Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 1 ❦ Capítulo IX: 6
6. La filosofía en Hungría en el siglo XVIII y principios del XIX.
La dominación secular del feudalismo en Hungría, entrelazada con la opresión política ejercida por la dinastía austríaca de los Habsburgo y el lento desarrollo del capitalismo, que siguió principalmente el “camino prusiano”, no contribuyó a que el pensamiento filosófico se desenvolviera en Hungría.
Los ideólogos oficiales del régimen fascista de Horthy afirmaban falsamente que la filosofía era algo extraño al “buen sentido” y al “modo concreto de pensar” del pueblo húngaro y que este pueblo no se hallaba muy dotado para la especulación.
Pero las causas de que el pensamiento filosófico húngaro se haya desarrollado con relativa lentitud no deben buscarse en una “indiferencia peculiar” del pueblo húngaro hacia la filosofía, sino en ciertos rasgos específicos de su trayectoria histórica.
Todos los grandes movimientos históricos y culturales europeos progresivos tuvieron también su repercusión en Hungría. Así, por ejemplo, ya en la época del Renacimiento, Janus Pannonius (1434-1472), poeta humanista húngaro, exponía ideas avanzadas en sus bellas obras poéticas escritas en latín. Aunque era obispo, criticaba en sus versos a los monjes necios y supersticiosos y a los escolásticos ignorantes, a la vez que ensalzaba al materialista Epicuro. Los movimientos ideológicos progresivos, vinculados con la Reforma, se reflejaron en la obra de Janos Apáczai Csere (1625-1659), quien, siguiendo el ejemplo de Ramus, Descartes y de otros críticos de la escolástica, quiso crear una nueva lógica, antiescolástica (Pequeña lógica húngara, de 1654). Sus ideas sobre la ilustración y la actividad educativa se hallaban relacionadas con las ideas y la labor del pensador checo Juan Amós Comenius.
Estos inicios filosóficos en la Hungría de los siglos XVI y XVII no ejercían ni podían ejercer una influencia en gran escala, tanto más cuanto que el desarrollo independiente de la vida literaria y científica húngara estaba sujeto a limitaciones en aquel tiempo. Esto se hallaba determinado por el hecho de que la invasión turca y la dominación austríaca hubiera [576] frenado durante siglos el incremento de las fuerzas productivas húngaras, la formación de las grandes ciudades y de los centros culturales, etc.
El primer movimiento ideológico que influyó profundamente en los escritores y pensadores fue en el siglo XVIII la Ilustración francesa, que contribuyó a la preparación ideológica de la revolución burguesa de Francia. El desarrollo del pensamiento político-social y filosófico progresivo se puso de manifiesto a fines del siglo XVIII no sólo en la obra de algunos eminentes pensadores solitarios, sino también en un movimiento ideológico y político relativamente amplio que, pese a su fracaso, influyó grandemente en la marcha de la lucha de clases en Hungría y al que se conoce como la Ilustración húngara. Aunque las condiciones sociales de Francia y Hungría eran distintas en aquel tiempo, había bastantes semejanzas entre ellas; precisamente sus diferencias y semejanzas, consideradas conjuntamente, son las que determinan la fisonomía peculiar de la Ilustración húngara.
La crisis del feudalismo afectó por igual a la economía de Hungría y a la de Austria. Sin embargo, las condiciones necesarias para pasar al asalto decisivo del sistema feudal y para realizar la revolución burguesa no habían madurado aún, en la segunda mitad del siglo XVIII, como habían madurado en Francia en esa época. La tarea misma de derrocar al feudalismo, que se planteó en Francia en el siglo XVIII, se combinaba en Hungría, al igual que en otros países de Europa Oriental, con la tarea de luchar por la independencia nacional. En esta compleja situación, sólo los pensadores más eminentes y progresivos acertaron a comprender que, para tener éxito, los movimientos liberadores tenían que combinar la lucha contra los señores feudales por la liberación de los campesinos y la lucha contra los opresores austríacos por la independencia nacional.
La Ilustración húngara se hallaba vinculada, en sus inicios, a la actividad de Dierd Besenyei (1747-1811). Apoyándose en las ideas progresivas de la Ilustración francesa, Besenyei defendía los intereses nacionales del pueblo húngaro. En su tratado filosófico Indagaciones de la razón, escrito en 1805 y prohibido por la censura, exponía en forma de diálogo los fundamentos de la concepción materialista del mundo; en su obra El ermitaño de Bicar concedía gran atención a los problemas éticos, formulados en las doctrinas filosóficas de Holbach y Helvecio. Besenyei tradujo también una parte bastante extensa del Sistema de la naturaleza, de Holbach, pero su versión no llegó a ver la luz.
La obra más importante y original de Besenyei, con ideas de carácter filosófico, es la novela titulada Viajes de Tarimen. En ella ponía al desnudo el papel reaccionario del clero, de la monarquía absoluta y del estamento noble. Decía Besenyei que la religión era la ideología más irracional y que el clero era el estamento más peligroso. Al mofarse de que hombres absolutamente inútiles fueran aceptados para dirigir la vida política del país sólo por pertenecer a la casta de los nobles, Besenyei atacaba las bases mismas del feudalismo. Al mismo tiempo disipaba las ilusiones puestas en la monarquía, lo cual significaba una proeza tan grande como la de Diderot en Francia, tomando en cuenta las condiciones de aquel tiempo en Hungría, cuando la idea de un reino nacional tenía aún muchos partidarios entre la burguesía. [577]
Inmediatamente después de esta actividad de Besenyei, los ilustrados húngaros comenzaron a vincular más íntimamente las ideas de la Ilustración con la actuación política práctica contra el absolutismo feudal. Las revueltas campesinas, la necesidad de desarrollar el capitalismo y la influencia de la revolución burguesa de Francia influyeron activamente sobre las capas más avanzadas de la sociedad húngara. A fines del siglo XVIII, los intelectuales plebeyos organizaron secretamente la “Sociedad de la Libertad y de la Igualdad”, que se proponía preparar y realizar la revolución antifeudal y establecer una república burguesa. El inspirador y organizador de este movimiento fue el monje Ingnacio Martinovich (1755-1795). El papel histórico de Martinovich no se ha investigado aún suficientemente; se ha supuesto que era un agente de José II. Sin embargo, es indudable que en un período posterior desempeñó un papel revolucionario, como lo demostró con su muerte de mártir; en efecto, junto con sus compañeros, fue ejecutado en el campo de Krovav.
En su trabajo Memorias filosóficas o la naturaleza desvelada (“Mémoires philosophiques ou la nature devoilée”), Martinovich exponía los principios materialistas y ateos de los filósofos ilustrados franceses. Refiriéndose a la lucha entre el materialismo y el idealismo, escribía en dicha obra: “Por la esencia de su pensamiento, los filósofos se dividen en dos campos: los de un grupo opinan que todas las ideas que se forman en el hombre son resultado de las impresiones de los objetos que existen fuera de nosotros; los del segundo grupo quieren elevarse por encima del materialismo y del idealismo y se empeñan en convencernos de que existen ideas puramente intelectuales”, es decir, “ideas absolutamente independientes de los sentidos”.
A causa de las limitaciones históricas inevitables en aquel tiempo, las concepciones materialistas de Martinovich, incluidas las relativas a los problemas gnoseológicos, eran mecanicistas; sin embargo, sus limitaciones mecanicistas no le impidieron formular la idea de la universalidad del movimiento. “Los cambios –escribía– no se interrumpen ni un instante en la naturaleza; no podemos conocer ninguna sustancia sin movimiento; los cambios crean la vida activa en el universo.”
El movimiento revolucionario-ilustrado húngaro de fines del siglo XVIII terminó en un descalabro; sin embargo, puso de manifiesto un nexo íntimo entre las aspiraciones sociales avanzadas y la filosofía materialista progresiva.
El terrible suplicio de los jefes de este movimiento, la implantación de la más rígida censura y la persecución implacable de las ideas de la Revolución Francesa no sólo aplastaron todos los brotes revolucionarios, sino que frenaron la propagación de la filosofía y del pensamiento político-social avanzados.
La influencia de la Ilustración francesa sobre los pensadores húngaros a principios del siglo XIX dejó paso a la del clasicismo alemán, especialmente en el terreno del arte y de la estética. Tal es la dirección que siguió, por ejemplo, el famoso pensador húngaro Ferenc Kazinczy.
Sin embargo, no faltaron pensadores que siguieran las ideas de la Ilustración francesa, incluso después del aplastamiento del movimiento revolucionario-ilustrado húngaro de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. [578] Entre ellos destacaba también, además de Besenyei, Mihály Csokonai Vitez (1773-1805). Csokonai seguía las huellas de Rousseau y en su obra poética trataba de armonizar los aspectos racionalistas de la ética epicúrea con las ideas roussonianas. En su poema La tarde exponía poéticamente la tesis roussoniana del origen de la desigualdad entre los hombres, y cantaba los tiempos en que “los pobres no eran despreciados por las leyes”.
Todos eran iguales y todos en la igualdad nacían.
Los altivos señores, que adornan sus casas con escudos,
aún no dominaban a los callados esclavos.
En cambio, ahora, se lamenta el poeta:
Por doquiera el “tuyo” y el “mío”. ¡Cuántos más bellos eran
los tiempos en que de todo podía decirse “nuestro”!
En su última gran obra Las almas inmortales, Csokonai exponía de un modo artístico la concepción materialista de la vida y de la muerte.
Las ideas ilustradas y materialistas de Besenyei, Martinovich y Csokonai fueron desarrolladas por los pensadores avanzados húngaros en la primera mitad del siglo XIX.