Filosofía en español 
Filosofía en español

Ediciones Pueblos UnidosFilosofía y política, Montevideo 1964


Prólogo

La historia es la memoria del pueblo. Hay hombres persuadidos de que lo que fue en el curso de los acontecimientos se convierte en algo que ya no existe. Pero es éste un punto de vista erróneo porque por más que nos hayamos alejado del pasado, éste vive en una u otra medida al lado nuestro y en nuestros días. Esto lleva el nombre de sucesión, de tradición. ¿Acaso la herencia de Pushkin y Tolstói no es parte integrante de nuestra literatura soviética? ¿Acaso Marx y Engels no son nuestros contemporáneos? ¿No es Lenin el dirigente vivo de toda nuestra actividad intelectual y práctica?

El historiador está llamado a revivir lo olvidado, a mostrar “los trabajos y los días” de los que han existido antes que nosotros, sus actos útiles y erróneos, pero sólo para que la nueva generación pueda aplicar los resultados del pasado al presente, tener en cuenta y aprovechar la experiencia positiva anterior y evitar la repetición de viejos errores.

El marxismo enfrentó desde su misma aparición una actitud extremadamente hostil por parte de los científicos y publicistas burgueses, filósofos, economistas, historiadores, etc. La ideología burguesa ejerció una influencia corruptora incluso en las filas de los socialdemócratas. El ex marxista Eduard Bernstein se pronunció abiertamente contra la teoría de Marx en su conjunto, tanto contra el materialismo y la dialéctica como contra la doctrina económica del marxismo. El revisionismo europeo-occidental influyó también en los cuadros jóvenes de los marxistas de Rusia. El llamado “marxismo legal” desde su mismo comienzo no fue más que una corriente burguesa que tomó de la teoría del marxismo lo que, en opinión de los marxistas legales “justificaba” el capitalismo. “Enseñemos al capitalismo” –proclamaba P. Struve. Los “economistas” –algunos elementos del campo socialdemócrata que se habían unido teóricamente al revisionismo de Bernstein– se situaron también en un punto de vista oportunista. Contra todas estas corrientes lucharon, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, Lenin y Plejánov.

La organización de la “Iskra” leninista, la formación del Partido Socialdemócrata, fueron acontecimientos que marcaron un viraje en el movimiento revolucionario de Rusia. En los años 1902-1903, en el país se promovió un animado movimiento tanto entre los obreros (huelgas y manifestaciones políticas) como entre los campesinos (las insurrecciones en las provincias de Járkov, Poltava y Saratov).

La burguesía liberal comenzó también a organizarse y fundó el órgano ilegal “Liberación” (P. Struve, que en esta época ya se había situado muy a la derecha del marxismo “legal”, era su redactor), convocando conferencias y tomando desde el mismo comienzo el camino de la conciliación con la autocracia. En el dominio ideológico, los publicistas burgueses [7] iniciaron una despiadada lucha contra el marxismo. Se publicaron numerosos libros y artículos contra el marxismo. En 1902 apareció una recopilación de artículos bajo el título “Problemas del idealismo” que era una verdadera enciclopedia del idealismo y el misticismo. “Problemas del idealismo” fue el prototipo de los “Veji” que vieron la luz en el transcurso de 7 años. Los “Veji” (1909) eran ya un testimonio definitivo del paso del liberalismo burgués ruso al campo de la contrarrevolución. Los “vejistas”, escribía Lenin, pusieron en manos de las clases de los capitalistas y terratenientes “un arsenal de armas para la lucha política e ideológica contra la democracia y el socialismo”, “toda una enciclopedia sobre los problemas de la filosofía, la religión, la política. la publicística, la valoración de todo el movimiento de liberación y de toda la historia de la democracia rusa”1.

Las dificultades del movimiento revolucionario en Rusia, particularmente la derrota de la primera revolución rusa no podían menos de suscitar entre los elementos inestables en las filas de los socialdemócratas ciertas vacilaciones, máxime si se tiene en cuenta la juventud del movimiento socialdemócrata y el débil temple teórico de sus cuadros.

A. A. Bogdánov fue en ese entonces un destacado representante de la ideología revisionista en las filas del propio Partido. La actividad literaria de Bogdánov comienza a fines del siglo XIX cuando publicó la obra “Elementos fundamentales de la concepción histórica de la naturaleza” (1899) y luego “El conocimiento desde el punto de vista histórico” (1901). En este primer período de su actividad se hallaba bajo la influencia del energetismo de Ostwald.

El segundo período se señala por la creación del “sistema” del empiriomonismo. Bogdánov se hallaba bajo la influencia de Mach y Avenarius. En el fragor mismo de la primera revolución publica tres libros del “Empiriomonismo” (1905-1906). Tras ellos siguen “Aventuras de una escuela filosófica” (1908) y “La caída de un gran fetichismo. La fe y la ciencia” (1910).

El tercer período de la actividad de Bogdánov —el llamado período tectológico— comienza en 1913 con la publicación de la “Ciencia universal de la organización”, que era la continuación del desarrollo del empiriomonismo. En todas estas obras, Bogdánov ocupaba una posición idealista que no tenía nada de común con el marxismo. En torno a Bogdánov se agrupó desde los años 1907-1909 toda una corriente revisionista e idealista. A esta tendencia se unieron Lunacharski, Bazárov, Iushkévich, Berman, Valentínov y otros. Los revisionistas publicaron numerosas recopilaciones: “Ensayos de una concepción realista del mundo” (1904), “Ensayos sobre la filosofía del marxismo” (1908), “Ensayos de una filosofía del colectivismo” (1909). A. V. Lunacharski, compartiendo las Opiniones filosóficas de Mach y Avenarius, promovió la idea de la “construcción de Dios”, y procuraba unir la concepción marxista del mundo con la religión. Publicó una obra en dos tomos bajo el título “Religión y socialismo” (1909-1911). [9]

Precisamente en esta época comienza en cl seno del Partido una aguda lucha de los materialistas dialécticos por cl marxismo. En esta lucha, que duró una serie de años, Lenin desempeñó el papel dirigente.

La obra clásica de Lenin “Materialismo y empiriocriticismo” fue un modelo de crítica sustancial, profunda y multifacética, de las novísimas corrientes del idealismo. Lenin reveló el papel reaccionario de la epidemia machista entre ciertos marxistas inestables. Defendió el principio del espíritu de partido de la filosofía marxista, elevó el materialismo a un nuevo escalón, en correspondencia con el nivel de la ciencia contemporánea.

En la lucha de los marxistas rusos contra la revisión de los fundamentos del materialismo dialéctico, le tocó en aquellos años participar también al autor de esta recopilación. La primera sección del libro que se ofrece contiene artículos políticos y propagandísticos de la época de la primera revolución rusa, que fueron publicados por mí en la emigración en la revista “Neue Zeit”, y también numerosos trabajos dedicados a la crítica del machismo en todos sus aspectos: empiriomonismo, empiriosimbolismo, empiriocriticismo.

El artículo “La autocracia constitucional y la probable solución de esta contradicción” se proponía hacer conocer al lector extranjero la disposición de las fuerzas en una de las primeras etapas de la revolución rusa y procuraba señalar algunas perspectivas del ulterior desarrollo de los acontecimientos en Rusia.

El artículo “Machismo. y marxismo” es la reproducción de un informe en Ginebra en 1907 en una discusión con Bogdánov y Lunacharski. Como oponente de Bogdánov en la discusión intervino Plejánov, que más tarde transformó su discurso en un folleto bajo el título de “Materialismo militante” (“Materialismus militans”). En esta sección he incluido el capítulo “El materialismo dialéctico”, que en 1909 fue resumido por Lenin, quien sobre el campo realizó una serie de observaciones. Las observaciones de Lenin se referían principalmente a la imprecisión en el planteamiento de algunos problemas aislados y al difícil lenguaje filosófico. En esencia, Lenin no me hizo ningún reproche de desviación del materialismo. Al preparar esta recopilación, las observaciones de Lenin fueron, naturalmente, tenidas en cuenta por mí.

Terminé mi primer libro, “Introducción a la filosofía del materialismo dialéctico”, en 1908. Pero la edición se retrasó siete años. Era difícil encontrar en estos. años de reacción en Rusia un editor para un libro marxista. Finalmente, fue publicado en 1916 por la editorial “Vida y conocimiento”. La “Introducción” fue también dedicada en grado considerable a la lucha contra el machismo.

La siguiente etapa de mi actividad pertenece ya al período de formación del poder soviético, período del cual fue característica la particular agudeza de la lucha ideológica. Los ideólogos de la derrocada clase dominante no podían entregar sin lucha sus posiciones. Es preciso señalar que la activación de las corrientes burguesas del pensamiento social y filosófico se fortaleció notablemente en el primer período de la “NEP” (1921-1922) vinculada con una cierta reanimación de los elementos burgueses en la economía del país. [10]

Ya en 1919 N. Berdiáiev había organizado en Moscú la llamada “Academia libre de cultura espiritual” en torno a la cual se agruparon los conocidos renegados y líderes de los “Veji”; N. Berdiáiev, S. Frank, F. Stepun, D. Visheslavtsev. y los tampoco desconocidos V. Ivanov. A. Bieli y otros. Además de dictar cursos especiales sobre historia de la “cultura espiritual” y la filosofía de la religión, la Academia realizaba propaganda de la filosofía idealista religiosa, organizaba conferencias públicas en el Museo Politécnico y procuraba extender su influencia no sólo a la intelectualidad burguesa, sino también a los obreros, guardias rojos y marinos.

En los mismos años aparece en Petrogrado la “Sociedad filosófica libre”. En los años 1919-1920 con frecuencia cada vez mayor comienzan a ver la luz “trabajos” teóricos, y luego ediciones periódicas, dedicados a propagar la ideología idealista reaccionaria. En Moscú. en los años 1918-1921 se reinicia la edición del anuario filosófico “Pensamiento y palabra” que agrupaba a idealistas tales como Shpiet, Guershenson, L. Shestov. En 1922 se publica bajo la redacción de Radlov y Losski el número 1 y luego el 2-3 de la revista “Pensamiento”, órgano de la Sociedad Filosófica de Petersburgo. Comienzan a editarse trabajos dedicados principalmente a los problemas de la “filosofía de la historia”. S, Frank y A. Karsavin publican en 1922 la recopilación de artículos de Berdiáiev. Stepun y Frank “Oswald Spengler y la decadencia de Occidente”.

La fisonomía ideológica de esta agrupación se hallaba enteramente definida por la tradición de dos decenios de traiciones, apostasías y de la más furiosa lucha contra el socialismo y la democracia a cargo de “vejistas” tales como Struve, Frank, Berdiáicv y Guershenson. Todo el contenido de los “Veji”, sin ningún cambio esencial, fue trasladado a las páginas de la literatura “vejista” de los años 20.

La contraposición de la creación religiosa “original” del pensamiento ruso (Chaadaiev, Jomiakov, V. Soloviov), a las ideas del socialismo y el materialismo, “ajenas y hostiles” a Rusia, el eliminar del campo de las ciencias sociales el determinismo, el rechazo de toda comprensión del proceso histórico, la sustitución de la ciencia de la sociedad por desvarios teológicos y teleológicos, la prédica del intuicionismo místico como único método de penetración en la esencia y la unidad (“divina”, claro está) de los procesos históricos, la propaganda de las ideas reaccionarias de Spengler, condimentado a la manera de los “vejistas” con una considerable porción de misticismo religioso y nacionalismo burgués ruso, hasta la “liquidación del sentido común” en calidad de premisa para un exitoso filosofar –tales eran las principales tendencias de la propaganda reaccionaria llevada a cabo por los ideólogos del “vejismo”–. Todo sistema filosófico más o menos bien pensado y profundo nos conduce inevitablemente a Dios”; bajo esta divisa un pequeño grupo de teóricos burgueses todavía no abatidos, proclamaba la cruzada contra la concepción proletaria del mundo, contra el materialismo, contra la ciencia.

A principios de la década del 20 se acentuaron las vacilaciones ideológicas también entre una parte de los comunistas, entre los trabajadores del frente ideológico. Este hecho no puede causar sorpresa: en las condiciones [11] de la reforzada acción de la ideología burguesa hostil al marxismo comenzó a hacerse sentir el insuficiente temple ideológico de una parte de los cuadros teóricos que no eran capaces de enfrentar tendencias “a la moda” tales como el freudismo, el machismo y el positivismo. En las obras de Variash, Reisner y otros se hicieron intentos de propagar el freudismo.

Los acontecimientos posteriores demostraron que en el dominio de la ideología fenómenos tales como el de “mininismo” con su cacareada consigna de “fuera la filosofía” y “la ciencia en sí misma es la filosofía” o el “enchmenismo” con su intento de biologizar los fenómenos sociales, no fueron acontecimientos casuales. Más tarde una más amplia corriente de mecanicistas comenzó a aplicar en los hechos la misma línea de liquidar el materialismo dialéctico y de sustituirlo por un chato empirismo.

Las vacilaciones mecanicistas e idealistas penetraron también en el dominio de las ciencias sociales. Hasta fines de la década del 20, la lucha contra el renacimiento de la filosofía idealista machista en el dominio de las ciencias sociales bajo la forma de la “ciencia universal de la organización” de Bogdánov siguió siendo la tarea más actual. Como uno de los principales propugnadores del mecanicismo actuó: también Bujarin con su teoría del “equilibrio”.

En los primeros años que siguieron a la revolución, cuando se desarrollaba la guerra civil, la despiadada lucha contra los guardias blancos y los intervencionistas que se proponían estrangular el poder soviético, los cuadros del Partido fueron naturalmente apartados de la labor teórica. Había que defender, con las armas en la mano, las conquistas de la revolución. Pero tan pronto como fue aplastada la contrarrevolución, surgió inmediatamente la necesidad de crear sus propios cuadros teóricos. Se debió empezar a construir en las condiciones tremendamente difíciles del desbarajuste de postguerra, de la insuficiencia de cuadros y de medios materiales. Sin embargo, el Partido emprendió enérgicamente la tarea. Se fundaron instituciones de enseñanza como la Universidad Comunista Sverdlov, el Instituto de Profesores Rojos, la Academia Socialista, el Instituto Marx y Engels. se recopilaron las obras de los fundadores del marxismo y la literatura acerca de ellos, se inició la edición de literatura sobre historia del socialismo, sobre filosofía, sobre economía, etc.

Al mismo tiempo fue fundada una serie de revistas teóricas, entre ellas “Bajo la Bandera del Marxismo” que debía encabezar la lucha contra las corrientes idealistas y revisionistas en el frente filosófico. Había que dedicarse a la limpieza de los establos de Augías, es decir, a la lucha contra el idealismo, el misticismo y toda la inmundicia contrarrevolucionaria. Pero la tarea principal consistía, claro está, en la propaganda y la elaboración ulterior de la filosofía del marxismo-leninismo.

La fundación misma de la revista y la integración de 3u redacción fue aprobada por Lenin, que esbozó el programa de la revista en el artículo “Sobre el significado del materialismo militante” publicado en la tercera entrega en 1922. En su artículo programático Lenin saluda ante todo la unión de los comunistas con los no comunistas, porque sin esta [12] unión “no puede hablarse siquiera de una verdadera construcción comunista”2. La revista que quiere ser órgano de prensa del materialismo militante, escribía Lenin, debe ser un órgano combativo en el sentido del desenmascaramiento y persecución sin tregua de todos los “lacayos diplomados del clericalismo”, debe ser “el órgano de prensa del ateísmo militante”3 Lenin proponía editar la literatura atea francesa del siglo XVIII. Además de la alianza con los materialistas consecuentes no es de menor importancia, sino de mayor aún, la alianza con los representantes de las ciencias naturales modernas. “... Debemos comprender –decía Lenin– que sin una sólida fundamentación filosófica ninguna ciencia natural. ningún materialismo, podrían soportar la lucha contra el empuje de las ideas burguesas y la restauración de las concepciones burguesas”. Para sostener esta lucha no hay que ser simplemente un materialista, sino un materialista dialéctico. “Para lograr este objetivo, los colaboradores de la revista «Bajo la Bandera del Marxismo» deben organizar el estudio sistemático de la dialéctica de Hegel desde el punto de vista materialista, o sea, de la dialéctica que Marx aplicó también prácticamente en su obra «El Capital» y en sus trabajos históricos y políticos con tal éxito, que en la actualidad cada día del despertar de las nuevas clases a la vida y a la lucha en Oriente (Japón, India y China) –de centenares de millones de hombres que constituyen la mayoría de la población del globo y que hasta ahora, con su inactividad y letargo histórico, eran causa del estancamiento y la descomposición de muchos Estados avanzados de Europa–, cada día del despertar a la vida de nuevos pueblos y nuevas clases confirma, cada vez más y más, el marxismo”4.

Más adelante, Lenin exhortaba a los redactores y colaboradores de la revista a desarrollar la dialéctica basándose en el modo en que Marx aplicaba, concebida de una manera materialista, la dialéctica de Hegel. “Creo que el grupo de redactores y colaboradores de la revista «Bajo la Bandera del Marxismo» debe constituir algo así como una «sociedad de amigos materialistas de la dialéctica hegeliana». Los naturalistas modernos encontrarán (si saben investigar y si nosotros aprendemos a ayudarles) en la interpretación materialista de la dialéctica de Hegel una serie de respuestas a los problemas filosóficos que plantea la revolución en las ciencias naturales y ante los cuales «caen» en la reacción los admiradores intelectuales de las modas burguesas”5.

Al mismo tiempo Lenin señalaba las dificultades que enfrentaría esa labor. “...Y no cabe duda, –subrayaba Lenin– que los primeros intentos no estarán exentos de errores. Pero sólo quien nada hace, no se equívoca”6.

“Bajo la Bandera del Marxismo” se planteó como tarea cumplir el programa de Lenin. En la carta que con motivo de la muerte de Lenin dirigió al Comité Central del Partido la redacción escribía: “Con la muerte de Vladímir Ilich el materialismo militante ha perdido a su reconocido gran jefe”. “Hemos perdido al jefe, pero tenemos sus mandatos e indicaciones. La lucha por cl marxismo, la lucha rigurosa y consecuente por el materialismo, tal será nuestra respuesta a los enemigos que se alegran con nuestra gran pérdida”7.

En los primeros tiempos hubo que luchar por el materialismo. El eterno enemigo del materialismo –el idealismo– continuaba, en los primeros años del poder soviético, ejerciendo influencia en los círculos pequeñoburgueses y en ciertas capas de científicos, particularmente en los naturalistas. Las condiciones de la “NEP”, que habían dado a la espontaneidad pequeñoburguesa la posibilidad de penetrar en unas u otras capas de la intelectualidad y envenenarles la conciencia con su ideología, encerraban el peligro de desarmar ideológicamente a una parte de la intelectualidad del Partido. La dirección del Partido llevó a primer plano la necesidad de luchar por el materialismo contra el idealismo.

El primer lustro de nuestra revolución se caracterizó también por la defensa del materialismo contra todos los matices del idealismo, empezando por aquellos abiertamente burgueses y terminando por las desviaciones dentro del Partido hacia el idealismo que encubrían su apartamiento del marxismo con frases “de izquierda”.

Bogdánov, que en las páginas de la revista “Cultura proletaria” propugnaba sus concepciones antimarxistas e idealistas se presentó nuevamente en primer plano. Sus ideas de la “cultura proletaria”, de la “socialización de la ciencia”, etc., eran la concreción de su “Tectología”, a lo que debe agregarse que Bogdánov halló dentro de sí el suficiente “valor” para declarar a Marx el gran predecesor de la ciencia organizada, el predecesor de Bogdánov.

Bajo la influencia de los ataques burgueses contra el marxismo, dentro del propio marxismo se constituyó una nueva “ideología” revisionista de negadores de la filosofía marxista. Por cuanto las corrientes burguesas contrarrevolucionarias actuaban bajo la bandera de la “filosofía”, algunos elementos izquierdistas entre los “marxistas” pensaron que negar toda la filosofía en general y la filosofía marxista en particular era una causa necesaria y “revolucionaria”. Estos elementos partían del hecho de que la filosofía era la bandera de la reacción burguesa y por ello los marxistas debían “liquidar” la filosofía.

Esta corriente es conocida con el nombre de “mininismo” porque Minin apareció como el iniciador de esta orientación antimarxista. “La filosofía, –escribía–, es una noción especifica y muy definida de la concepción burguesa del mundo, de la sociedad humana y del conocimiento. Toda filosofía, como toda religión, es enemiga del proletariado y del comunismo”. Minin también proclamó la consigna: “¡Abajo la sucia ropa de la filosofía! ¡Fuera la filosofía!”.

El llamado “enchmenismo”, que se presentó preconizando una “nueva teoría de la biología” y que exigía la completa liquidación de la psicología “en vista del renacimiento que ha comenzado del positivismo crítico” fue el ulterior desarrollo de las desviaciones anotadas. “En el [14] curso de nuestra exposición, –escribía Enchmen– al destruir las viejas tablas de la ley llegaremos gradualmente a comprender qué inmensa confusión existe respecto a los problemas de lo material y lo espiritual en las obras de Plejánov e incluso de Engels y, en general, en todas las obras filosóficas de carácter puramente explotador”. “La concepción del mundo, el idealismo y el materialismo. son invenciones explotadoras”. “Una tal concepción filosófica del mundo, –escribía Enchmen– denominada materialismo dialéctico será convertida en cenizas, porque gracias al entrenamiento biológico desaparecerá la necesidad de la lógica. perecerá el conocimiento, el pensamiento, y sólo la reacción fisiológica de la risa recordará el materialismo dialéctico explotador que engañaba a las inocentes cabezas de los obreros revolucionarios de avanzada”8.

Al lector actual debe parecerle absolutamente incomprensible que esta absurda “concepción” pueda haber sido el objeto de una lucha seria por parte de los materialistas dialécticos. No obstante, este hecho se explica porque el enchmenismo encontró favorable acogida en un cierto sector de nuestros estudiantes. Al mismo tiempo el autor de la “teoría de la nueva biología” se beneficiaba con la popularidad como hombre que traía un nuevo verbo.

Reisner y Variash hicieron un gran embrollo en los problemas de la relación entre la ideología y la psicología. Tergiversaban los fundamentos del materialismo histórico. pretendiendo sustituir el materialismo histórico por el psicoanálisis (freudismo).

Como lo demostraron los acontecimientos posteriores, todas las desviaciones señaladas se caracterizaban por su primitivismo, su incomprensión de la dialéctica, su carácter mecanicista. Estas circunstancias permitieron que, en la siguiente etapa, todas las desviaciones se unieran en una plataforma única: la del materialismo mecanicista. En los años 1924-1925 se originó una aguda polémica en torno al libro de I. Stepanov “El materialismo histórico y las ciencias naturales modernas. Marxismo y leninismo”. En su libro Stepanov formulaba la posición del materialismo mecanicista que identificaba la filosofía marxista con las conclusiones generales de las ciencias naturales. Colaboradores del Instituto de Investigación Científica “Timiriázev” proclamaron superflua la filosofía y después de dar la espalda a la dialéctica de Marx, Engels y Lenin hicieron del materialismo mecanicista su bandera. Bajo esta bandera se movilizaron todas las viejas desviaciones, incluso el bogdanovismo.

La negación de la dialéctica, la negación de la filosofía marxista en general (renació bajo una nueva forma la consigna de Minin y Enclhmen “Fuera la filosofía”) constituyeron los rasgos principales de la desviación mecanicista. En la discusión realizada en el Instituto de Filosofía Científica, en el verano de 1926, se caracterizó la nueva corriente revisionista del modo siguiente: “Este grupo no es nada homogéneo, es un «conglomerado», un agregado «mecánico» de elementos diferentes. Es un bloque peculiar de freudistas, de machistas del pasado y del presente, empiristas y materialistas mecanicistas tácitos y declarados”. En torno a la [15] nueva plataforma se unieron I. Borichevski, L. Axelrod, A. Variash, I. Stepanov, S. Semkovski, A. Timiriázev, A. Bogdánov y Y. Sarabianov. Todos ellos se pronunciaron contra el materialismo dialéctico calificándolo de corriente “neohegeliana”, “filosófica” (Borichevski), “reaccionaria” (I. Stepanov), “escolástica” (S. Semkovski), “deborinista” (Timiriázev), etc.

En el XII Congreso del Partido se aprobó la siguiente resolución:

“En íntima relación con la necesidad de contrarrestar organizadamente la influencia del espíritu burgués y revisionista profesoral en primer término sobre el estudiantado, se debe promover en un grado mayor que en el presente la tarea de activar la labor del pensamiento científico comunista haciendo centro de esta labor a la Academia Socialista, ampliando el volumen de su actividad más allá de los límites de las ciencias sociales. La Academia Socialista deba ligar estrechamente su labor a la actividad de investigación científica de las distintas instituciones y organismos (Universidades, Universidades Comunistas, Comisariados del Pueblo, etc.), convirtiéndose gradualmente en un centro metodológico científico, que una toda la labor de investigación científica”9.

En los Estatutos de la Academia Comunista (parágrafo 3) se dice expresamente que entre las tareas se incluye la “lucha por una rigurosa aplicación del punto de vista del materialismo dialéctico, tanto en las ciencias sociales como en las naturales, y el desenmascaramiento de las supervivencias del idealismo”. La redacción de la revista “Bajo la Bandera del Marxismo” así como la “Sociedad de materialistas dialécticos militantes”, respecto a la cual se tratará más adelante, estaban estrechamente vinculadas a la Academia Comunista y al Instituto Marx y Engels.

Con el fin de luchar contra el idealismo y toda clase de desviaciones y cumpliendo las indicaciones de Lenin en su artículo programático “En torno al materialismo militante”, los filósofos soviéticos emprendieron conjuntamente con el Instituto Marx y Engels la edición de la “Biblioteca del materialismo” y “Biblioteca del Ateísmo”. La primera editó: “Sistema de la naturaleza” de Holbach, “Obras Escogidas” de John Toland, “Obras Escogidas” de La Mettrie, “Obras escogidas en dos tomos” de Denis Diderot, las obras de Thomas Hobbes y Ludwig Feuerbach. La Biblioteca del Ateísmo publicó: Holbach. “El sentido común”: Holbach, “El cristianismo al desnudo”; Jean Meslier, “Mi testamento” en dos volúmenes; Naigcon, “El soldado ateo”; Holbach, “Diccionario teológico de bolsillo” y otros.

En el primer decenio del poder soviético desempeñó un gran papel la Sociedad de Materialistas Dialécticos Militantes. Nosotros seguimos las indicaciones de Vladímir Ilich y casi inmediatamente después de la publicación de su artículo programático nos dedicamos a crear la Sociedad de Materialistas Dialécticos Amigos de la Dialéctica Hegeliana recomendada por Lenin.

La Sociedad de Materialistas Dialécticos Militantes era una amplia organización social erigida sobre principios democráticos con estatutos [16] sumamente interesantes en los que se formulaban las tareas de la Sociedad.

Eran tareas de la asociación, de acuerdo con los estatutos, “la elaboración científica de los fundamentos del materialismo dialéctico. la elaboración del método dialéctico en el dominio de las ciencias naturales, el trabajo de investigación en la esfera del materialismo histórico. la investigación científica de la historia del materialismo y de las ciencias naturales. la lucha contra el idealismo en la filosofía y en las ciencias naturales y contra la manera simplista de tratar el materialismo dialéctico. la activa propaganda y popularización del materialismo dialéctico”10.

En su mensaje a todos los camaradas dedicados al estudio, la elaboración y la propaganda del marxismo (1928), la Sociedad de Materialistas Dialécticos Militantes declaraba que consideraba objetivo de su actividad el cumplimiento de las tareas mencionadas por Lenin en su artículo “Sobre cl materialismo militante”.

“Ante quienes –dice el mensaje– creen que el estudio de la dialéctica materialista es escolasticismo, y consideran la dialéctica como una parte secundaria, no esencial, de la concepción marxista del mundo, ante quienes reviven la concepción mecanicista del mundo superada por Marx, Engels y Lenin, aferrándose a los prejuicios mecanicistas de la ciencia moderna pese al carácter dialéctico de las conquistas de las ciencias naturales; ante quienes niegan la significación y el papel de la filosofía del marxismo como concepción del mundo y como método válido para todos los dominios del conocimiento, la Sociedad de Materialistas Dialécticos Militantes declara que en el período inmediato concentrará la máxima atención en la lucha por la dialéctica materialista y contra el revisionismo que pretende refutarla”11.

Toda la actividad de la sociedad se realizó públicamente en sus sesiones y reuniones abiertas. La sociedad tenía el derecho de organizar conferencias, discusiones y controversias públicas con la participación de miembros de la sociedad y de personas invitadas, y de convocar congresos y conferencias de toda la Unión.

La sociedad tenía secciones en diversas ciudades y también en las repúblicas, filiales sostenidas por la dirección. Además, había grupos de colaboración con la sociedad. El organismo superior de dirección era el Congreso de la sociedad de toda Rusia. Además de filósofos, la integraban naturalistas, economistas, historiadores, médicos, juristas, biólogos, etc.

Las reuniones de la Sociedad de Materialistas Dialécticos se realizaban con la participación de un gran número de asistentes. Las sesiones eran sumamente animadas y a menudo hasta tumultuosas porque en ellas se entablaban polémicas de principio y agudas luchas.

Además de la actividad colectiva en los marcos de la sociedad, dedicada principalmente a la propaganda y popularización del materialismo [17] dialéctico, los miembros de la sociedad llevaban a cabo una gran labor de investigación científica insertando los resultados de sus trabajos en las páginas de las revistas “Bolchevik”, “Bajo la Bandera del Marxismo”, “El Mensajero de la Academia Comunista”, “El Materialista Militante”, “Anales del Marxismo”, “Archivo de Marx y Engels” y otras.

En estos años (1922-1930) se acumuló un gran número de trabajos de miembros de la sociedad, publicados tanto en revistas como en libros. In este período al autor de cesta recopilación le correspondió intervenir frecuentemente contra las corrientes burguesas hostiles al marxismo así como contra los intentos de revisión de la filosofía del materialismo dialéctico.

Se debe subrayar que cada obra de aquellos años no era simplemente un trabajo académico sino el producto de una dura lucha contra una u otra desviación o tergiversación del marxismo o contra el idealismo y el clericalismo.

Uno de los objetos de la crítica durante ese período fue la filosofía de Oswald Spengler. Los contrarrevolucionarios rusos N. Berdiáiev, S. Frank, F. Stepun y Y. Bukshpan, publicaron en 1922 un libro con el título de “Oswald Spengler y la decadencia de Occidente” en el cual ensalzaban por todos los medios a este precursor del fascismo. Pintaban a Spengler como un genial pensador, como un profeta y a su libro lo consideraban un libro conmovedor. La “teoría” de Spengler se reducía a la idea de que la cultura europea se basa en el llamado espíritu fáustico. Al igual que toda cultura, la europea pasa de la cultura religiosa a la decadencia y a la civilización no religiosa señalada por el triunfo del materialismo, la democracia y el socialismo. En esencia, el libro de Spengler era un panfleto contra el desarrollo progresivo de la cultura, contra el proletariado y todo lo avanzado. Su ideal estaba en el Medioevo. Spengler proclamaba estruendosamente el fin de la cultura europea.

Los berdiaievistas se aferraban a la reaccionaria posición de Spengler. “El libro de Spengler, – escribía Berdiáiev– tiene una enorme significación sintomática. Da la sensación de la crisis, de la quiebra, del fin de toda una época histórica”. La civilización es el comienzo de la muerte. Se derrumban todos los valores religiosos y metafísicos, abandonan la escena los reyes, la nobleza. En la arena histórica se presentan las masas populares con su concepción del mundo, con su aspiración a reconstruir la sociedad sobre principios socialistas, lo cual, desde el punto de vista de Spengler y de Berdiáiev, significaba la muerte de la cultura, el ocaso de Europa y no el movimiento progresivo de la humanidad hacia adelante. Los berdiaievistas identificaban la próxima destrucción del imperialismo y del capitalismo, la destrucción del viejo mundo, con el fin de la cultura en general.

En los comienzos de la década de los años 20, el libro de Spengler afectó incluso a algunos elementos del Partido. El autor de este libro criticó la reaccionaria concepción histórico-filosófica de Spengler.

Al criticar la obra de Max Adler y de otros socialdemócratas alemanes, procuramos demostrar que, a semejanza de los rusos Bulgakov, Struve y Berdiáiev, los revisionistas alemanes, que se habían “desilusionado” del marxismo y de la ciencia en general, encontraron su salvación no [18] ya en la ética kantiana, sino simplemente en la religión. Después de traicionar al movimiento obrero, los socialistas de derecha declararon que no habían quebrado ellos sino cl marxismo, cl cual debía ser revisado en el espíritu de una concepción ética y religiosa del mundo.

Durante todo un período histórico la socialdemocracia alemana cumplió un “cordial acuerdo” con el centro católico dentro y fuera del Parlamento. Después de la primera guerra mundial se propuso establecer con aquél un vínculo más íntimo en el dominio de la ideología. Los ideólogos católicos afirman que la clase obrera había estado apartada hasta cese entonces de la religión porque la religión, la iglesia, se hallaba lejos del socialismo, de los obreros. Los revisionistas quieren “socializar” la religión y la iglesia, y los ideólogos católicos, “catolizar” el socialismo. La actitud hostil ante el marxismo une a unos y a otros.

Mi trabajo “El freudismo y la sociología” fue escrito en relación con la propaganda del freudismo que hacían los profesores Reisner, Variash y otros, a quienes había atraído el psicoanálisis de Freud. Una serie de camaradas como Variash procuraban sustituir el materialismo histórico de Marx por el psicoanálisis de Freud; algunos de ellos llegaron a afirmar que el propio Marx era un freudiano inconsciente antes de Freud. Esta teoría reaccionaria, que también había aparecido después de la primera guerra mundial, condenaba en esencia toda acción revolucionaria de la clase obrera contra el régimen existente, comparando esa acción con una “rebelión primitiva contra el padre”. La cuestión radicaba aquí en la fundamentación científica de que no era necesario actuar contra el poder burgués dominante, contra la autoridad estatal. Nosotros criticamos esta falsa orientación reaccionaria y podemos señalar con satisfacción que el freudismo desapareció en el horizonte en nuestro país.

El trabajo “Una nueva campaña contra el marxismo” fue dedicado a la crítica de los pronunciamientos revisionistas de de Man –ex socialdemócrata de izquierda y colaborador de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo–, que durante la guerra había caído en el pantano del socialpatriotismo, del freudismo y de la intuición bergsoniana.

Debe decirse que sólo una parte, y una parte muy pequeña, de estos trabajos integra la actual recopilación y compone su segunda sección, que lleva el título de “Crítica de las tendencias reaccionarias del pensamiento burgués”.

La tercera sección del libro tiene por objeto los problemas filosóficos de las ciencias naturales, de acuerdo con su elucidación por Engels. Todos los artículos que lo integran están dedicados a la “Dialéctica de la naturaleza” de Engels, que acababa de publicarse, y a la lucha contra la adulteración de la dialéctica principalmente por los mecanicistas. Esta sección está indisolublemente vinculada con la cuarta sección dedicada a la lucha contra los mecanicistas. Una serie de trabajos se publican aquí con reducciones importantes.

La quinta sección del libro, que lleva el título de “Lenin y el materialismo” se compone de cinco trabajos dedicados a los problemas de la herencia leninista así como a la actitud de la filosofía del materialismo dialéctico respecto a la filosofía de Hegel. [19]

La sexta sección del libro se compone de intervenciones relacionadas con cl décimo aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre y de un artículo publicado en “Pravda” el 10 de noviembre de 1929.

Todos los artículos antes enumerados abarcan, claro está, sólo una pequeña parte de lo que fue creado con los esfuerzos comunes de un gran grupo de trabajadores del frente ideológico en la década a la que pertenecen los trabajos publicados en las cuatro últimas secciones.

Basta examinar rápidamente las páginas de las revistas “Bolchevik”, “Bajo la Bandera del Marxismo”, “El Mensajero de la Academia Comunista”, las recopilaciones “El Materialista Militante” y “Anales del Marxismo” y echar una mirada a la vasta literatura de la década de los años 20 sobre filosofía marxista e historia de la filosofía para ver qué labor fue cumplida durante esos años en favor de la defensa y propaganda de la teoría del materialismo dialéctico.

Habiendo comenzado a erigir la ciencia en las condiciones de una aguda lucha ideológica, sólo con algunos libros sobre filosofía del marxismo que habían legado a ser una rareza, superando las difíciles condiciones del desbarajuste y luego las dificultades del período del restablecimiento, con una insuficiencia agudísima de cuadros calificados, los comunistas que trabajaban en el frente teórico llegaron al décimo aniversario de Octubre con grandes conquistas.

Los cuadros soviéticos del Partido y filosóficos, la sociedad soviética, recibieron la primera edición de las obras de Lenin (1921-1924), las importantísimas obras de Marx y Engels y las obras completas de Plejánov. El Instituto Marx-Engels se enriqueció con la valiosísima herencia manuscrita de los clásicos del marxismo. El primer título editado fue la “Dialéctica de la naturaleza” de Engels. En 1925 tuvo lugar otro destacado evento en el frente filosófico: se publicó el resumen leninista de “La ciencia de la lógica” de Hegel. A las armas de nuestra ciencia filosófica se incorporó el arsenal de las notables ideas de Engels y Lenin, lo que permitió elevar a un nuevo y más alto grado la elaboración de los problemas de la dialéctica materialista y asestar un golpe de muerte al mecanicismo.

La desaparición del jefe planteó con toda agudeza la tarea de desarrollar la herencia filosófica leninista; el Partido hizo un llamado a los trabajadores del frente teórico para que emprendieran la elaboración y propaganda sistemáticas de las obras leninistas. En los años 1924-1927 se publicaron en las revistas teóricas decenas de artículos dedicados al desarrollo de los problemas actuales del leninismo, recopilaciones especialmente consagradas a Lenin y en fin, monografías que explicaban unos u otros aspectos de la vida, la actividad y la labor teórica de nuestro jefe.

En ese período se trabajó intensamente en el desarrollo ulterior de la herencia de Marx y Engels. Se editaron muchos artículos y cartas de Marx y Engels aún desconocidos para el lector soviético; se plantearon problemas teóricos referentes a la más profunda comprensión de diversos aspectos del marxismo.

Finalmente, no se puede dejar de señalar los grandes éxitos conquistados por los filósofos soviéticos en el cumplimiento de las indicaciones [20] de Lenin acerca de la necesidad de difundir la herencia filosófica de Plejánov.

La revista “Bajo la bandera del marxismo” enfrentó los intentos de hacer penetrar la ideología burguesa en los medios marxistas; fue intransigente respecto a las vacilaciones ideológicas en nuestras filas. La lucha sistemática contra la ideología de la burguesía “vejista” rusa que procuraba levantar cabeza a principios de la década de los años 20, la lucha contra las tendencias idealistas de moda como el freudismo, el neokantismo, contra las ideas reaccionarias de Spengler, Bergson, Max Scheler y otros representantes de la filosofía burguesa reaccionaria, el desenmascaramiento consecuente de la filosofía machista, finalmente la lucha comenzada, ya en 1922, contra la revisión mecanicista de la teoría del materialismo histórico por parte de Bujarin y la posterior lucha contra el mecanicismo en el dominio de las ciencias naturales concretas –tales fueron las direcciones principales de la labor ideológica de la revista. Esta procuró ser el órgano de prensa del materialista militante, combatiente, que templaba nuestros cuadros teóricos en una lucha inconciliable y de principios contra todos los enemigos del marxismo, cualquiera que fuera la forma, oculta o manifiesta, en que lo atacaran.

En esos años los éxitos más significativos fueron conquistados indudablemente en dos dominios: en el desarrollo de la teoría del materialismo dialéctico y en la elaboración de los problemas de la historia de la filosofía. El artículo de Lenin “Sobre la significación del materialismo militante” había planteado la tarea de extender la metodología del materialismo dialéctico no sólo al dominio de las ciencias sociales donde, con la victoria de la clase obrera en nuestro país el materialismo dialéctico celebraba su grandioso triunfo, sino también a la esfera de las ciencias naturales. De aquí derivaba el problema, sumamente actual y complejo, de desarrollar la teoría del materialismo dialéctico, problema que en aquellos años debían resolver nuestros filósofos. Mientras que en los primeros años de este período tuvimos que poner el acento en la defensa de los principios materialistas fundamentales (el problema de la estructura de la materia, la teoría de la relatividad y el materialismo dialéctico, el darvinismo y el marxismo), posteriormente, debido al fortalecimiento del peligro significado por la revisión mecanicista de la filosofía del marxismo, el centro de gravedad se trasladó a la dialéctica materialista. La lucha adquirió en este campo un carácter extremadamente agudo y fue acompañada de grandes dificultades. Las innumerables acusaciones de “hegelianismo”, de “escolasticismo hegeliano”, etc. que los mecanicistas lanzaban en aquel entonces contra quienes luchaban por el planteamiento de los problemas actuales del materialismo dialéctico, estaban dirigidos en esencia contra el legado de Lenin, contra la campaña leninista por la unión del materialismo dialéctico y las ciencias naturales. La publicación de la “Dialéctica de la naturaleza” de Engels y el “Resumen de la Ciencia de la Lógica” de Lenin fue indudablemente un punto de viraje en esta lucha; esa publicación quitó toda esperanza a la existencia ulterior del agrupamiento revisionista mecanicista.

En esta lucha comenzaron a desarrollarse los problemas de la teoría de la dialéctica como ciencia con la concreción de sus tareas en los [21] tres dominios: la dialéctica de los procesos sociales, la dialéctica de la naturaleza y la dialéctica del proceso del conocimiento.

En la esfera de las ciencias sociales fue promovida, en oposición a la teoría del equilibrio mecanicista, la concepción marxista del “automovimiento” en tanto movimiento basado en el desenvolvimiento de las contradicciones internas, inmanentes.

En el dominio de las ciencias naturales se plantearon los problemas del carácter objetivo de las formas cualitativas en la naturaleza, de la concepción de las formas del movimiento como “cambio en general”. En la lucha contra los mecanicistas fueron desarrolladas las categorías de acción recíproca y causalidad, necesidad y casualidad, la adecuación a fines. el problema de los “nodos” y de los “saltos”.

En la esfera de la teoría del conocimiento se prestó atención especial a los problemas de la relación entre lo histórico y lo lógico, entre lo abstracto y lo concreto, a la relación entre la lógica formal y la dialéctica, etc.

Y, finalmente, debe señalarse la grande y fecunda labor realizada en estos años en la elaboración de la historia del materialismo y la historia de la dialéctica.

Como era dado esperar, los problemas de la tradición materialista en la historia de la filosofía fueron los más firmemente desarrollados desde el punto de vista teórico; se analizó la concepción del mundo de destacados pensadores del pasado tales como Demócrito, Meslier, Spinoza, Leroy, Diderot, Holbach, Helvecio, Rousseau, Toland, Feuerbach; la historia de la dialéctica en sus destacados representantes: Fichte, Kant, Hegel. Debe también señalarse la labor, comenzada en esos años, referente a la elaboración y propaganda de la historia del materialismo ruso.

La obra positiva realizada en la década de los años 20 no debe hacer olvidar sin embargo las grandes insuficiencias en cl trabajo del frente filosófico a las que fuera dedicada la conocida disposición del Comité Central del PCUS del 25 de noviembre de 3931 acerca de la revista “Bajo la Bandera del Marxismo”.

Las históricas resoluciones del XX Congreso del Partido determinaron un viraje radical en todo nuestro trabajo ideológico; surgió, en particular, la urgente necesidad de desarrollar profundamente la historia de nuestra filosofía soviética en el período de más de cuarenta años de poder soviético. El autor de estas líneas cree que la actitud crítica respecto a la herencia del pasado, la conservación de todo lo positivo y valioso conquistado antes en el dominio de la labor teórica, la crítica de principios y creadora a lo que había adolecido de insuficiencias, será indudablemente uno de los principales estímulos para el auge de la labor teórica, para la creación de la historia de la filosofía soviética. Si esta recopilación ayuda en alguna medida al cumplimiento de estas tareas, el autor considerará realizado su propósito.

Desde la época en que el autor de la presente recopilación comenzó las primeras luchas por el materialismo dialéctico, la filosofía marxista ha recorrido un gran camino de desarrollo. Desde cl punto de vista del estado actual de la ciencia, algunas tesis, particularmente en los artículos escritos en los primeros años de este siglo y que fueran publicados [22] antes de la aparición del “Materialismo y empiriocriticismo” de Lenin necesitarían complementaciones esenciales e incluso ser reelaborados. Algunas fórmulas envejecidas de estos artículos, incluido mi trabajo “El materialismo dialéctico”, al cual Lenin hizo observaciones, fueron corregidas por el autor en la presente edición, haciendo las correspondientes aclaraciones en el texto. Finalmente, algunos problemas de la filosofía marxista que no habían sido suficientemente desarrollados en mis trabajos de ese período, fueron reelaborados posteriormente por mí. La publicación de mis trabajos de los años 40 y 50 llena en cierta medida esa laguna.

Pero no me he creído con el derecho a reelaborar de un modo radical todos mis artículos anteriores y “elevarlos”, a posteriori, hasta el nivel de la ciencia actual. Las opiniones del autor de la presente recopilación han seguido una determinada evolución a la par con el desarrollo de la ciencia filosófica soviética y la recopilación refleja este hecho.

Nunca he considerado que mi obra no tenga fallas y si en ella hay errores deben ser el objeto de una crítica de principios y fraternal. Pero bien decía Vladímir llich: Únicamente quien no hace nada, no se equivoca. Con la conciencia limpia puedo asegurar al lector que en mi actividad siempre he procurado seguir las indicaciones de Lenin y de nuestro Partido, que a lo largo de toda mi vida consciente siempre he sido fiel al grande y sagrado ideal del socialismo y el comunismo, que durante mis 55 años de actividad científica y literaria he luchado por el materialismo dialéctico. Entre mis trabajos no hay uno solo que no esté dedicado a la propaganda del materialismo dialéctico, a la crítica del revisionismo y a la lucha contra la ideología burguesa.

Abram Deborin

11/VII/1960.




{1} V. I. Lenin, “Obras Completas”, t, XVII, pág. 43; t. XVI, pág. 106.

{2} Ver V. I. Lenin, “Obras Completas”, ed. cit., t. XXXIII, pág. 209.

{3} Ibíd., pág. 210.

{4} Ibíd., pág. 214.

{5} Ibíd., pág. 215.

{6} Ibíd., pág. 214.

{7} “Bajo la Bandera del Marxismo”, 1924, Nº 1.

{8} Enchmen, “Dieciocho tesis sobre la «teoría de la nueva biología»”, 1920. “La teoría de la nueva biología y el marxismo”, 1923.

{9} “El PCUS en las resoluciones y decisiones de los congresos, conferencias y plenos del Comité Central”, I parte, págs. 735-736.

{10} Recopilación, “El materialista militante”, 1924, Nº 1.

{11} “Bajo la Bandera del Marxismo”, 1928, Nº 12, pág. 217.