Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1965


Tomo 2 ❦ Capítulo I: 1

1. Los ilustrados alemanes del siglo XVIII. Herder, Lessing, Schiller y Goethe.

A finales del siglo XVIII, la lucha ideológica de los portavoces de las capas avanzadas de la burguesía y de los círculos progresivos de la nobleza contra la ideología feudal cobró expresión, en Alemania, en la tendencia ilustrada del pensamiento social. Lessing, Schiller, Goethe y otros ilustrados alemanes denunciaron en sus obras el despotismo feudal y señalaron la necesidad de forjar la unidad nacional del pueblo alemán y de asegurar el libre desarrollo de la cultura nacional alemana. Los ilustrados contribuyeron considerablemente al desenvolvimiento de una cultura humanista alemana, dirigida contra la opresión feudal.

Estos pensadores apreciaban altamente la lengua nacional alemana y condenaban la tradición medieval que exigía que las ideas científicas y filosóficas se expusieran en latín, lengua incomprensible para la mayor parte de la población. Al igual que los ilustrados franceses, dichos pensadores criticaban la teología, combatían la escolástica y defendían el librepensamiento. Es cierto que, dado el atraso de su país, los ilustrados alemanes no adoptaron las posiciones del ateísmo; sin embargo, en las condiciones de la época, incluso una crítica a medias de la religión desempeñaba un papel progresivo y contribuía al desmoronamiento de la ideología feudal.

Gran mérito de los ilustrados alemanes fue su lucha ideológica contra los privilegios de casta de los feudales. Proclamaban que todos los hombres nacen iguales y que los representantes del “tercer estado” no cedían en nada, por sus cualidades morales, a los miembros de las castas privilegiadas. La persona humana tiene derecho a la felicidad y a desenvolverse libremente, decían los ilustrados alemanes, y agregaban: el ascetismo medieval es enemigo de la humanidad.

Uno de los primeros exponentes de la Ilustración alemana, el famoso poeta Klopstock, desarrolló las ideas humanistas y exhortó a la unificación nacional de Alemania.

Gracias a su optimismo, a su fe en un porvenir feliz para su pueblo, a su anhelo de vivir en amistad con otros pueblos y a su odio a las guerras dinásticas, feudales –sentimientos que expresaban la elevación del autoconocimiento nacional del pueblo alemán–, los ilustrados alemanes crearon una obra que es hoy orgullo nacional de la Alemania democrática de nuestros días. Los dirigentes del Partido Socialista Unificado de Alemania han señalado, más de una vez, el carácter progresivo de las tradiciones de la Ilustración alemana.

Los ilustrados alemanes apreciaban en alto grado la filosofía progresiva, tanto la de Alemania como la de otros pueblos. Se interesaban por la filosofía de Spinoza, exaltaban a Diderot y, en la filosofía antigua, se volvían hacia Epicuro y Lucrecio. A la vez que condenaban el idealismo de Platón, sometían a crítica la escolástica medieval. De este modo, despejaron el camino para la difusión de las ideas materialistas en Alemania, aunque ellos mismos no eran, en general, materialistas.

Los ilustrados alemanes desempeñaron un papel fecundo en el campo de la estética. Se opusieron resueltamente a los portavoces reaccionarios del romanticismo, como Novalis y Tieck, que ensalzaban la Edad Media, propagaban [23] el misticismo y la teología y adoptaban posiciones incompatibles con el arte de la vida real. Los ilustrados vinculaban el arte a la vida y veían en él una expresión de la concepción humanista del mundo.

En cuanto al modo de abordar y de resolver los problemas político-sociales, los ilustrados eran poco consecuentes, Su oposición al absolutismo se manifestaba principalmente en la literatura y el arte. Preferían los problemas estéticos a los políticos, y cada uno resolvía a su modo las cuestiones estéticas y filosóficas.

La tendencia materialista se manifiesta en las corrientes más avanzadas de la Ilustración y de la filosofía alemanas de aquel tiempo; dicha tendencia aparece, por ejemplo, en las obras de Goethe, Knabel, Einsidiel y Forster.

En la preparación ideológica del movimiento ilustrado alemán desempeñó un papel importante Juan Godofredo Herder (1744.1803). Pese al carácter moderado de sus ideas políticas, fue uno de los primeros que se manifestaron en pro de la formación y del desarrollo de la autoconciencia del pueblo alemán frente a la pasión cosmopolita de la aristocracia por “todo lo extranjero”. Aunque en la forma abstracta propia de los ilustrados, Herder proclamó al pueblo como fuente principal de la cultura. A él pertenece una idea tan valiosa como la del reconocimiento de la inmensa importancia de la poesía popular para la creación literaria. En su obre filosófica Ideas para la filosofía de la historia de la humanidad se ponía di relieve su tendencia a descubrir algunas leyes objetivas en el desarrollo de la sociedad. Pero Herder no concebía acertadamente esas leyes y las reducía a la acción del medio geográfico o a la “influencia de Dios” sobre el destino de la humanidad.

En un trabajo filosófico suyo, titulado Dios, Herder trataba de esclarecer la significación de la filosofía de Spinoza. Sin embargo, abordaba falsamente las ideas del filósofo holandés, convirtiéndolo en un idealista y en un teólogo, sin ver la diferencia de principio existente entre la filosofía de Spinoza y la filosofía idealista de Leibniz. Sin embargo, sus intentos de familiarizar al lector con la filosofía espinociana tenían un alcance positivo, pese a que daba una idea falsa del pensador holandés y que hacían del materialista Spinoza un filósofo idealista.

En su Metacrítica, obra en la que criticaba a la filosofía kantiana, aun sustentando también un posición idealista, Herder se afanaba, a la vez, por demostrar que el conocimiento es un proceso de penetración en la realidad, es decir, de descubrimiento de la verdad. Pero, siendo como era idealista en lo fundamental, no podía comprender que la verdad objetiva es un reflejo del mundo material objetivo.

Merece ser valorado positivamente su intento de abordar en una dirección realista la teoría del arte, y de ver el nexo que une el arte y la vida. Herder trataba de ligar el arte a la vida y de comprender su misión social, pero sin situarse aún en las posiciones de la estética realista.

La significación progresiva de Herder se pone de relieve en su propagación del humanismo, que, pese a su carácter abstracto, estaba dirigido contra las relaciones feudales, de casta.

La Ilustración alemana alcanzó su más alto florecimiento en las obras de los geniales cultivadores de la literatura y del teatro, es decir, en las obras de Lessing, Schiller y Goethe, de cuyos nombres se enorgullecen [24] legítimamente no sólo el pueblo alemán, sino toda la humanidad progresiva. Siendo como eran hombres de formación universal, que brillaron no sólo en las letras, sino también en la ciencia y la filosofía, los ilustrados alemanes desempeñaron un papel muy importante en la historia de la filosofía alemana.

En la lucha contra la ideología feudal y en el desenvolvimiento de la cultura humanista alemana durante la segunda mitad del siglo XVIII destacó grandemente Teófilo Efraín Lessing (1729-1781).

Lessing criticó los privilegios de casta, exhortó a luchar contra las relaciones de servidumbre y desarrolló concepciones estéticas avanzadas.

Propugnaba la idea del progreso como una necesidad social, aunque concebía abstractamente el desarrollo de la sociedad; veía el progreso social en el mejoramiento de la vida “en general” y combinaba la lucha por el progreso con el reconocimiento de un creador divino, que educa a los hombres en un espíritu de amor y de justicia.

Oponiéndose enérgicamente a la intolerancia religiosa y nacional, Lessing sostenía que todos los hombres son iguales por su nacimiento y que cada ser humano tiene derecho a la felicidad, independientemente de su posición social y de sus creencias religiosas. Denunciaba asimismo a los déspotas feudales que para satisfacer sus caprichos eran capaces de cometer cualquier crimen. Sin embargo, se limitaba a una simple condena moral del régimen feudal, sin poner al descubierto las bases sociales del despotismo.

Lessing se proponía reivindicar la dignidad humana y protestaba contra el ascetismo medieval, que aplastaba a la personalidad humana. Como todos los ilustrados, este humanista proclamaba el derecho del hombre a la alegría y al disfrute de una vida feliz en la tierra. Sin renunciar a la difusión de las ideas religiosas, un tanto renovadas (y en esto radicaba su debilidad esencial), sostenía, a su vez, que el hombre debe mirar no al mundo del más allá, sino a la vida real terrena.

Lessing se limitaba a un reconocimiento abstracto de los derechos de la personalidad; sin embargo, su humanismo desempeñó un papel progresivo, indudablemente, en la lucha contra la ideología feudal, de casta. Sus ideas humanistas se expresan, sobre todo, en su conocida obra teatral Nathan el discreto.

Lessing expuso sus ideas estéticas en los artículos que publicó en la revista Cartas sobre la literatura del día y, sobre todo, en dos trabajos filosóficos fundamentales: Laocoonte o sobre los límites de la poesía y de la pintura (1766) y Dramaturgia de Hamburgo (1767-1769). Exigía a los artistas que siempre tuvieran presente en sus creaciones la representación realista de hombres vivos con sus acciones, y protestaba asimismo contra la imagen metafísica del hombre que hacia de éste un ser petrificado.

Siendo como era uno de los más destacados representantes de la estética realista del siglo XVIII, lanzó, sumándose a Diderot, la consigna progresiva de crear un arte nacional alemán. La imagen abstracta y cosmopolita de un hombre, alejado de su medio nacional concreto, le parecía antiartística y opuesta al realismo, y constantemente se mofaba de ella. La obra teatral de Lessing Minna von Barhelm fue, según Chernishevski, el primer drama alemán verdaderamente nacional: “Aquí, los alemanes se vieron [25] a sí mismos y a su propia vida, por primera vez, convertidos en objeto de una reproducción artística.”11

Lessing sometió a crítica la poesía cortesana y feudal. En su Laocoonte se mostraba enemigo del clasicismo y partidario de la representación realista de la realidad. Al valorar esta obra, Chernishevski señalaba que en ella “la vida humana se convierte en el único objeto fundamental y en el único contenido esencial de la poesía, a la vez que se reconoce que el elemento dramático es su fuerza principal”.12

Lessing exigía que se pintara siempre a los hombres en un determinado medio social y consideraba que el artista debía mostrar por qué los hombres son buenos en unas circunstancias y malos en otras. En las condiciones de la Alemania de los príncipes, expresaba la idea progresiva de que en el arte debe preferirse la representación de los hombres sencillos a la de los príncipes y héroes.

“Los nombres de los príncipes y de los héroes –escribía Lessing– pueden dar magnificencia y majestad a la obra, pero no contribuyen en absoluto a hacerla conmovedora. Es muy natural que las desdichas de aquellos hombres, cuya situación se asemeja más a la nuestra, afecten de la manera más intensa a nuestra alma, y si compadecemos a los reyes, será simplemente como hombres, no como reyes. Y si gracias a su dignidad sus desgracias tienen más importancia, no por ello se vuelven más interesantes para nosotros.”13

Partiendo de posiciones humanistas, Lessing afirmaba que, al crear. el artista debía tener presente ante todo al hombre, es decir, las pasiones y los intereses humanos. Incluso al representar la naturaleza hay que pensar siempre en el hombre. A juicio de Lessing, el arte es social por su propia esencia. Nuestro ilustrado alemán simpatizaba con Diderot, en el que veía un compañero de ideas en la lucha en pro de una estética realista y en contra de las concepciones idealistas del arte. Al mismo tiempo, Lessing lo apreciaba altamente como escritor.

Lessing se distinguió por su intento de poner al descubierto las relaciones mutuas entre las diversas artes. Partiendo de las posiciones de la ascética realista, trató sobre todo de mostrar las peculiaridades de la pintura y de la escultura. Al plantearse el problema de los límites de la pintura y de la poesía, es decir, de sus rasgos específicos, Lessing abordaba en su Laocoonte las cuestiones fundamentales de una estética realista avanzada. A su modo de ver, la pintura se diferencia de la poesía en que la primera representa su objeto en cl espacio, mientras la segunda lo hace en el tiempo. Todas las artes reproducen la naturaleza, pero cada una tiene sus rasgos específicos: al igual que la escultura, la pintura se limita a representar las relaciones espaciales entre los objetos en estado de reposo, en tanto que el contenido de la poesía son las acciones que se desarrollan en el tiempo.

A diferencia de la tipificación abstracta e inmóvil de las artes plásticas. las imágenes verbales de la poesía captan su objeto, según Lessing, [26] en movimiento, en su individualidad, en su plenitud vital y en sus manifestaciones. La poesía es superior a la pintura, de la misma manera que la vida se halla por encima de lo abstracto. La generalización poética se distingue de la plástica en que se realiza por medio de la individualización. Esta tesis de Lessing revela un modo dialéctico de abordar el problema de la correlación de lo típico y de lo individual en el arte.

En su Dramaturgia de Hamburgo critica las teorías estéticas, que niegan la realidad como objeto y fuente del arte; pero, al mismo tiempo. rechaza el naturalismo por considerarlo una copia vulgar de la realidad. La misión del poeta es, según él, mostrar lo típico y lo esencial a diferencia de lo accidental y secundario.

Lessing condena a los escritores que se guían no por los procesos sujetos a leyes, sino por las excepciones: “Quien pinta lo excepcional –afirma Lessing– no representa, sin duda alguna, cosas totalmente naturales. Cleopatra Cornelia, una mujer que para satisfacer su ambición y su orgullo era capaz de cometer cualquier crimen y que sólo obraba conforme a normas maquiavélicas, constituye un verdadero monstruo de su sexo...”14 El arte debe representar no lo que contradice a la realidad, sino lo característico de ella. Lessing critica el clasicismo, ante todo, porque entra en contradicción con la vida, con los intereses reales de las gentes sencillas.

En Lessing, la aguda crítica del clasicismo de los siglos XVII y XVIII se proponía principalmente fundamentar la misión del teatro en una sociedad avanzada. Á juicio suyo, el arte dramático, especialmente la tragedia, es el género poético supremo. Mediante la pintura de los choques y conflictos, la obra dramática conduce finalmente, según Lessing, a la armonía y a la concordia.

Como ilustrado que era, Lessing no podía poner al descubierto el carácter antagónico de las contradicciones sociales y de los conflictos trágicos; su mérito histórico consiste en haber subrayado y fundamentado la significación ideológica y educativa del arte dramático, así como su avanzada función social en el desarrollo del humanismo.

El arte debe contribuir a la ilustración, afirmaba Lessing, y su misión no es otra que la de educar a los hombres en un espíritu moral. Este filósofo ilustrado tenía la esperanza de que el arte contribuyera a una “renovación” moral de la nobleza y a “suavizar” el régimen despótico. Estas limitaciones de las ideas ilustradas de Lessing eran, en última instancia, la expresión ideológica de la debilidad e inconsecuencia de la burguesía alemana en sus acciones contra el feudalismo.

Lessing no expuso sistemáticamente sus concepciones filosóficas. Sin embargo, como se desprende de sus obras, se aproximaba al racionalismo del siglo XVII y, desde estas posiciones, solía combatir a la escolástica, caracterizándola como un sistema innecesario y estéril de ideas deformadas sobre el mundo.

En Spinoza veía al más grande de los filósofos y se consideraba sinceramente partidario de sus ideas. Pero enfocaba erróneamente el espinocismo con un criterio idealista e interpretaba teológicamente el “Dios” de Spinoza como el creador del universo.

Desde sus posiciones ilustradas, Lessing rechazó la autoridad de las [27] “Sagradas Escrituras” y condenó al clero, considerándolo un baluarte de la ignorancia y del oscurantismo; sin embargo, se hallaba lejos del ateísmo. Como partidario de una “nueva” religión, burguesa, suponía falsamente que la religión podía ser un medio para la educación moral de la humanidad. Esto revela nuevamente las limitaciones idealistas de sus ideas ilustradas.

Las ideas de la Ilustración se desarrollan posteriormente en las obras de Schiller y Goethe, quienes, al decir de Chernishevski, coronaron lo realizado por Lessing. Schiller y Goethe figuran entre los mejores representantes de la nación alemana y fueron destacados paladines de la cultura humanista.

El gran escritor y pensador avanzado alemán Juan Cristóbal Federico Schiller (1759-1805) denunció resueltamente el despotismo feudal, a la vez que los privilegios y prejuicios de casta. Como poeta y dramaturgo ocupa un puesto eminente no sólo en la literatura alemana, sino en toda la literatura universal.

Su famoso drama Los bandidos, que constituía un reto audaz a toda la sociedad feudal, apareció con este lema: “¡Contra los tiranos!”

En sus tragedias La conjuración de Fiesco en Génova, Intriga y amor y otras, Schiller expresaba ideas antimonárquicas, republicanas, que lo emparentaban con los ilustrados franceses más radicales.

Los ataques de Schiller a los prejuicios feudales desempeñaron un papel progresivo importante en el desenvolvimiento de la cultura humanista alemana y contribuyeron al reforzamiento del espíritu antifeudal entre las capas avanzadas de la intelectualidad de Alemania. Schiller se vio en conflictos con los representantes del régimen despótico, y por un decreto del conde Carlos Eugenio de Württemberg se le prohibió escribir dramas.

En su drama Intriga y amor, Schiller fustigaba la depravación moral de la nobleza. Sin embargo, aunque sus simpatías estaban por completo del lado de los representantes del “tercer estado”, no sacó la conclusión lógica de que era necesario destruir revolucionariamente el régimen feudal. En la pieza Guillermo Tell justificaba el tiranicidio, pero sólo como medio de autodefensa. La crítica schilleriana de la ideología feudal revestía un carácter limitadamente ilustrado.

Como Rousseau, Schiller exhortaba a sus compatriotas a ser naturales y sencillos y a abandonar las costumbres feudales ya caducas.

Al igual que otros ilustrados burgueses, estaba profundamente convencido de que el régimen feudal, basado en la servidumbre, podía ser destruido por la fuerza de la razón y con ayuda de los medios de la educación. Apreciaba favorablemente la fase girondina de la revolución francesa y era enemigo del empleo de métodos jacobinos, audaces y resueltos contra los pilares del feudalismo.

Sus ideas filosóficas tenían un carácter idealista. Más de una vez afirmó Schiller que su concepción del mundo no partía de la naturaleza, sino del “espíritu libre”, que a su modo de ver imperaba sobre la materia. El principal objetivo de la existencia humana era para él “liberarse” del poder de la materia. Ahora bien, Schiller no consideraba el estudio de la naturaleza como una tarea pecaminosa o superflua.

En una carta que escribió a Goethe, fechada el 27 de febrero de 1798. Schiller acogía con entusiasmo la idea del gran poeta relativa a la capacidad [28] humana de conocer la naturaleza y sus leyes. “En su última carta –escribía– me sorprendió la idea de que, si bien un solo hombre no puede conocer la naturaleza, ésta puede ser captada por la totalidad de los individuos. Creo, ciertamente, que cada individuo puede ser considerado como un sentido especial, que percibe la naturaleza de un modo tan peculiar como un órgano sensorial humano aislado, y que exactamente de la misma manera no puede ser sustituido por otro, como no puede serlo el oído por el ojo, etc.”15 Al igual que Goethe, Schiller se oponía abiertamente al agnosticismo y pensaba que la naturaleza es cognoscible.

Las ideas estéticas de Schiller influyeron fecundamente en la historia de la cultura alemana. En su trabajo estético más antiguo –el primer prólogo a Los bandidos– señalaba Schiller que la misión del dramaturgo es representar verídicamente la realidad. Llamaba al teatro espejo de la vida humana y reconocía el valor moral-social del arte.

Para Schiller, el teatro es escuela de sabiduría práctica y guía en la vida civil. Si el arte expresara los intereses del pueblo –decía el escritor–, si Alemania contara con su teatro nacional, los alemanes constituirían entonces una nación.

El arte, según Schiller, tiene una inmensa importancia social. Cuando la justicia, corrompida por el oro, se vuelve ciega y sirve al vicio; cuando los ricos y los malvados poderosos escarnecen a los pobres indefensos y las autoridades se muestran indulgentes con los criminales, el teatro se convierte en un tribunal y enjuicia el vicio y el crimen.

Las limitaciones históricas de la Ilustración se manifiestan también, como es natural, en la concepción del mundo de Schiller. Su lucha contra las relaciones feudales se combinaba con la idea utópica de la benéfica misión social del príncipe “ilustrado”, y con el reconocimiento de la significación moral de la religión.

En la estética de Schiller las ideas metafísicas se combinaban con elementos de una dialéctica idealista. En este sentido, era hasta cierto punto un continuador de la estética de Kant y un precursor de Hegel en la solución de muchos problemas estéticos.

Schiller se aproximó a una concepción dialéctica del arte, es decir, de la unidad dialéctica de la forma y del contenido. El hombre moderno, según él, se caracteriza por su dualidad; falta en él esa integridad propia de los antiguos, que hallaba su expresión más brillante en el arte de la Antigüedad. Sólo el arte puede resolver la tarea de superar esa dualidad.

Schiller expuso una teoría que postulaba la interdependencia del contenido y la forma en el arte. En la creación artística se funden, a su modo de ver, la objetividad de las leyes de la realidad y la subjetividad de las necesidades humanas.

Precisamente en el arte, afirmaba Schiller, se plasma la unión más perfecta y la relación más íntima entre el contenido (la realidad) y la forma (la aspiración a la belleza); en el arte se realiza la libertad como producto de la necesidad. Por ser activos, el sentimiento y la razón se niegan mutuamente y crean el estado estético, que arranca al hombre del reino de la necesidad, transportándolo al reino de la libertad y del [29] ideal. En este sentido, el arte es juego, pues sólo el juego hace libre al hombre.

Esta contraposición idealista entre la vida real y el reino ideal de las “visiones puras” se halla en abierta contradicción con las tendencias realistas de su estética.

En carta del 21 de diciembre de 1792 a G. Kerner, Schiller escribía sin rodeos que, en oposición a Kant, él pretendía hallar un concepto objetivo de la belleza y un fundamento objetivo del gusto.

“La naturaleza misma de lo bello –señalaba Schiller– se ha aclarado mucho para mí, de tal manera que tengo la esperanza de que seas un partidario de mi teoría. Me parece que he encontrado el concepto objetivo de lo bello que Kant se desesperaba por hallar y que eo ipso se convierte también en el criterio objetivo de gusto.”16

La labor artística de Schiller, especialmente su teatro, desmiente los principios idealistas de la estética de su segundo período, en particular su tesis del “arte como juego”. Su descollante producción dramática es: taba lejos del “arte puro” y era una viva respuesta a las maldades de su tiempo.

En la historia de la filosofía y de la cultura de Alemania desempeñó un eminente papel Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), corifeo de la poesía alemana y gran pensador enciclopedista. Goethe se llenó de gloria con obras como Goetz de Berlichingen, Egmont, Los sufrimientos del joven Werther, Los años de aprendizaje de Wilhem Meister y, sobre todo, con Fausto. Sus trabajos Ensayo sobre la metamorfosis de las plantas, Introducción a la anatomía comparada y Teoría de los colores influyeron fecundamente en la historia de las ciencias naturales. Gran interés revisten sus numerosos estudios, artículos y apuntes críticos y literarios.

En su drama Goetz de Berlichingen criticaba el despotismo feudal y defendía la idea de la unidad nacional de Alemania; en el Werther sometía a una profunda crítica las relaciones de casta, que aplastaban y oprimían a la personalidad humana. Su famoso drama Egmont tenía un carácter antifeudal.

La principal obra monumental de Goethe, el Fausto, traspira un odio apasionado contra la Edad Media, la escolástica y los dogmas eclesiásticos, y está saturada de ideas filosóficas avanzadas. En ella, Goethe habla de la transformación y desarrollo continuos del universo y pone de relieve la inconsistencia de la concepción metafísica de la realidad. El gran poeta y pensador alemán somete a crítica los argumentos teológicos en favor de un “principio” del mundo. En forma vívida, Goethe se mofa del divorcio de la vida, de la realidad:

Toda teoría es gris, caro amigo, y verde el árbol
de oro de la vida.17

Goethe pone en labios de Fausto la idea de que sólo existe un mundo, el mundo terreno: del “otro mundo”, inventado por los teólogos, dice lo siguiente:

Poco puede inquietarme el más allá.
Convierte primero en ruinas este mundo.
¡Venga después el otro en buena hora!
De esta tierra dimanan mis goces...18

exclama Fausto. Goethe se opone a la división idealista del mundo en “mundo de esencias” y “mundo de fenómenos”. Y escribe:

No hay por qué dividir la naturaleza en cáscara y
almendra, ya que toda ella es indivisible...

Goethe habla de la “eterna sucesión de la muerte y del nacimiento”, y afirma que todas las cosas del mundo se hallan sujetas a cambio:

En el oleaje de la vida, en el torbellino de la acción,
ondulo subiendo y bajando,
me agito de un lado a otro...
Nacimiento y muerte,
un océano sin fin,
una actividad cambiante,
una vida febril...19

Todo lo que nace, merece morir, dice Mefistófeles en el Fausto.

En la segunda parte del poema, Goethe expresa esta admirable idea, que llegó a ser el lema de los hombres avanzados de Alemania:

Sólo merece la libertad, .lo mismo que la vida,
quien se ve obligado a ganarlas todos los días.20

En sus numerosas poesías, condena el ascetismo religioso y sale en defensa del saber. Quien sigue a la ciencia no necesita la religión, decía Goethe.

Goethe desempeñó un papel muy importante y fecundo en la historia de la estética realista; él mismo recorrió un camino difícil y contradictorio que, arrancando de la época del Sturm und Drang (“tormenta y embate”), pasaba por el clasicismo hasta llegar al realismo. Al poner la vida por encima del arte y ver en éste un reflejo de la realidad, asignaba al arte una inmensa función social en la educación moral y política del pueblo.

Las ideas estéticas de Goethe, en el primer período de su trayectoria de desarrollo, es decir, en la época del Sturm und Drang, estaban dirigidas contra el clasicismo del siglo XVII, especialmente contra sus abstractas normas estéticas, y significaban un intento de fundamentar el realismo artístico. En sus artículos sobre Shakespeare contraponía su arte sano y realista al arte sin contenido de la Alemania feudal. Goethe aspiraba a vincular el arte con la historia real del pueblo alemán.

En relación con los acontecimientos de la revolución burguesa de Francia, de los años 1789-1794, se produjo en las ideas de Goethe un debilitamiento del espíritu rebelde del período del Sturm und Drang; en su segundo período, las ideas estéticas del poeta alemán se caracterizan por un “clasicismo” peculiar, no exento, sin embargo, de elementos realistas. [31]

En ese segundo período, la belleza es para Goethe el fin supremo del arte. Escribe también que la misión del arte es expresar lo universal en lo particular, lo infinito en lo finito. Se opone asimismo, por igual, a la simple imitación de la realidad y a la fantasía divorciada de la vida. A su modo de ver, el escritor debe atenerse a la verdad de la vida.

Durante este período, Goethe muestra algunos atisbos geniales en el campo de la estética. Elabora, a su vez, una teoría realista de la imagen artística. Gran interés reviste la manera como aborda el problema de las relaciones mutuas de lo universal y lo particular, de lo infinito y de lo finito, de lo exterior y de lo interior, así como de la forma y el contenido. Pero en la estética de Goethe cobran expresión las contradicciones generales de su creación artística, es decir, los elementos dialécticos se entrelazan con una abstracta simbolización y con el empleo de la alegoría.

En el tercer período de la evolución de sus ideas ocupan el primer plano los rasgos realistas de su estética. Somete a una dura crítica a los románticos alemanes a causa de su misticismo y los critica asimismo por divorciar el arte de la vida y, finalmente, por su fantasía enfermiza.

La actividad de Goethe impulsó el desarrollo de la cultura nacional alemana. Se opuso a toda actitud despectiva hacia la creación nacional y popular. Y a lo largo de toda su labor creadora mostró un vivísimo interés por el arte de los pueblos de Occidente y de Oriente; recopiló asimismo obras folklóricas, y exhortó a los escritores a aprender del pueblo y enriqueció su producción artística con la gran experiencia de la creación popular.

Los trabajos de Goethe en el campo de las ciencias naturales revisten gran interés. Sus investigaciones botánicas encierran notables atisbos acerca del desarrollo del mundo vegetal. “He leído los trabajos de Goethe en el campo de las ciencias de la naturaleza –escribía Herzen–; ¡qué hombre!...”21 K. A. Timiriazev señalaba que, en su doctrina de la metamorfosis de las plantas, Goethe se había mostrado como un verdadero innovador, que se anticipó considerablemente a sus contemporáneos.

En el terreno de la anatomía comparada hizo un importante descubrimiento: halló un hueso intermaxilar humano que demostraba la existencia de un nexo histórico entre el hombre y el reino animal. En el dominio de la geología se opuso a la teoría de los cataclismos, conforme a la cual el desarrollo de la Tierra estaba ligado forzosamente a acontecimientos fortuitos; acontecimientos que, según dicha teoría, no respondían a ninguna causa, modificaban periódicamente el globo terrestre y quebrantaban así los nexos reales entre las diferentes fases de la vida en la Tierra. Goethe partía de la tesis de que existe una vinculación íntima entre todos los procesos terrestres.

Goethe criticó a la escolástica, afirmando que no debe analizarse la naturaleza desde un punto de vista preconcebido y que para estudiar la realidad hay que partir de las leyes que le son propias. Goethe se situaba así en una vía materialista.

“La naturaleza nos ha proporcionado un tablero de ajedrez –escribía– y, en nuestra actividad, no podemos ni deseamos ir más allá de sus [32] límites; ha trazado asimismo para nosotros figuras, valores, movimientos y propiedades que, poco a poco, son conocidos...”22

Para Goethe, el objeto de toda investigación científica debía ser, ante todo, el estudio de la naturaleza. A su modo de ver, nada existe fuera de la naturaleza; todo intento de traspasar sus “límites”, es decir, de situarse en un “más allá”, en un mundo “sobrenatural”, no resiste la critica, ya que un mundo así sólo es fruto de la fantasía. En su artículo La naturaleza, escrito en 1792, escribía Goethe: la naturaleza “es todo”. El hombre es una parte de la naturaleza. “Ella me ha traído al mundo y ella me sacará de él. Confío en ella. ¡Que disponga de mí! La naturaleza no puede odiar a su obra.” Imbuido de un espíritu materialista, Goethe también habla aquí del carácter objetivo de las leyes naturales: “La naturaleza es inquebrantable. Sus pasos son medidos y casi no conoce la excepción; sus leyes son inmutables.”23

Gran mérito corresponde a Goethe en la historia de la filosofía por su brillante crítica del agnosticismo. Estaba profundamente convencido de que el pensamiento humano puede reflejar adecuadamente y conocer .la realidad objetiva.

La teoría goethiana del conocimiento, materialista en lo fundamental. reconoce que la capacidad humana de conocer el mundo es ilimitada. El conocimiento es una vía infinita de conquista de la verdad objetiva.

“En cuanto ser real, el hombre se halla situado en medio de una realidad efectiva y está dotado de órganos que le permiten conocer y producir lo real, a la par que lo posible. Todo hombre sano está convencido de su propia existencia y de la del medio que le rodea.”24

Goethe subrayaba la enorme importancia de los sentidos y del conocimiento sensible:

“Quien no confía en sus sentidos es un necio que inevitablemente se convertirá en un teorizante...
Los sentidos no engañan; engaña el juicio.”25

Ahora bien, Goethe no cae en absoluto en un empirismo vulgar. Más de una vez señala que los datos de la experiencia requieren el tratamiento lógico correspondiente y que, sin la generalización, no puede desarrollarse el conocimiento humano. Cuando afirma que los sentidos no engañan y que el que engaña es el juicio, tiene en cuenta solamente los juicios que no se basan en la experiencia.

Todo lo que acabamos de exponer demuestra cuán elevados son los méritos que corresponden a Goethe en la preparación ideológica de las doctrinas materialistas en Alemania. El gran poeta y pensador alemán no compartía las concepciones idealistas subjetivas de su amigo Schiller, que afirmaban la primacía del espíritu sobre la realidad objetiva. “Goethe era demasiado poliforme –escribía Engels–; era demasiado activa su naturaleza y estaba demasiado hecho de carne y sangre para buscar la salvación ante la indigencia en la huida schilleriana al ideal kantiano; era demasiado [33] sagaz para no comprender que esta huida se reducía, en última instancia, a sustituir una indigencia trivial por otra grandilocuente.”26

Un mérito especial de Goethe es el de haber impulsado algunas ideas de la dialéctica, especialmente la idea del desarrollo y la de la interdependencia de los contrarios, así como el haber visto en la “acción” el principio originario del ser. Sin embargo, concebía la práctica de un modo limitado, como actividad “teórica”. En su famosa poesía “Permanencia en el cambio” (1801), al hablar de la eterna mudanza del mundo material, Goethe se refería directamente a la dialéctica de Heráclito:

...y en el mismo río dos veces
no te puedes –¡ay!– bañar.27

En el artículo La naturaleza escribe: “La naturaleza es vida eterna, devenir y movimiento...”28 Sin embargo, al formular la idea del desarrollo, Goethe sustentaba, a la vez, el punto de vista metafísico de que todo cambio supone la existencia de unos elementos primarios eternos.

En algunos trabajos de Goethe, se encuentran ideas dialécticas sobre la lucha de contrarios. “La lucha que libran lo viejo, lo ya existente, lo inmutable y el desarrollo, lo que se perfecciona y transforma, es siempre una y la misma. Todo orden se convierte, finalmente, en pedantería; para escapar a esta última, se destruye al primero, y transcurre cierto tiempo hasta que se cae en la cuenta de que hay que establecer un nuevo orden. El clasicismo y el romanticismo, la coerción gremial y la libertad de empresa, así como la conservación de la propiedad agraria y su parcelación, todo es uno y el mismo conflicto, conflicto que engendra, a su vez, otro nuevo.”29

Siendo como es un representante del pensamiento dialéctico de su época y hallándose, en este aspecto, próximo a Hegel, Goethe critica a éste por su idealismo absoluto. Polemizando abiertamente con Hegel, dice el poeta y pensador alemán: “No es bueno mantenerse tanto tiempo en la esfera de la abstracción.”30

A la vez que expone profundos atisbos materialistas, sobre todo acerca de la conexión causal objetiva de los fenómenos, Goethe expresa, en ocasiones, su simpatía por el panteísmo, llegando en algunos casos a considerar a Dios como el legislador del universo. Así, pues, los elementos materialistas de las ideas de Goethe entran en contradicción con sus concesiones al idealismo y a la teología.

Engels señaló las contradicciones que desgarran a la concepción goethiana del mundo: “Goethe es tan pronto inmensamente grande como pequeño; ora ya el genio indómito, burlón, que desprecia al mundo, ora ya el cauteloso y limitado filisteo, satisfecho de todo.”31 [34]

Goethe admitía la importancia histórica de la revolución burguesa de Francia de finales del siglo XVIII, pero le espantaba la actividad revolucionaria de las masas populares. En su poema Hermann y Dorotea contraponía a la Francia revolucionaria la vida patriarcal y feudal.

En los últimos años de su vida, Goethe volvió a subrayar la importancia histórica progresiva de la revolución francesa y llegó incluso a estudiar las obras de los socialistas utópicos franceses.

Las contradicciones que se advierten en las ideas de Goethe no pueden esfumar su inmenso papel como genial representante del pueblo alemán. como ilustrado y como profundo artista y pensador, que asestó un duro golpe a la ideología feudal.

Junto a las corrientes ilustradas, en el pensamiento social alemán de finales del siglo XVIII también se destaca acusadamente una tendencia democrático-revolucionaria que tuvo en el gran pensador y revolucionario alemán Jorge Forster (1754-1791) a uno de sus más ilustres representantes.

Según Forster, el despotismo de los reyes absolutos y el régimen de servidumbre eran resultado de la usurpación y de la burda violación del contrato social. Toda Constitución que pisotease los derechos inalienables de los ciudadanos la calificaba de ilegal. El país donde impere el régimen de servidumbre, decía Forster, es un país condenado a decaer, ya que los productores no tienen interés por los frutos de su trabajo. A diferencia de los ilustrados, reconocía la necesidad de un cambio revolucionario para destruir el yugo de los tiranos y restablecer la justicia. Forster, que simpatizaba con el ala izquierda de los jacobinos, dio al periódico que publicaba en Maguncia el título de El Amigo del Pueblo, tomándolo del que llevaba el famoso periódico de Marat.

Las ideas democrático-revolucionarias de Forster, así como las de Christian Schubart (1739-1791) y Johann Zeime (1763-1818), de convicciones afines a las suyas, expresaban las esperanzas y los anhelos de las clases trabajadoras de Alemania.




{11} N. G. Chernishevski, Obras completas, en 15 tomos. ed. rusa, Moscú, 1948, t. IV, pág. 149.

{12} Ibídem, pág. 152.

{13} G. E. Lessing, Dramaturgia de Hamburgo, trad. rusa, Moscú-Leningrado, 1936, página 56.

{14} G. E. Lessing, Dramaturgia de Hamburgo, ed. cit., pág. 117.

{15} J. C. Schiller, Obras completas, en ocho tomos, ed. rusa, Moscú-Leningrado, 1950, t. VIII, pág. 704.

{16} J. C. Schiller, Obras completas, ed. cit., t. VIII, pág. 401.

{17} Goethe, Fausto, trad. de J. Roviralta Borrel, ed. de la Univ. de Puerto Rico, Revista de Occidente, Madrid, pág. 100.

{18} Goethe, Fausto, trad. de J. Roviralta Borrel, ed. de la Univ. de Puerto Rico, Revista de Occidente, Madrid, pág. 87.

{19} Ibídem, pág. 48.

{20} Ibídem, pág. 57.

{21} A. I. Herzen. Obras completas, en treinta tomos, ed. rusa, Moscú, 1954, t. II, página 388.

{22} Cita tomada del libro de V. O. Lijtenshtadt, Goethe, Petersburgo, 1920, página 322.

{23} J. W. Goethe, Obras escogidas, ed. rusa, Moscú, 1950, págs. 675-676.

{24} Cita tomada del libro de V. O. Lijtenshtadt, Goethe, ed. cit., pág. 352.

{25} Ibídem, pág. 353.

{26} F. Engels, El socialismo alemán en verso y prosa. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. cit., t. IV, pág. 233.

{27} Johann W. Goethe, Obras completas, tad. Esp, de Rafael Cansinos Assens, Ed. Aguilar, Madrid, 1950, t. I, pág. 1036.

{28} J. W. Goethe, Obras escogidas, ed. rusa, pág. 675.

{29} Cita tomada del libro de V. O. Lijtenshtadt, Goethe, ed. cit., pág. 378.

{30} Ibídem, pág. 366.

{31} F. Engels, El socialismo alernán en verso y prosa. C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. cit., t. IV, pág. 233.