Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 1 ❦ Capítulo IX: 3
3. Las ideas filosóficas de R. J. Boscovich, hombre de ciencia yugoslavo del siglo XVIII.
Mientras que en Francia, Inglaterra y Rusia imperaba en el siglo XVIII la concepción atomista de la materia entre los sabios avanzados –los físicos y los químicos–, en la Europa Central, sobre todo en Alemania, gozaba de amplia difusión la doctrina conocida con el nombre de teoría dinamicista. A fines del siglo XVIII estalló una enconada lucha entre los partidarios del atomismo y del dinamicismo. En el plano filosófico revistió el carácter de lucha entre el materialismo y el idealismo. La doctrina atomista, sustentada consecuentemente, se basaba en el reconocimiento de la primacía de la materia; de acuerdo con ella, los átomos eran partículas materiales. El dinamismo, defendido consecuentemente, atribuía dicha primacía a fuerzas inmateriales; según él, la materia era un producto derivado, surgido de la acción mutua de dos fuerzas opuestas, la atracción y la repulsión.
La lucha entre los partidarios del atomismo y del dinamicismo se desplegó en torno a problemas concretos de las ciencias naturales, especialmente en torno al problema de la naturaleza de los elementos químicos y el carácter de su acción mutua.
Los materialistas, partidarios a su vez del atomismo, eran mecanicistas en su mayoría; consideraban la actividad química como una combinación y disgregación de átomos, que se conservaban inmutables. En cambio, los dinamicistas afirmaban que la actividad química se debía al hecho de que elementos distintos se penetraban mutuamente, formando en virtud de su fusión una sustancia absolutamente nueva. A juicio de los dinamicistas, las partículas ínfimas de la sustancia compuesta tenían la misma composición y contenían todas sus partes componentes. Y afirmaban también: por muy pequeña que sea una partícula compuesta, dentro [563] de ella no existen átomos singulares, distintos entre sí; por esta razón, por más que se divida una sustancia compuesta, siempre podrán obtenerse partículas de ella cada vez más pequeñas.
El físico, astrónomo y filósofo yugoslavo Roger José Boshcovich o Boscovich (1711-1787) intentó combinar el dinamicismo con el atomismo. Boscovich nació en Dubrovnik (Dalmacia) y desplegó su actividad principalmente en Italia y Francia. Su obra principal es su Teoría de la filosofía natural, expresiva de la ley única reguladora de las fuerzas de la naturaleza (1758). A Boscovich se debe la doctrina de los centros de fuerza, que es un atomismo dinámico bastante peculiar. Como señalaba él mismo, en su sistema se combinaban la doctrina leibniziana de las mónadas y la teoría newtoniana de las fuerzas. “De la teoría de Leibniz –escribía– he tomado los elementos primarios, simples y absolutamente inextensos; del sistema de Newton, las fuerzas interdependientes que cambian al cambiar las distancias entre los puntos; pero de Newton he tomado también las fuerzas que obligan a los puntos a aproximarse (a las que se llama habitualmente fuerzas de atracción), así como las fuerzas que obligan a los puntos a separarse (es decir, las llamadas fuerzas de repulsión).”52
El aspecto fundamental de la doctrina de Boscovich reside en su reconocimiento de la existencia de los llamados “dinamitos”, o sea centros peculiares de fuerzas que constituyen, a su modo de ver, el fundamento último de todos los cuerpos. “Estos puntos absolutamente indivisibles e inextensos, diseminados por el vacío infinito, son para mí –escribía Boscovich– los elementos primarios de la materia.”
Estas fuerzas que tienen por centros a esos elementos primarios no las concebía Boscovich como un tipo de acción, sino como la tendencia misma de dos puntos cualesquiera a aproximarse o alejarse mutuamente. Esas fuerzas cambian de tal modo que los átomos y los cuerpos formados por ellos se atraen entre sí cuando se hallan a una distancia relativamente grande. A una distancia menor, cambian alternativamente la esfera de atracción, que se debilita gradualmente, y la esfera de repulsión, que aumenta cada vez más. Finalmente, a una distancia muy pequeña, sólo subsiste la fuerza de repulsión que impide que los átomos se combinen entre sí. La esfera de repulsión, que según Boscovich rodeaba a los átomos, era comparada por él a la esfera de acción de los disparos lanzados por un destacamento de soldados.
Aunque Boscovich negaba que los átomos fueran extensos y aunque los consideraba como puntos materiales sin dimensiones, no creía que por ello estuvieran desprovistos de existencia objetiva. Dichos centros de fuerzas no los concebía como puntos metafísicos, sino como puntos físicos, que actuaban sutilmente sobre nuestros sentidos, provocando en ellos un movimiento que se transmitía al cerebro, originando en él una sensación. La doctrina de Boscovich no encontró apoyo entre los hombres de ciencia de su tiempo. Sólo mucho más tarde se vio que algunas tesis suyas anticipaban genialmente ideas importantísimas de la física moderna. Mendeleev opuso las ideas de Boscovich a las burdas concepciones mecanicistas [564] del átomo que lo consideraban como una partícula material inerte, exenta de toda actividad interna. “Puesto que la concepción actual de la materia es por completo distinta de lo que tenían presente los metafísicos antiguos –escribía Mendeleev–, conviene que señalemos, a título de ejemplo, los rasgos esenciales de la doctrina de Boscovich, al que actualmente se le considera en todas partes como el fundador, en cierto sentido, de las modernas ideas sobre la materia.”53
Después de exponer sucintamente las teorías de Boscovich, dice Mendeleev: “Tomando en cuenta las hipótesis existentes sobre la materia, Maxwell califica con razón de “extremada” a esta hipótesis; ahora bien, en las concepciones actuales de la materia se repiten muchos de los elementos de la doctrina de Boscovich, con la diferencia fundamental de que en vez de considerarse a los átomos como puntos matemáticos, dotados de las propiedades inherentes. a la masa, se les atribuye corporeidad, como son corpóreos las estrellas y los planetas físicos, los cuales pueden considerarse como puntos matemáticos en el examen de algunos aspectos de su interdependencia.”54
A pesar de que Boscovich concebía la fuerza separada de la materia y privaba a los átomos de su corporeidad, su doctrina pudo adelantarse considerablemente a su época gracias a las ideas antimecanicistas que contenía. Pensaba Boscovich que las leyes del movimiento cambiaban desde el punto de vista cualitativo en las diferentes regiones; admitía asimismo la posibilidad de una estructura armónica del universo y rechazaba la idea de la independencia del espacio, del tiempo y de la inercia respecto de la materia en movimiento. Sin embargo, en sus ideas filosóficas generales, Boscovich se inclinaba hacia el idealismo. En su concepción del mundo había no pocos elementos especulativos que se hallaban en contradicción con las ideas científicas sobre la naturaleza contenidas en su “filosofía natural”.
{52} R. J. Boscovich, Philosophiae Naturalis Theoria, reducta ad Unicam Logem Virus in Natura Existentium, t. I, 1759.
{53} D. I. Mendeleev, Obras escogidas, ed. rusa, t. II, pág. 371, 1934. Al llegar a este punto, Mendeleev hace la siguiente observación: “Para más detalles debe recurrirse a la edición de la Academia Yugoslava (Rad Jugoslavenske Academije znanosti í umjetnosti, libros LXXXVII, LXXXVIII y XC, en Zagreb, 1887-1888); uno de los tomos está dedicado íntegramente a exponer la vida y la doctrina de Boscovich, cuyo nombre, junto con el de Copérnico, constituye un legítimo orgullo de los eslavos occidentales, ya que estos sabios padres marcharon delante de su tiempo y dieron mucho a la ciencia.”
{54} Ibidem.