Filosofía en español 
Filosofía en español

Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSSHistoria de la Filosofía, México 1960


Tomo 1 ❦ Introducción

Oposición entre la historia marxista de la filosofía y las concepciones idealistas de la historia de la filosofía


La historia científica y marxista de la filosofía se contrapone abiertamente a las diversas concepciones idealistas, muy numerosas, de la historia de la filosofía. Dichas concepciones idealistas ignoran las bases materiales del desarrollo filosófico, así como la lucha de clases que constituye su principal fuerza motriz, y, en lugar de esas fuentes reales y verdaderas, señalan otras imaginarias. Partiendo de una interpretación idealista de la historia, los adeptos de las concepciones citadas buscan el impulso fundamental del desarrollo filosófico en factores espirituales, tales como el anhelo humano de alcanzar la verdad, las razones subjetivas del pensador o bien en fantásticas abstracciones como las particularidades y exigencias [19] de la “razón pura”, de la “idea absoluta”, &c. Las concepciones idealistas de la historia de la filosofía niegan que la filosofía dependa de la vida económica de la sociedad y niegan, sobre todo, el carácter de clase de la filosofía y el papel que desempeña la lucha de clases como fuerza propulsora del desarrollo filosófico en la sociedad escindida en clases. Por consiguiente, examinan el desenvolvimiento de las teorías e ideas filosóficas, a la vez que la ideología en general, al margen de la vida real de la sociedad, como si no dependiera de las condiciones de existencia material. A causa de ello, los filósofos idealistas llegan a la falsa conclusión de que las ideas filosóficas por sí solas, sin que medie ninguna influencia de las relaciones sociales, pueden originar y originan otras ideas filosóficas y concluyen asimismo que, por esa razón, todo el desarrollo de la filosofía se relaciona exclusivamente con la filiación de las ideas, es decir, se limita al desprendimiento (o derivación) de nuevas ideas del seno de las ya existentes.

La tesis de un desarrollo “puro” de la filosofía, en orden a la filiación de las ideas, es una tesis fundamental y general por lo que toca a la totalidad de las concepciones idealistas de la historia de la filosofía. Y en ella cobra concreción el principio básico idealista de la primacía del espíritu con relación al ser en general y de la conciencia con respecto al ser social. Ello explica que el marxismo, al criticar las concepciones idealistas de la historia de la filosofía, apunte, ante todo, contra su tesis básica y general de la filiación de las ideas y, por ello mismo, contra la separación idealista entre la filosofía y la vida real. En oposición a dichas concepciones, la historia marxista de la filosofía pone de relieve que la historia de la filosofía depende de la historia de la vida material de la sociedad y demuestra que “a los filósofos no los ha impulsado en absoluto sólo y exclusivamente la fuerza del pensamiento puro, como ellos se imaginan. En realidad, lo que los ha impulsado ha sido principalmente el progreso de las ciencias naturales y de la industria, cada vez más rápido y más impetuoso.”4

Otro rasgo común a todas las concepciones idealistas de la historia de la filosofía estriba en sus ideas preconcebidas, en su falta de objetividad al explicar las doctrinas filosóficas pasadas y presentes y, sobre todo, en su empeño por rebajar o silenciar la historia del materialismo. A juzgar por los designios de los filósofos idealistas, la historia de la filosofía debe atestiguar la veracidad del idealismo. Poniendo al desnudo la naturaleza reaccionaria y anticientífica de semejantes concepciones idealistas de la historia de la filosofía, decía Lenin: “El místico-idealistaespiritualista Hegel (como toda la filosofía contemporánea oficial, idealista y clerical) ensalza y masca y vuelve a mascar en la historia de la filosofía la mística y el idealismo, ignorando y tratando despectivamente al materialismo.”5

Por oposición a las concepciones idealistas que tergiversan la verdadera trayectoria histórica de la filosofía, la historia marxista de ella se plantea como uno de sus objetivos más importantes el restablecimiento de [20] la verdad histórica; por esta razón, pone de relieve el verdadero contenido de las doctrinas filosóficas del pasado, se pronuncia contra la falsificación y la deformación de la historia del materialismo por sus enemigos y esclarece su verdadero papel en la historia del pensamiento filosófico.

La historia marxista de la filosofía es incompatible con la actitud objetivista burguesa en la historia del pensamiento filosófico, ya que el objetivismo burgués se vale de una supuesta posición “no partidista” y “por encima de las clases” para tratar de esfumar el contenido de clase de las teorías filosóficas. El marxismo-leninismo se opone al objetivismo burgués que pretende rehabilitar las ideas filosóficas y sociológicas reaccionarias del pasado y del presente, así como ocultar su esencia anticientífica.

Muchas interpretaciones idealistas de la historia de la filosofía se caracterizan, en general, por concebir dicha historia desde el reaccionario punto de vista nacionalista burgués y desde las posiciones cosmopolitas burguesas. El nacionalismo burgués ensalza el papel de unos pueblos en la historia del pensamiento filosófico, a la par que niega el de otros, de los pueblos de los países pequeños y dependientes, así como su capacidad para desarrollar la filosofía. El “europeocentrismo” o, más exactamente, el “occidentrismo”, ha causado y sigue causando un enorme daño al sostener que la verdadera filosofía es una creación occidental y que, en el curso de los dos milenios pasados, Oriente no ha creado ninguna teoría filosófica original; el pensamiento filosófico oriental durante ese tiempo, afirma también, no ha hecho más que arrastrarse a la cola de la filosofía occidental o rumiar una y otra vez los viejos mitos religiosos. Los historiadores reaccionarios de la filosofía y, especialmente, los ideólogos del imperialismo rebajan la importancia del pensamiento filosófico de los pueblos asiáticos (de China, India, Asia Central, &c.), de los países árabes y de los pueblos de Europa Oriental (de Rusia, de los países esclavos, &c.) y llegan a hacer afirmaciones tan "falaces como la de que esos pueblos, en general, no se hallan dotados para el cultivo de la filosofía. Ahora bien. las investigaciones científicas han demostrado que semejantes puntos de vista reaccionarios carecen por completo de fundamento.

En cuanto a la filosofía marxista, sus enemigos francos y embozados sostienen una tendenciosa concepción que, en el fondo, se reduce a presentar el marxismo como una doctrina local, como una teoría “occidental”. plasmada íntegramente en suelo de Occidente. En la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias, y sobre todo posteriormente al triunfo de la revolución socialista en Rusia en 1917, los enemigos del marxismo difunden con gran empeño esta concepción. Ello responde al propósito de separar al leninismo del marxismo presentándolo como una teoría puramente “rusa”, que no puede ser aplicada en otros países. La inconsistencia científica y el carácter reaccionario de semejante tesis es evidente. En verdad, existe una relación íntima, indisoluble, entre las teorías de Marx y Engels y las de Lenin. La teoría leninista, al igual que la teoría de Marx, tiene un carácter internacional; en efecto, el leninismo es el marxismo de la época imperialista y de las revoluciones proletarias, es decir, la teoría que continúa directamente y desarrolla la doctrina de Marx y Engels. [21]

Por oposición a las tesis nacionalistas burguesas, la historia marxista de la filosofía se atiene consecuentemente al principio del internacionalismo proletario, atendiendo por igual a las aportaciones positivas de todos los pueblos –grandes o pequeños– al desarrollo del pensamiento filosófico. Se opone resueltamente tanto al nacionalismo burgués, que ensalza a los filósofos de una sola nación y trata con desprecio a los de las demás naciones, como a su reverso, el cosmopolitismo burgués, que niega el papel y la significación de las condiciones y rasgos peculiares de carácter nacional en el desarrollo de la filosofía en los distintos países.

La historia marxista de la filosofía pone al desnudo hasta sus raíces la concepción reaccionaria que divide a todo el pensamiento filosófico en “avanzado” (la filosofía occidental) y “atrasado” (la filosofía oriental). y restablece la verdad histórica al mostrar la trayectoria fecunda y progresiva del pensamiento filosófico, especialmente el materialismo, en China, la India, los países árabes y otros países orientales, en Rusia y otros pueblos eslavos y al poner de relieve la significación internacional de la filosofía de esos pueblos, así como su lucha contra el idealismo y la religión. Con ello se asesta un golpe a las concepciones reaccionarias y seudocientíficas de la historia de la filosofía que presentan falsamente todo el pensamiento filosófico de los pueblos orientales como un pensamiento idealista-religioso, místico-contemplativo, extraño a la ciencia, hostil a la civilización occidental, &c.

La concepción marxista de la historia de la filosofía parte del hecho de que las ideas filosóficas expresan los intereses de las clases que luchan entre sí en un país dado y arranca asimismo del criterio de que dichas ideas se hallan ligadas íntimamente a la situación histórica y, por tanto, a las condiciones nacionales en que han surgido. Por esta razón, la filosofía y, ante todo, la filosofía progresiva, refleja los rasgos peculiares de la historia de un país dado. Al ponerse al descubierto las particularidades históricas nacionales de las doctrinas filosóficas del pasado, se puede refutar plenamente la concepción idealista, cosmopolita burguesa, que se imagina el desarrollo filosófico como el movimiento de un pensamiento abstracto universalmente humano, exento de peculiaridades nacionales y sin ningún fundamento en la vida social.

Pero, a la par con ello, la historia marxista de la filosofía no considera en absoluto que la filosofía de la humanidad sea una mera suma de sistemas filosóficos, que hayan surgido en diversos países en forma aislada e independientemente los unos de los otros. Demuestra, por el contrario, que las teorías filosóficas surgidas y desarrolladas en tal o cual país se hallan en una relación de interdependencia con las de otros países, que al mismo tiempo que han sufrido la influencia de dichas doctrinas han influido, a su vez, en ellas. Dicha interdependencia se manifiesta más acusadamente cuando se trata de países que se han hallado en iguales o semejantes condiciones históricas. Por esta razón, el desarrollo del pensamiento filosófico nunca se ha encerrado en el marco de algunos países aislados, sino que ha abarcado al mismo tiempo a varios países que mantenían entre sí diversas relaciones económicas, políticas e ideológicas.

Por tanto, la historia marxista de la filosofía refleja la unidad y concatenación mutua de las condiciones nacionales e internacionales en que se desenvuelve el pensamiento filosófico. [22]

Muchas concepciones idealistas y metafísicas de la historia de la filosofía, así como sociológicas vulgares, adoptan una actitud carente de objetividad y absolutamente negativa hacia el pensamiento filosófico de épocas anteriores, En dicha actitud se pone de manifiesto un “nihilismo” peculiar en el terreno de la historia de la filosofía. Dicho “nihilismo” consiste en adoptar una actitud extremadamente simplista y unilateral hacia la herencia de los siglos pasados y en negar, franca O veladamente, el valor que tiene para la cultura actual. Los autores de muchas teorías idealistas actuales sostienen que en la filosofía no cabe ningún progreso, que el pensar filosófico no hace más que moverse en el mismo sitio y que incluso representa un regreso, es decir, una vuelta hacia atrás.

Los representantes de la filosofía reaccionaria actual, particularmente de las diversas corrientes neopositivistas, se caracterizan por su actitud despectiva, nihilista, hacia la gran herencia filosófica del pasado, incluida en ella la herencia de los pensadores progresivos de sus propios países. Así, por ejemplo, los filósofos reaccionarios ingleses ignoran y tergiversan las grandes teorías de Bacon y Hobbes, fundadores del materialismo inglés, para no hablar ya de los últimos materialistas de su país. En Francia, los exponentes de la filosofía “oficial” echan al olvido los elementos positivos de la filosofía de Descartes, así como las teorías materialistas de los pensadores del siglo XVIII: Diderot, Holbach y otros. La filosofía reaccionaria-clerical italiana trata con desdén las concepciones materialistas de dos hijos de Italia tan grandes como Giordano Bruno y Galileo. Los filósofos reaccionarios de Alemania Occidental arrojan por la borda la dialéctica hegeliana y el materialismo de Feuerbach y difaman, por todos los medios, a la filosofía de Marx y Engels. Para los ideólogos reaccionarios de los Estados Unidos no existen las grandes tradiciones de los jefes políticos y pensadores progresivos como Jefferson, Paine y Cooper. Los emigrados rusos blancos, de común acuerdo con los reaccionarios extranjeros, se especializan en la tarea de “aniquilar” las teorías de los materialistas rusos de los siglos XVII y XIX, y, sobre todo, los trabajos de los marxistas rusos.

A la par que silencian o tergiversan el legado de las grandes teorías filosóficas de otros tiempos, los filósofos reaccionarios actuales alzan sobre el pavés a toda clase de filósofos idealistas de épocas pretéritas, ya olvidados o incluso totalmente desconocidos, o bien insignificantes desde un punto de vista científico, pero cuyas ideas filosóficas responden a las exigencias de la reacción ideológica actual.

En oposición a las concepciones “nihilistas”, la historia marxista de la filosofía enfoca históricamente el proceso de desarrollo del pensamiento filosófico. Asimismo, rechaza las concepciones subjetivistas de la historia de la filosofía y combate todo intento de exponer y valorar las teorías filosóficas de los pensadores del pasado desde las posiciones subjetivas del historiador de la filosofía. La dialéctica incluye la negación como aspecto esencial de ella, pero no la concibe como abandono o destrucción de todo lo anterior, sino como la reelaboración crítica de las verdaderas conquistas de la civilización universal y como la conservación de cuanto encierran de valor las adquisiciones del pasado, es decir, como un nexo de continuidad en la trayectoria de desarrollo de la sociedad y de la cultura humana. [23]

La historia marxista de la filosofía se guía por esta tesis de principio, formulada por Lenin: “Ni la negación pura, ni la negación gratuita, ni la negación escéptica, la vacilación o la duda son lo característico y lo esencial en la dialéctica, por más que contenga el elemento de la negación –y, además, como su elemento más importante–, sino la negación en cuanto momento de la relación, en cuanto aspecto del devenir que mantiene lo positivo, es decir, sin vacilación alguna, sin ningún eclecticismo.”6

Expresión del modo antihistórico, subjetivista burgués, de enfocar la historia de la filosofía son los intentos de los epígonos actuales de las doctrinas filosóficas pretéritas encaminados a encuadrar a los pensadores del pasado en la época actual, a modernizar sus ideas y a resucitar las concepciones reaccionarias de otros tiempos bajo nuevas etiquetas (neotomismo, neoplatonismo, &c.). Esa tendencia es tan ajena a la historia científica de la filosofía como el “nihilismo”.

El subjetivismo en la historia de la filosofía consiste en concebir de un modo anticientífico e idealista el desarrollo del pensamiento filosófico, viéndolo como fruto de la labor de algunos filósofos, al margen de la vida real y de la actividad práctica. El subjetivismo reduce la historia de la filosofía a una sucesión de nombres y sistemas, sin tomar en cuenta las situaciones históricas concretas ni la lucha de clases.

Al rechazar por igual el “nihilismo” y el subjetivismo por lo que toca a la valoración y crítica de las teorías filosóficas' del pasado, la filosofía marxista-leninista parte del criterio de que la historia no puede ser modificada arbitrariamente, ni tampoco presentada mejor o peor de lo que en realidad es.

Uno de los rasgos característicos de las concepciones idealistas en las actuales historias de la filosofía es su empirismo vulgar, su empeño en limitarse a una mera descripción de las diversas doctrinas, a la exaltación de unas y al rebajamiento de otras, sin intentar seriamente esclarecer, desde un ángulo científico, el desarrollo del pensamiento filosófico, es decir, sin desentrañar las leyes que presiden ese desarrollo.

En este aspecto, puede decirse que los autores de las concepciones idealistas actuales de la historia de la filosofía han retrocedido considerablemente en comparación con los grandes filósofos del pasado, como Hegel, por ejemplo.

La médula racional de la concepción hegeliana de la historia de la filosofía, pese a su carácter profundamente idealista, estribaba en su pretensión de considerar dicha historia no como una suma mecánica de sistemas aislados de diversos pensadores, sino como la trayectoria histórica progresiva del desarrollo del conocimiento. Partiendo de su concepción idealista del universo, Hegel trató de demostrar en su Historia de la Filosofía que cada sistema filosófico representa, en el devenir histórico de la filosofía, una determinada fase del desarrollo de la “idea absoluta” y, a la par con ello, se esforzó por examinar, en un plano lógico, todo el desenvolvimiento filosófico universal como el proceso histórico de formación de las categorías de la lógica dialéctica. Engels decía que cada categoría hegeliana viene a ser una fase de la historia de la filosofía. Al [24] decir de Lenin, el filósofo alemán “perseguía ante todo la dialéctica en la historia de la filosofía”.7 Así, pues, aunque de un modo idealista, es decir, separando el proceso espiritual de su base material y convirtiendo al espíritu en creador de toda la realidad, Hegel trató de descubrir cierta sujeción a las leyes en el cambio sucesivo de doctrinas filosóficas; sin embargo, al aferrarse a sus posiciones idealistas, no pudo desentrañar las verdaderas leyes del desarrollo filosófico.

Al abandonar las mejores tradiciones del pensamiento filosófico del pasado, los historiadores reaccionarios actuales de la filosofía arrojan también por la borda cuanto hay de racional y dialéctico en las ideas de Hegel sobre la historia de la filosofía.

La concepción marxista de la historia de la filosofía es profundamente dialéctica; rechaza toda superficialidad en el examen de las doctrinas filosóficas y exige un análisis concreto y empapado de contenido; exige, asimismo, que se esclarezca el lugar que ocupan en la trayectoria general del desarrollo filosófico y que se señale su dependencia respecto de la situación histórico-social, el nivel científico y las exigencias de la práctica.

La historia científica exige que la concepción del mundo de cada pensador sea estudiada en todos sus aspectos y se haga lo propio con el contenido de cada doctrina filosófica; rechaza, por tanto, que determinadas ideas de un filósofo sean aisladas tendenciosamente de su contexto con objeto de criticar su doctrina o de ensalzarla artificialmente, es decir, sin analizarlas en su conjunto y a fondo. Engels decía, por ejemplo, que no hay que leer a Hegel “para descubrir los paralogismos y trucos que le sirvieron de palanca en su construcción. Eso es puro trabajo escolar. Mucho más importante es descubrir lo que hay de verdadero y genial bajo una falsa forma y dentro de una conexión artificial.”8

El modo marxista de abordar la historia de la filosofía y el análisis crítico de las diversas teorías filosóficas, desde el punto. de vista del materialismo dialéctico e histórico, presuponen la necesidad de adentrarse en los problemas más profundos y arduos de las teorías examinadas. En la historia de la filosofía, como en cualquier rama del saber, la superficialidad es incompatible con la ciencia. Criticando a Kuno Fischer, uno de esos investigadores superficiales de la historia de la filosofía, señalaba Lenin que los más “abstractos” razonamientos de Hegel los expone “muy mal, tomando lo más fácil –ejemplos sacados de la Enciclopedia– y agregando banalidades..., sin indicar al lector cómo buscar la clave de las transiciones difíciles, de los matices, del flujo y reflujo de los conceptos hegelianos abstractos.”9

Todo esto nos dice que, en oposición a las concepciones idealistas y metafísicas, la historia marxista de la filosofía es la verdadera ciencia del desarrollo histórico del pensamiento filosófico de la humanidad.




{4} F. Engels, «Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana». C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad. rusa, t. II, pág. 352. Moscú, 1955..

{5} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos, ed. rusa, pág. 263. Moscú, 1947.

{6} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos, ed. cit., pág. 197.

{7} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos, ed. cit., pág. 233.

{8} F. Engels, «Carta a K. Schmidt». C. Marx y F. Engels, Cartas escogidas, ed. rusa, pág. 442, Leningrado, 1953.

{9} V. I. Lenin, Cuadernos filosóficos, ed. cit., pág. 151.