Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 1 ❦ Introducción
El principio del espíritu de partido en la historia marxista de la filosofía
Uno de los principios básicos e inquebrantables de la ciencia filosófica marxista, incluida la historia de la filosofía, es el principio del espíritu de partido.
La historia marxista de la filosofía sustenta abierta y consecuentemente las tesis científicas del materialismo dialéctico acerca del desarrollo del pensamiento filosófico, oponiéndolas a las tesis idealistas y religiosas sobre la filosofía; defiende, a su vez, al materialismo frente a los ataques que le lanzan sus enemigos y, por último, somete a una crítica científica las concepciones idealistas de la historia de la filosofía.
El espíritu de partido que impregna la historia marxista de la filosofía apunta contra la actitud objetivista hacia la filosofía burguesa, actitud que conduce a exagerar los méritos de los filósofos burgueses, a privar a la filosofía marxista de su temple militante y ofensivo, y, finalmente, a desposeer la filosofía de su contenido ideológico y de sus principios. El objetivismo filosófico ha sido criticado severamente en los trabajos de V. I. Lenin, en algunas resoluciones e indicaciones del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, en los trabajos de J. V. Stalin y en la discusión filosófica llevada a cabo en la U.R.S.S. en 1947.
También luchan activamente en pro del espíritu de partido de la teoría marxista, en favor del materialismo y contra la ideología burguesa, Mao Tse-Tung, Mauricio Thorez, Palmiro Togliatti y otros dirigentes de los partidos comunistas y obreros.
El principio del espíritu de partido en la filosofía no solamente exige saber desentrañar y poner al desnudo todo lo que hay de regresivo en las doctrinas filosóficas, todo lo que responde en ellas a los intereses de las clases sociales reaccionarias, sino también saber conservar y defender lo que encierran de progresivo las distintas teorías filosóficas, tomando de ellas todo lo valioso. Refiriéndose a los sabios burgueses de nuestra época, decía Lenin que pese al carácter reaccionario de sus ideas filosóficas o, por ejemplo, de sus concepciones en el terreno de la teoría general de la economía política, podían realizar valiosos trabajos en el campo de las investigaciones especiales prácticas. “La misión de los marxistas, tanto aquí como allá, es la de saber asimilar y reelaborar las adquisiciones de esos «recaderos»... y saber rechazar de plano su tendencia reaccionaria, saber seguir una línea propia y luchar contra toda la línea de las fuerzas y clases que nos son enemigas.”10
Por consiguiente, el verdadero partidismo, en el sentido leninista del término, en cuanto al modo de enfocar las doctrinas filosóficas premarxistas, así como las teorías actuales no marxistas, no tiene nada que ver con el rechazo simplista de ellas sin haberlas sometido previamente a un detallado análisis, a un concienzudo examen crítico de su argumentación esencial o sin analizar sus raíces de clase y gnoseológicas. Al plantearse el problema de la crítica de la filosofía de Kant, la de Mach, &c., Lenin condena a los que critican el kantismo (y el agnosticismo en general) más bien desde las posiciones del materialismo vulgar que desde el ángulo [26] del materialismo dialéctico, puesto que semejante crítica se limita a rechazar sus razonamientos sin adentrarse en ellos, en vez de enderezarlos (como Hegel enderezaba a Kant) profundizándolos, generalizándolos y ampliándolos, y poniendo de relieve los nexos y transiciones entre todos los conceptos. Á este respecto, Lenin señalaba que constituía un grave error el que algunos “marxistas criticasen (a principios del siglo XX) a los kantianos y a los discípulos de Hume más bien a la manera de Feuerbach (y a la de Büchner) que a la de Hegel.”11
Lenin criticaba las ideas de los partidarios del materialismo vulgar que no ven ni comprenden que el idealismo filosófico tiene también sus raíces gnoseológicas. “El idealismo filosófico sólo es absurdo desde el punto de vista del materialismo burdo, simplista y metafísico. En cambio, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, es un desarrollo unilateral, exagerado... el desarrollo (la hinchazón, el tumor) de uno de los rasgos, aspectos o límites del conocimiento hasta convertirse en algo absoluto, separado de la materia, de la naturaleza, divinizado.”12
El análisis crítico de las diferentes escuelas filosóficas, entre ellas las del idealismo filosófico, “físico”, “fisiológico”, &c., y otras escuelas idealistas actuales, presupone precisamente la distinción concreta y la definición de los rasgos, límites o aspectos del conocimiento que, al ser separados de la materia y elevados a un plano absoluto, han conducido a la aparición de una corriente idealista dada. Sólo ese análisis profundo, verdaderamente científico, permite descubrir las raíces gnoseológicas de cualquier forma de idealismo filosófico y no rechazarlo pura y simplemente, sino superarlo de un modo efectivo, demostrándose así que, al concebir acertadamente los aspectos o límites correspondientes del conocimiento, considerado éste en sus relaciones con la materia en movimiento, se reduce la posibilidad de que surja tal o cual concepción idealista, concepción que representa de por sí una flor estéril que brota en el árbol verde del vivo, fecundo y verdadero conocimiento humano.
El principio del espíritu de partido en la filosofía marxista es incompatible con el dogmatismo, que divorcia a la filosofía de la práctica y convierte sus tesis en decrépitos dogmas. Dicho principio es incompatible también con toda interpretación y apreciación subjetivista de las doctrinas filosóficas. Expresión de las concepciones subjetivistas en el terreno de la ciencia histórica es la tesis antihistórica que reduce la historia a la política, proyectada hacia el pasado. Esta tesis se difundió también entre algunos historiadores de la filosofía y se puso de manifiesto en su alejamiento de la verdad histórica, y en el abandono de los principios rigurosamente científicos que sirven de base a la ideología y a la política del Partido Comunista. El subjetivismo se expresó igualmente en el “examen” arbitrario y en las apreciaciones seudocientíficas de las teorías filosóficas, basadas en una situación pasajera o casual, sin tener en cuenta las leyes objetivas que presiden el desarrollo histórico. Esa adaptación arbitraria, subjetivista, de la historia de la filosofía a cualquier situación, con frecuencia de carácter casual, conduce a la ausencia de principios y de contenido ideológico. Ahora bien, esto se halla tan lejos de la verdadera dialéctica marxista como el relativismo machista de la dialéctica. “La [27] flexibilidad polifacética, universal de los conceptos –decía Lenin–, flexibilidad que llega hasta la identidad de los contrarios; he ahí la esencia de la cuestión. Esa flexibilidad, aplicada subjetivamente = eclecticismo y sofística. Aplicada objetivamente, flexibilidad que refleja la multiformidad del proceso material y su unidad, es dialéctica, es decir, reflejo adecuado del desarrollo eterno del mundo.”13
Lenin decía que sería falso valorar a los pensadores y dirigentes del pasado partiendo de lo que no aportaron en comparación con las exigencias actuales, en vez de juzgarlos por lo que aportaron de nuevo, comparados con sus predecesores. Pero, al mismo tiempo, se pronunciaba en favor de que se observara la más rigurosa historicidad al exponerse la historia de la filosofía y en contra de que se atribuyera, por ejemplo, a un pensador antiguo un “desarrollo” de sus ideas que jamás existió o en contra de que las viejas ideas filosóficas fueran presentadas con un ropaje actual.
Los partidos comunistas y obreros, que defienden el principio del espíritu de partido de la concepción científica del mundo, a la par que combaten la ideología burguesa, así como el dogmatismo y subjetivismo filosófico, desarrollan creadoramente la teoría marxista y se pronuncian con toda decisión contra los intentos de revisar los principios universales e inquebrantables del marxismo-leninismo, principios probados en la lucha efectiva por el comunismo en la U.R.S.S. y en otros países.
{10} F. Engels, «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana». C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad. rusa, t. II, pág. 352. Moscú, 1955.
{11} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos, ed. cit.. pág. 154.
{12} Ibidem, pág. 303.
{13} V. I. Lenin, cuadernos filosóficos, ed. cit., pág. 84.