Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Conclusión

Conclusión del tomo primero


La historia de la filosofía que se ha expuesto en este volumen, desde la Antigüedad hasta fines del siglo XVIII y principios del XIX, demuestra que su contenido fundamental consiste en la lucha entre el materialismo y el idealismo, y que esta lucha, al igual que toda la trayectoria de desarrollo de las ideas filosóficas, no es algo casual, sino un fenómeno sujeto a leyes, determinado, en última instancia, por el desenvolvimiento y los cambios de la base económica de la sociedad.

La lucha de clases y de grupos sociales, que expresa las contradicciones propias del desarrollo económico de la sociedad, es una ley importantísima, que en las sociedades antagónicas determina el desarrollo y la sucesión de ideas y concepciones, incluyendo a las filosóficas.

Todo el contenido de la historia de la filosofía confirma la profunda certeza de la tesis leninista de que la filosofía siempre ha sido y será una filosofía de partido, y que la lucha entre sus dos tendencias fundamentales –la línea de Demócrito (el materialismo) y la línea de Platón (el idealismo)– es el hilo de engarce a lo largo de toda su trayectoria de desarrollo.

La historia de la filosofía demuestra igualmente que el desplazamiento le las viejas ideas filosóficas por otras nuevas, la lucha del materialismo y del idealismo, de la dialéctica y de la metafísica, dependen, en gran medida, del carácter y nivel de desarrollo del saber científico en tal o cual época histórica, lo cual se halla condicionado, a su vez, por el desenvolvimiento de la producción material y por las necesidades del progreso social.

Esto atañe, en primer lugar, a la filosofía materialista, ya que desde los tiempos en que surge el conocimiento científico-natural como ciencia empírica –allá por la segunda mitad del siglo XV– hasta nuestros días, dicho conocimiento siempre ha sido y sigue siendo en la actualidad su firme fundamento.

La historia de la filosofía demuestra que “cada descubrimiento trascendental, operado incluso en el campo de las ciencias naturales, le obliga (al materialismo. Red.) a cambiar de forma”.1

En el transcurso del desarrollo social, sobre la base de la lucha de clases y como resultado de los grandes descubrimientos en el campo de las ciencias naturales, se desarrolló también el materialismo filosófico, cambió de aspecto y cambiaron igualmente las formas de lucha entre el materialismo y el idealismo. A lo largo de la historia de la filosofía, desde el momento en que ésta nace en la Antigüedad hasta fines del siglo XVIII [591] y principios del XIX, se dieron dos formas principales, básicas, del materialismo: el materialismo primitivo, que cobró vida en los países del antiguo Oriente y en las antiguas sociedades de Grecia y Roma, formando parte, a su vez, de la ciencia aún no indivisa de los antiguos y combinándose frecuentemente con una visión dialéctica espontánea del mundo, y, más tarde, el materialismo metafísico, que se desarrolló en los países europeos durante los siglos XVI-XVIII. Esta forma de materialismo se distinguía porque se basaba, en lo fundamental, en la ciencia natural mecánica y se combinaba con el método metafísico de pensamiento.2

Desde los orígenes del pensamiento filosófico en los países del antiguo Oriente hasta fines del siglo XVIII y principios del XIX, la historia de la filosofía demuestra que el materialismo ha sido, en general, la concepción del mundo de las fuerzas sociales avanzadas, progresivas. Así, por ejemplo, en la Antigüedad, en Grecia y Roma, el materialismo era la concepción del mundo que expresaba los intereses de las capas avanzadas de la democracia esclavista que luchaba contra la aristocracia.

También en Europa Occidental durante los siglos XVI y XVII, y especialmente en el XVIII, el materialismo era (por regla general, no siempre) la expresión de los intereses y de la concepción del mundo de las fuerzas antifeudales de la sociedad, o sea, en primer lugar, de la burguesía ascendente y de las capas de la nobleza, que habían emprendido el camino del desarrollo burgués y estaban interesadas objetivamente en el desenvolvimiento del capitalismo.

En cambio, el idealismo, como concepción del mundo, se hallaba vinculado, en la mayor parte de sus tendencias, a las fuerzas regresivas y conservadoras de la sociedad. En efecto, las doctrinas idealistas justificaban y ensalzaban, por lo general, las viejas relaciones sociales, ya caducas, desviando a los hombres de las tareas vitales planteadas por la lucha contra las fuerzas sociales reaccionarias. No obstante, hubo teorías idealistas que contenían elementos progresivos y desempeñaron un papel positivo en la historia de la filosofía.

La lucha del materialismo y del idealismo fue, en este tiempo, el hilo de engarce a lo largo de todas las ramas del saber filosófico, incluida la lógica, en la cual la tendencia materialista cobraba expresión en la lógica empapada de contenido, que arrancaba de las doctrinas filosóficas avanzadas de la India, China y Grecia antiguas, mientras que la tendencia idealista se reflejaba en la lógica escolástica, vinculada con la concepción teológica del mundo, que adquirió una difusión muy amplia en Europa Occidental en la Edad Media.

La trayectoria de desarrollo del pensamiento filosófico no es una línea recta, sino que representa un complejo proceso dialéctico, lleno de contradicciones internas, En el curso de su desarrollo, que tiene en general un carácter progresivo, se produjeron a lo largo de su historia “desviaciones” de la tendencia científica de desarrollo que había cobrado forma anteriormente. Una desviación peculiar de la filosofía, un “extravío” suyo respecto de la tendencia dialéctica originaria de la ciencia fue, por ejemplo [592], la aparición del método metafísico de pensamiento en los siglos XVI-XVII, Este método se distinguía esencialmente del modo dialéctico de concebir el mundo, propio de las doctrinas filosóficas de la Antigüedad. En efecto, el método metafísico no se proponía dar una explicación multifacética de la esencia de los procesos que se operan en la naturaleza y en la sociedad, sino que se limitaba principalmente a analizar, sistematizar y clasificar los diversos fenómenos de la naturaleza y la sociedad.

Ahora bien, el método metafísico de pensamiento, propio del materialismo de los siglos XVI-XVII, no significaba un paso atrás en la marcha del pensamiento filosófico, sino que tenía, como señalaba Engels, “en su tiempo una gran razón histórica de ser. Había que investigar las cosas, antes de poder investigar los procesos. Había que saber lo que era tal o cual objeto, antes de pulsar los cambios que se operaban en él.”3

La diferenciación, ya iniciada, de la ciencia, originalmente indivisa y única, en diferentes ramas científicas, que dio por resultado que la mecánica quedara en primer plano, y los grandes descubrimientos de los siglos XVI y XVII en el campo de la astronomía y de la mecánica de los cuerpos terrestres (debidos a Copérnico, Galileo, Kepler, Descartes y Newton) determinaron el carácter fundamentalmente mecanicista de las ciencias naturales. El predominio de un método de investigación de la naturaleza, unilateralmente analítico, y el desconocimiento del principio de la conexión universal y del desarrollo en la naturaleza dieron un carácter metafísico a la teoría científico-natural. En consonancia con ello, también el materialismo de la época del Renacimiento, que originalmente había mostrado una vigorosa tendencia dialéctica (con Giordano Bruno), adoptó más tarde un carácter metafísico, mecanicista. Sólo en algunos sistemas materialistas de los siglos XVI-XVIII, que en lo fundamental eran metafísicos (como los de Bacon, Descartes, Spinoza, Toland, Lomonósovy, Diderot, Radíschev y otros), se daban elementos de dialéctica en su concepción de la naturaleza.

Al estudiar las ciencias naturales y la filosofía de los siglos XVI-XVIII los objetos como objetos aislados entre sí, al margen de su conexión, se hizo posible la investigación de las leyes de los procesos que se operan en la naturaleza y la sociedad; es decir, el descubrimiento de la dialéctica del mundo objetivo.

A lo largo del período examinado en el presente tomo, la historia de la filosofía conoció no pocos intentos de llegar a una generalización filosófica de las conquistas científicas y de descubrir un método filosófico universal para todas las ciencias, Muchos sistemas filosóficos pretendían ser una “ciencia de las ciencias” y trataban de supeditar las ciencias naturales a sus propias concepciones filosóficas. Pero el idealismo abordaba el estudio de la naturaleza partiendo de sus concepciones especulativas, extrañas al espíritu materialista de las ciencias naturales, mientras que los sistemas materialistas, pese a sus intentos –tan fecundos para aquel tiempo– de descubrir un método científico de investigación de los fenómenos de la naturaleza, distaban de alcanzar todavía la idea del desarrollo dialéctico, razón por la cual no podían forjar aún para las ciencias de la [593] naturaleza y de la sociedad un verdadero método científico de investigación.

La historia de la filosofía, desde la Antigüedad hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX, demuestra que la gnoseología de ese tiempo no logró superar totalmente el divorcio entre los factores empírico y racional del conocimiento. Más todavía, durante los siglos XVI-XVIII ese divorcio fue ahondándose a medida que se fortalecía el método metafísico de pensamiento. Al adquirir una posición dominante, el método metafísico en las ciencias naturales y en la filosofía durante los siglos XVI y XVIII, se acentuó aún más el divorcio entre los factores sensible y racional en la teoría del conocimiento. Á consecuencia de ello, aparecieron en la filosofía materialista un empirismo (en Bacon, Hobbes, etc.) y un racionalismo (en Spinoza) que se caracterizaban por su unilateralidad. A su vez, también había, entre los idealistas, filósofos empiristas, que, interpretando falsamente el empirismo, caían en el idealismo subjetivo o en el escepticismo (como Berkeley y Hume), y filósofos racionalistas (como Leibniz y otros). Sin embargo, el principio sensible, empírico, de todo conocimiento, y el factor racional, es decir, el pensamiento teórico en cuanto prolongación del sensible, se hallan unidos indisolublemente, constituyendo dos fases de un proceso único. Esta relación íntima, esta unidad de lo sensible y de lo racional no fue captada acertadamente ni descubierta por el materialismo metafísico, siendo tergiversada, por otra parte, por los filósofos idealistas, quienes daban un valor absoluto bien a lo universal, al concepto (como hacía Malebranche), bien a lo singular, a la sensación (como lo hacía Berkeley).

Al mismo tiempo, como demuestra la historia de la filosofía, en estrecha relación con la aparición de las corrientes unilaterales del empirismo y del racionalismo en la teoría del conocimiento, también algunas filosofías admitían en el campo de la lógica una división metafísica del proceso único del conocimiento en partes o aspectos independientes, lo que originaba un divorcio entre la inducción y la deducción; mientras que los empiristas exageraban unilateralmente, por regla general, el papel de la inducción, los racionalistas hacían lo propio con la deducción. En consonancia con ello, en la lógica de los siglos XVII-XVIII surgieron dos concepciones unilaterales: la lógica inductiva, que arrancaba de Bacon, y la deductiva, que tenía en Descartes su punto de partida. Ambas concepciones abordaban aisladamente los factores diversos de uno y el mismo proceso cognoscitivo, sin comprender todavía el nexo dialéctico entre la inducción y la deducción.

La historia del pensamiento sociológico del período estudiado demuestra que los ideólogos de las fuerzas sociales progresivas, aunque aspiraban también a forjar teorías sociológicas avanzadas que pudieran contribuir a la lucha contra la reacción y el estancamiento, no podían llegar aún a una concepción materialista de la historia de la sociedad.

La inconsecuencia y la limitación de los sistemas materialistas hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX se manifestaban especialmente en el hecho de que todos los filósofos materialistas de esa época, siendo como eran materialistas “por abajo”, es decir, por el modo de explicar los fenómenos de la naturaleza, eran idealistas “por arriba”, o sea por su interpretación de los fenómenos de la vida histórica y social. [594]

El estudio científico de la historia de la filosofía refuta las tesis nacionalistas burguesas, “europeocentristas”, conforme a las cuales Europa Occidental ha sido el único centro de desarrollo de la filosofía. La marcha seguida por la filosofía en su trayectoria histórica confirma la certeza de la tesis marxista, formulada por J. V. Stalin, según la cual cada nación aporta su contribución específica al acervo común de la cultura universal, incluida la filosofía. La historia de la filosofía demuestra palmariamente que no sólo los pueblos de Europa Occidental, sino también los de Asia, África y América, así como los pueblos eslavos y otros de Europa Oriental, han enriquecido con sus grandes adquisiciones el pensamiento filosófico de la humanidad.

En la historia de la filosofía se pone al descubierto la relación directa existente entre la religión y el idealismo filosófico, de una parte, y el ateísmo y el materialismo filosófico, de otra. En los países del antiguo Oriente, en la Grecia y Roma antiguas y en la sociedad feudal las tendencias ateas se dejaban sentir en las teorías filosóficas materialistas, en las “herejías” y en los movimientos de reforma que adoptaban frecuentemente una envoltura religiosa, en la lucha del saber científico contra la teología dominante, etc.

El ateísmo de la época moderna (desde los siglos XV y XVI) y su fundamento filosófico –el materialismo– se basan firmemente en las ciencias naturales de su tiempo, que refutan los mitos religiosos de la creación del mundo, de la “inmortalidad del alma”, de su “origen divino”, etc. El materialismo filosófico ha sido y es la base ideológica del ateísmo, con la particularidad de que cuanto más consecuente ha sido el materialismo, con tanta mayor firmeza y seguridad ha servido de fundamento al ateísmo. Con los trabajos de Leonardo de Vinci, de Nicolás Copérnico, de Giordano Bruno, de Galileo Galilei, de M. V. Lomonósov y de otros hombres de ciencia materialistas de los tiempos modernos se asestó un duro golpe a la concepción religiosa del mundo y se dio un fundamento científico-natural y filosófico al ateísmo. El ateísmo de estos grandes sabios se hallaba vinculado directamente a su concepción materialista de los fenómenos de la naturaleza.

En Francia, donde el ateísmo se hallaba ligado directa e inmediatamente a la labor de los materialistas franceses, aquél logró un alto grado de desarrollo. Lenin caracterizó la literatura atea del siglo XVIII como una literatura aguda y amena, escrita con talento, que atacaba ingeniosa y abiertamente al oscurantismo clerical dominante. En Rusia, las ideas ateas eran defendidas por los filósofos materialistas, por los investigadores de la naturaleza y por otros pensadores progresivos que se oponían a la hipocresía religiosa y a la supremacía espiritual de la Iglesia, así como a las persecuciones religiosas contra la ciencia y la educación.

Los resultados fundamentales alcanzados por las corrientes filosóficas progresivas durante el período transcurrido desde los orígenes de la filosofía hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX son los siguientes: fundamentación del principio más importante del materialismo filosófico, es decir, la tesis de la primacía de la materia y del carácter derivado de la conciencia; demostración de la cognoscibilidad del mundo objetivo y de sus leyes por el hombre; generalización materialista de las conquistas [595] de las ciencias naturales y elaboración de una concepción científica del universo, enemiga del idealismo y de la religión; creación del método metafísico de pensamiento, que sucedió a la dialéctica espontánea de los antiguos y que, pese a todas sus limitaciones, contribuyó a resolver los problemas fundamentales planteados a las ciencias naturales y a la filosofía de aquellos tiempos; preparación en los siglos XVII y XVIII de las premisas necesarias para que surgiera el método dialéctico de pensamiento.

Durante el período siguiente, o sea en la primera mitad del siglo XIX, el pensamiento filosófico progresivo –vinculado con las necesidades históricas de la vida social y con las exigencias de la ciencia– se enriquece con toda una serie de conquistas nuevas que llevan a las puertas mismas del materialismo dialéctico. Durante esa primera mitad del siglo XIX se forman directamente las fuentes teóricas del marxismo. Todo ello será expuesto en el segundo tomo de la presente HISTORIA DE LA FILOSOFÍA.




{1} F. Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Carlos Marx y Federico Engels, Obras escogidas, en dos tomos, traducción española, t. II, pág. 347, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1952.

{2} Por lo que toca al carácter y a las particularidades de las doctrinas materialistas, que se desarrollan en la época feudal en los países del antiguo Oriente este problema será objeto de una indagación ulterior.

{3} F. Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofia clásica alemana, Trad. esp., ed. cit., t. II, pág. 368.