Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Capítulo VI: 1

1. Las concepciones filosóficas y sociales en Rusia durante el siglo XVII y la primera mitad del XVIII


En el siglo XVII quedaron situados en el primer plano de la filosofía rusa no tanto los problemas de la teoría del conocimiento como los problemas sociológicos y éticos tan actuales en aquel tiempo. [410]

Bajo la influencia de las guerras nacional-liberadoras del pueblo ruso contra los polacos, los suecos y otros invasores, en el pensamiento social ruso fue desarrollándose cada vez más la idea de independencia y de la soberanía nacional de Rusia.

En las obras literarias, en las que se reflejaban los anhelos y las necesidades de los campesinos y artesanos, se subrayaba especialmente la importancia del pueblo y se condenaban enérgicamente las actividades antipopulares de las capas superiores de la sociedad. Así, por ejemplo, los autores del ciclo de leyendas de Novgorov-Pskov veían el origen de los sufrimientos del pueblo en los actos de los “hombres-fieras”, es decir, los boyardos. En el Nuevo relato sobre el muy glorioso reino ruso y el gran Estado de Moscú (1610), obra impregnada de espíritu patriótico y de autor anónimo, se cantaba la fuerza de “todo el territorio”, y el poderío del “mar popular”, a la vez que consideraba como una “gesta” la lucha del pueblo contra sus enemigos.

Sin embargo, el pensamiento social avanzado del siglo XVIII no iba más allá, en general, de la exigencia de que la monarquía se apoyara en la voluntad de “toda la tierra” rusa, expresada aunque limitadamente en las asambleas de los “zemstvos”.

En la Rusia de aquellos tiempos se desarrolló una original literatura realista (el Relato de Gore y Zlochaste, la Súplica de Kaliasin, el Relato de Frol Skobeev, los cuentos El juicio de Shemiakin, Relato de Ers Ershovich, etc.). Dicha literatura reflejaba el espíritu de las clases trabajadoras opuesto a la servidumbre, así como su protesta contra la explotación feudal y el yugo de la Iglesia. En las obras citadas se ponía de manifiesto una actitud realista ante la vida: se exaltaba la naturaleza y el trabajo de las gentes sencillas que contribuye a la transformación de ella y para contrarrestar las prédicas de la Iglesia en favor del ascetismo se proclamaba el derecho del hombre a disfrutar de la alegría terrena. Además, se parodiaban frecuentemente los oficios eclesiásticos, a la vez que eran objeto de una burla maliciosa las injustas sentencias judiciales en favor de los “ricachos” y usureros.

En el siglo XVII surgió uno de los movimientos más importantes de oposición a la Iglesia dominante, el movimiento de los raskolniki (cismáticos). Aparentemente se trataba de una lucha en favor de la “vieja fe” y contra las reformas de los ritos de la Iglesia implantadas por el patriarca Nikon. El movimiento de los raskolniki era contradictorio por su carácter ideológico. Sus dirigentes aristocráticos trataban de dirigirlo contra los primeros pasos –pasos progresivos– del Estado centralizado: fomento de la instrucción, introducción de innovaciones técnicas, reorganización del ejército y puesta en práctica de otras reformas. Pero este movimiento reflejaba, aunque indirectamente, el creciente descontento de las. masas populares contra las relaciones feudales, basadas en la servidumbre, y contra la Iglesia oficial que las defendía.

En relación con los descubrimientos geográficos, la ampliación de la navegación y de los vínculos comerciales con los países extranjeros creció, en aquel tiempo, el interés por la astronomía. Las ideas de Copérnico penetraron en Rusia. A mediados del siglo XVII, el sabio ucraniano Epifanio Slavinetski (muerto en 1675) defendió la teoría heliocéntrica copernicana. En el prólogo a su traducción de un atlas geográfico en el que se [411] exponía, junto al sistema de Ptolomeo, el sistema heliocéntrico de Copérnico, Slavinetski expresaba su conformidad con la idea de que la teoría copernicana era compartida a la sazón por los “matemáticos más refinados”.

En una obra anónima del siglo XVII se exhortaba a estudiar la filosofía natural y se señalaba que “por su propia naturaleza, a los hombres les gusta aprender y conocer todas las cosas”.

Un poco más tarde fue compuesto, con la ayuda de recursos privados, El espejo para contemplar la naturaleza, obra que revelaba una orientación sistemática y, en gran parte, independiente en el campo de la filosofía natural; en ella se abordaban algunos problemas muy importantes relativos al universo, como el de la estructura de la Vía Láctea, interpretándolos de acuerdo con la teoría de Galileo. En 1717 vio la luz una traducción rusa de una obra de Huygens sobre el universo, en la que se exponía la teoría heliocéntrica de Copérnico.

Durante el siglo XVII, la orientación fundamental del desarrollo del pensamiento político-social, de la filosofía y de la investigación científiconatural en Rusia era la lucha por la “mundanización” de la cultura y por su liberación de la preponderancia eclesiástica.

Samuel Petrovski-Sitsanovic (1629-1680), conocido por el nombre de Simeón Polotski, desempeñó un papel importante en la propagación de la instrucción “mundana”, secular en la Rusia del siglo XVII. Al defender la independencia de los pueblos eslavos y oponerse a la expansión católica, Simeón Polotski, de origen bielorruso, aspiraba a impulsar la cu/tura rusa y, en general, la eslava, e implantar la instrucción civil. Fustigaba el parasitismo y la vida licenciosa del clero, especialmente la de los monjes.

Al no comprender el carácter de clase del poder feudal, suponía erróneamente que el Estado es una “unión basada en el amor al prójimo”, surgida en virtud de que los hombres dependen en su existencia unos de otros y anhelan unirse. Combatía asimismo las seudociencias, especial. mente la astrología, considerando que la conducta humana no puede explicarse por la influencia de los astros.

En el siglo XVII, la filosofía se convirtió en materia especial de enseñanza. En 1631, la llamada “Escuela Fraternal” de Kiev se transformó en una escuela superior –la Academia Moguilia–, en la que no solamente se enseñaba teología, sino también filosofía y lógica, tratadas en el espíritu del aristotelismo.

En 1682 se fundó en Moscú la Academia Eslavo-greco-latina. De sus estudiantes y profesores destacó un grupo de sabios, eminentes para aquel tiempo, entre los cuales figuraba Pedro Vasilevich Postnikov, primer doctor ruso en filosofía y medicina, del que se desconocen los años de su nacimiento y muerte. Yoanniki y Sofroni Lijudi, profesores de la Academia y adeptos de la filosofía de Aristóteles, compusieron diversos manuales manuscritos sobre los capítulos fundamentales de la filosofía de aquel tiempo: metafísica, lógica, psicología y física, en los que exponían las ideas aristotélicas, complementadas con tesis tomadas de los trabajos de los pensadores más recientes de Europa Occidental. En los años 1704-1706, Feofilakt Lopatinski (muerto en 1741) redactó un manual manuscrito sobre lógica, física y metafísica, en el que seguía las ideas de la escolástica [412] medieval y criticaba, desde esas posiciones, la doctrina cartesiana de la materia y del movimiento. Aunque la enseñanza de la filosofía en la Academia Eslavo-greco-latina se ajustaba a los modelos escolásticos y se exponía en el espíritu del idealismo y de la metafísica, contribuyó a que los círculos cultivados de la sociedad rusa se familiarizaran con la filosofía aristotélica y con las teorías de los materialistas antiguos y modernos, a los que criticaban los escolásticos.

Á esta época pertenece también una original adaptación rusa del tratado escrito en la Edad Media por Raimundo Lulio, que en ruso se conoce por el título de La gran y maravillosa Ciencia. Esta obra fue traducida a la lengua rusa por Andrés Belobotski; la traducción constituía un amplio tratado filosófico escrito en el espíritu de la filosofía de Aristóteles, pero con ideas originales del traductor. En el prólogo se ensalzaba la lógica de Raimundo Lulio (que él denomina “epítome de la ciencia”), que nos da lo general, lo necesario para llegar a una “comprensión total” de las ciencias particulares, y se dice que está por encima de la teología. Mientras la teología instruye sobre una sola cosa, Dios, esta ciencia adoctrina sobre todas las demás ciencias. “Por ello, es general –afirma–; no sólo trata de la teología, sino de todas las sabidurías.”

En su versión del “epítome de la ciencia”, Belobotski sustituyó los círculos móviles de la “máquina lógica” por una “reja inmóvil”, que permite establecer una clasificación básica e inicial de “todo lo esencial”. Por esto último se entienden los conceptos generales, tanto los referentes a determinados objetos –reales o fantásticos– (hombre, Dios, cielo, ángel) como los que expresan diversas categorías (“aplicado, examinado o analizado”: diferencia”, “concordancia”, “oposición”, etc.) y atributos (“aplicado”, “general”: “razón”, “voluntad”, etc.).

La “reja” brinda el plan de toda la obra en forma de una tabla esquemática. Cada libro investiga en particular una de las secciones de la tabla, entre ellas la lógica aristotélico-escolástica. De este modo se obtiene un importante orden de sucesión, pero, como es natural, puramente formal, y una estructura armónica de todo el material expuesto.

En la evolución del pensamiento político-social y sociológico de Rusia en el siglo XVII corresponde un papel destacado al eminente pensador político eslavo Krizhanich.

Yuri Krizhanich (1617-1683), de origen croata, estudió en Austria e Italia. En 1617, visitó a Rusia, a donde volvió de nuevo en septiembre de 1659. En enero de 1661 fue deportado a Tobolsk, permaneciendo allí hasta 1676. Es probable que lo fuera por su fidelidad a la Iglesia Uniata, sometida a la autoridad del Papa de Roma. Después de pasar la frontera, a los 65 años de edad, Krizhanich se alistó voluntariamente en las tropas de Juan Sobesski, cayendo en la famosa batalla de Viena contra los turcos.

Krizhanich trató de sintetizar algunos dialectos eslavos. De sus numerosas obras, la más importante es la titulada Pensamientos políticos o Diálogos sobre el gobierno (es decir, sobre el Estado, sobre la política), que dejó sin concluir.

Krizhanich fue un ideólogo de la unidad eslava, cuya espina dorsal debía ser, a juicio suyo, el Estado ruso, único y no “sometido a los extranjeros”, o sea a los alemanes y a los turcos. Mostró gran interés por Rusia y por el pueblo ruso, entendido por él en un sentido amplio, es decir, [413] incluyendo a los grandes rusos, a los ucranianos y a los bielorrusos. En las “cartas” especiales que distribuyó al pasar por Ucrania, Krizhanich agitó en favor de una estrecha unificación de los “cherkasos” (ucranianos) con los rusos.

Yuri Krizhanich veía muchos defectos en la Rusia feudal, pero se indignaba contra los calumniosos, “desvergonzados y falsos relatos” de algunos viajeros de otros países, y trataba de explicar las causas de la desorganización de la sociedad de su tiempo.

Con este motivo, criticaba la opinión preconcebida que atribuía todos los males a los “nativos”, es decir, a la “naturaleza de los rusos”, a su imaginaria “incapacidad” ancestral. A esta falsa tesis, Krizhanich oponía su concepción histórica, según la cual no hay “pueblos elegidos”; todas las cualidades de los pueblos se forman, según él, en el curso del proceso histórico.

“Tanto el valor como la sabiduría se transmiten de un“pueblo a otro. En la Antigüedad, algunos pueblos conocían perfectamente las ciencias, en tanto que ahora no están versados en ellas... Otros fueron toscos y bárbaros en los tiempos antiguos, y ahora en todos los oficios y en todas las ciencias se han hecho sorprendentemente famosos... Que nadie diga que un hado celeste nos ha vedado el camino de las ciencias y que no podemos ni debemos estudiarlas. No en un día ni en un año, sino poco a poco, aprenderemos unos de otros, al igual que otros pueblos, de modo que podemos instruirnos, si queremos y nos esforzamos.”3 Por tanto, la cuestión no estriba en la “naturaleza”, sino en las vicisitudes históricas y en el espíritu de iniciativa del pueblo. La historia de los pueblos eslavos confirma con hechos esta idea de Krizhanich.

Los pueblos que se consideran más cultos no tienen ningún motivo para humillar a los eslavos. “Los mismos pueblos que se creen humanos y refinados y que nos hacen pasar por bárbaros, nos aventajan [nos superan] en mucho por lo que toca a crueldades, engaños, herejías y toda suerte de flaquezas y falsedades.”4

Defendiendo la idea de la independencia de Rusia, Krizhanich afirmaba que, para cumplir su misión histórica, Rusia debía emprender una serie de reformas.

Krizhanich analiza tres formas de “buen gobierno”: la “autocracia”, el gobierno boyardo y el gobierno general o poder civil (de los ciudadanos).”5 La mejor de .ellas es la autocracia. “Todos los sabios y todos los demás hombres razonables confiesan que la autocracia es mejor forma de gobierno que otra.”6 Del “gobierno general”, a juicio suyo, “nace la Anarquía, la Disolución”.

Pero Krizhanich distingue tajantemente la autocracia del “gobierno rudo” o “inhumano”, es decir, de la tiranía, que a su modo de ver es la peor de la todas las formas de “mal gobierno”. “El tirano es un bandolero... un pirata, fuera del orden y de la ley... es el diablo encarnado [414] en un cuerpo.”7 Es necesario un “gobierno moderado”, pues el poder absoluto es contrario a las leyes de Dios y de la naturaleza. “No el reino para el rey, sino el rey para el reino,”8 afirma Krizhanich. No deben violarse los derechos naturales de los súbditos. El ideal político de Krizhanich se acerca al “despotismo ilustrado”. Como otros sociólogos idealistas del siglo XVII, cree en la importancia decisiva de la legislación. Puede haber tanto “buenas leyes” como “malas”. Pero estas últimas nacen de la ignorancia. Por ello, el monarca juicioso debe tener a su lado uno o dos filósofos por lo menos.9

El régimen social puede y debe ser reformado racionalmente por medio de las leyes. La nobleza disfruta de libertades, razón por la cual tiene el deber de servir al Estado. Las ciudades y los gremios deben gozar de cierta autonomía. En cambio, los campesinos están obligados “a ofrecer al zar toda clase de prestaciones, carros y provisiones para atender a las necesidades comunes, a prestar toda clase de servicios y a trabajar”.10 También deben estar dispuestos siempre, estipula Krizhanich, a “soportar tributos y cualquier otra carga”, ya que nadie puede saber cuándo los necesitará el Estado ni en qué proporciones.

La fuerza del Estado depende, según él, del florecimiento científico. Ha llegado la hora de que también nuestro pueblo domine las ciencias,11 dice Krizhanich.

En contraste con los que sólo ven lo bueno en lo “nuevo” y con los que consideran toda innovación como un mal, afirma que nada es bueno o malo por el hecho de ser nuevo. Originariamente, todo lo bueno o todo lo malo ha sido nuevo.

A juicio de Krizhanich, la filosofía es absolutamente necesaria, pero no hay que tomarse libertades con su estudio, pues nada debe “usarse con exceso”. No puede hacerse accesible al pueblo y debe ser patrimonio del estamento “noble” y de algunas “gentes sencillas”, designadas especialmente para dar cuanto les exija el Estado.

Por su programa político-social, Krizhanich es un precursor de las reformas de Pedro I.

En la Ucrania del siglo XVII, poco antes de su reunificación con Rusia, destacó el pensador progresivo Ivan Vishenski (nacido aproximadamente en 1550 y muerto hacia 1620). Era miembro de la Hermandad de Lvov, una de las hermandades creadas en Ucrania y Bielorrusia para defender la lengua nativa y a la Iglesia Ortodoxa frente a la expansión católica polaca.

Vishenski criticó a la Iglesia Católica y a su clero porque sin reparar en ningún medio –asesinato, tormento, engaño, falsedad, hipocresía, etc.– imponía su fe a otros pueblos y santificaba el régimen social vigente, bajo el cual los súbditos pobres trabajaban noche y día para sus panis (señores polacos). [415]

Los sentimientos antifeudales de Vishenski, sus sueños de igualdad de todos los hombres, se revestían de un ropaje teológico, como sucedía con muchas doctrinas sociales de su tiempo; según él, por su naturaleza, todos los hombres son iguales ante Dios.

En 1654, se produjo la histórica reunificación de Ucrania con Rusia, acto que fortaleció considerablemente los vínculos culturales de los pueblos ucraniano y ruso, y contribuyó a que las tendencias avanzadas del pensamiento político-social y filosófico se difundieran ulteriormente en Ucrania.

A principios del siglo XVIII aparecieron en Rusia dirigentes sociales y pensadores que se planteaban la tarea de fundamentar, desde un punto de vista teórico, las reformas implantadas por el Estado de los terratenientes y comerciantes. En muchos aspectos, su concepción del mundo distaba mucho de haberse liberado de las limitaciones feudales. Tratando de superar el atraso técnico y político de Rusia, intentaban al mismo tiempo conservar y fortalecer la base económica de dicho atraso: el régimen de servidumbre. Y al pugnar por liberar a la ciencia y a la instrucción de la tutela eclesiástica y despejar el camino del saber científico, no se oponían a la ideología religiosa que se alzaba como un grave obstáculo en la vía del progreso científico y cultural. El primero de los pensadores progresivos, es decir, de los ideólogos del “despotismo ilustrado” en Rusia, miembros de la “guardia científica” de Pedro I, fue Teófanes Prokopovich.

Teófanes Prokopovich (1681-1736), de origen ucraniano, terminó sus estudios en la Academia Eclesiástica de Kiev, de la que fue profesor más tarde; posteriormente, llegó a ser un gran dirigente eclesiástico y uno de los colaboradores de Pedro I. Escribió muchos tratados políticos, sermones religiosos, poesías y obras diversas. Entre sus trabajos, tuvieron una importancia especial su Relato sobre el poder y el honor del zar, el Reglamento eclesiástico, el tratado político La verdad sobre la voluntad de los monarcas y algunos otros.

Prokopovich veía el fundamento del Estado en la “voluntad popular”, es decir, en el pacto entre el monarca y el pueblo. Pero el pueblo no puede abolir la “voluntad divina”, conforme a la cual el poder pertenece al monarca; por tanto, no puede realizar un “acto ilegal” como el de derrocar a su soberano. A juicio de Prokopovich, la función que desempeña el monarca es un servicio “en bien del pueblo”, del “bienestar general de toda la patria”, lo cual identificaba él con los intereses del Estado de los terratenientes y de los comerciantes.

También estaba convencido de que el progreso social se halla vinculado íntimamente con la instrucción y de que la raíz de todos los males sociales está en la ignorancia.

En el terreno de la filosofía, Prokovich era idealista. Pero en sus obras se encuentran ideas que apuntaban contra los sistema teológicos y las doctrinas filosóficas escolásticas dominantes. Ponía de manifiesto la esterilidad y el carácter absurdo de las disputas escolásticas e invitaba a estudiar los fenómenos de la naturaleza. En algunos casos formulaba ideas afines al materialismo. Opinaba Prokovich que las ideas surgen en relación con los objetos exteriores y que el juicio es verdadero si concuerda con su objeto. La materia es corpórea y tiene anchura, longitud, [416] profundidad y altura. También el cuerpo humano es material. Sin embargo, estos conceptos materialistas sueltos no modifican el carácter idealista de la concepción del mundo de Prokopovich, ya que reconoce la existencia de un “ser divino” y la creación de la naturaleza por Dios; defiende la idea de la inmortalidad del alma, habla de la finalidad racional de todo existente en la naturaleza, etc.

Prokopovich admitía la veracidad de la teoría heliocéntrica de Copérnico, pero se empeñaba en demostrar que dicha teoría no se hallaba en contradicción con la religión. “Si los discípulos de Copérnico y de otros sabios –escribía– que defienden el movimiento de la Tierra pueden aducir argumentos físicos y matemáticos verdaderos en favor de su opinión. los textos de la Sagrada Escritura, que hablan del movimiento del Sol, no pueden ser un obstáculo para ellos, ya que esos textos no deben entenderse al pie de la letra, sino en un sentido alegórico.”

Al condenar las persecuciones desatadas por la Iglesia Católica contra los sabios, Prokopovich daba muestras de un profundo respeto por la gesta científica de Galileo. Dirigiéndose al Papa de la Iglesia Romana, decía: “¿Vas a juzgar las ideas luminosas de Galileo? ¿Vas a acusar de cometer delitos a esta mente sagaz, de penetrante vista de lince? Por lo visto, el topo ruin ve mejor que el lince.” “Su Tierra (la de Galileo. Red.) es la verdadera; la tuya es falsa.”

Los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa, especialmente el custodio del trono patriarcal, Stefan Yavorski, enemigo de las reformas de Pedro I, condenaron las ideas progresivas de Prokopovich, sus simpatías por la ciencia y la ilustración.

A principios del siglo XVIII, Dimitri Evdokimovich Tveritinov expresó algunas ideas “heréticas” contra la ortodoxia cristiana. Era médico y procedía de gentes sencillas, o de la capa social de los “hombres negros”. Fundó un círculo en el que se propugnaba la necesidad de implantar reformas sociales y de poner fin a los viejos tiempos patriarcales. Interpretando a su modo la “Sagrada Escritura”, condenaba el culto religioso, la veneración de imágenes y “reliquias santas”, y afirmaba asimismo que, después de la muerte, el cuerpo se corrompe y no puede resucitar.

Tveritinov trataba de fundamentar sus ideas con ayuda de una teoría sensualista del conocimiento, aunque limitada por su concepción teológica del mundo. “Dios que me creó –decía– me dio los sentidos –vista, olfato y tacto– para descubrir la verdad en las cosas. Y cuando tomo ese cuerpo en mis manos (Tveritinov tiene presente el «sacramento» de la comunión. Red.) y lo veo, el sentido de la vista me dice que es pan de trigo; lo huelo y huele a pan, me pongo a comerlo y lo saboreo gustoso, -y todo ello me demuestra que es pan de trigo. ¿De dónde sacaron que es el cuerpo de Cristo? No lo entiendo, Y lo mismo sucede con la sangre, que según los datos de los sentidos es vino tinto. Pero Dios no me ha dado los sentidos para adornarme con ellos (o para cautivar), sino para buscar la verdad y examinarla."12 Encabezados por Stefan Yavorski, los clérigos prohibieron las prédicas de Tveritinov y le acusaron de sustentar una herejía muy peligrosa. [417]

Otro eminente pensador ruso de esta época fue Vasili Nikitich Tatíschev, gran hombre de Estado, historiador y sociólogo, autor de varias obras, entre las cuales figuran su Historia de Rusia desde los tiempos más antiguos, Conversación sobre la utilidad de las ciencias y de los establecimientos de enseñanza, Breves apuntes económicos y muchas otras.

Siendo como era un paladín del “despotismo ilustrado”, Tatíschev exigía que se ampliaran la industria manufacturera y el comercio, que eran para él las fuentes principales de la prosperidad del Estado, e insistía en la difusión de la ciencia y de la instrucción en Rusia. Pero sostenía, a la vez,, que los nobles debían conservar todos sus privilegios y, ante todo, el derecho a poseer tierras. A su modo de ver, el contrato entre el gobierno y los súbditos emana de la “ley natural” que rige la vida social. Y aunque consideraba que la libertad es el estado más digno de los hombres, justificaba el régimen de servidumbre y el orden monárquico, afirmando que el freno de la esclavitud le ha sido impuesto a la voluntad humana en bien suyo.

En sus ideas sociológicas, Tatíschev adoptaba posiciones idealistas; según él, “todos los actos humanos proceden de la razón o de la necedad”.13 No obstante, sus ideas sociales significaban un paso de avance en comparación con las místicas y fatalistas concepciones, conforme a las cuales todos los hechos históricos han sido prefijados por la “voluntad de Dios”. En su opinión, la fuerza motriz del progreso histórico es la “ilustración universal”. Aunque inconsecuentemente, Tatíschev sustentaba la tesis de que los hechos históricos dependen de la actividad de los propios hombres y sostenía que las formas de la vida política y social de los pueblos no son eternas, sino que cambian de acuerdo con la “situación de los lugares y el estado de los pueblos”. Y al igual que los filósofos metafísicos occidentales de aquella época, asemejaba el desarrollo de la sociedad al del organismo humano. Comparaba el comercio con la circulación sanguínea y afirmaba que el comercio y la “libertad comercial” eran estados de la vida social tan naturales y eternos como el funcionamiento del corazón y la circulación de la sangre en el organismo humano.

La concepción del mundo de Tatíschev era teísta. El filósofo ruso trataba de limitar la fe para dejar sitio al conocimiento científico y suponía que el verdadero bienestar del hombre depende de la ciencia, ya que ésta le ayuda a distinguir el bien del mal, lo útil de lo nocivo. Rechazaba resueltamente la astrología, la alquimia y la magia como seudociencias y exigía que la filosofía se emancipara de la teología.

Sin rechazar la ideología religiosa, Tatíschev se manifestaba contra el fanatismo religioso y la escolástica eclesiástica. Formuló la tesis, muy audaz para su época, del carácter nocivo de las disensiones religiosas atizadas por el clero; afirmaba que “al hombre juicioso le importa un comino que haya otra fe y le es indiferente que el luterano, el calvinista o el pagano convivan en la misma ciudad o comercien con él”.14

Con gran energía denunció la Iglesia Católica y a los jesuitas, así como su hostilidad a la ciencia y al progreso. Y recordando las persecuciones [418] sufridas por filósofos y hombres de ciencia (como Copérnico y otros) a manos de la Iglesia, escribió: “Es muy terrible ver por la historia... que hombres de ciencia de gran talento, siendo inocentes, hayan sido calumniados y execrados por el Papa.”15

Tatíschev concedió una importancia fundamental a la filosofía. En su Conversación entre dos amigos sobre la utilidad de las ciencias y de los establecimientos de enseñanza, para demostrar la necesidad de la filosofía, decía: “Es la ciencia principal para que el hombre pueda conocerse a sí mismo.” Señalando que las “ciencias particulares”, como la ética y el derecho, se habían independizado de la filosofía, Tatíschev consideraba justo que la filosofía se ocupara solamente de los problemas científicos más importantes, contenidos en la “filosofía general”. Mostraba asimismo que la filosofía no sólo es útil, sino necesaria. “Prohíben estudiarla los más ignorantes de lo que es la verdadera filosofía o algunos malvados y pérfidos servidores de la Iglesia que inventaron que el pueblo es ignorante a fin de afirmar su poder contrario a Dios y adquirir riquezas; al no saber razonar verdaderamente, el pueblo tendría que creer ciega y servilmente sus cuentos y leyendas...”.16

Tatíschev pensaba que la teología debía ocuparse de las cualidades del alma, en tanto que la filosofía debía versar sobre los objetos naturales o “cosas corpóreas”, incluyendo al hombre. Afirmaba también que el hombre está formado por dos sustancias independientes entre sí, el alma y el cuerpo; el alma posee los atributos de la eternidad y la perfección, mientras que el cuerpo, aunque también procede de Dios, es pasivo, temporal e imperfecto. Creía igualmente que la existencia de todos los seres de la naturaleza se halla determinada causalmente por las “leyes naturales” y que el hombre llega a tener un conocimiento de los objetos exteriores como resultado de su acción sobre los órganos de los sentidos. No es posible ningún conocimiento sin los órganos sensoriales que forman parte de la sustancia corpórea y dependen de ella. La razón sólo se forma con ayuda de los órganos de los sentidos y sobre la base de una larga experiencia humana.

A Tatíschev se deben interesantes ideas sobre el problema del lenguaje y de sus relaciones con el pensamiento. Decía que las lenguas de los pueblos se hallan sujetas a una acción mutua y se modifican en virtud de diversas causas: en primer lugar, cuando a un pueblo se le impone a la fuerza un idioma; en segundo lugar, como resultado de sus relaciones con otros pueblos; en tercero, por el uso incorrecto de las reglas gramaticales; y en cuarto lugar, al enriquecerse la lengua con la aparición de nuevos nombres (o palabras).

Tatíschev se oponía a la enseñanza de la filosofía escolástica en la Academia Eslavo-greco-latina, donde los estudios filosóficos se reducían a una exposición dogmática de las doctrinas idealistas medievales. Exigía que se estudiaran las nuevas teorías filosóficas y sociales (de Descartes, Grocio y otros) y se investigaran las “leyes naturales” que rigen la naturaleza y la sociedad humana. [419]

Su empeño por liberar a la filosofía y a la ciencia de su sometimiento a la religión, su defensa de la tolerancia religiosa y su denuncia del oscurantismo junto a sus llamamientos en favor del desarrollo de la instrucción, de la ciencia y la técnica hacen de Tatíschev uno de los pensadores y estadistas más progresivos de su tiempo.

Después de Prokopovich y de Tatíschev, el pensamiento filosófico ruso fue impulsado en la segunda mitad del siglo XVIII por Ántioj Dimitrievich Kantemir (1708-1744), destacado pensador y escritor satírico y, además, hábil diplomático.

Sostenía que todos los males sociales derivan de la ignorancia y del hecho de que aquellos que “ignoran” y “desprecian a las ciencias” han envuelto a la razón humana en una maraña de prejuicios y de supersticiones. A su modo de ver, la ilustración entraña el desenvolvimiento de lo humano y de una actitud humana hacia los “sencillos agricultores”, o sea hacia los campesinos, así como la solicitud por el mejoramiento de sus condiciones de vida. Criticando el oscurantismo religioso, Kantemir afirmaba que la sabiduría es el mejor camino para la “ascensión suprema”.

Basándose en la “ley natural” que, según él, emana de la naturaleza y es dictada por la razón, censuraba a los “nobles inmorales” y expresaba la idea de que “la carne de tu sirviente es como la tuya”,17 es decir, la idea de que todos los hombres son iguales por naturaleza; sin embargo, creía que aún no había llegado el momento de liberar a los campesinos del yugo servil.

En el terreno filosófico, Kantemir abrazaba en lo fundamental las posiciones idealistas; no obstante, se inclinaba hacia el materialismo metafísico al explicar una serie de fenómenos naturales. Aspiraba a difundir en Rusia los conocimientos científico-naturales, lo que halló expresión en su prólogo y notas a su propia traducción de la obra de Fontenelle, Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos. Esta obra y las citadas notas de Kantemir desempeñaron un papel importante en la difusión de las concepciones heliocéntricas copernicanas en Rusia, así como en la divulgación de la doctrina de Galileo y de la concepción mecanicista de la naturaleza, bastante progresiva para su tiempo.

Kantemir reclamaba que, en la filosofía, “todas las acciones de las cosas” se explicaran “claramente”, sin ninguna niebla mística. Fue él quien introdujo en la ciencia rusa términos filosóficos como los de “concepto”, “materia”, “observación”, etc. Al valorar altamente a Descartes por haber reformado la filosofía aristotélica y demostrado matemáticamente el comportamiento de las cosas, condenaba las doctrinas místicas, especialmente la pitagórica que “atribuía la causa de muchas acciones naturales a una incomprensible fuerza de los números aritméticos...”18 La traducción de Kantemir de la obra de Fontenelle, junto con su propio prólogo y sus notas, provocaron ira y alarma en el campo eclesiástico; el Sínodo acabó por disponer la confiscación de este libro. [420]

En los últimos años de su vida, Kantemir escribió once Cartas sobre la naturaleza y el hombre, que fueron en Rusia uno de los primeros tratados filosóficos originales de carácter profano. Siguiendo a Descartes, sostenía que el cuerpo y el alma son dos sustancias distintas unidas por Dios. Aunque también se pronunciaba contra la doctrina teleológica de Aristóteles que hablaba de la existencia de una “misteriosa fuerza”, expresaba asimismo la idea de que en la naturaleza impera una “finalidad racional”. Esto demostraba también el carácter idealista de su concepción del mundo. A Kantemir pertenece igualmente el gran mérito de ser uno de los primeros que se alzaron en Rusia contra el reaccionario y místico preformismo.

Ideólogo de los círculos avanzados de la incipiente clase de los comerciantes fue el eminente economista ruso Iván Tijonovich Pososhkov (1652-1726), campesino que posteriormente llegó a ser comerciante. Su Libro de la tacañería y de la riqueza, escrito en 1724, estuvo prohibido durante más de un siglo a causa de que mostraba tendencias antiaristocráticas y exigía que se crease, cerca del zar, un “consejo de muchos miembros” que comprendiera a “todos los rangos”, entre ellos los campesinos, encargado de redactar un nuevo “código”.

Al criticar la “pobreza” y la “desorganización” del Estado ruso, Pososhkov trazaba planes de reformas políticas y sociales, exigía la instalación de manufacturas nacionales, el fomento del comercio interior y exterior, la difusión de la instrucción y el mejoramiento de la situación de los campesinos. En todos los asuntos públicos había que “implantar nuevas reglas”, es decir, establecer un nuevo orden, sin temer llegar a una transformación radical de las viejas relaciones.

Las ideas sociológicas de Pososhkov llevaban el sello de sus limitaciones de clase. En efecto, preconizaba la paz entre los estamentos y se imaginaba que la autocracia era un poder situado por encima de ellos; pensaba además que los campesinos debían pertenecer al Estado y no a algunos terratenientes que los dejaban “como a ovejas esquiladas”.

Los pensadores progresivos rusos de la primera mitad del siglo XVIII avanzaron considerablemente desde la escolástica a la ciencia, desde la ideología religiosa a un saber laico, pero no pudieron dar a la filosofía una base científica ni crear una concepción materialista del mundo. Esta tarea la llevó a cabo M. V. Lomonósov, gran naturalista y fundador de la filosofía materialista en Rusia. La actividad científica y la concepción del mundo de Lomonósov se hallaban vinculadas íntimamente no sólo a las necesidades históricas de la vida social rusa, sino también al estado y a las tareas de las ciencias naturales del mundo entero a mediados del siglo XVIII.




{3} [Yuri Krizhanich]. El Estado ruso a mediados del siglo XVII, 1ª parte, página 108, Moscú, 1859.

{4} Ibídem, pág. 146.

{5} Ibídem, pág. 243.

{6} Ibídem, pág. 49.

{7} [Yuri Krizhanich]. El Estado ruso a mediados del siglo XVII, ed. cit., páginas 269-270.

{8} Ibídem, pág. 274.

{9} Ibídem, pág. 388.

{10} Ibídem, pág. 261.

{11} Ibídem, pág. 108.

{12} "El Mensajero Ruso", t. XCIII, 1871, núm. 3, págs. 437-438.

{13} V. N. Tatischew, Historia de Rusia desde los tiempos más antiguos, Advertencia previa, libro I, 1ª parte, pág. XXVI. Moscú, 1768.

{14} V. N. Tatischev, Diálogo sobre la utilidad de las ciencias y de los establecimientos de enseñanza, pág. 71, Moscú, 1887.

{15} V. N. Tatischev, Diálogo sobre la utilidad de las ciencias y de los establecimientos de enseñanza, pág. 49, Moscú, 1887.

{16} Ibídem, pág. 58.

{17} A. D. Kantemiz, Obras, cartas y traducciones escogidas, t. I, pág. 46. San Petersburgo, 1867.

{18} A. D. Kantemir, Obras, cartas y traducciones escogidas, t. II, pág. 404, nota. San Petersburgo, 1868.