Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Capítulo IX: 7

7. La filosofía materialista en Rusia durante el primer cuarto del siglo XIX. Los decembristas-materialistas.


En el transcurso del primer cuarto del siglo XIX, el pensamiento político-social y filosófico avanzado fue impulsado en Rusia por los revolucionarios nobles, conocidos como los decembristas.

“El movimiento de liberación –escribía V. I. Lenin en 1914– pasó en Rusia por tres fases principales, respondiendo a las tres clases fundamentales de la sociedad rusa que imponían su sello en el movimiento: 1) período aristocrático, aproximadamente desde 1825 a 1861; 2) período plebeyo o democrático-burgués, de 1861 a 1895 aproximadamente, y 3) período proletario, desde 1895 hasta nuestros días.”82

Lenin consideraba a los decembristas y a Herzen como a los paladines más eminentes del período aristocrático del movimiento de liberación. En ellos apreciaba, ante todo, sus ideas republicanas, así como su lucha contra la autocracia y el régimen de servidumbre.

El papel dirigente en las sociedades secretas de los futuros decembristas lo asumiaron los destacados pensadores y revolucionarios P. I. Pestel, K. F. Ryleev, S. Muraviov-Apóstol y otros. Los grandes escritores rusos A. S. Griboiédov compartían también las ideas de los revolucionarios nobles, es decir, de los decembristas.

A los decembristas les corresponde el gran mérito histórico de ser los primeros en lanzarse en Rusia a una insurrección armada contra la autocracia zarista y el régimen de servidumbre. En diciembre de 1825, [579] en la Plaza del Senado de Petersburgo, y en el sur del país, en Vasilkov, los oficiales revolucionarios, miembros de las sociedades secretas, se lanzaron a la insurrección armada.

A diferencia de las sublevaciones campesinas espontáneas, no iluminadas por una conciencia política y caracterizadas todavía por su naturaleza zarista, la insurrección de los decembristas estaba dirigida abiertamente contra el zarismo y se desarrolló bajo la bandera de las ideas avanzadas, revolucionarias. Lenin escribía que “en 1825, Rusia vio, por vez primera, un movimiento revolucionario contra el zarismo y (que) este movimiento estaba constituido casi exclusivamente por nobles”.83

La concepción del mundo y la actuación de los decembristas respondían, ante todo, a los desplazamientos sociales, operados en el régimen de servidumbre, a la agudización de las contradicciones de clase entre los campesinos y los terratenientes y al auge del movimiento espontáneo de las masas populares contra la opresión servil. El decembrista Trubezkoi decía: “La situación de Rusia es tal que inevitablemente se producirá, andando el tiempo, una revolución. Esta opinión la baso especialmente: 1) en las frecuentes revueltas de los campesinos contra los terratenientes y en su duración, a la vez que en el aumento de ellas; 2) en las quejas generales contra las extorsiones por parte de los funcionarios en las provincias y, por último, 3) en la suposición de que la creación de las colonias militares se convertirá también, con el tiempo, en causa de la revolución.”84

La guerra patriótica que libró el pueblo ruso en 1812, la derrota que las tropas rusas infligieron a los ejércitos napoleónicos y la liberación de algunos países de la tiranía de Napoleón fueron de gran importancia para la formación del pensamiento revolucionario de los decembristas.

Después de la guerra patriótica de 1812 una nueva ola de insurrecciones campesinas se extendió por Rusia. Durante el período de 1801 a 1825 se produjeron en el país 825 levantamientos, con la particularidad de que para aplastar a algunos de ellos se tuvo que recurrir a grandes contingentes militares.

Las ideas revolucionarias de Radíschev, opuestas al régimen de servidumbre, fueron una valiosa fuente ideológica para la concepción del mundo de los decembristas. Muchos decembristas tenían la obra de Radíschev Viaje de Petersburgo a Moscú, obra que, a su vez, copiaban y difundían. También influyeron fecundamente en la conciencia de los decembristas las lecciones de “derecho natural” dadas por el profesor Kunitsin, continuador de Radíschev.

Otra importante fuente ideológica en la formación del pensamiento de los decembristas fue el legado político y teórico de los pensadores avanzados de la Europa Occidental del siglo XVIII y principios del XIX, especialmente las ideas de la Ilustración revolucionaria francesa y del materialismo. Asimismo dejaron su huella en la conciencia de los revolucionarios nobles los acontecimientos que siguieron en Francia, Italia y Grecia a la revolución burguesa de Francia. [580]

La concepción del mundo de los decembristas quedó expresada con toda nitidez en documentos como La verdad rusa, de P. I. Pestel (de la “Sociedad del Sur”); Manifiesto al pueblo ruso (de la “Sociedad del Norte”), Catecismo ortodoxo, de Sergio Muraviov-Apóstol; Reglas de los eslavos unidos y Proyecto de Constitución, de Nikita Muraviov, y Meditaciones, de Ryleev.

Los decembristas se planteaban el objetivo de derrocar la autocracia y de abolir el régimen de servidumbre por medio de una insurrección armada. Siendo como eran revolucionarios nobles, temían la activa participación del pueblo en la lucha liberadora, y temían, a su vez, la vuelta en Rusia de los “tiempos de Pugachev”. Esto ponía de relieve las limitaciones aristocráticas de la concepción del mundo de los decembristas.

Los decembristas más revolucionarios, encabezados por P. I. Pestel y K. F. Ryleev, estaban convencidos de la necesidad de establecer en Rusia un régimen republicano y de abolir la servidumbre una vez derrocado el zarismo. En La verdad rusa, en el Manifiesto al pueblo ruso y en otros documentos se proclamaba la necesidad de abolir la esclavitud y de privar a la nobleza del “odioso privilegio de la propiedad sobre otros hombres”, de acabar con las implacables levas forzosas y de poner fin a la división social en estamentos y al “régimen de Arakcheev”.85 Se proclamaba igualmente la libertad de palabra y de reunión, las libertades de prensa y de cultos, la actividad pública de los tribunales, la inviolabilidad de la propiedad privada y, por último, la necesidad de desarrollar las fuerzas materiales y espirituales del país.

“Los éxitos de la enseñanza general, que cada vez se extienden más y más por todas partes –escribía Pestel–, los bellos conceptos sobre las relaciones mutuas entre todos los miembros y sectores del Estado y el espíritu de la época que anhela una libertad basada en las leyes, todo ello nos mueve a desear que la esclavitud sea abolida totalmente en Rusia y que no se olvide al útil estamento campesino, sobre todo cuando Rusia aspira a instaurar un firme orden legal y logra para todos los demás sectores y estamentos un mejoramiento de su posición y estado.”86

Remitiéndose a la teoría del “derecho natural” y del “contrato social”, el decembrista N. Muraviov fundamentaba la necesidad de poner fin al poder ilimitado del absolutismo ruso y de instaurar una monarquía constitucional.

“La experiencia de todos los pueblos y de todos los tiempos ha demostrado –escribía Muraviov– que el poder autocrático es tan funesto para los gobernantes como para la sociedad y que este poder no concuerda con las reglas de nuestra santa fe ni con los principios del sentido común. No puede admitirse que el libre albedrío de un hombre sea fundamento de gobierno ni que todos los derechos se hallen en un lado y todos los deberes en otro. La obediencia ciega, basada tal vez únicamente en el temor, no es digna de un soberano razonable ni tampoco de ejecutores [581] razonables. Al situarse por encima de las leyes, los soberanos olvidan que con ello se ponen fuera de la ley, fuera de la humanidad, y que no es posible admitir que apelen a las leyes cuando se trata de otros e ignoren que existen cuando se trata de ellos mismos. Una de dos: o son justas las leyes, y en ese caso no quieren someterse a ellas, o son injustas, y entonces, ¿por qué quieren que otros las obedezcan? Todos los pueblos europeos tienen leyes y libertades. Pero el pueblo ruso merece, más que todos ellos, unas y otras.”87

Siendo como eran ardientes patriotas, los decembristas se opusieron a las reaccionarias teorías cosmopolitas, que hacen que los hombres se vuelvan “indiferentes hacia el mejoramiento de la vida de su propio Estado”, y sostuvieron que el cosmopolitismo y el patriotismo se excluyen mutuamente, ya que el primero no es más que “un pretexto deseable y cómodo para eludir los deberes para con la patria” (Zavalishin).

Por sus ideas filosóficas, los decembristas no formaban una corriente única, sino que también influía considerablemente en ellos la tendencia materialista. I. D. Yakushin, P. I. Borisov, A. P. Bariatinski, N. A. Kriukowv, V. F. Raevski y otros muchos abordaron la explicación de los fenómenos naturales y el problema de la cognoscibilidad del mundo desde un punto de vista materialista, y sometieron a crítica los dogmas idealistas y religiosos. P. 1. Pestel, K. F. Ryleev, N. I. Turguenev, A. A. Bestuzhev, P. F. Vygodovski y otros decembristas vacilaban entre el materialismo y el idealismo, entre el ateísmo y la religión, aunque al enfocar algunos problemas se acercaban al materialismo, formulaban ideas anticlericales y criticaban el misticismo y a la Iglesia. En las ideas de este sector de los decembristas prevalecían los elementos teístas.

P. S. Bobrischev-Pushkin, E. P. Obolenski y otros eran idealistas. En el destierro fundaron una “congregación religiosa”, poco numerosa, de la que se mofaron los decembristas.

Antes de ser detenidos, muchos decembristas-materialistas se vieron obligados a destruir los trabajos y apuntes suyos que podían presentarlos como librepensadores y ateos. Ello explica que hayan llegado a nosotros muy pocos trabajos suyos de contenido materialista y ateo.

Los decembristas-materialistas conocían bien y apreciaban en alto grado las doctrinas de los pensadores antiguos y de los materialistas europeos occidentales de los siglos XVI-XVIII, y se apoyaban en las conquistas de las ciencias naturales en el mundo entero.

A la vez que valoraban altamente a la filosofía como ciencia, los decembristas condenaban los intentos escolásticos e idealistas de reducirla a una sofística, divorciándola de la vida práctica. A juicio de I. D. Yakuskin, la filosofía no debe fundirse con la teología, sino resolver, ante todo, los problemas de qué es la vida, de qué es el hombre y de cuál es su lugar en la naturaleza y su misión en la sociedad. De acuerdo con A. Kriukov, la filosofía está llamada a resolver los problemas de la vida social. Los decembristas-materialistas se manifestaron contra la religión y la mística, combinando la lucha por el derrocamiento del “trono terreno” con la crítica del “trono celestial”. [582]

Al calificar a la religión de “freno del pueblo” y de “escudo del zar” destinado a humillar a la “osada razón”, Raevski se mofaba de los infundios de los teólogos acerca de una vida ultraterrena:

Nadie nos ha probado qué nos espera más allá de la tumba;
ni los miles de magos ni los libros de Moisés,
ni los admirables varones que hablan a la escandalosa chusma,
ni el genio de Leibniz en las páginas de su Teodicea.88

En nuestra época, decía Vygodovski, la Biblia es absolutamente inútil; los terratenientes y fabricantes la aprovechan para sus fines egoístas, para engañar a crédulos e ignorantes.

Y el ateo A. P. Bariatinski escribía:

honda en la naturaleza, interroga a la historia,
y comprenderás, al fin, que por la gloria propia de Dios,
al ver el mal que cubre el mundo entero,
aunque Dios existiera, habría que rechazarlo.89

Refutando las lucubraciones acerca de una creación divina del mundo, los decembristas-materialistas sostenían que el mundo ha existido eternamente y que nadie lo ha creado.

En su obra Qué es la vida insistía Yakushin en que el fundamento del universo no está en unas esencias espirituales, sino en ciertas partículas materiales ínfimas, llamadas por él “unidades”, que se hallan sujetas a un constante movimiento. “Tanto el cristal como la planta y el animal se forman por el movimiento de las unidades combinadas en cierto orden; pero en estos fenómenos no son perceptibles para nosotros las unidades mismas ni su movimiento; por medio de los sentidos externos sólo conocemos la existencia de los objetos que tienen cada uno sus rasgos distintivos... En determinado tiempo, cada unidad posee el género de movimiento que le es propio, con el cual suscita determinado movimiento en las unidades más cercanas, convirtiéndose en su movimiento propio en ese tiempo; en virtud de ello, las unidades, o bien se acercan en cierto orden, pudiendo formar un todo algo perceptible para nosotros, o bien se alejan unas de otras, quedando imperceptibles para nosotros.”90

Partiendo de la teoría atomista, P. I. Borisov afirmaba en un artículo suyo sobre el origen de los planetas, en el que analiza el trabajo titulado Ideas sobre los fundamentos de la ciencia de la exploración terrestre, que los objetos del universo se formaron de ínfimas partículas materiales, es decir, de átomos diseminados por el espacio universal, sujetos a un movimiento de progresión y rotación. A juicio suyo, “la hipótesis más probable de todas las existentes sobre el origen de la esfera terrestre y de otros cuerpos semejantes es la que dice que los átomos originarios, que componen nuestro planeta, estaban diseminados al principio por los espacios [583] inconmensurables; que en virtud de una ley inquebrantable de la naturaleza describieron movimientos de progresión y de rotación y que al aproximarse mutuamente a la distancia en la que ya se manifiesta la influencia de la fuerza de atracción los átomos se unieron formando combinaciones diversas. Esto continuó mientras que los átomos homogéneos y heterogéneos, que tenían entre sí cierta afinidad, entraban en nuevas combinaciones, formando diversos cuerpos, que también se movían y giraban alrededor de sí mismos; finalmente, al encontrarse juntos en virtud de la fuerza de atracción, formaron determinado planeta.”91

Borisov afirmaba que todos los planetas se han formado del polvo cósmico (o átomos) con absoluta sujeción a leyes y sin ninguna intervención exterior; en virtud de esas mismas causas o leyes sostenía que pueden formarse nuevos mundos y aparecer la vida en ellos.

Los decembristas-materialistas pensaban que todos los cuerpos cósmicos, así como los objetos y las cosas, se hallan en un movimiento continuo. A juicio de ellos, el movimiento es inseparable de la materia; el reposo es ajeno a la naturaleza. La causa de todo movimiento –escribía Borisov– “se llama fuerza y reside en las unidades mismas, las cuales se hallan dotadas de la capacidad de moverse y de suscitar el movimiento de las unidades vecinas”.92

Según Yakuskin, la vida y el pensamiento obedecen a las leyes del movimiento de la materia. “... En todas sus manifestaciones, desde el hongo hasta el hombre, la vida muestra diversos grados de desarrollo, y exactamente de la misma manera que la luz aparece con un alto grado de calor, así también surge el pensamiento cuando la vida alcanza un desarrollo superior.”93 Pero, al hablar del movimiento inherente a todo el mundo material, los decembristas lo reducían en general al desplazamiento mecánico.

Aspirando a fundamentar la teoría materialista del conocimiento, los decembristas combatieron resueltamente la concepción idealista de las “ideas innatas”. Veían el punto de partida del conocimiento en las sensaciones surgidas como resultado de la acción del mundo exterior sobre los sentidos, afirmando que “si se corta la comunicación entre el cerebro y los nervios, dejamos de sentir”. Pensar o razonar, escribía Kriukov, significa siempre sentir.

Decía Yakuskin que el hombre ha sido provisto por la naturaleza de un “aparato muscular que al desarrollarse forma el “aparato cerebral” o “sensible”. De aquí extrae la conclusión de que “el pensamiento, al depender como depende directamente de este aparato, aparece gracias al desarrollo de la vida...”94

Los decembristas partían del criterio de que todos nuestros conceptos se adquieren exclusivamente por medio de las impresiones externas y que, por esta razón, todos nuestros impulsos proceden de fuera. Las percepciones sensibles, provocadas por la acción de los objetos exteriores, son reelaboradas por la razón en forma de conceptos, de ideas. Para la razón [584] humana no existen límites –según ellos– en el conocimiento de la naturaleza.

N. A. Kriukov opinaba que en el conocimiento de la realidad desempeñan un papel importante el análisis, el arte de descomponer un objeto en sus partes integrantes, el arte de definir sus propiedades y rasgos específicos y, finalmente, la capacidad de elevarse del análisis a la síntesis, a las conclusiones y a las amplias generalizaciones científicas.

V. Raevski expresó en forma poética su fe en la cognoscibilidad humana del mundo:

¡Oh, mortal! ¿Te atreves a quejarte de tu oficio?
El poder de la mente, el espíritu vigoroso y el don de la libertad
¿no te elevan acaso sobre las tinieblas terrestres?
Dime: ¿no te atreves a desvelar lo oculto,
a encender osadamente el fuego prometeico,
a medir con la razón la rotación de los mundos
y a suprimir la fuerza maravillosa y el fuego de los truenos?
¿No te atreves a descubrir caminos infinitos
y a elevar en el espacio, en el éter,
alzando la vista al Sol, al átomo apenas visible?95

Por sus concepciones sociales, los decembristas eran idealistas-ilustrados. Suponían que el “espíritu de la época”, es decir, la opinión pública y la ilustración, determinan en última instancia la vida social y el progreso, a la vez que su carácter y su sentido.

Si comparamos esta tesis de los decembristas con las concepciones religiosas dominantes entonces, conforme a las cuales la Providencia divina fija el destino de la humanidad, dicha tesis tenía un carácter progresivo para su tiempo, pese a su fundamento idealista.

Los decembristas incorporaron a sus teorías sociológicas la idea de que era necesario realizar transformaciones radicales en la vida de los pueblos. Además, tuvieron profundos atisbos sobre el papel de las ideas avanzadas en la preparación de la revolución. Así, por ejemplo, escribía M. S. Lunin: “En su desarrollo gradual, las ideas políticas adoptan tres formas. Primero son ideas abstractas que anidan en algunas mentes y en los libros; después se convierten en pensamiento popular y fluyen en las conversaciones; por último, se transforman en un sentimiento popular, exigen ser satisfechas plenamente y, al encontrar resistencia, son resueltas por medio de una revolución.”96

Interpretando en un sentido revolucionario las teorías del “derecho natural” y del “contrato social”, los decembristas veían en el pueblo la fuente del poder supremo y consideraban el derecho del pueblo a ser libre como un derecho natural e imprescriptible, y la libertad como la fuente del trabajo creador, del bienestar social y de la tranquilidad. Pestel decía en La verdad rusa que “después de haber recibido de la naturaleza iguales derechos y de hallarse en la sociedad civil con el mismo fin, los hombres no deben ser diferentes, de tal modo que unos gocen de ventajas y privilegios que otros ni siquiera podían soñar”.97 [585]

Al criticar las concepciones monárquicas reaccionarias de Karamzin sobre el proceso histórico ruso, los decembristas expresaban la idea de que la historia no podía reducirse a la genealogía *de la familia real. “La historia la hacen los pueblos”, no los zares, escribía N. Muraviov. La historia no debe reconciliarnos con la injusticia social –agregaba– ni “sumergirnos en el sueño moral del quietismo... Entre el bien y el mal no debe haber paz, sino una batalla eterna; los ciudadanos virtuosos deben forjar una alianza eterna contra los errores y los vicios.”98

Oponiéndose a los historiadores reaccionarios, los decembristas de espíritu más revolucionario sostenían que la fuerza más poderosa de los Estados reside precisamente en el pueblo y consideraban su bienestar y su prosperidad como una riqueza nacional. “Hasta ahora –decía N. Bestuzhev– la historia sólo se ocupaba de reyes y de héroes; la política tomaba en cuenta exclusivamente las ventajas de los gobiernos; las ciencias sociales sólo versaban sobre la administración y multiplicación de las finanzas; en cambio, nada sabían del pueblo, de sus necesidades, de su fortuna o de sus calamidades. Por esto, veíamos el verdadero destino de los Estados en el brillo exterior de las cortes y creíamos que el bienestar de todo el pueblo estaba en la amplitud del comercio y en la riqueza de los comerciantes y de los bancos. Pero hoy necesitamos saber otras cosas: sólo la época actual ha comprendido que la fuerza de los Estados dimana del pueblo, que su bienestar es una riqueza pública y que, sin su prosperidad, la riqueza y la pompa de otros estamentos no son más que una llaga que lleva consigo la desorganización social.”99

Al estudiar la historia del pasado y observar los acontecimientos de su época tanto en Rusia como en Occidente, algunos decembristas empezaron a advertir la lucha de clases en la sociedad. Pestel decía abiertamente que “la tendencia principal de este siglo consiste en la lucha entre las masas populares y la aristocracia de todo género, tanto la basada en la riqueza como la que se basa en los derechos hereditario”.100

Ciertos decembristas expresaron ideas tan justas como aquella de que “con el pueblo todo es posible y sin él nada lo es” (N. Kriukov) ; pero, en general, no llegaron a comprender el papel del pueblo como creador de la historia. Esto quedó demostrado asimismo por el hecho de que al preparar la insurrección no se dirigieran a las masas populares.

Al luchar por la abolición de la servidumbre, los decembristas comprendían que las relaciones burguesas, ya implantadas en los países de Europa Occidental y en los Estados Unidos, comparadas con el régimen de servidumbre tenían un carácter progresivo para Rusia. Sin embargo, empezaron a ver que las “libertades” burguesas tienen un carácter limitado y no se extienden a las gentes sencillas, que “exhalan un tufillo a avaricia”, “saben a dinero”, etc, Muchos decembristas condenaron airadamente la monstruosa explotación de los obreros fabriles en los países capitalistas, Tal era también la opinión que sustentaba A. S. Pushkin.

“Desde hace algún tiempo –escribía Pushkin–, los Estados Unidos de América llaman la atención, en Europa, de los hombres que más piensan... [586] Llenos de asombro han visto a la democracia con su abominable cinismo, con sus crueles prejuicios y su tiranía insoportable. Todo lo que hay de noble, de desinteresado y de sublime en el alma humana es aplastado por un implacable egoísmo y por el ansia de comodidad (de confort)...; esclavitud de los negros en medio de la civilización y de la libertad; persecuciones genealógicas en un pueblo sin aristocracia; avidez y envidia, por parte de los electores; apocamiento y servilismo, por parte de los gobernantes; el talento, por respeto a la igualdad, forzado a un voluntario ostracismo; los ricos, vestidos con andrajoso caftán para no ofender en la calle a los altivos pordioseros, a los que desprecian en secreto; tal es el cuadro de los Estados Unidos de América, desplegado recientemente ante nosotros.”101

Muchos decembristas se oponían resueltamente a las disensiones y enemistades nacionales, se pronunciaban en favor de la independencia nacional de Polonia y denunciaban la discriminación racial, especialmente la que sufrían los negros norteamericanos.

Refiriéndose a los Estados Unidos, escribía Lunin: “Después de proclamar solemnemente la igualdad de todos los hombres ante la ley como principio fundamental de su Constitución, dicen lo contrario con la horca y ponen un toque de color en la justificación de crímenes que ofenden a la humanidad. Al marcar incluso las tumbas de los negros, estos paladines de la igualdad humillan también a! prójimo más allá de la vida terrena.”102

Los primeros decembristas rusos, N. Bestuzhev e I. Yakuskin, combatieron la teoría maltusiana de la superpoblación, teoría impregnada de odio a la humanidad que estos decembristas tachaban: de “aristocrática” y de ajena al pueblo. Con el ejemplo de Inglaterra, Bestuzhev demostró el carácter absurdo del maltusianismo, afirmando que las desventuras de los trabajadores no procedían de su “excesivo número”, sino del hecho de que no podían compararse con los ricos propietarios.

Las concepciones filosóficas y sociológicas de los mejores representantes del movimiento decembrista eran una digna continuación de las tradiciones de Radíschev.

En el primer cuarto del siglo XIX, antes de que Herzen, Ogarev y Belinski salieran a la palestra pública, los decembristas fueron los más ilustres exponentes de la filosofía materialista y de la ideología revolucionaria en Rusia.

Las obras de Pushkin y Griboiedov, cuya concepción del mundo y labor creadora se desarrollaron bajo el influjo del movimiento decembrista, reflejaban brillantemente el odio de los revolucionarios nobles contra la tiranía zarista y el régimen de servidumbre, y dejaban oír audazmente ideas antifeudales, libertarias y, a veces, ateas.

Después de la derrota de la insurrección de los decembristas, se extendió por Rusia la reacción más implacable. El gobierno zarista trataba de extirpar en el país todo lo que recordase a los decembristas. Sobre aquellos tiempos escribió Herzen: “En los valles de la esclavitud y del tormento sólo se escuchaba la vasta y sonora canción de Pushkin; esta canción prolongaba [587] una época pasada, llenaba el presente con sus notas viriles y enviaba su voz hasta el porvenir lejano.”103

La insurrección de los decembristas sufrió un descalabro, pero marcó el comienzo del movimiento revolucionario consciente en Rusia encaminado a la destrucción del zarismo y a la abolición del régimen de servidumbre.

“Estrecho es el círculo de estos revolucionarios –escribía Lenin–. Estaban terriblemente lejos del pueblo. Pero su labor no ha sido estéril.”104

Los decembristas despertaron a Herzen, Ogarev y a otros jefes revolucionarios rusos que lucharon contra el zarismo y la servidumbre.

*

Durante la segunda mitad del siglo XVIII y primer cuarto del XIX, Rusia y otros países de Europa Oriental –junto con la Francia revolucionaria y otros países de Europa Occidental– aportaron una gran contribución al desenvolvimiento del pensamiento social avanzado de toda la humanidad, incluida la filosofía.

En comparación con las doctrinas filosóficas anteriores, la filosofía de los ilustrados-materialistas rusos, de A. N. Radíschev, la de los decembristas-materialistas, así como la de los ilustrados polacos H. Kollontai y S. Staszyc y de otros pensadores avanzados de aquel tiempo, representó un paso hacia adelante en el desarrollo del materialismo. Las teorías filosóficas materialistas de fines del siglo XVIII y principios del XIX, surgidas en las condiciones del desarrollo capitalista, en el curso de la desintegración cada vez más profunda del régimen feudal basado en la servidumbre y en las condiciones de auge del movimiento liberador antifeudal, estaban ligadas íntimamente, por regla general, a la ideología ilustrada y, posteriormente, a la ideología revolucionaria antifeudal, a la crítica de los “pilares” económicos, políticos y espirituales de la servidumbre y, finalmente, a la lucha contra la religión y la Iglesia dominante. Aunque las ideas filosóficas y sociales de los pensadores rusos, polacos, rumanos, húngaros y de otros países de Europa Oriental eran afines, por su carácter, a las concepciones político-sociales y a la filosofía materialista de los ilustrados franceses del siglo XVIII, de las que recibieron un influjo fecundo, dichas ideas de los pensadores de Europa Oriental se distinguían por su originalidad e independencia. En virtud de las peculiaridades históricas del desarrollo social y de la lucha de clases en Rusia y en otros países de Europa Oriental a fines del siglo XVIII y principios del XIX, los exponentes de la ideología antifeudal –burguesa por su esencia– y de la filosofía materialista representaban a los círculos avanzados de la nobleza y de la intelectualidad plebeya, que luchaban contra la servidumbre, contra la monarquía y el dominio de la Iglesia. Al luchar en pro de las transformaciones sociales radicales, que respondían objetivamente a los intereses del desarrollo capitalista, los ilustrados más progresivos y los revolucionarios nubles de Rusia y de otros países de Europa Oriental, a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, no idealizaban el régimen capitalista. Lejos de considerarlo [588] eterno, veían y criticaban, aunque no lo hacían todavía desde posiciones científicas, sus aspectos negativos: el carácter explotador del Estado burgués, la expansión colonial y la opresión de otros pueblos, la ruina y la monstruosa explotación de que eran víctimas las masas populares, etc.

A diferencia de los ilustrados que les habían precedido, los pensadores y jefes revolucionarios de esta época –Radíschev, los decembristas, Kollontai, Vladimirescu, Martinovich y otros– no se limitaban a las ideas racionalistas sobre la instauración del “reinado de la razón”, sino que vinculaban sus esperanzas a la transformación de la sociedad mediante un cambio político revolucionario. Los pensadores revolucionarios de Rusia, Polonia y otros países de Europa Oriental del siglo XVIII y principios del XIX reflejaban, en mayor o menor grado, los anhelos y las aspiraciones de las masas y se preocupaban por la liberación y por el bienestar de los trabajadores, pero no comprendían aún que el pueblo no es sólo el objeto de las transformaciones sociales, sino también el sujeto de ellas, es decir, el creador de la historia.

En el terreno filosófico, los pensadores avanzados de este período –Kozelski, Baturin, Radíschev, los decembristas Yakuskin y Raevski, los ilustrados polacos Kollontai y Staszyc y otros filósofos– defendían la teoría materialista del conocimiento y difundían ideas materialistas sobre la naturaleza.

Siendo en lo fundamental mecanicistas, como lo habían sido también sus antecesores –los enciclopedistas franceses del XVIII–, algunos de dichos filósofos materialistas de fines del XVIII y comienzo del XIX, influidos por la tradición lomonosoviana en las ciencias naturales y por los nuevos descubrimientos científicos, empezaron a introducir el principio del desarrollo en la concepción materialista de la naturaleza y a enriquecer la filosofía materialista con nociones dialécticas espontáneas sobre el desarrollo en las diferentes esferas de la vida. Sin embargo, el materialismo metafísico de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX en los países de Europa Oriental, que se basaba fundamentalmente en la ciencia natural mecanicista, sólo destacaba algunos elementos de la dialéctica, sin poder elaborar –y efectivamente no llegó a elaborarlo– el método dialéctico.

En una época de dominio absoluto y de opresión de la religión oficial, los materialistas rusos y de otros países de Europa Oriental, siguiendo las huellas de los materialistas franceses del siglo XVIII, criticaron a la religión y a la Iglesia con ideas anticlericales que, en algunos casos, adoptaban una forma teísta. Los materialistas más consecuentes de aquel tiempo –Radíschev, los decembristas Raevski y Bariatinski, el pensador polaco Kollontai y otros– no se limitaban a los afanes ilustrados de sustituir la ideología religiosa por una concepción científica del mundo, sino que ponían al desnudo el papel social reaccionario de la "religión, como fuerza hostil a las masas populares, y exigían la desaparición de la dictadura espiritual de la Iglesia junto con el régimen monárquico del que era ella un baluarte.

A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, el materialismo era la principal corriente del pensamiento filosófico progresivo de Rusia y otros países de Europa Oriental. Pero, además de los materialistas, había también entre los pensadores avanzados que impulsaban el pensamiento humano [589] en el campo de la filosofía, de la política, de las ciencias naturales, del arte y de otras formas de la conciencia social, algunos pensadores que vacilaban entre el materialismo y el idealismo. Entre dichos pensadores, cuyas tendencias materialistas se veían limitadas por el teísmo, por elementos de misticismo o por el agnosticismo, figuraban algunos ilustrados rusos del siglo XVIII, Skovoroda en Ucrania, Boscovich en Yugoslavia, los hermanos Sniadetski en Polonia y otros.

Sin embargo, la labor de esos pensadores y su influencia en la vida social fueron, en general, progresivas y fecundas, ya que a los rasgos idealistas de sus respectivas concepciones del mundo se contraponían las ideas ilustradas, antifeudales y anticlericales de algunos de ellos (N. I. Novikov, G. S. Skovoroda, etc.) y la tendencia científico-natural y materialista espontánea de las ideas de otros (R. I. Boscovich, los hermanos Sniadetski, etc.) al explicar los fenómenos de la naturaleza.

A fines del siglo XVIII y principios del XIX, la creciente orientación materialista en el pensamiento filosófico de los pueblos de los países de Europa Oriental se desarrollaba en un proceso de lucha contra la ideología feudal-religiosa dominante, contra las supervivencias de la escolástica medieval y de la mística (la masonería), así como contra las tendencias idealistas de la filosofía moderna (doctrina cartesiana de las “ideas innatas”, monadología leibniziano-wolffiana, teorías de los filósofos idealistas alemanes, Mendelson y otros).

El pensamiento filosófico materialista de Rusia y otros países de Europa Oriental, así como las ideas ilustradas progresivas y revolucionarias de fines del XVIII y principios del XIX, que aparecieron en esos países, se hallaban vinculadas íntimamente a las ideas político-sociales avanzadas y a las concepciones filosóficas de la época de la revolución burguesa de Francia y se basaban en la experiencia del movimiento revolucionario de finales del XVIII y principios del XIX en Europa Occidental, a la vez que en las conquistas de la ciencia mundial.

El materialismo filosófico y el ateísmo sirvieron de fundamento teórico al creciente movimiento antifeudal de liberación en Rusia y en otros países de Europa Oriental, y contribuyeron a la preparación ideológica de la lucha revolucionaria por la abolición del régimen monárquico, basado en la servidumbre.

Al igual que en otros países de aquel tiempo, el pensamiento filosófico materialista de la segunda mitad del siglo XVIII y primer cuarto del XIX, tanto en Rusia como en otros países de Europa Oriental, tenía en lo fundamental un carácter metafísico, contemplativo. Dicho materialismo no se combinaba con la dialéctica ni se extendía tampoco a la historia de la sociedad.

Entretanto, el desarrollo de la lucha de clases y del pensamiento avanzado en la sociedad, por una parte, y los nuevos descubrimientos científicos en la física, la química, la biología y otras ramas de las ciencias naturales, por otra, plantearon apremiantemente a la filosofía, desde comienzos del siglo XIX, la tarea de forjar un método científico, dialéctico, de pensamiento y de fundirlo con la teoría materialista. A la sociología de la época se le planteaba la tarea de descubrir las leyes de los diversos aspectos del desarrollo social, así como el objetivo de fundamentar teóricamente las transformaciones radicales, revolucionarias, de la vida social. [590]




{82} V. I. Lenin, Del pasado de la prensa obrera en Rusia. V. I. Lenin, Obras completas, t. XX, pág. 223.

{83} V. I. Lenin, Informe sobre la revolución de 1905. V. I. Lenin, Obras completas, ed. rusa, t. XXIII, pág. 234.

{84} La insurrección de los decembristas. Documentos, 1925 t. I, pág. 9.

{85} Al nombre de Arakcheev, político reaccionario de la Rusia zarista, va ligada toda una época de despotismo policíaco y de arbitrariedades de un "militarismo brutal. En las colonias militares, creadas conforme a un proyecto de Arakcheev, los campesinos del Estado cumplían obligaciones militares, (N. del T.)

{86} Obras político-sociales y filosóficas escogidas de los decembristas, t. II, pág. 120, Leningrado, 1951.

{87} Obras político-sociales y filosóficas escogidas de los decembristas, t. I, pág. 295.

{88} Obras político.sociales y filosóficas escogidas de los decembristas, t. II, pág. 358.

{89} Ibídem, pág. 440.

{90} Apuntes, artículos y cartas del decembrista I. D. Yakuskin, Moscú, 1951, pág. 190.

{91} Obras político.sociales y filosóficas escogidas de los decembristas, t. III, pág. 79.

{92} Apuntes, artículos y cartas del decembrista I. D. Yakuskin, pág. 190.

{93} Ibídem, pág. 192.

{94} Ibídem, pág. 195.

{95} Obras político.sociales y filosóficas escogidas de los decembristas, t. II, pág. 354.

{96} M. S. Lunin, Obras y cartas, Petersburgo, 1932, pág. 14.

{97} P. I. Pestel, La verdad rusa, San Petersburgo, 1906, pág. 166.

{98} La herencia literaria, t. LIX, fasc. I, págs. 582 y 585, 1954.

{99} N. A. Bestuzhev, Artículos y cartas, Moscú-Leningrado, 1933, pág. 93.

{100} Obras político.sociales y filosóficas escogidas de los decembristas, t. II, pág. 166.

{101} A. S. Pushkin, Obras completas, en diez tomos, Moscú-Leningrado, 1949, t. VII, págs. 449-450.

{102} Obras político.sociales y filosóficas escogidas de los decembristas, t. III, pág. 195.

{103} A. I. Herzen, Obras completas y cartas, Petersburgo, 1919, t. VI, pág. 365.

{104} V. I. Lenin, En memoria de Herzen. V. I. Lenin, Obras escogidas, en dos tomos, trad. española, t. I, pág. 817, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1948.