Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 1 ❦ Capítulo I:1
Surge el pensamiento filosófico del antiguo Egipto y de Babilonia
En el transcurso del milenio III a.n.e. se plasmó y desarrolló en Egipto el régimen esclavista, surgido a fines del milenio IV a. n. e.
La base de la antigua economía egipcia era la agricultura de irrigación y, a la par con ella, la ganadería. Las obras de irrigación desempeñaron un papel importantísimo en la vida económica del antiguo Egipto. El arte de la construcción, la carpintería y los trabajos en piedra, la alfarería y la elaboración de papiros, el curtido de pieles y la fabricación de tejidos de lino alcanzaron un desarrollo considerable. Los éxitos alcanzados en la esfera de la producción contribuyeron a enriquecer el caudal de conocimientos sobre la naturaleza. El Estado de la nobleza esclavista –la monarquía despótica de los faraones– no sólo se mantenía explotando a los esclavos, sino también sobre la base de la implacable explotación de los miembros de las comunidades agrícolas.
Hacia el milenio II a. n. e., Egipto se convirtió en campo de encarnizadas batallas de clase, que con frecuencia se transformaban en francas insurrecciones de los pobres y esclavos contra el poder de los faraones y de la nobleza esclavista.
A expensas del debilitamiento del papel de las grandes haciendas de los reyes, de los sacerdotes y de los altos dignatarios, basadas en formas primitivas de explotación, fue creciendo la propiedad privada de los esclavistas y el comercio de esclavos; se elevó asimismo el carácter mercantil de las economías esclavistas, se amplió el intercambio de productos y aumentó la importancia del dinero en la vida social. La antigua nobleza esclavista se vio obligada a dejar paso a nuevas capas de propietarios de esclavos. En el curso del desarrollo histórico del antiguo Egipto fueron [39] destacándose de la masa general de la población ciertas capas de hombres libres acomodados que se lanzaron a la lucha contra la vieja nobleza esclavista.
El pensamiento social avanzado de ese período empezó a asumir una actitud crítica hacia la idea de que el poder de la nobleza era un poder eterno e indestructible, y hacia las creencias religiosas tradicionales que santificaban el poder de esa nobleza.
La ideología de la nobleza esclavista se distinguía por su carácter acusadamente explotador y por su desprecio al trabajo. Su actitud parasitaria ante la vida se ponía de manifiesto en los dogmas religiosos sobre un mundo de ultratumba y en sus tesis de que la vida del hombre no era más que una preparación para la vida del otro mundo. La vida terrena, llena de pompa y de “vanidades” y desprovista de la alegría del trabajo creador, aparecía como la antesala de otra, de la “vida eterna”, a la que también pintaban como una vida eternamente ociosa.
Los primeros golpes asestados por el pensamiento progresivo a la concepción tradicional del mundo, sustentada por la vieja nobleza esclavista, iban dirigidos contra el dogma religioso de la vida de ultratumba. Así, por ejemplo, en La canción del arpista, obra clásica de la antigua literatura egipcia, se afirmaba que nadie puede apoyarse en los muertos para hablar de un reino de ultratumba. En vez de poner sus esperanzas en una vida ultraterrena, la canción hace oír vigorosamente esta exhortación: debemos arreglar “nuestros propios asuntos aquí en la tierra.”13 La enorme importancia de este monumento literario para la historia del pensamiento humano estriba precisamente en que, por primera vez, proclama con toda franqueza y gran fuerza lógica que para conocer el “reino de ultratumba” carecemos de las fuentes verdaderas, es decir, de las fuentes basadas en la experiencia, en los sentidos y en la razón. Nuestro saber se opone a la fe en un reino ultraterreno, ya que no concuerda con el conocimiento. Así, pues, por primera vez en la historia, el conocimiento entraba en conflicto con la fe..
La misma idea se expresa con mayor claridad aún en otras Instrucciones más tardías, en las que se afirma que el cuerpo humano se convierte en polvo después de la muerte; que “el hombre desaparece y su cuerpo se transforma en barro”; y que aquel que desee perpetuar su nombre no debe confiar en sus sueños sobre una vida ultraterrena, sino en sus actos aquí en la tierra. El libro que lega un hombre después de su muerte, se dice en las Instrucciones, es mucho más útil que un palacio o que la capilla de un cementerio.14
En el papiro Diálogo de un desengañado con su alma se expresan las dudas de un hombre, que no pertenece a la nobleza, en la justicia del régimen social vigente y en la veracidad de las creencias religiosas.
Caracterizando la vida social, así como los conflictos provocados por los intereses opuestos de los diversos grupos sociales del antiguo Egipto, el autor del Diálogo dice que “se saquea” por todas partes y agrega: “los corazones son duros y cada hombre quita las cosas a su propio hermano”[40]; “la violencia se ha instalado en todos los hombres.”15 El Diálogo representa, a su vez, el primer intento de penetrar en el mundo interior del hombre y de describir la discordia espiritual, así como la sucesión de ideas y estados de ánimo contradictorios que se excluyen mutuamente. La razón duda de la existencia de un reino de ultratumba y, a la par con ello, la amargura que rezuma la existencia terrena impide al plebeyo atenerse al consejo de “vivir terrenalmente”, ya que aquí en la tierra no encuentra su felicidad.
Las agudas contradicciones sociales de la época dieron origen, por vez primera. a las Instrucciones políticas que expresaban las ideas fundamentales de la nobleza esclavista sobre la dirección del Estado. Así, por ejemplo, en una Instrucción se dice francamente: “¡Doblega a la multitud! ¡Destruye el polvo que va dejando tras sí!”16 El régimen social y político se considera en ella como la continuación del orden establecido por Dios en la naturaleza; Dios crea a los gobernantes para que gobiernen a los hombres. de la misma manera que ha creado el mundo entero, los animales y las plantas para alimentar a los seres humanos. En otra Instrucción, que relata las sublevaciones de los esclavos y de las capas más bajas de los hombres libres, se defiende la desigualdad social y, con el argumento de que la desigualdad impera en toda la naturaleza, se denigra por todos los medios la idea de modificar el orden social.
El pensamiento filosófico del antiguo Egipto no sólo surgió en virtud de la necesidad de resolver los problemas planteados imperiosamente por la vida social, sino también como resultado de la aparición de los primeros brotes de las ciencias naturales, es decir, de la acumulación de ciertos conocimientos científicos.
La antigua economía egipcia, que marchaba por una vía de desarrollo, exigía que se ampliaran el saber científico y su aplicación práctica. “La necesidad de calcular los períodos de las alternativas del Nilo –escribe Marx en El Capital– dio origen a la astronomía egipcia y, con ella, al predominio de la casta sacerdotal como árbitro de la agricultura.”17
Ya en la antigüedad más remota se creó en Egipto el primer calendario que conoce la historia; en él se dividía el año en doce meses de treinta días cada uno, lo cual, junto con cinco días suplementarios, daba un año de trescientos sesenta y cinco días.
Los dibujos del firmamento estrellado que se han conservado son bastante exactos y demuestran que en el antiguo Egipto se realizaban observaciones astronómicas sistemáticas. Los antiguos egipcios distinguían las estrellas y los planetas y dieron nombres a algunas constelaciones y astros. Se formuló la hipótesis de que las estrellas y el Sol desaparecen más allá de los límites de la Tierra y que, durante la noche, le dan la vuelta por abajo. Hubo intentos para representarse la Tierra “desde arriba” y “desde abajo” y se rompió con las ideas tradicionales que representaban la Tierra como una superficie plana circular o franja alargada, surgiendo [41] así la idea de una Tierra dotada de volumen, contorneada por los “dos cielos”, es decir, por las aguas del océano. La Tierra se la imaginaban en forma de caja o cofre.
El desarrollo de la agricultura dio origen a los primeros pasos de la geometría (palabra que originariamente significaba el arte de medir la tierra). La construcción de edificios y de sistemas de irrigación exigían saber utilizar las palancas y las poleas, conocer algunas leyes mecánicas y desarrollar las matemáticas. Como demuestra el Papiro matemático, que se conserva en Moscú, los matemáticos egipcios establecieron la fórmula que expresa la razón de la longitud de una circunferencia al diámetro: π = 3,16 (en realidad, π = 3,14 aproximadamente). Calcularon asimismo el volumen de un hemisferio, operaron con números quebrados y consiguieron resolver ecuaciones con dos incógnitas.
Los médicos egipcios tenían cierta idea de la anatomía humana y de la circulación de la sangre. Se han conservado textos de medicina en los que se describen detalladamente diversas enfermedades.
Los conocimientos químicos de los antiguos egipcios (acerca de las aleaciones y sustancias colorantes) llegaron a ser relativamente importantes.
En los monumentos del antiguo Egipto ya se plantea, aunque en forma elemental, el problema de cuál es el principio material de todos los fenómenos naturales; a este respecto, se menciona al agua fresca, que engendra a todos los seres vivientes y de la cual surgen todas las cosas; se habla también del aire que llena el espacio y “mora en todas las cosas.”18
Sin embargo, en el antiguo Egipto, el pensamiento científico no se elevó al nivel alcanzado por otros países con un régimen esclavista más desarrollado. Los brotes ateos y materialistas fueron ahogados por las concepciones religioso-idealistas dominantes, según las cuales los dioses “inventaron” las cosas, adquiriendo éstas una significación propia al ser designadas con palabras. Así se dice en un tratado teológico. Todos los trabajos, todas las artes, toda “obra de las manos” deben su origen a las “órdenes” que llegan del pensamiento y, en última instancia, de los dioses.19
Engels nos brinda un profundo análisis del problema de cuáles son las raíces de la concepción idealista del universo en las sociedades esclavistas: “Frente a todas estas creaciones, que se manifestaban en primer término como productos del cerebro y parecían dominar las sociedades humanas, las producciones más modestas, fruto del trabajo de la mano, quedaron relegadas a segundo plano, tanto más cuanto que en una fase muy temprana del desarrollo de la sociedad (por ejemplo, ya en la familia primitiva), la cabeza que planeaba el trabajo era ya capaz de obligar a manos ajenas a realizar el trabajo proyectado por ella. El rápido progreso de la civilización fue atribuido exclusivamente a la cabeza, al desarrollo y a la actividad del cerebro. Los hombres se acostumbraron a explicar sus actos por sus pensamientos, en lugar de buscar esta explicación en sus necesidades (reflejadas, naturalmente, en la cabeza del hombre, que así cobra conciencia de ellas). Así fue como surgió, con el transcurso del [42] tiempo, esa concepción idealista del universo que ha dominado el cerebro de los hombres, sobre todo desde la desaparición del mundo antiguo...”20
En Babilonia, cuyos primeros datos históricos se remontan a fines del milenio IV y comienzos del III a. n. e., el régimen esclavista alcanzó un grado de desarrollo superior al de Egipto. Ya en tiempo de la primera dinastía babilónica se dejaron sentir acusadamente la acumulación de las riquezas en un polo y de la miseria en otro, así como la terrible situación de las capas inferiores de los hombres libres y la agudización de las contradicciones sociales, Gracias a las famosas leyes del rey Hammurabi (de principios del milenio II a. n, e.) hoy tenemos conocimiento de todo eso.
Con el progreso de la producción alcanzaron importantes éxitos la astronomía y las matemáticas. El sistema babilónico de numeración precedió al sistema arábigo, adoptado hoy en casi todo el mundo. Los matemáticos de Babilonia iniciaron el cultivo del álgebra; conocían asimismo las reglas para la extracción de raíces cuadradas y descubrieron algunos principios geométricos como el conocido teorema que, en la antigua Grecia, recibió el nombre de “teorema de Pitágoras”. Los astrónomos babilonios, por su parte, elaboraron una carta del cielo visible directamente. La literatura griega nos ha transmitido los nombres de astrónomos babilónicos posteriores, entre ellos, Seleuco (del milenio II a. n. e.,), que formuló una hipótesis sobre la estructura heliocéntrica del universo.
A la par que en el antiguo Egipto, en Babilonia surgieron las primeras concepciones materialistas espontáneas y ateas. El monumento literario titulado Diálogo del señor con el esclavo gozó de mucha notoriedad en aquellos tiempos. Es una obra en la que se critican los dogmas religiosos y se sustenta resueltamente la idea de que es absurdo cumplir los preceptos de la religión, ofrendar sacrificios a los dioses y esperar recompensas en una vida ultraterrena.21
Estos primeros brotes de las concepciones materialistas espontáneas y ateas, en suelo egipcio y babilónico, influyeron fecundamente en el desarrollo ulterior de la ciencia y del materialismo de la Antigüedad. Plutarco afirmaba que el sabio jonio Tales “había aprendido de los egipcios a considerar el agua como la causa primera y el principio de todas las cosas.”
Así, pues, ya varios milenios antes de nuestra era crecían en el antiguo Oriente los primeros brotes de ideas materialistas sobre la naturaleza. Formando un todo único con las ideas científico-naturales, dichas ideas filosóficas despejaron el camino del progreso científico y contribuyeron a la lucha contra la concepción religiosa del mundo.
{13} B. A. Turaev, Historia del Antiguo Oriente, ed. rusa, t. I, pág. 232, Leningrado, 1935.
{14} Hieratic papyri in the British Museum. Tercera serie. Chester Beatty Gift. Editado por A. H. Gardiner, D. Litt., F. B. A., vol. 1, pág. 39, Londres, 1935.
{15} I. M. Lure, Diálogo de un desengañado con su alma. “Trabajos de la Sección de Oriente”, t. I, pág. 144, Leningrado, 1939.
{16} V. V. Struve, Historia del Antiguo Oriente, ed. rusa, pág. 153, Leningrado, 1941.
{17} C. Marx, El Capital, trad. española de W. Roces, t. 1, pág. 565, nota 6, México, D. F., 1946.
{18} K. Sethe, Amun und die acht Urgötrer von Hermopolis, Núm. 218-221, Berlin, 1929.
{19} K. Sethe, Dramatische Texte zu altaegyptischen Mysterienspielen, págs. 53-58, Leipzig, 1928.
{20} F. Engels, «El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre». C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, trad. esp., ed. cit. t. II, pág. 78.
{21} V. V. Struve, «El diálogo del señor con el esclavo “sobre el sentido de la vida”». Religión y sociedad, págs. 41-59, Leningrado, 1926.