Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Capítulo VIII: 3

3. La filosofía en los países de América Latina durante el siglo XVIII.


Los países latinoamericanos fueron colonias de las naciones europeas –España, Portugal y otras– durante largo tiempo. Las metrópolis explotaban rapazmente las riquezas de las colonias, así como a su población. Al mantener el carácter agrario de la economía de esos países, los colonizadores no sólo no tenían interés en fomentar su industria, sino que trataban de impedir por todos los medios su nacimiento y desarrollo, pues temían encontrar en la joven industria de las colonias un peligroso competidor para la suya. Sólo la industria extractiva, principalmente la producción de oro y plata, cobró cierto impulso. La agricultura de las colonias se desarrolló lentamente y de un modo unilateral.

Durante la época colonial, la escolástica era la forma ideológica dominante en todos los países latinoamericanos. Los colonizadores españoles y portugueses acompañaban el sojuzgamiento político y económico de una redoblada propagación de la religión. “En la tarea de conquistar y explotar a las colonias –escribe W. Z. Foster– tanto la Iglesia católica como la protestante cumplieron una doble función: primera, sancionar moral y religiosamente los actos de barbarie, que abundan a lo largo de toda la historia colonial; segunda, paralizar la resistencia de los pueblos sometidos, emponzoñando sus conciencias con la religión, que expresaba los intereses de la clase gobernante.”25

La Iglesia católica, que dominaba a la sazón en las colonias españolas y portuguesas, desempeñó un papel especialmente reaccionario. La Iglesia, convertida en el más grande terrateniente, asfixiaba todo progreso y constituía uno de los obstáculos más importantes para el desenvolvimiento [535] de la industria, de la cultura y de la libertad política. En la parte sur del Nuevo Mundo la filosofía escolástica era difundida principalmente por las órdenes religiosas, entre las cuales los dominicos y los jesuitas ocupaban una posición dominante. Los primeros se atenían a un tomismo ortodoxo, mientras que los segundos seguían la doctrina filosófica del jesuita español Francisco Suárez, que aspiraba a cierta renovación del tomismo y exigía que la filosofía tuviera cierta independencia respecto de la teología. También debemos mencionar, entre las órdenes religiosas que se ocupaban de difundir los conocimientos religiosos, la de San Francisco. Los franciscanos propagaban la doctrina de Duns Escoto. Su influencia era débil.

Con el fin de aislar a las colonias de la influencia de las ideas progresivas que habían surgido en Europa se intensificó, en el siglo XVII, la censura y el control sobre los libros que llegaban del Viejo Mundo. Cada vez se persiguió con más saña al pensamiento progresivo. La escolástica oficial ahogó a todas las demás tendencias.

Sin embargo, pese a los obstáculos creados por las autoridades eclesiásticas, también en la época colonial alcanzaron cierta difusión en los países latinoamericanos las doctrinas filosóficas humanistas. Ya a mediados del siglo XVII podían advertirse los primeros indicios de que el racionalismo francés había penetrado en la Nueva España. En 1743 llegaron a la Inquisición denuncias sobre la amplia difusión de las obras de Descartes, Bacon y otros filósofos. Hacia la década del 60 del siglo XVIII, la penetración de las ideas filosóficas progresivas de Europa Occidental adquirió un volumen amenazador para la escolástica. El interés por el materialismo y la Ilustración no sólo abarcaba a determinados círculos de la intelectualidad progresiva, sino también a ciertas capas de la burguesía media y de los artesanos.

A la vez que penetraban las ideas filosóficas modernas se difundían también los conocimientos científico-naturales; la necesidad de ellos estaba determinada por las exigencias del desarrollo burgués de América Latina.

En los países latinoamericanos se creó una variada cultura espiritual.

Entre los latinoamericanos que hicieron suya y propagaron las modernas doctrinas filosóficas avanzadas desempeñó un papel destacado el filósofo mexicano Juan Benito Díaz de Gamarra (1745-1783). Sus obras fundamentales son: Elementos de filosofía moderna, que versaba sobre historia de la filosofía, lógica, metafísica, ética, geometría y física, y Academias filosóficas, obra compuesta de cuatro disertaciones: 1) física; 2) la electricidad explicada con ayuda de una nueva teoría; 3) la óptica, y 4) el alma de los brutos.

Apoyándose en Descartes, Gamarra defendía la autonomía de la razón frente al dogma católico. Según su doctrina, la filosofía es el conocimiento de lo verdadero, obtenido por medio de la razón y del razonamiento. La lógica es un instrumento para conocer la verdad.

Gamarra resolvía el problema filosófico fundamental en un espíritu dualista cartesiano: llamaba sustancia extensa y divisible a la materia y definía el alma como el principio pensante del hombre. Aunque aceptaba algunas tesis de las modernas corrientes racionalistas de la filosofía europea occidental, no pudo librarse, en muchos problemas, de la influencia escolástica. [536]

Mayor importancia aún tuvo la obra de otro pensador mexicano, Antonio Alzate (1729-1790), para el desarrollo de la filosofía progresiva y del pensamiento científico avanzado en América Latina. Hombre de vasta formación, se ocupó de astronomía, física, química, meteorología y artes aplicadas. Sus profundos conocimientos se fundían con su gran talento publicístico. La Gaceta de la Literatura, fundada por Alzate, se convirtió en una verdadera tribuna del pensamiento avanzado. Desde sus columnas luchó tenazmente contra el tomismo y el aristotelismo, que había sido desfigurado por los escolásticos, contraponiendo las teorías filosóficas de Descartes, Gassendi y Newton a la escolástica. De los escolásticos que se remiten constantemente a la autoridad de Aristóteles decía Alzate que eran los habitantes de un mundo muerto, que se amparaba tras la venerable autoridad de Aristóteles, “el filósofo que ni se conocía ni se estudiaba y a quien se imputaban todas las opiniones. Frente a ellos levanta el pensamiento la ciencia, la filosofía que toma sus armas de una razón dedicada al estudio de la naturaleza, del mundo real, por medio de la experiencia.”26

Poniendo al desnudo la esterilidad de la filosofía escolástica, escribía Alzate que nunca había servido para aliviar a un enfermo o para doblegar a la naturaleza al servicio del hombre.27

La verdadera filosofía se orienta fundamentalmente, según él, a la consecución de la felicidad terrenal de los hombres. “Filósofo es quien conoce por el camino de la experiencia fenómenos concretos, en toda clase de materias... Franklin, el inventor del pararrayos, merece ser considerado el prototipo, pues ha dominado la naturaleza al arrebatarle sus secretos.”28

Alzate es una de las figuras más brillantes de la Ilustración en América Latina.

A él y a sus continuadores les corresponde un gran mérito en la preparación ideológica del movimiento revolucionario de Independencia en México y en otros países latinoamericanos.

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El desarrollo del pensamiento filosófico por los pensadores ilustrados a fines del siglo XVIII y principios del XIX representa una fase importante de la lucha de la filosofía avanzada contra las tradiciones escolásticas medievales. En Norteamérica, los ilustrados sometieron la teología puritana a una severa crítica, aunque desde posiciones teístas; en los países latinoamericanos la lucha se libró contra la ideología dominante, el catolicismo. Los filósofos progresivos americanos se pronunciaron en favor de la unión de la filosofía y de las ciencias naturales y señalaron el poder ilimitado de las facultades cognoscitivas del hombre. Los representantes más radicales de la Ilustración norteamericana se opusieron a la esclavitud y demostraron que todos los hombres son iguales por su propia naturaleza. Los trabajos de los ilustrados (Franklin, Paine, Cooper y otros) desempeñaron un papel importante en la historia de las ideas materialistas en Norteamérica. [536]




{25} W. Z. Foster, Bosquejo de historia política de los Estados Unidos, trad. rusa, pág. 123.

{26} Filosofía y Letras, revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de México, núm. 37, enero-marzo, 1950, pág. 111.

{27} Ibídem, pág. 118.

{28} Ibídem, pág. 119.