Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 1 ❦ Capítulo I
Nace y se desarrolla el pensamiento filosófico en las sociedades esclavistas del Antiguo Oriente
La filosofía, como forma de la conciencia social, surgió por primera vez en la sociedad esclavista.
Bajo el régimen de la comunidad primitiva, solamente se daban gérmenes del pensamiento filosófico. Los hombres primitivos, que aún no poseían ningún concepto científico acerca de la constitución del organismo humano, acerca de las causas que provocaban su muerte, etcétera, como eran incapaces de explicarse el sueño, se imaginaron que el pensamiento y la sensación eran actividades de un principio especial, el alma, que habitaba en el cuerpo humano y lo abandonaba al morir éste.
En el trabajo que lleva por título Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, escribía Engels: “El problema de la relación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza, problema supremo de toda la filosofía, tiene, pues, sus raíces, al igual que toda religión, en las ideas limitadas e ignorantes del estado de salvajismo.”1
Así, pues, tanto las concepciones idealistas como las creencias religiosas tienen por fundamento el principio de que el pensamiento o la idea es independiente de la materia y constituye una sustancia especial.
En el proceso de conocimiento del mundo, el hombre empieza a comprender que los distintos objetos muestran rasgos comunes; que muchos árboles, por ejemplo, pueden ser encuadrados en el concepto de “árbol en general” y que las montañas concretas pueden ser agrupadas bajo el concepto de “montaña en general”. Como señalaba Lenin, la posibilidad de que la fantasía se despegue de la vida y de qué el concepto general se convierta en un producto fantástico se halla implícita en la capacidad generalizadora de la razón humana, Es evidente que en la naturaleza no existe ninguna “montaña en general” fuera de las montañas singulares. Pero en éstas se da algo general que las unifica, al paso que en la conciencia humana se crea el concepto que refleja ese algo general, es decir, el concepto de “montaña”.
El concepto general refleja la realidad objetiva. Sin embargo, el hombre puede separar, con su imaginación, el concepto de montaña de las montañas concretas, la idea de árbol de los árboles singulares y, de este modo, llegar a divinizar el concepto mismo. [32]
En la conciencia del hombre primitivo, el concepto general no se divorcia de las cosas concretas en virtud de una actividad casual de la imaginación, sino con arreglo a leyes, bajo la acción de las fuerzas exteriores que le subyugan en su vida cotidiana, en las condiciones de una sociedad en la que las fuerzas productivas se hallan a un ínfimo nivel de desarrollo y bajo el influjo de la impotencia del primitivo en su lucha con la naturaleza. Esta impotencia ante las fuerzas naturales deforma el proceso mismo del conocimiento, empuja a la fantasía por una vía errónea, conduce a la falsa idea de que los objetos y fenómenos concretos y singulares no son sino formas detrás de las cuales se ocultan seres invisibles y lleva asimismo a la idea de que el mundo no es uno, o sea al desdoblamiento de éste en un mundo natural y un mundo sobrenatural, situado “más allá” de la naturaleza.
Así, pues, el hombre primitivo se representaba deformadamente su dependencia respecto de la naturaleza, expresando en las extravagantes imágenes de su fantasía su importancia ante las fuerzas naturales. Aquí hay que buscar las raíces históricas y gnoseológicas más remotas del idealismo.
Ahora bien, ¿significa esto que la aparición del idealismo marca el comienzo del pensamiento filosófico en la historia espiritual de la humanidad y que las creencias y los mitos religiosos han sido los antecedentes de las concepciones filosóficas, según afirman algunos investigadores científicos idealistas?2 De ningún modo. La prehistoria de la filosofía es muy distinta.
Los hechos demuestran que el pensamiento filosófico surgió en la historia de la humanidad cuando ya se habían acumulado algunos conocimientos y éstos entraban en conflicto con las creencias tradicionales. Las creencias religiosas se basan en la fe, en tanto que el pensamiento filosófico, por débil que sea su desarrollo, se funda en conocimientos que se oponen a la fe ciega. La aparición del pensamiento filosófico señala el comienzo de la lucha entre el saber y la fe.
Ya en la época de la comunidad primitiva surgieron y cobraron forma concepciones realistas ingenuas sobre el mundo. Hace ya cierto tiempo que se intentó demostrar, mediante el análisis de las obras realistas de la edad de piedra, que la mayoría de ellas no se basaban en ideas religiosas. En el siglo XIX, G. y A. Mortillet, hombres de ciencia progresivos, subrayaron el carácter realista del arte paleolítico.3 Los monumentos artísticos más antiguos reflejan en forma plástica las fases recorridas por el conocimiento en su desarrollo progresivo. Los dibujos primitivos, antecedentes remotos de la escritura, servían de instrumento merced al cual los hombres se relacionaban en la comunidad, así como de medio por el que se comunicaban, en forma de imágenes, sus pensamientos. Reflejaban, asimismo, sus observaciones sobre la vida de la naturaleza y los conocimientos acumulados acerca de la vida de las plantas y las costumbres de los animales salvajes, y, por último, expresaban la fantasía creadora del hombre. [33]
Muchas imágenes artísticas primitivas carecen de contenido religioso y ponen de manifiesto la sana fantasía del hombre primitivo. Los idealistas tratan de borrar la línea divisoria entre las imágenes religiosas y una fantasía sana, y convierten a toda creación fantástica, a cualquier fábula, en producto de la visión religiosa del mundo. Aunque en muchas fábulas, así como en las leyendas y los mitos que se asemejan a ellas, se ensalza la lucha del hombre con la naturaleza y no se canta, en cambio, la impotencia humana ante las fuerzas naturales, los idealistas afirman, sin embargo, el carácter religioso de dichas creaciones. Esta nociva teoría se propone exaltar la religión y rebajar, por el contrario, la creación popular y el papel que desempeña la sana fantasía humana.
En la técnica social, en la fabricación de los instrumentos de trabajo y en el proceso mismo del trabajo que realizaba el hombre bajo el régimen de la comunidad primitiva se desplegaron ya el genio humano, un fino espíritu de observación y la fuerza del intelecto. Si el hombre se hubiera atenido en todo a sus fantásticas ideas sobre el mundo, ni siquiera habría podido construir la primera hacha de piedra. En cuanto al arco y la flecha, Engels subrayó acertadamente que “forman ya un instrumento muy complejo, cuya invención supone larga experiencia acumulada y facultades mentales desarrolladas, así como el conocimiento simultáneo de otros muchos inventos.”4 No hay que creer que en tiempos de la comunidad primitiva la conciencia humana estuviera llena íntegramente de ilusiones religiosas y creencias fantásticas.
“En su actividad práctica –dice Lenin–, el hombre tiene ante sí al mundo objetivo; de él depende y por él se halla determinada su propia actividad.”5 La experiencia de la vida cotidiana, la actividad práctica en el trabajo, en la producción, y los éxitos alcanzados en su labor cognoscitiva condujeron al hombre, de un modo necesario, a la idea perfectamente natural de que el mundo existe objetivamente, aunque expresara dicha idea en forma ingenua. Los millones de observaciones realizadas en su vida diaria por todos y cada uno de los hombres les demostraron que los demás, así como las plantas, las montañas, los ríos, &c., tenían una existencia real y objetiva, fuera e independientemente de ellos. De esto sólo podían sacar una conclusión, la misma que han sacado siempre todos los hombres a lo largo de la historia de la humanidad: los objetos, las cosas o los cuerpos existen fuera e independientemente de nosotros.
En esa conclusión se basaba el arte, así como el pensamiento y el lenguaje del hombre primitivo. Ahora bien, para que una concepción del mundo se funde conscientemente en esa conclusión, se requiere que el hombre haya alcanzado enormes éxitos en su actividad cognoscitiva y que el pensamiento abstracto haya logrado cierto desarrollo en el curso de la actividad práctica social. Estas condiciones no se daban en la época de la comunidad primitiva.
“Ante el hombre –escribe Lenin– se extiende una red de fenómenos naturales. El hombre instintivo, el salvaje, no se desprende de la naturaleza. El hombre consciente se eleva por encima de ella; las categorías [34] son los peldaños de su elevación, es decir, del conocimiento del universo; son puntos nodales en la red que permiten conocerlo y asimilarlo.”6 Este proceso en virtud del cual el hombre se desgaja de la naturaleza, así como la comprensión por parte suya, aunque en forma ingenua, de que la naturaleza existe fuera e independientemente de nosotros representa una importantísima etapa en el progreso de la conciencia humana.
A medida que el hombre lograba más éxitos en la esfera del trabajo, se perfeccionaba cada vez más su capacidad de captar la esencia de las cosas en sus manifestaciones concretas y se elevaba más y más su capacidad de generalizar. Es de suponer que esta capacidad sólo podía darse de un modo rudimentario cuando el desarrollo del pensamiento se encontraba en sus primeras fases, Por supuesto, el pensamiento abstracto se daba ya en el hombre primitivo, puesto que incluso en los tiempos más remotos de la edad de piedra era el pensamiento de un hombre social, no del hombre que aún no supera el estado animal. Pero el pensamiento abstracto no nace, de ninguna manera, como algo ya acabado, sino que pasa primero por unas fases iniciales, que se distinguen, por ejemplo, de las fases en que ya se da-el pensamiento filosófico, es decir, en la sociedad esclavista de la Antigüedad.
Sabemos, por ejemplo, que el número es una abstracción; así, tres elefantes, tres casas y tres piedras son conjuntos de objetos distintos que se designan con una y la misma palabra: “tres”. Esta palabra no cambia por el hecho de que nos refiramos a tres elefantes o a tres libros. Sin embargo, en muchas lenguas primitivas el modo de contar depende del objeto que se cuenta, lo que conduce a una pluralidad de sistemas de numeración, demostrándose así el carácter concreto del cálculo. Hay lenguas en las que no existe, por ejemplo, el número “3”; por tanto, tienen que recurrir a distintas palabras para designar tres ciervos o tres pescados. de acuerdo con el objeto que se cuenta. Ese mismo carácter concreto del pensamiento se pone de manifiesto igualmente en el gran número de formas verbales, características de las lenguas de los indios norteamericanos y aleutianos, lenguas que disponen de más de 400 formas verbales.7 El carácter sumamente concreto del lenguaje puede ilustrarse muy bien con las 33 palabras de la lengua de la tribu africana ewe, citadas por Westerman, etnógrafo alemán, que sirven para designar diferentes pasos o modos de caminar.8
Los investigadores han señalado reiteradas veces que en las lenguas primitivas faltan conceptos genéricos o específicos, así como el nombre común que sirve para designar todos los peces o pájaros, todos los árboles o flores, &c., en tanto que sí cuentan con gran número de palabras para designar una misma raza animal o el mismo carácter de una planta u objeto.9
Conocida es la observación del etnógrafo Leenhardt sobre el pensamiento de algunas tribus primitivas; dicho pensamiento “no hace generalizaciones (el árbol. el animal, el mar o la picadura no existen para [35] él en los conceptos que de ellos tenemos).”10 Si se dice “picadura”, hay que agregar de qué animal se trata. Fue necesario que la actividad generalizadora del pensamiento recorriera un largo trecho antes de que una sola palabra y el concepto correspondiente pudieran servir para designar tanto la picadura de un insecto como la de un animal dañino (la serpiente, por ejemplo). Las lenguas de algunas tribus que viven en las condiciones del régimen de la comunidad primitiva no conocen la palabra “árbol”, pero, en cambio, disponen de varios términos para designar una especie concreta de árbol.
Ya los investigadores científicos del siglo pasado escribieron acerca de esto. Así, F, Schultze, tratando de hallar algunas particularidades fundamentales del pensamiento primitivo, llegó a la conclusión de que ciertas lenguas tribales, en vez de nuestra palabra “pierna” (o “pata”) “disponen de nombres específicos según que se trate de un hombre, de un perro, un cuervo, etc, Del mismo modo, para la acción de «ir» disponen de palabras específicas según cómo y cuándo nos propongamos ir: por la mañana o la por la tarde, con botas, &c.”11
El desarrollo de las lenguas, formadas en la época de la comunidad primitiva, pone de manifiesto cómo se eleva la capacidad humana de pensar abstractamente. Algunas lenguas patentizan los intentos de generalizar y de clasificar en cierta medida un gran número de conceptos. Así, por ejemplo, al designar con los mismos prefijos las palabras que expresan los conceptos de hombre, animal, utensilio, &c.12 Posteriormente, esta primera clasificación y estos primeros intentos de generalizar los conceptos se desarrollaron hasta convertirse en la escritura jeroglífica, en la que los dibujos-definidores denotan tal o cual clase de palabras. Así, por ejemplo, en la escritura jeroglífica egipcia hay numerosos verbos de movimiento, todos los cuales se representan con dibujos de los pies; los verbos que denotan una actividad se representan con un dibujo de la mano; el verbo “hablar” se ilustra con un dibujo que representa la boca, &c. Estos hechos tomados de la historia del pensamiento demuestran que los conceptos generales se desarrollan paulatinamente y que cada vez son más profundos y extensos, reflejando así los éxitos del hombre en su conocimiento del mundo circundante. Y en esto radica el desarrollo del hombre primitivo, no en el cambio de unas ilusiones religiosas por otras, que es a lo que quieren reducir los idealistas todo el progreso del pensamiento primitivo. El desplazamiento de unas ilusiones religiosas por otras es un fenómeno secundario, que, por tanto, está lejos de ser la base misma del desarrollo del pensamiento.
También en la época de la comunidad primitiva –época en la cual la humanidad dependía casi íntegramente de las fuerzas espontáneas de la naturaleza y se sentía aplastada por las dificultades de su lucha contra ellas–, los hombres avanzaban por la vía que va de la ignorancia al error, y de un conocimiento elemental a otro, superior; es decir, seguían la vía que conduce a un dominio cada vez mayor de las fuerzas naturales.
Engels demostró convincentemente que, en el proceso del trabajo del [36] hombre primitivo, paso a paso y paralelamente al desarrollo de la mano, fue desarrollándose el cerebro y surgió la conciencia humana. Primeramente, el hombre cobró conciencia de algunos actos útiles aislados y, más tarde, sobre la base de ellos, llegó a comprender las leyes de la naturaleza que condicionaban esos actos.
A medida que se elevaba el dominio sobre las fuerzas naturales, dominio que había surgido simultáneamente con el trabajo, fue ampliándose gradualmente el horizonte humano. Nuevas y nuevas propiedades, hasta entonces desconocidas, fueron descubiertas por los hombres en los cuerpos de la naturaleza, Y cada vez pudo verse más claramente cuán ventajosa resultaba para los individuos la ayuda mutua, la actividad colectiva de los hombres. En el proceso del trabajo, se planteó a los hombres primitivos la necesidad de decirse algo unos a otros. Así apareció el lenguaje, es decir, el instrumento por medio del cual los hombres intercambian sus pensamientos, se relacionan entre sí y logran entenderse los unos a los otros, a la par que hallan expresión en él los frutos de la actividad abstrayente del pensamiento humano, las conquistas del conocimiento humano. Gracias precisamente a esas conquistas, ya en una fase muy temprana del desarrollo social, fue posible proyectar por anticipado la realización de tal o cual trabajo. Cuanto más fue alejándose el hombre del animal, merced al trabajo y al lenguaje, tanto más planificada era su acción sobre la naturaleza, es decir, tanto más revestía el carácter de una acción orientada a fines trazados previamente.
Los éxitos alcanzados por el hombre en su actividad cognoscitiva le sirvieron, desde la fase más temprana del desarrollo social, para establecerse en las tierras más adecuadas para vivir, para soportar cualquier clima, construir sus viviendas y producir la ropa necesaria para protegerse del frío y de la humedad. Le sirvieron asimismo para crear nuevas formas de actividad, realizar operaciones cada vez más complejas, plantearse objetivos cada vez más difíciles y cumplirlos.
En la conciencia del hombre primitivo luchaban las tendencias materialistas espontáneas, ligadas íntimamente al trabajo, a la actividad práctica, y las tendencias religioso-idealistas, que reflejaban la impotencia humana en la lucha contra las fuerzas de la naturaleza.
El materialismo y el idealismo, como concepciones ya más o menos acabadas, solamente surgieron y cobraron forma en la sociedad de clases, en la época de la esclavitud. Precisamente de esa época datan los primeros intentos encaminados a contraponer los conocimientos ya acumulados a la fe ciega, a las creencias religiosas, y se desplegaron los primeros esfuerzos para generalizar, si bien de modo ingenuo, los conocimientos sobre el mundo circundante. Así hizo su aparición el pensamiento filosófico en la historia de la sociedad humana.
A medida que se desarrollaba el régimen de la comunidad primitiva, los instrumentos de piedra fueron dejando paso a los de metal y la economía basada en la caza fue desplazada por la ganadería y la agricultura. En el proceso de la división del trabajo, la artesanía fue convirtiéndose en una rama autónoma de la producción. El intercambio de productos fue extendiéndose en la sociedad. Los medios de producción empezaron a concentrarse en las manos de unos pocos; este proceso fue acompañado de la subordinación de la mayoría de la sociedad a una minoría [37] de ésta, así como de la transformación de la mayoría de sus miembros en esclavos, cuyo trabajo se convirtió en la base de la existencia social. La propiedad privada del esclavista sobre los medios de producción y sobre los propios esclavos comenzó a ser la base de las relaciones de producción de la sociedad esclavista. Así nació el Estado como órgano coercitivo de una minoría explotadora sobre la mayoría, sobre los trabajadores.
El desarrollo de la artesanía y del intercambio trajo consigo la aparición de las ciudades, que poco a poco fueron convirtiéndose en centros de la vida espiritual de la sociedad. Como resultado de la separación del trabajo físico y del trabajo intelectual surgió la ciencia, es decir, la generalización más o menos sistemática de la experiencia práctica de los hombres. El desarrollo de la agricultura, de la irrigación y de la construcción en los países del antiguo Oriente y el desenvolvimiento de otras ramas de la producción contribuyeron a la acumulación y sistematización de los conocimientos matemáticos y astronómicos, así como de algunos datos relativos a la química y a la tecnología de los materiales. Simultáneamente con estos conocimientos científicos rudimentarios fueron plasmándose también las ideas materialistas sobre la naturaleza.
La invención de la escritura –la más alta conquista cultural del antiguo Oriente– reflejaba el proceso de profundización y de enriquecimiento del conocimiento humano. En los jeroglíficos, en sus figuras estilizadas, se dejaba sentir un fino espíritu de observación, se hacía patente el conocimiento de muchos fenómenos de la naturaleza circundante y, por último, se ponía de manifiesto la capacidad generalizadora de la mente humana. La escritura jeroglífica testimonia ya los primeros esfuerzos del pensamiento humano para dividir los conceptos en distintos grupos y muestra, asimismo, la primera clasificación de ellos, clasificación que marcó el comienzo del análisis gramatical del lenguaje y, posteriormente, del análisis lógico de los conceptos. El desarrollo de la escritura contribuyó a que el hombre alcanzara éxitos cada vez mayores en su actividad cognoscitiva.
Con la aparición y desarrollo de la sociedad de clases, las concepciones mitológicas primitivas sufrieron cambios sustanciales. Los dioses, que hasta entonces habían personificado las fuerzas de la naturaleza, adquirieron atributos sociales y empezaron a encarnar fuerzas sociales tan pavorosas e incomprensibles como las fuerzas ciegas de la naturaleza. Los dioses comenzaron a parecerse a los reyes más poderosos, a los grandes señores de la Tierra. Así, por ejemplo, los dioses de la caza, que en otros tiempos se habían representado bajo la forma de animales salvajes y de aves de rapiña, fueron convertidos en dioses protectores de la guerra, de los reyes y de los jefes- militares. Estas creencias religiosas fueron sistematizadas, en la sociedad esclavista, por los sacerdotes. Creáronse entonces las doctrinas teológicas que divinizaban el poder de los reyes y de la nobleza esclavista, a la par que se ensalzaba la esclavitud. Surgieron también las doctrinas que proclamaban que el mundo era la encarnación misma de la “voluntad divina”, que el alma era inmortal y que el mundo había sido creado por los dioses.
La historia de la filosofía, de las ciencias naturales y del pensamiento político de los países del antiguo Oriente refuta con hechos las falsas [38] “teorías” europeocéntricas y racistas acerca de una supuesta a dad” de los pueblos orientales y acerca de su dependencia total, en e terreno de la cultura, de los pueblos de Europa Occidental. Dicha historia refuta asimismo la teoría de que la mística y la religión imperan de modo exclusivo en la ideología de los pueblos orientales como rasgo específico de ella.
Sin embargo, lo cierto es que ya en los países del antiguo Oriente nacieron y se desarrollaron los primeros brotes de la concepción materialista del mundo, así como los gérmenes de un conocimiento científico de la naturaleza, opuesto al idealismo y a la religión. Ya bajo el régimen de la esclavitud hubo un pensamiento filosófico en el antiguo Egipto y en Babilonia, en la India y en China. El desarrollo de la concepción materialista del universo se hallaba ligado a la lucha de las fuerzas avanzadas de la sociedad esclavista en favor del progreso de la artesanía, de la industria y del comercio, y contra la supremacía política y económica de la anquilosada nobleza esclavista, a la que interesaba el estancamiento de la vida social.
Los países del antiguo Oriente, especialmente China y la India, brindan magníficos ejemplos de ideas y sistemas filosóficos que se caracterizan por su variedad y profundidad.
{1} F. Engels, «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofia clásica alemana». C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad, española, t. II, pág. 344, Moscú, 1953.
{2} Así, por ejemplo, se expone la historia del pensamiento filosófico en la obra de H. y N. A. Frankfort, J. A. Wilson y T. Jacobsen, Before philosophy, Harmondsworth, Middlesex, 1951.
{3} C. y A. Mortillet, La vida prehistórica, trad. rusa, pág. 275, 1903.
{4} F. Engels, «El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado». C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad, esp., ed, cit. t. IL, pág. 172.
{5} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos, ed. rusa, pág. 161.
{6} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos, ed. cit., pág. 67.
{7} L. Lévy-Bruhl, Les fonctions mentales dans les sociétés inférieures, páginas 160-161, París, 1918.
{8} Ibidem, págs. 183-185.
{9} Ibidem, págs. 190-195.
{10} L. Lévy-Bruhl, La mythologie primitive, pág. XII, París, 1935.
{11} F. Schultzse, Der Fetischismus, pág. 41, Leipzig, 1871.
{12} Guillermo Wundt, Los orígenes de la filosofía y la filosofía de los pueblos primitivos. En la obra Historia universal de la filosofía, ed. rusa, t. I, pág. 6, 1910.