Ediciones Pueblos Unidos
Primera sección. Artículos de la época de la primera revolución rusa. La lucha contra el machismo.
1. La autocracia constitucional y la probable solución de esta contradicción.1
El gran satírico ruso Shchedrín decía que su patria era el país de las maravillas, es decir, un país cuyos ciudadanos viven ante la amenaza de cualquier sorpresa, un país de arbitrariedad, donde no hay ningún género de leyes estables, donde los “leales súbditos” se hallan a disposición del capricho y el antojo de autócratas que se apoyan en la fuerza armada. En un Estado policíaco todo gendarme es un autócrata en miniatura del mismo modo que el monarca es un gendarme en escala aumentada. Mientras que la vida de un Estado jurídicamente ordenado debe aunque sólo sea idealmente, desenvolverse en los marcos de ciertas leyes y normas universales, en un estado policíaco el capricho no se subordina a la ley universal, él mismo se eleva al grado de ley universal, se convierte en la única norma de derecho. Un país así es un país de milagros, pues en cada instante puede producirse algo sorprendente, puede ocurrir un milagro, y el propio milagro es un acto que no se subordina a la ley general. Los ciudadanos se hallan a merced de cientos y miles de autócratas, porque existen tantas leyes como policías, cualquiera que sea la jerarquía o el grado.
Uno de estos milagros, aunque no el último, lo tenemos hoy en el choque entre dos fuerzas y principios opuestos. En un lado está la autocracia armada hasta los dientes, revestida con los signos del poder, con una espada desnuda en las manos pronta en todo momento a caer sobre los representantes del pueblo y dispersarlos. A ella se le opone el absolutismo de un órgano que significa la negación de la autocracia: me refiero a la Duma de Estado. Ambas instituciones coexisten una al lado de la otra pese a que, conforme a todas las leyes de la lógica y a los principios de jurisprudencia estatal, se excluyen recíprocamente. El gobierno en tanto no hace concesión alguna a la llamada representación del pueblo, ha llegado incluso a derogar íntegramente el manifiesto del 17 de octubre sobre cuya base fue convocada la Duma de Estado, dirige hoy los destinos del país con la misma arbitrariedad que en los más sombríos tiempos de la reacción. El gobierno dirige sus asuntos con una elocuencia, no parlamentaria, pero, en todo caso, muy convincente para el pueblo. Dispone de la fuerza física y administra de acuerdo con experiencias y tradiciones probadas. Pese a ello la representación popular, que sólo expresa los intereses de ciertas capas del pueblo, aprueba violentas resoluciones contra el gobierno, lo ataca duramente en los discursos, elabora leyes, y hasta exige que el gobierno sea llevado a juicio. Así, pues, [26] ante nosotros se presentan dos factores independientes, dos instituciones iguales en derechos, que actualmente se hallan en un cierto equilibrio. Naturalmente, esta situación es una contradicción concreta que la lógica formal evidentemente no reconocerá, pero que ha sido creada por la lógica dialéctica de la historia, y esta contradicción se llama: autocracia constitucional.
Es difícil establecer cuál de estos dos factores –la autocracia o la representación popular– es más fuerte. Mientras que el gobierno tiene la fuerza armada, la Duma de Estado en cambio se basa en el apoyo moral de la población, y con cuanta mayor dureza se pronuncia contra el gobierno, tantas más simpatías va adquiriendo por parte del proletariado, los campesinos y la pequeña burguesía urbana. Por cl contrario, cuanto más groseramente luche el gobierno contra la Duma de Estado tanto más irá perdiendo la autocracia el último pilar en el seno del pueblo, con tanta más fuerza se rebelará el pueblo contra ella. De tal modo, aunque temiendo la revolución, el gobierno no se atreve aún a disolver la representación popular; no hace sin embargo concesiones y mientras que en Petersburgo sesiona la Duma de Estado y abiertamente, aunque con insuficiente audacia, utiliza la libertad de palabra para criticar severamentce la autocracia, el gobierno dispone del Poder Ejecutivo y actúa como si no hubiera en absoluto ninguna representación popular; lleva a cabo –sin distinción de sexo o edad– penas de muerte, incluso niños de 13 años; envía expediciones punitivas a diversas regiones del imperio, realiza matanzas en masa de intelectuales y representantes de las capas avanzadas de la población, aplasta, con la tradicional crueldad, las rebeliones campesinas. confisca diariamente periódicos y revistas, deporta a Siberia a cientos de combatientes por la libertad, etc. En fin, la autocracia más feroz.
Y ahora preguntaremos ¿cuál es el significado de la Duma de Estado, qué elementos la integran?
La Duma no es más que un dique que hasta hoy retiene la energía revolucionaria pero que al mismo tiempo va acumulando combustible revolucionario; es una cuña clavada entre el pueblo revolucionario y la reacción. Los llamados kadetes, que en la Duma son el partido dominante, ven en ella un medio de lucha contra la revolución, a la que temen y querrían eludir. Para ellos la Duma es la arena desde la cual proclaman sus condiciones al gobierno. Procuran conciliar la revolución y la reacción. Quieren ser traficantes a costa del pueblo. Naturalmente, no podrán ser lo suficientemente radicales y lo suficientemente audaces para actuar contra el gobierno. Todos sus medidas y métodos de lucha contra el gobierno se caracterizarán por la indecisión, la limitación y el miedo a las contradicciones entre el pueblo y la monarquía. El partido de los kadetes no puede actuar en favor del gobierno porque traicionaría sus propios intereses, perdería la confianza de los electores, reclutados no dentro de una determinada clase, sino de distintas clases incluidas las capas democráticas de la población. Pero tampoco puede ponerse resueltamente de parte de las fuerzas de izquierda, del campesinado revolucionario y del proletariado revolucionario porque teme la revolución y porque el paso del timón estatal a manos de la democracia –los [27] campesinos y la pequeña burguesía urbana– contradice sus intereses burgueses. Así, pues, este partido kadete, oscila, como un péndulo, ya a la izquierda ya a la derecha, de un lado a otro.
El punto de vista desde el cual el gobierno –el segundo contratante– considera la Duma, es el mismo del partido kadete. También el gobierno ve en la Duma un intermediario entre el pueblo y el partido “de la corte, también ve en la Duma un pararrayos de la revolución, también quiere que finalmente se establezcan acuerdos, transacciones. Pero las diferencias, las distinciones entre estos dos contratantes sólo estriban en las condiciones que se presentan uno al otro. La autocracia o el partido de la corte querría salir del paso con las concesiones más insignificantes y mínimas posibles, mientras que el partido kadete presenta un cierto mínimo de exigencias como condiciones vitales de existencia de la burguesía y sólo a este precio puede y quiere hacer el trato. Pero incluso este mínimo kadete no coincide con el máximo del gobierno y, creemos, las partes no llegarán por mucho tiempo a un acuerdo. Para que la revolución avance debemos incluso apoyar al partido kadete en tanto se encuentre en la oposición al gobierno. Digo que el partido kadete aún por mucho tiempo no podrá llegar a un acuerdo con el gobierno, por lo menos por medios pacíficos, puesto que el gobierno ruso tiene, prontos a servirlo, a verdugos, a probados perros carniceros, a militarotes torpes e ignorantes que ocupan los cargos de ministro y que actúan con su programa de siempre: preocuparse infatigablemente por la felicidad de los leales súbditos manteniéndolos bajo la mira de sus armas. De tal modo, el gobierno ruso tiene todo lo necesario; lo único que le falta son hombres de estado capaces de comprender la situación, de satisfacer las reivindicaciones del pueblo, de elaborar un nuevo programa y emprender seriamente su ejecución. La tragedia del monarquismo consiste también en que los propios monárquicos socavan la monarquía. No podemos menos de alegrarnos de ello porque probablemente este hecho encierra la felicidad del pueblo ruso y la esperanza en la solución definitiva de los conflictos, en la liquidación definitiva del viejo régimen.
Pero mientras el partido kadete ocupa una posición intermedia entre la revolución y la reacción y mira siempre hacia arriba, por el contrario el segundo gran partido en la Duma de Estado –el partido campesino– es un partido que se ha convertido en democracia. En muchas cuestiones este partido aún va a la cola del partido kadete, en otras ya 'actúa independientemente y obliga a los kadetes a fortalecer sus verborrágicas y vacilantes resoluciones profesorales con agudas y audaces reivindicaciones campesinas. Este partido recién formado existía ya potencialmente desde que hubo en Rusia movimiento campesino, conmociones agrarias, pero sólo potencialmente, como unidades aisladas y dispersas. Como partido político nació ante todo en la campaña electoral para las elecciones de la Duma de Estado. Objetivamente este partido es un defensor de la democracia, constituye como representante de los intereses populares, es decir, de los campesinos y de la democracia burguesa en general, una viva oposición a la monarquía, pero debe aún adquirir conciencia de esta su situación objetiva en la Rusia actual. Como partido [28] auténticamente democrático debe aún entrar en conflicto con el partido de los kadetes, quienes se han apropiado del nombre de “partido de la libertad popular” e incluso de partido democrático. Esto ocurrirá tarde o temprano, porque el partido de los kadetes está contra la Asamblea Constitucional, reclama la monarquía constitucional y una segunda cámara alta, y porque él en la cuestión agraria no puede ser lo bastante radical.
En el Palacio de Taúrida se va aclarando poco a poco la actitud del partido campesino frente al gobierno y a los kadetes; el partido campesino comprende que la monarquía se opone a la soberanía popular, que para resolver los importantísimos problemas de la vida del pueblo es necesaria la convocatoria de la Asamblea Constituyente, que el sistema bicameral no defiende los intereses del pueblo sino de las clases privilegiadas, etc. El partido campesino no mirará hacia arriba, no hacia donde se encuentran los enemigos del pueblo, sino que, como partido auténticamente popular, tratará de lograr la confianza del pueblo y expresar sus intereses. Junto al partido obrero representará al pueblo sublevado.
El partido de los kadetes aspira a una reforma, lo cual significa que no quiere satisfacer enteramente las reivindicaciones y necesidades del pueblo, lo que tampoco puede hacer porque es un partido de la gran burguesía. Como tal procura la conciliación entre el pueblo y la corte. Toda transacción supone un compromiso mutuo; el partido kadete debe reconocer a la camarilla palaciega como socio con iguales derechos; pero con ello reconoce el derecho del monarca a continuar en lo futuro chupando la sangre del pueblo.
Por el contrario, el partido campesino debe convertirse en un partido de la revolución. Cierto es que no ha alcanzado todavía la autoconciencia, y aún está débilmente organizado, pero en el proceso de los choques y fricciones con el gobierno y con el partido de los kadetes se educará. La concentración en torno suyo de los elementos del campesinado que se le habían unido durante las elecciones, el permanente contacto con los electores y la incorporación de nuevos elementos al cauce de la revolución es tarea de este futuro partido democrático-radical. Este partido será, por lo menos, en un próximo futuro, un verdadero partido democrático burgués popular. Debe convertirse en un centro de gravitación del campesinado democrático y ampliar así la base de la revolución en relación con las insurrecciones pasadas. El punto nodal en torno al cual se desenvolverá todo este proceso será la cuestión agraria; el programa agrario radical deberá ligarse a reivindicaciones políticas radicales. Cuanto más se desarrolle la conciencia de los campesinos en la lucha por la tierra en el curso de la revolución, tanto más radicales y tanto más democráticos serán ellos y su propio partido. Los defensores del campesinado no pueden creer, como los profesores liberales, en la fuerza de la lógica, pues el campesinado, desde el punto de vista de la economía social, constituye una capa trabajadora de la población a la que no le interesan los raciocinios abstractos. Para alcanzar un cierto objetivo hay que superar obstáculos y entonces los profesores, es decir, hombres dedicados a la labor intelectual, apelan a los argumentos, a la lógica, mientras que el pueblo trabajador utiliza medios concretos y gracias a ellos puede superar esos obstáculos. [29]
En las elecciones triunfó el partido kadete. Obtuvo una gran victoria gracias al boicot de la Duma por los “extremistas”, es decir, los partidos socialistas, y en virtud de que en la escena política no hubo en absoluto partidos burgueses y democrático-liberales. Pero hoy se ha constituido el partido campesino y los kadetecs deben considerarlo como un serio competidor. Entretanto los kadetes dan el tono en la Duma, no permiten que el partido campesino dé pasos decisivos, constituyen, por así decirlo, el partido dirigente aunque, en verdad, sin tener la posibilidad real de gobernar, pero su posición de partido dominante lo obliga a actuar enérgicamente contra el gobierno, a presentarle resuelta batalla y apelar al pueblo en nombre de la lucha por la Asamblea Constituyente. Pero como precisamente no quieren dar este paso y porque toda su política se reducirá a compromisos, se desacreditarán ante los ojos de los electores democráticos. En virtud de que el partido kadete, que se ha convertido en partido dirigente gracias a su ruidosa victoria, no podrá hacer nada esencial, el centro de gravedad en la lucha por “la tierra y la libertad” debe desplazarse de la derecha a la izquierda. El partido kadete ha reunido en las elecciones los votos de diferentes elementos, incluidos los democráticos, pero en el futuro, los elementos democráticos lo abandonarán porque los kadetes tendrán que competir con otros partidos que expresan más plenamente los intereses del pueblo y que luchan realmente por satisfacerlos en la práctica. El partido kadete tendrá entonces que aparecer, en comparación con los otros partidos, como extremadamente moderado; su táctica en la Duma contribuirá en mucho a hacerle perder las simpatías del pueblo en favor de otros partidos más radicales, sobre todo del partido campesino y de la socialdemocracia. Los kadetes deberán decir: nuestra desgracia radica en nuestra felicidad pues la primera gran victoria de este partido será probablemente la última.
Con respecto a la política de los kadetes, el partido campesino y la socialdemocracia seguirán siendo partidos de oposición, aun cuando apoyen a los kadetes en su lucha contra el gobierno. El partido campesino junto con el partido obrero actuarán como enérgicos y audaces combatientes por la nueva Rusia y precisamente estas circunstancias son las que permitirán al partido campesino desplazar al partido kadete. Este partido campesino que actúa en la Duma como partido adversario de los kadetes debe convertirse en el partido dirigente con vistas al nuevo movimiento revolucionario que, bien surgirá a consecuencia del descontento de la población ante una Duma que nada ha hecho para mejorar la situación del pueblo, o bien gracias a la disolución de la Duma por el gobierno. De tal modo, el centro de gravedad se desplazará de los kadetes a la izquierda y así, en la lucha contra el gobierno y los partidos más moderados, se gestará el futuro de una gran democracia.
¿Cuáles son en este momento las tareas de la socialdemocracia? Los obreros que van bajo sus banderas boicotearon la Duma. Pese a ello, algunos socialdemócratas (14 ó 15) fueron elegidos para la Duma; naturalmente un grupo tan pequeño no puede tener en la Duma una influencia fundamental. Pero la socialdemocracia, bajo cuyas banderas se agrupan activos luchadores contra la autocracia y que ha demostrado [30] ser el principal combatiente por la libertad de Rusia, dispone de otros medios además de la Duma para influir en el campesinado y en la pequeña burguesía. El proletariado ya sabía que el gobierno considera a la Duma como un medicamento contra la revolución. Pero este hecho no impide que la Duma pueda convertirse en su contrario. La Duma adquiere considerable y grande influencia en virtud de que en calidad de tribuna revolucionaria, concentra a los elementos combativos que hasta entonces había pero sin ningún vínculo entre sí, como unidades aisladas. Mientras que el proletariado estaba ya convencido de que la convocatoria de la Duma era una comedia, los campesinos deben aún hacer esta experiencia con el fin de abandonar definitivamente las esperanzas en el zar y en una salida pacífica del conflicto. Esta es la misión de la Duma y sólo con ello habrá prestado un gran servicio a la revolución.
La tarea de la socialdemocracia en el presente consiste en apartar al partido campesino del kadete para convertir su democratisno y radicalismo de potencial en actual. Con su crítica la socialdemocracia impulsará hacia adelante al partido campesino, lo que obligará al ala izquierda del partido kadete a unirse al partido campesino, auténticamente democrático-radical. El partido campesino debe tomar conciencia de que los intereses del pueblo se encuentran en radical oposición con los de la monarquía, del partido burocrático de la corte y de los terratenientes.
Naturalmente, el equilibrio actual entre la Duma y el gobierno no puede durar mucho; uno de estos dos factores debe finalmente vencer y hay que trabajar para que en el momento en que se agudice la lucha el pueblo tome conciencia de la oposición de intereses fuera de la Duma y, particularmente, dentro de la Duma, para que el país se desengañe de la política del partido kadete. El período del pasado liberalismo debe ser sustituido por un período democrático-radical.
El conflicto entre el gobierno y el pueblo no será resuelto en la Duma y por los argumentos lógicos, sino en lucha abierta y por la lógica de la fuerza. Hasta ahora el proletariado urbano organizado, que ha perseguido conscientemente sus propios fines, ha sido el único combatiente activo, mientras que los campesinos se hallaban desorganizados y no podían emprender acciones combativas planificadas. Las pasadas insurrecciones revolucionarias del proletariado han demostrado que, aunque éste es capaz de asestar un poderoso golpe a la autocracia (y a consecuencia de un golpe tal apareció la actual Duma), con sus solas fuerzas no podrá derrotar definitivamente a la autocracia. La socialdemocracia necesita un aliado y este aliado lo encuentra en el campesinado revolucionario. Claro está, apoyará al partido kadete en los casos en que éste actúe contra el gobierno. Pero por su carácter y situación social el partido de los kadetes es un partido puramente de “resoluciones” y no revolucionario y por ello la socialdemocracia no podrá marchar junto con él por mucho tiempo. Pero mientras continúe siendo un partido de oposición debemos apoyarlo contra el gobierno. El partido kadete cree en la fuerza de la lógica...
El inevitable conflicto de la Duma o, mejor dicho, del pueblo con el gobierno, debe suscitar un nuevo y enorme levantamiento revolucionario [31] en el cual el papel combatiente corresponderá exclusivamente a los obreros urbanos y a los campesinos. Como resultado de este levantamiento llegará al poder un nuevo partido y este partido será el partido campesino democrático, y posiblemente democrático-republicano, que hoy se encuentra ya en proceso de formación. La contradicción de la actual Rusia –la autocracia constitucional– será resuelta, como todas las contradicciones, en la lucha, pues ya el gran Heráclito dijo una vez: “La guerra es el padre de todas las cosas”. La lucha asegurará el dominio de la absoluta soberanía popular y aparejará la victoria definitiva sobre la autocracia.
{1} Publicado por primera vez en la revista “Die Neue Zeit”, 1905-1906, Nº 38.