Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Capítulo IX: 4

4. La filosofía en Polonia a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Los pensadores ilustrados-materialistas.


La Rech Pospólita (Polonia) era un Estado feudal, basado en la servidumbre, desgarrado por las contradicciones de clase y nacionales. La prestación personal, verdaderamente insoportable, minaba la economía campesina y llevaba a la decadencia económica del país. Los campesinos respondían a la explotación feudal con su huida de las haciendas de los panis (los señores polacos), con el incendio de ellas o, finalmente, con sublevaciones cada vez más frecuentes. [565]

A finales del siglo XVIII tuvieron lugar varios repartos del Estado multinacional de la Rech Pospólita. Una parte de Polonia y Lituania y otra de las tierras letonas fueron anexadas al Imperio Ruso, mientras que Prusia y Austria se apoderaban de otras regiones polacas. Bielorrusia y Ucrania Occidental, que a la sazón formaban parte de la Rech Pospólita, fueron incorporadas a Rusia.

En el transcurso de los tres repartos de Polonia (en 1772, 1793 y 1795) surgió el movimiento polaco de liberación nacional que, más tarde, en el siglo XIX, habría de desarrollarse como parte integrante de la lucha por la transformación social burguesa del país. En su fase inicial, este movimiento se hallaba encabezado por la nobleza polaca (shliajta), que aspiraba a implantar ciertas reformas políticas dirigidas contra las altas capas aristocráticas. Una gran parte de los nobles (los shliajtichi), siendo como eran ajenos a los intereses de los trabajadores, se oponía a cualquiera de las reformas agrarias tan necesarias para los campesinos.

A fines del siglo XVIII, las capas aburguesadas de la nobleza encontraron un aliado en la incipiente burguesía de las ciudades polacas. El bloque noble-burgués libró una lucha contra las supervivencias feudales en el régimen político de la Rech Pospólita.

La sublevación acaudillada por Kosciuszko en 1794 marcó el punto culminante del movimiento polaco de liberación nacional en el siglo XVIII.

Los principales ideólogos del bloque noble-burgués eran en aquel tiempo Estanislao Staszyc y Hugo Kollontai, quienes, desde posiciones ilustradas, sometieron a crítica al régimen terrateniente feudal, aunque de esa crítica no llegaron a extraer conclusiones revolucionarias.

Staszyc y Kollontai desarrollaron las ideas filosóficas materialistas dirigidas contra la ideología católica. Su materialismo se revestía de un ropaje teísta, ya que uno y otro reconocían la existencia de una causa primera e infinitamente poderosa de todos los fenómenos del mundo circundante. Pero, en esencia, dicho concepto de “causa primera” se ocultaba tras el concepto de naturaleza considerada en su conjunto, como algo distinto de sus manifestaciones concretas.

En la formación de las ideas filosóficas de los ilustrados-materialistas polacos ejercieron cierta influencia sus nexos ideológicos con los representantes de la Ilustración francesa. Así, Staszyc había mantenido relaciones personales con los enciclopedistas franceses durante su estancia en París.

Hugo Kollontai (1750-1812) procedía de una familia de nobles pobres. Desde la Comisión de educación en la que trabajaba implantó, junto con Juan Sniadetski –otro filósofo polaco progresivo–, una serie de reformas avanzadas en el campo de la educación pública, dirigidas contra la preponderancia de la Iglesia. Hasta 1791 Kollontai fue el jefe del partido progresivo conocido como “partido de las reformas”.

Durante la sublevación encabezada por Kosciuszko, Kollontai se hizo republicano y fue uno de los participantes activos de dicho movimiento. Su participación en la vida política la combiná con un intenso trabajo teórico. Sus principales obras filosóficas las escribió en la cárcel donde le recluyó el gobierno austríaco durante ocho años, después de la derrota de Kosciuszko y de un nuevo reparto de Polonia. [566]

Las obras fundamentales de Kollontai son las siguientes: Orden físico-moral, o ciencia de los derechos y de los deberes humanos, que se deducen de las leyes eternas, inmutables y necesarias de la naturaleza (1794-1802), Examen crítico de los fundamentos históricos del principio del género humano (edición de 1842), Cartas anónimas (1788-1789) y Ultima advertencia a Polonia (1790).

Kollontai pensaba que la filosofía debía basarse en los datos científicos concretos y llegar a ser una generalización de ellos. Afirmaba también que la naturaleza existe eternamente y la definía como un conjunto de cuerpos materiales, unidos por una cadena infinita de nexos causales, nexos multiformes e irreductibles a los nexos puramente mecánicos.

En una segunda variante del Orden físico-moral, Kollontai exponía los principios fundamentales de su teoría del conocimiento. A las sensaciones las llamaba “las primeras llaves del saber”. Los intentos de hallar “esencias” sobrenaturales eran para él un empeño absolutamente fantástico y estéril.

Kollontai expuso la idea de que existe un progreso histórico del saber humano y señaló que el empleo de diversos instrumentos y aparatos ampliaba considerablemente los límites del conocimiento sensible.

Siendo como era un enemigo del agnosticismo, el materialista polaco subrayaba que la esencia de las cosas puede ser conocida plenamente a través de sus fenómenos. Al mismo tiempo, trataba de superar las limitaciones de un estrecho empirismo concediendo gran importancia al pensamiento racional y reconociéndole una relativa autonomía. El filósofo polaco suponía que al analizar la experiencia sensible la razón se convence de la existencia de una “causa primera” de todas las cosas, como llamaba él a las leyes más esenciales de la naturaleza, consideradas en su unidad.

Para Kollontai, los fenómenos psíquicos eran una propiedad del sistema nervioso, y el pensamiento, un producto del cerebro humano, al que llamaba “órgano creador de representaciones”.

Desde sus posiciones ilustradas burguesas, Kollontai hizo mucho en el terreno de la crítica de la religión. Criticó la doctrina teológica de la revelación divina y de la “Sagrada Escritura” como fuentes de conocimiento; señaló las contradicciones de los textos bíblicos; refutó los infundios sobre la existencia de almas inmateriales y, por último, afirmó que la religión no tenía ningún “derecho a inmiscuirse en la solución de los problemas de las ciencias naturales. Afirmaba Kollontai que la religión y la Iglesia predicaban la ignorancia y que, como aliados de la camarilla gobernante, desempeñaron un papel reaccionario en la vida social.

Por el modo de concebir la vida social Kollontai era idealista. Siguiendo una vía puramente lógica, trataba de deducir de las leyes de la “naturaleza humana” las leyes de la vida social; ello le condujo a la conclusión idealista de que el fundamento de la vida social reside en la psique humana. Entre las leyes naturales de la “naturaleza humana” incluía el sentimiento de la autoconservación y la tendencia a satisfacer nuestras propias necesidades. A su modo de ver, de esas leyes emanaba, en última instancia, una serie de derechos y deberes y, ante todo, el derecho de propiedad. Al sostener el carácter “natural” de esos derechos, Kollontai idealizaba en el fondo las relaciones capitalistas. [567]

El pensador polaco trataba de demostrar cómo había surgido forzosamente la profunda divergencia existente entre las exigencias de la organización social, derivada de las “leyes naturales”, y las relaciones sociales concretas de su tiempo. Sin proponérselo se aproximaba así a la idea de la mutabilidad de las leyes de la historia humana, exponiendo con este motivo valiosas intuiciones. Las verdades históricas, escribía, “sólo pueden ser descubiertas mediante una paciente observación de los actos humanos y de las acciones de la naturaleza, tal como se manifiestan en los hechos que nos describe la historia...; el filósofo o el legislador... nunca podrán conocer ni comprender la verdadera situación de los hombres primitivos... si pretende deducirla de su propio saber, del estado actual de la sociedad. o de las leyes y costumbres bajo cuyo dominio vive él y a las cuales se halla habituado”.55

Kollontai se opuso a las concepciones teológicas acerca del origen del Estado, y aunque no comprendía el carácter clasista de éste, creía, sin embargo, que había surgido como resultado de los conflictos entre los hombres por la propiedad de la tierra y como un medio para frenar las “pasiones inflamadas”.

Al condenar al feudalismo, por ser un régimen “teocrático”, y a la Iglesia, como fuerza que tendía a perpetuar las relaciones feudales, Kollontai suponía falsamente que el feudalismo había nacido pura y simplemente como fruto del “engaño y de la violencia”.

Sostenía Kollontai que el régimen feudal debía ser sustituido por un régimen “justo”, en consonancia con las “leyes naturales”, entendiendo por él a la sociedad burguesa. Defendía asimismo el principio de la igualdad de derechos de las naciones y el principio de la intangibilidad de la soberanía nacional. Sin embargo, las limitaciones aristocráticas de sus ideas se manifestaban en el hecho de que no iban más allá de la reivindicación de la libertad personal de los campesinos, sin que se les dotara de tierras, ni más allá tampoco de la reivindicación de una monarquía constitucional hereditaria con unas Cortes estamentales.

Otro gran representante de la ilustración y del materialismo polacos fue, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, Estanislao Staszyc (17551826). Sus obras principales son: el poema didáctico-filosófico El género humano (1793-1795), sus Reflexiones sobre la vida de Juan Zamoiski (1787), la Advertencia a Polonia (1790) y el “Prefacio” que escribió en 1786 para una versión polaca de Las épocas de la naturaleza, de Buffon.

En el dominio de la teoría del conocimiento, Staszyc se opuso a la doctrina de las “ideas innatas”, acercándose a la gnoseología materialista. “Al nacer, el hombre no sabe nada y no piensa en nada... –escribía Staszyc en sus Reflexiones–. No tiene ningún conocimiento innato y todas sus sensaciones las obtiene por medio de los sentidos.”56

Pero, a la vez, Staszyc –como Kollontai– se negaba a reducir el pensamiento a una combinación de sensaciones.

En cuanto a la religión, Staszyc la fustigaba como al enemigo más furioso de la ciencia y del progreso, considerándola como un instrumento de los terratenientes, con ayuda del cual hundían al pueblo en la ignorancia [568] para mantenerlo esclavizado. En su poema filosófico El género humano, Staszyc ponía en labios de los señores feudales el siguiente programa de acción para sus aliados, es decir, para el clero: “... Id a convencer al pueblo con ayuda de la religión de que la casta de los autócratas fue creada por la voluntad de Dios y que los demás hombres están destinados a ser esclavos... ¡Infundidle paciencia, corromped sus almas e inspiradles temor y apocamiento!”57 Sin embargo, Staszyc no era un ateo consecuente; vale decir, no renunció por completo a sus concepciones teístas.

Staszyc admitía la idea del desarrollo de la naturaleza. “Ha cambiado la superficie de nuestra Tierra, las aguas, las plantas y los animales de ella –escribía–. Así ha sucedido desde siempre; así sucede ahora y así sucederá en el futuro.”58

Apoyándose en un vasto material histórico basado en hechos, y especialmente en los trabajos de M. V. Lomonósov sobre historia de Rusia, Staszyc trató de presentar los fenómenos sociales desde el punto de vista de su origen y desarrollo. Señalaba que las nuevas fuerzas sociales que llegan a escalar y a consolidar una posición más elevada dejan de ser, andando el tiempo, un factor progresivo, ofrecen “la más dura resistencia y se convierten en una traba para el régimen nuevo que le sucede”. Empero, las “castas” sociales dominantes se ven obligadas al principio, para servir sus propios fines, a contribuir al auge de aquellas capas sociales que, pese a los esfuerzos de la camarilla gobernante para impedir su crecimiento, avanzan en su desarrollo y luchan por establecer su propio dominio.

Staszyc expuso algunas tesis dialécticas que se hallaban en contradicción con su materialismo, fundamentalmente metafísico.

Para Staszyc la lucha de los oprimidos contra sus opresores era el contenido esencial del progreso histórico de la humanidad. Sin embargo, al intentar esclarecer el carácter antagónico del desarrollo social, mantenía la tesis idealista de que esta lucha tenía por base la oposición entre el “partido” del saber y las “castas” del oscurantismo y la ignorancia.

Aunque sustentaba, en general, una concepción idealista de la historia, tuvo algunos atisbos materialistas sueltos en sus trabajos sociológicos. Señaló, por ejemplo, que las “ocupaciones económicas” de los hombres influyen en su vida política. Con su periodización de la historia, Staszyec intentó fijar por épocas el predominio y la sucesión de las diferentes “ocupaciones económicas” de los hombres, pero no pudo cumplir su propósito, ya que en fin de cuentas afirmaba que los cambios operados en la vida y en el modo de pensar de los hombres dependen del desarrollo de su razón.

La doctrina ética de Staszyc se basaba en los principios del “derecho natural” y del “contrato social”. En sus reflexiones partía del individuo abstracto, dotado de sentimientos, de necesidades y de un anhelo de felicidad. La existencia humana es imposible fuera de la sociedad. El tema principal de la ética de Staszyc es la preeminencia de los ¡intereses sociales sobre los personales y la imposibilidad de alcanzar la felicidad humana al [569] margen de la felicidad colectiva. El filósofo polaco utilizó estas ideas en su lucha contra la camarilla aristocrática.

Durante el período más brillante de su actividad, Staszyc veía en la república democrático-burguesa la organización social ideal. A juicio suyo, la igualdad, la libertad y la propiedad son las derivaciones “más importantes y más elementales” de los derechos humanos. Al condenar la propiedad feudal, Staszyc idealizaba la propiedad burguesa. Exigía la libertad personal para los campesinos y su derecho a poseer tierras.

A fines del siglo XVIII y principios del XIX, los hermanos Sniadetski, eminentes filósofos y hombres de ciencia polacos, se aliaron a Kollontai y a Staszyc en su lucha contra la religión y el idealismo.

Juan Sniadetski (1756-1830) fue gran astrónomo, matemático y filólogo, así como miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de Polonia. En 1802, publicó un trabajo dedicado a divulgar las ideas científicas de Copérnico, en el que sostenía el carácter objetivo de las leyes astronómicas descubiertas por el gran sabio polaco. En sus obras Sobre la filosofía (1819) y De la metafísica (1819) criticó el apriorismo kantiano; sin embargo, no pudo someter el agnosticismo de Kant a una crítica efectiva, ya que él mismo hacía concesiones a las ideas agnósticas.

Endzhei Sniadetski (1768-1838) era médico, fisiólogo y químico. En su principal obra, Teoría de las sustancias orgánicas (1804-1811), sostuvo la tesis de la circulación continua y las sustancias entre el organismo y el medio como la manifestación más esencial de la vida. Consideraba el sabio polaco que la vida “es un cambio incesante de formas y, en cada forma, un cambio continuo de materia”.59 El trabajo de E. Sniadetski fue uno de los primeros intentos de la ciencia europea encaminados a crear una teoría biológica general basada en la observación de los hechos y con un carácter materialista. Oponiéndose a los vitalistas, defendió la teoría de la epigénesis, es decir, la teoría de la formación gradual de los tejidos y de los órganos del embrión. Esta teoría fue la que precedió históricamente a la de la evolución. Pero, al mismo tiempo, E. Sniadetski no se vio libre de errores de carácter agnóstico.

Durante la ofensiva de la reacción feudal (allá por la década del 20 del siglo XIX), los hermanos Sniadteski defendieron a las ciencias naturales frente a los ataques del clero. Sin embargo, ellos mismos hicieron algunas concesiones a la religión en aquel tiempo y se inclinaron hacia la doctrina de las “dos verdades”.

A comienzos de la década del 20 del siglo XIX, bajo la terrible opresión nacional ejercida por las potencias que se habían repartido el país, se crearon círculos clandestinos de revolucionarios nobles. Estos círculos entraron en contacto político con los formados por aristócratas revolucionarios rusos, es decir, por los futuros decembristas.

Los revolucionarios nobles polacos ro constituían un grupo homogéneo desde el punto de vista filosófico, Algunos, como J. Zhukovski, seguían las tradiciones materialistas de la época de la Ilustración; otros, como M. Mojnatski, trataban de utilizar la filosofía idealista alemana y, ante todo, la filosofía de Schelling, para dar un fundamento teórico a las concepciones estéticas del romanticismo revolucionario. [570]




{55} Obras escogidas de pensadores progresistas polacos, Moscú, t. I, pág. 426.

{56} Ibídem, t. I, pág. 102.

{57} Obras escogidas de pensadores progresistas polacos, Moscú, t. I, pág. 246.

{58} Ibídem, pág. 212.

{59} Obras escogidas de pensadores polacos progresistas, t. I, pág. 673.