudal aristocrática.
Paralelamente, los ideólogos de la burguesía alemana en ascenso se esfuerzan por presentar sus limitados planes liberales –separación de la Iglesia y el Estado, tribunales de jurados. etc.– casi, casi como una transformación histórica que había de dejar atrás incluso las conquistas de la revolución de 1789 en Francia.
Sólo un reducido grupo de demócratas burgueses revolucionarios llama [104] a la lucha contra los regímenes políticos reaccionarios que imperaban en Alemania.
Los mejores intelectuales de la burguesía democrática se incorporan al movimiento literario de la Joven Alemania, que en un principio tuvo en su filas al conocido publicista Ludwig Börne y al eminente poeta Enrique Heine.
Frente a la ideología de la reacción feudal, los hombres de la Joven Alemania presentaban sus ideas democráticas, afines a las ideas de la revolución francesa de 1789-1794, hablaban de la necesidad de derrocar la monarquía absoluta y sometían a aguda crítica el reaccionario régimen social y político a la sazón imperante en el país.
Börne, que se vio obligado a emigrar a Francia, en sus Cartas de París invitaba a sus compatriotas a utilizar la experiencia de la revolución francesa y a suprimir por vía revolucionaria el régimen político de la Alemania absolutista. Pero Börne no era consecuente en sus opiniones y al final de su vida se adhirió al “socialismo cristiano”.
Más importante fue el papel de Heine, con su crítica del régimen absolutista y con su defensa de la unidad nacional de Alemania y de la república democrática. En su poesía Michel después de marzo combate con un espíritu democrático las fluctuaciones de la burguesía alemana entre la reacción y la libertad. También censura enérgicamente la inconsecuencia y las vacilaciones liberales de Börne y sus adeptos.
En Los tejedores de Silesia se refiere al proletariado como fuerza principal en la lucha por la nueva Alemania. Heine, sin embargo, no pudo superar la limitación de sus concepciones respecto de algunos problemas fundamentales de la vida política. Temía, por ejemplo, que el triunfo de la revolución proletaria trajera consigo la desaparición del arte. Mas con todas sus vacilaciones y su inconsecuencia, Heine ha pasado a la historia como gran figura de la cultura alemana y como intrépido combatiente contra la ideología feudal.
Ofrece gran interés la actividad del escritor republicano Jorge Büchner, a quien se debe la organización de la Sociedad de los Derechos del Hombre (1834). Tratábase de una asociación clandestina que hacia su trabajo entre los campesinos y propagaba las ideas democráticas, abiertamente hostiles al régimen feudal absolutista imperante en Alemania.
Una doctrina característica de la pequeña burguesía alemana de los años anteriores a 1848 era la doctrina de los llamados “socialistas verdaderos” (K. Grün, M. Hess, etc.) que Marx y Engels combatieron en La ideología alemana, el Manifiesto del Partido Comunista y en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.
El “socialismo verdadero” era una tendencia populista adaptada a las condiciones de la Alemania feudal y absolutista. Negaban con un espíritu utópico populista la necesidad histórica del desarrollo capitalista y sostenían la ilusoria teoría del paso directo del país al socialismo, pasando por encima de la fase capitalista de desarrollo. Los “socialistas verdaderos” creían en la conciliación de las clases antagónicas, negaban la lucha política y sostenían ideas chovinistas de superioridad de los alemanes sobre todos los demás pueblos.
Vemos, pues, que en los años 30-40 del siglo XIX había en Alemania toda clase de grupos político-sociales, desde los revolucionarios y democrático-burgueses [105] hasta los reaccionarios que eran portavoces de los intereses de los terratenientes.
Hacia 1845 Alemania se encontraba en vísperas de la revolución burguesa. En el país maduraba la situación revolucionaria. Esto se reflejó en el desarrollo del pensamiento social y de la filosofía.