Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 1 ❦ Capítulo VIII
El pensamiento filosófico en Norteamérica durante el período de la consolidación del régimen burgués (segunda mitad del siglo XVIII y primer tercio del siglo XIX). La filosofía en América latina durante el siglo XVIII.
Al igual que en Europa Occidental, durante el siglo XVIII se libra en América una aguda lucha entre las corrientes ideológicas, que defienden los intereses de la burguesía ascendente y los partidarios de la ideología medieval ya caduca. Esta lucha tiene sus peculiaridades históricas en los Estados Unidos y en los países de América Latina.
Los Estados Unidos de América se formaron como nación independiente, en los años de 1776 a 1783, como resultado de la lucha armada del pueblo norteamericano contra la dominación colonial inglesa.
El marxismo ha sometido a crítica las “teorías” burguesas que hablan del carácter singular del desarrollo capitalista en Norteamérica. Según afirman falsamente los historiadores burgueses, los Estados Unidos no conocieron nunca el feudalismo ni las supervivencias feudales.
“Esta afirmación –escribe Lenin– contradice abiertamente a la verdad, pues las supervivencias económicas de la esclavitud no se diferencian absolutamente nada de las mismas supervivencias feudales; y esas supervivencias siguen siendo muy fuertes hasta hoy en la antigua parte sur esclavista de los Estados Unidos.”1
Ya en el siglo XVII se daban elementos de una sociedad burguesa en los Estados Unidos. Las supervivencias feudales en Norteamérica se debían al reforzamiento de la colonización inglesa en América, iniciada en el siglo XVII. El gobierno real inglés distribuyó inmensas extensiones de tierra entre la nobleza feudal inglesa y, de esta manera, contribuyó a que se trasplantaran elementos de feudalismo a la agricultura norteamericana.
Considerando sus colonias como una fuente de materias primas agrícolas para la metrópoli y como un mercado ventajoso para dar salida a los productos ingleses, las clases dominantes inglesas trataban de restringir por todos los medios el desarrollo industrial de Norteamérica. Sin embargo, los feudales ingleses no lograron implantar en el continente americano el orden feudal al estilo inglés. A ello se oponían las condiciones económicas en que se desarrollaban las colonias inglesas de América, especialmente en el período de la consolidación del capitalismo en la misma [516] Inglaterra. Las masas populares norteamericanas, formadas en su mayor parte por hombres que habían aborrecido el despotismo aristocrático-feudal europeo y que buscaban en el “Nuevo Mundo” unas condiciones de existencia más tolerables, se oponían resueltamente al feudalismo.
Durante los siglos XVII y XVIII, especialmente en la segunda mitad del XVIII, se produjeron acciones revolucionarias de los pequeños granjeros dirigidas contra la aristocracia terrateniente. Así, en 1763 se sublevaron los granjeros de Pensilvania, que exigían se les otorgaran libertades políticas y la igualdad de derechos con los grandes terratenientes. En 1765 estalló un levantamiento de los pequeños granjeros de Carolina del Norte, conocido como el movimiento de los “niveladores”. En 1771 se produjo el movimiento revolucionario de los llamados “guardianes del orden”. Todos estos movimientos de los granjeros perseguían la disminución de la renta, la condonación de las deudas contraídas con la aristocracia terrateniente y, finalmente, la independencia de las colonias norteamericanas.
Con los granjeros se alzaron también los artesanos, la pequeña burguesía urbana y los trabajadores asalariados. Se fundó una organización especial, los “Hijos de la Libertad”, que actuaba contra los colonizadores ingleses. Por último, a los descontentos se sumaron también plantadores acomodados, así como comerciantes e industriales. Como resultado de todo esto, los intentos del gobierno inglés para impedir el desarrollo de las colonias americanas fracasaron inevitablemente.
Las relaciones burgueses empezaron a dominar en la, economía norteamericana a fines del siglo XVIII. Sin embargo, las supervivencias feudales en el terreno económico, político e ideológico se dejaron sentir no sólo en los. siglos XVII y XVIII, sino también posteriormente. En los estudios de Lenin sobre el desarrollo de la agricultura en los Estados Unidos se subraya especialmente que el sistema norteamericano de renta del suelo en especie recordaba mucho las relaciones de servidumbre existentes en Rusia antes de la reforma. Lenin llamaba “arrendatarios semiesclavos” a los arrendatarios norteamericanos que trabajaban gratuitamente para los grandes terratenientes. La consolidación del capitalismo en los Estados Unidos se operó en un proceso de lucha contra las supervivencias feudales.
La acumulación originaria del capital en Norteamérica adoptó una forma peculiar: la implacable explotación de los esclavos de raza negra. Los colonizadores no pudieron contar con el trabajo gratuito de los indios a causa de la resistencia enormemente tenaz que ofrecían. Esta fue la razón por la que se trajeron negros africanos como esclavos. A los mercados de esclavos de Norteamérica llegaban cada año de 20.000 a 30.000 negros. El comercio de esclavos negros fue una importante fuente de acumulación del capital para los comerciantes y propietarios de barcos de los Estados Unidos. El plantador norteamericano concentraba en sus manos las funciones del capitalista y del terrateniente, que explotaban a los negros.
También surgió una categoría de esclavos blancos, conocidos con el nombre de “sirvientes forzosos”. Entre los esclavos blancos figuraban centenares y miles de artesanos que se vendían “voluntariamente” a sí mismos como esclavos a los colonizadores. Muchos eran reducidos a una esclavitud temporal, por un plazo de siete años o más, con el fin de cubrir [517] los gastos de su viaje en barco desde Europa a América. Esta institución de los “sirvientes forzosos” era también característica del proceso de acumulación originaria del capital en el continente americano.
“Como las máquinas, el crédito, etc. –escribía Marx–, la esclavitud directa es la base de la industria burguesa. Sin esclavitud, no habría algodón, y sin algodón es inconcebible la industria moderna. La esclavitud elevó cl valor de las colonias; las colonias crearon el comercio mundial y el comercio mundial es la condición necesaria de la gran industria. Así, pues, la esclavitud representa, en el más alto grado, una importante categoría económica.”2
La revolución norteamericana de 1775-1783 fue provocada por la inaudita opresión colonial que sufría el pueblo. Pero no sólo se trataba de liberar a las colonias del yugo extranjero, sino de crear en suelo norteamericano un régimen democrático-burgués, aboliendo los privilegios feudales, de casta.
Pese a la superioridad del ejército inglés, pese a que Inglaterra contaba con la flota más poderosa del mundo y pese también a que los ingleses utilizaron los servicios de mercenarios alemanes y de norteamericanos traidores (los llamados “leales”), las tropas revolucionarias norteamericanas derrotaron categóricamente a las inglesas. En las filas del ejército revolucionario norteamericano combatieron muchos europeos, entre ellos el socialista utópico francés Saint-Simon y el progresista jefe polaco Kosciuszko. Junto a los granjeros, a los artesanos y obreros luchaban en las filas del ejército los esclavos negros. Según datos oficiales, en 1778, en las tropas mandadas por Washington había 54 negros, por término medio, en cada batallón.
Finalmente, el pueblo norteamericano fue más fuerte que sus opresores. En 1781 se rindieron a Washington las principales fuerzas inglesas, y en 1783 se firmó el tratado de paz, conforme al cual Inglaterra renunciaba a sus derechos sobre sus colonias norteamericanas y reconocía su independencia.
Los fundadores del marxismo vieron en la guerra de Norteamérica por su independencia el prólogo mismo de las guerras antifeudales revolucionarias de Europa Occidental. “... En el siglo XVIII –escribía Marx– la guerra de independencia de los Estados Unidos fue la gran campanada que hizo erguirse a la clase media de Europa...”3
“Fue una guerra del pueblo norteamericano –decía Lenin– contra los bandoleros ingleses, que oprimían a Norteamérica y la tenían sometida a un régimen de esclavitud colonial...”4
La lucha liberadora del pueblo norteamericano contra la dominación colonial era, ea la vez, un movimiento revolucionario burgués. En esa lucha por la independencia participaron ampliamente las masas populares, Esta circunstancia influyó decisivamente en el hecho de que las reivindicaciones progresivas, democráticas, de los trabajadores de Norteamérica se reflejaran, hasta cierto punto, en las ideas de los pensadores avanzados de fines del siglo XVIII. [518]
La lucha entre los “leales” (cercanos a los tories) y los revolucionarios (afines a los whigs), así como entre los elementos democráticos pequeñoburgueses y los ideólogos de la gran burguesía, que prosiguió también después del triunfo de la revolución, dio origen a fines del siglo XVIII y principios del XIX a una serie de contradicciones en el pensamiento social norteamericano, a la vez que en la filosofía de ese tiempo.
{1} V. I. Lenin, Nuevos datos sobre las leyes del desarrollo del capitalismo en la agricultura. V. I. Lenin, Obras completas, edición rusa, t. XXII, pág. 12.
{2} C. Marx y F. Engels, Obras completas, traducción rusa, t. IV, pág. 135.
{3} Carlos Marx, El Capital, traducción española de Wenceslao Roces, t. I, vol. I, pág. 7, Fondo de Cultura Económica, México, D. F. 1946.
{4} V. I. Lenin, Carta a los obreros americanos. V. I. Lenin, Obras completas, trad. rusa, t. XXVIII, pág. 44.