Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Capítulo IX: 2

2. La filosofía en Ucrania durante la segunda mitad del siglo XVIII. G. S. Skovoroda.


La reunificación de Ucrania con Rusia contribuyó al desenvolvimiento económico y cultural del pueblo ucraniano, así como a la ampliación de los vínculos culturales y al intercambio espiritual entre los dos pueblos hermanos.

El pensamiento social progresivo de Ucrania se desarrolló en el siglo XVIII, junto con el pensamiento social avanzado ruso, contra sus enemigos comunes: la autocracia zarista, los terratenientes y los conquistadores extranjeros.

En aquel tiempo, el pensamiento social avanzado ucraniano se hallaba vinculado tanto al auge del movimiento campesino en la Ucrania oriental, dirigido contra la servidumbre a que se hallaban sometidos los campesinos y los cosacos pobres por el gobierno zarista, como a los movimientos antifeudales y de liberación nacional de la Ucrania occidental, que apuntaban contra los señores polacos. El movimiento “haidamaki” de los años 30-50 del siglo XVIII y la poderosa sublevación campesina de 1768 –la “koliivshina”– tuvieron una gran importancia para el florecimiento del pensamiento social ucraniano. Profunda repercusión tuvo en Ucrania la guerra campesina librada en Rusia en los años de 1773-1775 bajo la dirección de Emelián Pugachev. Los movimientos campesinos empujaron a los mejores ucranianos a la lucha contra el zarismo y el régimen de servidumbre y dieron bríos al pensamiento social de carácter antifeudal y anticlerical. Pero la falta de cohesión y de organización de los campesinos, sus prejuicios patriarcales y sus ilusiones religiosas y monárquicas [560] imprimieron su huella en el pensamiento político-social y en la filosofía de la época y determinaron sus limitaciones y su inconsecuencia.

La situación contradictoria de los campesinos –hostiles por un lado al orden feudal y a los altos dignatarios de la Iglesia dominante, y por otro, embrutecidos y atrasados en su mayoría, sin lanzarse aún a una lucha abierta contra el zarismo y el régimen de servidumbre– halló expresión en la concepción del mundo de G. Skovoroda.

Gregorio Savvich Skovoroda (1722-1794) fue un eminente filósofo ilustrado ucraniano de la segunda mitad del siglo XVIII. Era hijo de cosacos pobres. Estudió en la Academia Moguilia de Kíev, pero la abandonó en 1750, renunciando entonces a la carrera eclesiástica para emprender un viaje por diversos países europeos. De regreso a la patria, después de pasar tres años en el extranjero, fue profesor del seminario de Pereiaslay y del Colegio de Járkov; más tarde se convirtió en un predicador errante. Skovoroda se dirigía con especial cariño a las “gentes sencillas”, y solía decir: “Mi destino es el de los pobres.” A la realidad social de la servidumbre la llamaba “mundo malvado”.

A la pluma de Skovoroda se deben diversas obras filosóficas: Narciso, La serpiente de Israel, Conversación amistosa sobre el mundo espiritual y muchas otras. Ninguna de ellas fue impresa mientras vivió su autor, pero fueron copiadas a mano y difundidas con el mayor celo. Skovoroda era enemigo de la Iglesia oficial dominante. Enfrentándose a los dogmas eclesiásticos, aceptó el sistema heliocéntrico de Copérnico y se refirió a él en sus obras.

Contrariamente a la teología, que hablaba de las recompensas del “más allá”, el pensador ucraniano exhortaba a alcanzar la felicidad terrena, que, a juicio suyo, no podía ser separada de la ilustración. El conocimiento, decía Skovoroda, es la “cumbre de la virtud” y la ignorancia es la “muerte espiritual”.

En el terreno de la filosofía, Skovoroda era en lo fundamental idealista. Afirmaba que en cada mundo existen dos naturalezas: una, espiritual e invisible, pero activa, que es el principio creador, la “esencia divina” (es decir, la ley y la razón del mundo), y otra corpórea, visible y pasiva, que es una sombra mudadiza de la primera.

En la filosofía de Skovoroda se ponían de manifiesto ciertos elementos panteístas. A juicio suyo, Dios se funde con la naturaleza. “...Dios y su mundo, y el hombre son uno”.46

Si se exceptúan sus mejores obras literarias, sus ideas ilustradas revestían la forma de alegorías y símbolos bíblicos y, con frecuencia, contenían elementos místicos. Sin embargo, rechazaba los dogmas y los ritos de la Iglesia.

En la concepción del mundo de Skovoroda se daban ideas progresivas que marchaban por la vía del materialismo. Admitía Skovoroda que la naturaleza se compone de un número infinito de mundos y que cada uno de ellos vive por sí mismo, con arreglo a sus propias leyes. El mundo del hombre (o microcosmos”) es una parte de la naturaleza (o “macrocosmos”) y, en gran medida, se halla sujeto a sus leyes. Pero Skovoroda [561] sustentaba, a su vez, la concepción idealista de un tercer mundo o “mundo de los símbolos”, concebido como cierto “principio racional”.

Skovoroda se oponía «a los infundios religiosos sobre los milagros y sobre la intervención de Dios en la vida de la naturaleza, acercándose a la concepción materialista de que la naturaleza se desarrolla conforme a sus propias leyes. “Alzarse contra su imperio (el de la naturaleza. Red.) y contra sus leyes significa una temeridad titánica y desventurada.”47 En Skovoroda encontramos con frecuencia la idea de que la naturaleza es la causa de sí misma. “... Al engendrar, esta madre no recibe nada de nadie, sino que ella por sí sola engendra; [Por eso], también recibe el nombre de padre y principio.”48 Pensaba Skovoroda que tanto el macrocosmos” como el “microcosmos” son cognoscibles y que en los fenómenos de las cosas se descubre su “principio”, su “naturaleza”, su “sujeción a leyes”. Pero. a la vez, era frecuente que atribuyese a la naturaleza y al hombre los principios divinos vinculados con el “mundo de los símbolos” y en los cuales veía una de las fuentes del conocimiento.

Skovoroda, enemigo del régimen de servidumbre y del yugo monárquico, desarrolló sus ideas ilustradas en el campo de la sociología y de la ética. Afirmaba que la felicidad no se encuentra en los palacios reales ni en el rango social o en un nombre ilustre, ni tampoco en la riqueza, sino en el conocimiento de sí mismo y en la subordinación a la “bendita naturaleza”.49 Decía también que la verdadera felicidad no es egoísta y que cuantos más sean los “participantes” de ella, será tanto “más dulce y efectiva”.

Aspiraba Skovoroda a una sociedad de la que estuvieran desterradas la ociosidad, la pobreza, la esclavitud, la guerra, etc., y en la que todos los hombres trabajasen. “El trabajo es la corriente viva y continua de la máquina.”50 En sus reflexiones sobre los problemas éticos, exhortaba a seguir el ejemplo de las “abejas obreras” y a no imitar el de los zánganos.

Este pensador y gran patriota ucraniano creía que solamente unido al pueblo ruso podría alcanzar su pueblo una nueva vida, una vida feliz. “... En la gran Rus veo todo lo nuevo: nuevos hombres, nuevas criaturas, nuevas obras y nueva gloria. ¡Oh, qué alegre, gozoso, amable, amoroso y libre me sentiré entonces!”51

Sin embargo, su ideal social, revestido frecuentemente de un ropaje teológico, no era claro y preciso, sino utópico e ilusorio, ya que Skovoroda consideraba que la ilustración y el perfeccionamiento moral de sí mismo eran los medios principales para alcanzar la felicidad humana. El pensador ucraniano no señalaba vías reales, efectivas, para que el pueblo lograra su emancipación social.

En las concepciones de Skovoroda se entrelazaban ideas progresivas con ideas ya caducas, patriarcales; su protesta contra el régimen social vigente se mezclaba con las ilusiones que depositaba en la posibilidad de transformarlo por medio del conocimiento de sí mismo y del autoperfeccionamiento [562] moral; los elementos materialistas se combinaban con la solución idealista del problema fundamental de la filosofía, las referencias a la doctrina de Copérnico con los pasajes de la Biblia, etc.

No obstante, G. S. Skovoroda, en cuanto fue un gran escritor y filósofo ilustrado, que condenó el régimen de explotación y que se dirigía a las gentes sencillas tratando de llevarlas por el camino del saber, de la ilustración y de la acción, ejerció una influencia fecunda sobre la evolución posterior del pensamiento social avanzado y de la cultura del pueblo ucraniano.

También desempeñó un importante papel en la trayectoria de desarrollo del pensamiento social"progresivo, incluido el filosófico, en la Ucrania de fines del siglo XVIII y principios del XIX, el eminente escritor ilustrado Ivan Petrovich Kotliarevski (1769-1838), quien en sus obras, La Eneida de Virgilio y Natalka-Poltavka, criticó diversos aspectos del régimen de servidumbre, exigió la difusión de la instrucción y expresó algunas concepciones ateas, pero sin llegar a posiciones materialistas ni a conclusiones revolucionarias. G. S. Skovoroda e I. P. Kotliarevski fueron los precursores de toda una pléyade de revolucionarios demócratas y de pensadores materialistas progresivos de la Ucrania del siglo XIX.




{46} G. S. Skovoroda, Obras completas, t. I, pág. 308, San Petersburgo, 1912.

{47} G. S. Skovoroda, Obras completas, t. I, pág. 361, San Petersburgo, 1912.

{48} Ibídem, pág. 217.

{49} Ibídem, págs. 227, 361 y otras.

{50} Ibídem, pág. 324.

{51} El Telescopio, fasc. XXVI, pág. 155, 1835.