Director: Gabriel S. Moreau
Red. y Admin: Viamonte 791, Buenos Aires
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Este Boletín aparece el 20 de cada mes
“Renovación”
Animados por los ideales propios de la nueva era que los pueblos han entrado a vivir después de la gran guerra, un grupo de estudiantes universitarios hemos resuelto dar a luz “Renovación”; su título desea expresar que ella tiende a traducir el pensamiento de la nueva generación, insatisfecha de las orientaciones ideológicas que han primado hasta ahora en la América Latina y anhelosa de anteponer la preparación del porvenir al aprovechamiento del pasado.
El primer signo de esa nueva conciencia social que comienza a formarse en la juventud han sido los diversos movimientos de renovación universitaria extendidos ya a varios países; y si es verdad que ese espíritu nuevo ha sufrido algunos desfallecimientos por la intrusión de factores políticos, no lo es menos que doquiera persiste la inquietud renovadora que lo aureoló en su eclosión inicial.
Queremos, en primer término, poner los valores intelectuales de nuestras respectivas nacionalidades, y de la entera América Latina, en el alto plano que a nuestro juicio merecen, por encima de los valores meramente políticos, financieros o tradicionales; lo consideramos indispensable en la presente hora de renovación mundial. Los pueblos, ha escrito Anatole France, necesitan hoy de guías idealistas y de juventudes capaces de acción, para afrontar con ánimo nuevo y optimista los problemas de todo orden, que plantea el presente y que multiplicará el porvenir inmediato.
Amantes de nuestra nacionalidad, la deseamos, como argentinos, tan grande por sus valores morales que nos sintamos dichosos de pertenecer a ella. Pero al mismo tiempo, como latino-americanos, miramos con fraternal cariño a todas las nacionalidades de la América Latina, con la esperanza de que un acercamiento progresivo nos aproxime al ideal de unión, solidaridad y federación continental que fue el sueño de nuestros mayores, asociando en una grandiosa nacionalidad común a todos los pueblos que tienen análogos orígenes, desenvolvimiento y porvenir.
A esa obra, digna de interesar a la nueva generación de todo nuestro continente, sólo podemos contribuir por ahora con una labor ideológica, procurando establecer un intercambio informativo sobre lo que atañe al movimiento intelectual en los países latinoamericanos, no sólo en lo literario, sino también en lo político y social.
Dispuestos a simpatizar con toda iniciativa que desde Méjico y Cuba hasta el Cabo de Hornos, exprese un despertar de la nueva generación, le ofrecemos anticipadamente nuestro apoyo, así como esperamos el concurso intelectual y material de todos los que crean nuestro esfuerzo.
Cumplimos con un deber de gratitud declarando que la más activa y desinteresada empresa editorial del continente nos ha permitido asegurar la vida de esta hoja periódica, acordándonos el principal renglón de su publicidad, movida a tan bello gesto por el deseo de contribuir al éxito de nuestras aspiraciones.
Por el grupo editor:
Gabriel S. Moreau.
Julio Barreda Lynch. [= José Ingenieros]
Luis Campos Aguirre. [= Aníbal Ponce]
En Bolivia se persigue a la Federación de Estudiantes
Prisiones y Deportaciones
La Federación de Estudiantes de Santiago de Chile, con fecha 30 de Noviembre de 1922, ha pasado a las federaciones similares de América, la siguiente circular, cuya reproducción nos exime de todo comentario.
“La libre manifestación de las ideas conquistadas en cruenta lucha con seculares poderes reaccionarios, ha sido una vez más, desconocida en nuestra América. El silencio de una prensa sumisa siempre al dictado de los altos intereses, y, por otra parte, el ejercicio arbitrario de la censura internacional, habían mantenido oculta la angustiosa situación por que atraviesan los estudiantes libres de Bolivia. Y hoy que por múltiples y verídicos conductos es conocida, la Federación de Estudiantes de Chile, se apresura a hacer sentir su más fervorosa protesta al denunciar a la juventud del Continente, que en Bolivia se encarcela, se persigue y se destierra a los estudiantes que, inconformes con las autoridades constituidas, han tenido la nobleza viril de expresar públicamente sus convicciones.
“Cúmplenos manifestar, para mayor justeza en los juicio y apreciaciones que se establezcan, que no consideramos al adoptar nuestra actitud condenatoria las particulares doctrinas que hayan sido objeto de impugnación y causa de los denunciados ataques contra la libertad y la humanidad. Nos basta que los afectados sean estudiantes, para sentirnos unidos a ellos por la fraternidad de la acción y la simpatía solidaria de nuestra juventud. En caso como el que nos ocupa, todo silencio significa para nosotros complicidad. Por eso aunque nuestro grito resuene tardíamente para evitar la consumación lamentable de la iniquidad, servirá para dar a entender a los que aún ejecutan la violencia y la coerción sistemática con las doctrinas contrarias a sus intereses deleznables de bandería, cual es el juicio que sus vejámenes merecen a los espíritus libres del Continente.
“Por el delito de hacer declaraciones decisivas y rotundas ha sido disuelta la Federación de Estudiantes de Bolivia y Hugo Montes, Genaro Mariaca y Teddy Hartmannn, presidente y vicepresidentes de la institución, se encuentran confinados en el interior de la República; por el delito de opinar, sufren encarcelados como vulgares delincuentes los más distinguidos dirigentes estudiantiles y más de veinte federados, por el delito de ser dignos, y citamos este caso como una muestra de los procedimientos del Sr. Saavedra.
La Reforma universitaria y su corrupción por la política
Con motivo de irregularidades en el nombramiento de catedráticos universitarios, el Centro de Estudiantes de Medicina ha publicado un manifiesto que consigna hechos dignos de ser conocidos, por cuanto revelan el peligro que corren las más loables iniciativas si se deja filtrar en ellas el virus corrosivo de la política. Los siguientes párrafos del manifiesto expresan una triste verdad, que consignamos con legítimo pesar. Justo es, que acojamos las siguientes viriles palabras en que la juventud protesta de las bajas realidades a que la han reducido las influencias políticas.
“Bien sabemos, que la Reforma era un principio que se venía gestando en la conciencia universitaria del país desde hace muchos años, y nadie puede negar que han sido las fuerzas estudiantiles organizadas las que han contribuido a imponerla como una necesaria renovación. Pero en todo momento los ideales de esta renovación así engendrada en las aspiraciones estudiantiles, tenían los atributos de la sinceridad y la noble aspiración de hacer que la Universidad, como órgano de cultura social, marcara un progreso en su vida y en sus tendencias.
“La Reforma –a la cual el P. E. en su último decreto se refiere– no ha sido hecha para que se la manoseara y se la usufructuara tan bastardamente; la Reforma universitaria, no ha sido hecha para que con ella se satisficieran compromisos políticos, y se ubicaran a los amigos del gobierno, que ojalá hubieran sido hombres de talento y de altura moral, como para convertirse en maestros de la juventud argentina.
“Queremos los estudiantes de medicina declarar con todo empeño que hay dos reformas universitarias: una, la verdadera, la que implica una forma de evolución progresista en el sistema, en el régimen y en las tendencias de las universidades del país; la otra, la falsa reforma, la reforma “oficial”, la reforma del actual gobierno. La primera la debemos sostener siempre con toda franqueza y con toda altivez, porque ella es hija de saludables inspiraciones y aspira a un perfeccionamiento institucional; la segunda, debemos condenarla, repudiarla y combatirla con todos nuestros recursos, porque tiene todos los vicios de la camandulería politiquera.
“La verdadera reforma consagra la autonomía universitaria, principio elemental, indispensable para mantener la independencia de acción de la más alta institución del Estado, para asegurar de este modo la libre discusión de todas las doctrinas, y el estudio de los problemas científicos y sociales al abrigo de toda contaminación de la política militante. Esta autonomía permite que los hombres de estudio, que no pueden tener siempre amigos en el gobierno, estén garantidos en su bienestar y en su obra. De tal modo, la Ciencia tiene el amparo que antes los príncipes y los sacerdotes le impedían para prostituirla y hacerla servir a sus intereses.
“La otra, reforma, la oficial, la del P. E., consiste y se caracteriza precisamente por la violación de este principio de autonomía. Hemos asistido a la comprobación de los hechos más bochornosos: porque, hemos visto los hombres más incapaces, los más amorales, los más inútiles, pero grandes caudillos, interviniendo en la dirección de las cosas de la Universidad y ahí está –como un ejemplo– ante los ojos de todos y para vergüenza de la cultura argentina, el caso de la Universidad del Litoral, donde ha primado el criterio de comité en la designación de autoridades y de profesores. Es precisamente un título que luce el doctor Agudo Ávila, médico del presidente, al considerarse organizador de la Facultad de Medicina de aquella Universidad.
“Esta intromisión tan abierta y desgraciada de la política militante en los órganos de la cultura superior ha engendrado conflictos vergonzosos y ha producido una relajación en los resortes más importantes de todo gobierno, cual es el estado de la instrucción pública.
“En nombre de la verdadera Reforma y de sus sanos principios, protestamos enérgicamente contra esa otra reforma auspiciada por los manejos oficiales, que se cabildea en los gabinetes ministeriales y se sanciona con el gauchesco poderío de los caudillos políticos.”
Enrique Molina
Tiempos de Renovación
El ilustre Rector de la Universidad de Concepción (Chile) nos brinda la primicia de sus interesantes reflexiones sobre José Vasconcelos y la regeneración del pueblo mexicano por medio de la educación.

Nuevos ideales agitan a la humanidad
Ya son tiempos remotos aquellos en que la civilización primitiva e incipiente era flor precaria de las orillas de un río fecundante o de una meseta feraz, y en que un pueblo privilegiado, encerrado entre sus montañas, se consideraba el único señor de la tierra e ignoraba hasta la existencia de algún no lejano vecino tan poderoso como él.
Hoy día la civilización es mundial. Las palpitaciones del universo social se sienten, de una manera casi instantánea; doquiera late un corazón humano.
Ningún punto del globo se ha substraído a las consecuencias de la gran guerra y en todas partes ha quedado un temblor de ansiedad después de la catástrofe.
Nuestra época tiene la intranquilidad de los tiempos mesiánicos. Se anda en busca de algo nuevo, se espera algo nuevo. Vive también en medio de trágicas incertidumbres y se entrechocan las más encontradas tendencias.
Los fariseos de los ideales tradicionales tratan de infundir a éstos nueva vida por medio de la fuerza o del peso de la masa de las muchedumbres. Los apóstoles de los ideales de renovación confían en la virtud alada y comunicativa del espíritu, en la experiencia, en la luz convincente de la razón, en la sed de justicia que tortura las almas de los buenos y en la necesidad de aplacar el dolor.
El término de la gran guerra puso en los corazones superiores, no sujetos a las tiránicas exigencias de la política y de odios atávicos, un grande anhelo único: encontrar la manera de concluir con los horrores indescriptibles de las luchas armadas, y de traer por fin para la humanidad el reinado de la paz, ideales, que obstinadamente sustenta el espíritu como preconcepción del solo porvenir verdadero. En la persecución de estas finalidades no ha habido únicamente el afán de realizar los dictados de un amor quimérico, no; ha palpitado la angustia de salvar de nuestra civilización lo que tiene de bueno, que las inteligencias más clarividentes, han visto hundirse, ven hundirse, arrastrando en su caída, junto con las injusticias e iniquidades, que en buena hora desaparecerían, tesoros de cultura que se perderían para siempre o que los hombres tardarían siglos de siglos en recuperar.
Fuera de los anhelos de paz universal, la sangre de los millones de hombres caídos en la guerra regó y abonó el surco de las reivindicaciones obreras y el de las aspiraciones de igualdad de la mujer.
Los tiempos son de renovación
A nuestras apartadas playas de Chile han llegado también las hondas consecuencias del conflicto, a veces amortiguadas por la distancia, pero en toda su intensidad en el orden económico. Este hecho constituye para nosotros un argumento irrefragable de que no es posible concebir hoy la nacionalidad sino en armonía ronda humanidad.
Pero, al parecer, ningún otro pueblo se halla empeñado en la hora presente, como el de Méjico, en una obra tan gigantesca de renovación. Han actuado ahí, sin duda, la situación general del mundo y circunstancias peculiares de su historia interna. La noble nación mejicana ha tenido, en verdad, un destino trágico; pero se me representa ese destino como la vida de un héroe bravío, rebelde, indomable, que no se ha resignado a una existencia apacible y sin luchas, pagada con algunos girones de su libertad, moldeada sólo por las circunstancias y tradiciones, sin intervención de su voluntad, sino que ha combatido hasta hacer su vida cómo Él ha querido, vida trágica, pero vida “suya”, con personalidad propia, de intenso dinamismo, y coronada al fin por una aurora de progreso y una gloriosa paz.
Ha conquistado entre otras cosas ese pueblo heroico la libertad más completa de decir la verdad; ha combatido los latifundios para favorecer la formación de la pequeña propiedad, y, por sobre todo, se encuentra empeñado en la labor educacional de proporciones más vastas de que haya memoria, no sólo en la América sino en cualquiera parte del mundo. Se ha recurrido a todo procedimiento para educar y regenerar a las clases bajas ignorantes, abandonadas por gobiernos anteriores, y para levantar en un movimiento de entusiasmo fervoroso a la nación entera. Reorganización de la Universidad, fundación de escuelas, alimentación de los niños pobres por cuenta del Estado, creación de profesores honorarios que vayan a emprender una cruzada voluntaria extirpadora del analfabetismo: he aquí algunas de las primeras cosas hechas. Entre los profesores honorarios se designan jefes de manzanas para que dirijan la campaña contra los analfabetos como quien ataca focos de infección en tiempos de epidemia.
Luego han venido las bibliotecas públicas difundidas ampliamente. Se funda la excelente revista de vulgarización científica, literaria y pedagógica “El Maestro”. Se empiezan a hacer por el Gobierno y la Universidad ediciones baratísimas de las obras clásicas antiguas y modernas de mayor importancia, para que lleguen a las manos de todos los ciudadanos. Ya han salido a luz obras de Homero, de Platón y de Eurípides.
Nacionalismo continental
Como resortes poderosos de este movimiento encontramos el amor a la patria y el amor a la raza hispano-americana. En términos brillantes y valientes nos ha presentado el distinguido ministro de aquel país, señor Trejo Lerdo de Tejada, el cuadro del nacionalismo mejicano. No quieren los mejicanos europeísmos a la pega. Se estimula el mantenimiento y cultivo de todo lo que es de la tierra y de la sangre de Anahuac. La alfarería indígena y las telas de brillantes colores, tejidas por los indios o los mestizos, suministran los mejores adornos interiores de las habitaciones. Las clases altas usan el traje genuinamente popular en reuniones sociales y actos públicos. Se conservan y estilizan, como una preciosa herencia, los innumerables monumentos arquitectónicos dejados por los aztecas y la colonia. En fábricas subvencionadas por el Gobierno se hacen admirables vaciados y reproducciones de obras de arte de la época precortesiana y del periodo colonial, que se venden a precios muy reducidos para ponerlos al alcance de todo el mundo. En Méjico, –lo que será motivo de no poca sorpresa para nosotros,– hasta la música que se ejecuta ordinariamente es nacional. No se quieren diletantismos extranjeros, sino arte indígena y criollo.
Este intenso nacionalismo se armoniza con el sentimiento del más puro latino-americanismo. Da fe de esta orientación del alma mejicana el conceptuoso escudo de la Universidad Nacional de Méjico, adoptado durante el rectorado del señor José Vasconcelos. En el campo del escudo se diseña el mapa de la América Latina, desde el río Grande o Bravo del Norte hasta el Cabo de Hornos. Como aves heráldicas se yerguen a un lado el águila mejicana y al otro el cóndor andino. Rodeando el escudo se lee como lema: “Por mi raza hablará el espíritu”.
¡Hermoso simbolismo y bella, leyenda! El espíritu: esto es, lo que ha de ser, las potencialidades del porvenir, hablarán por nuestra raza. Es la aceptación de las esperanzas redentoras puestas por la humanidad en nuestra estirpe. ¡Cuánta unción mística, cuánta intuición panteísta revelan además esas palabras!
Todo hispano-americano debe mirar con cariño ese escudo y sentir gratitud hacia el hombre que lo ideó.
El portavoz de la renovación mejicana
Hombre representativo y uno de los conductores del actual movimiento mejicano es el señor Vasconcelos.
Pensador de una vasta cultura, ha ahondado en los secretos de las civilizaciones clásicas más originales y de más valor, como son la griega y la india. Así lo indican sus obras “Estudios indostánicos” y “Pitágoras”. Ha escrito, además, “Monismo estético”. Ha penetrado en la obra del Dante con la maestría de un especialista y la intuición de un filósofo inspirado.
Su labor, como rector de la Universidad y como ministro de Educación, ha sido múltiple. A todo ha prestado su atención infatigable: desde planear leyes de reforma orgánica hasta lanzar proclamas razonadas a los jóvenes sobre de qué autores deben hacer sus lecturas favoritas. Ha recomendado especialmente a Romain Rolland, Pérez Galdós y Tolstoy, como portavoces del más alto evangelio humano de amor a la vida, de bondad y de justicia.
El amor a la raza del señor Vasconcelos no se reduce a meras declaraciones en ceremonias oficiales, ni es tan sólo contemplativo de glorias pasadas y de una tradición estática. Es activo, dinámico, constructivo. “Veneremos las glorias del pasado, ha dicho; pero nuestra raza no está muerta, y por lo mismo no debe bastarle con el pasado; no sólo no está muerta, sino que tiene plena confianza de que sus días mejores han de cumplirse en el porvenir”. Condición precisa de este porvenir es la libertad. “Ningún día es glorioso si no lo alumbra la libertad”. Como amor espiritual que es el de la raza, esta libertad ha de ir a fecundar sobre todo la vida del pensamiento y la de ese tesoro común que es la más rica herencia de nuestra prosaica española, nuestra lengua.
No vacilo en decir que el señor Vasconcelos por sus obras, sus discursos, y principalmente por su acción henchida de fe, es en estos momentos el primer educador de la América Latina.
Vasconcelos en Chile
Este hombre ilustre, cuya grandeza y valor moral tienen irradiaciones edificantes, ha pasado por Santiago de Chile suscitando escándalos en ciertos elementos.
Este hombre, que ha buscado con su amplio pensamiento en las tribulaciones de Pitágoras y de Platón, de Buda, Jesús y el Dante; que ha sabido, encontrar en todo el haz del planeta, fuera de los oropeles oficiales, los vínculos de la más noble confraternidad espiritual desde nuestra Gabriela Mistral hasta Romain Rolland, ha sido tratado con hostilidad arisca por ciertas mentalidades. No quieren evolucionar y no son capaces de comprender y tolerar la evolución de los demás.
No hay que buscar en vanos detalles la razón de la alarma provocada por el señor Vasconcelos.
Dejemos a un lado sus expresiones relativas al ejército, que él ha explicado satisfactoriamente. Su internacionalismo no es para inquietar a nadie en estos tiempos en que existe una Liga de las Naciones, una Unión-Panamericana, en que se habla de una Liga de las Naciones del Nuevo Mundo, y en que el conocido escritor inglés H. G. Wells ha lanzado la idea de organizar el Estado Mundial como única manera de salvar a nuestra civilización de una catástrofe irreparable. Nuestro reputado jurisconsulto Alejandro Álvarez ha sustentado también, si mal no recuerdo, en publicaciones recientes, la idea del Estado Mundial. Además, el internacionalismo del señor Vasconcelos, a juzgar por todas sus manifestaciones, se reduce principalmente a los pueblos hispano-americanos y no se halla reñido con el mantenimiento de la individualidad de la patria. ¿Cómo podría ser de otra manera cuando se han visto las proporciones que reviste el nacionalismo en Méjico?
Internacionalismo significa pacifismo
No interpreto el internacionalismo, según al parecer lo hacen los alarmistas, como la devoración de las patrias por un monstruo que sería la humanidad. Este monstruo como tal no existe y aquel proceso sería desagradable, contrario a muchos sentimientos e impracticable. El internacionalismo no es más que la preparación de los espíritus para que sean una realidad esas mismas ligas o uniones de naciones, ya del mundo, ya americanas, ya latino-americanas, que todos los gobiernos y todos los políticos aceptan como una posibilidad que se puede entrar a discutir. El internacionalismo no es más que otra manera de expresar el anhelo de la paz del continente, de que tanto se habla, y el anhelo de paz universal, que fue, como hemos visto, una aspiración general después de los horrores de la gran guerra. No es más que otra manera de indicar la confraternidad entre naciones hermanas, de que tanto alarde hacemos cada vez que la ocasión se presenta. El internacionalismo no es más que la preparación de la opinión para que sean un hecho las limitaciones de armamentos que las grandes potencias iniciaron con éxito en Washington y que propician nuestro Gobierno y otros en el Nuevo Mundo, movidos por un justo deseo de mayor felicidad humana y para no hundirse más en la bancarrota.
¿Por qué escandalizarse, entonces?
No se diga que el señor Vasconcelos es revolucionario; es un político filósofo, es el apóstol de la regeneración de su pueblo por medio de la educación. Lo que ha escandalizado en el pensador mejicano es el soplo de innovación que lo anima.
Pero tal es la verdadera vida del espíritu. Su esencia es el sondear incesante de nuevos horizontes. Se podría afirmar que este afán fuera del amor, constituye la única realización posible del espíritu mismo. Decir que se ama la libertad, la verdad y la justicia, y considerarlas al propio tiempo como las expresiones de conquistas definitivas que no admiten mejoramientos, de conceptos intangibles que no cabe alterar, es venerar lápidas y cadenas del alma. El idealismo verdadero es el idealismo investigador y creador. Este es el que alienta el alma del señor Vasconcelos. El hombre público mejicano es un místico cruzado del ideal y de la raza. La nave de su personalidad y la de su pueblo avanzan propulsadas por los buenos alisios de la renovación.
Playas de un nuevo mundo las esperan.
Mi campaña Hispano-Americana
por Manuel Ugarte
Nuestro Continente es como una naranja, dividida en su interior en compartimentos, en células, en cascos separados por membranas transparentes. Cada fragmento puede tener una vida autónoma, pero si le quitamos a la naranja el tejido solidario que la envuelve y la preserva, la exponemos a la inmediata descomposición.
Las agrupaciones que reposan sobre un matiz racial son intrínsecamente imborrables, pero esa es precisamente la situación más trágica, porque como por su propia composición no pueden confundirse con la fuerza que las dobla, como hay un obstáculo infranqueable a la refundición, como no se transforman los resortes íntimos, se ven obligadas, llegando el caso, a rebotar entre dos imposibles y a seguir siendo diferentes bajo la dominación que les impide ser autónomas, como en pie, que conserva su forma y dimensiones a pesar del zapato que lo tortura.
Esta imposibilidad final tiene que llevar al paroxismo nuestra ansia de mantener en todos los campos la integridad de nuestro grupo. Es necesario manufacturar los productos del suelo, hacer valer la riqueza, libertarnos gradualmente y de una manera insensible de la tiranía del capital, de las importaciones y de los técnicos extraños. Es indispensable que aprendamos a ser los directores y los dueños de nuestra propia vida, haciendo surgir del conjunto las energías necesarias para despertar y poner en movimiento las riquezas que nos circundan. Y urge, en fin, que modifiquemos las costumbres políticas, que nos hacen pasar ante los extraños como multitudes amorfas, incapaces de dirigirse.
Las ventajas aleatorias que retiramos del trato con nuestros adversarios nos debilitan y nos maniatan definitivamente. Prosperará quizá la ciudad en lo que tiene de material y de tangible, florecerán acaso los negocios, se levantará una espuma pasajera, de riqueza, pero las verdaderas realidades, lo que nos distingue y nos sitúa, la lengua, el origen, las costumbres, la fidelidad al grupo de que formamos parte, todo lo que compone nuestro patrimonio superior perecerá en el vértigo y seremos como esas mujeres tan ambiciosas como ilusas que creyeron alcanzar la felicidad casándose con un rico y que palidecen y se agostan en medio de su esplendor, porque enajenaron lo que vale más que todos los tesoros, el corazón y la libertad.
Los problemas de la América Latina
El ilustre Varona responde a una encuesta
La revista “Repertorio Americano”, que con tacto singular edita, en San José de Costa Rica, Don J. García Monge, ha circulado entre varios eminentes escritores de nuestra América la siguiente encuesta:
“1.º ¿Cree Vd. que la enseñanza debe unificarse, con determinados propósitos raciales, en los países latinos nuestra América?
“2.º ¿Cree Vd., asimismo, en la necesidad de comunizar, hasta cierto punto, las constituciones de nuestras repúblicas?
“3.º ¿Estima Vd. conveniente que se haga un gran esfuerzo por orientar nuestros intereses económicos, hacia determinados rumbos, con propósitos diplomáticos defensivos?
“4.º ¿Qué se podría empezar a hacer para estrechar nuestras relaciones económicas internacionales?
“5.º ¿Qué nuevos principios nacionalizadores aconseja Vd. a la intelectualidad de América?
“6.º ¿Estima Vd. prudente que nuestra América latina tome una actitud determinada en su enseñanza, en sus leyes, en su economía, en su producción espiritual ante el caso de los Estados Unidos del Norte?”.
La primera de las respuestas publicadas es la del venerado pensador cubano Enrique José Varona, que reproducimos a continuación:
He recibido el cuestionario que se han servido dirigirme. El noble propósito de ustedes, al proponer tan vasto plan de estudio a los escritores de nuestro origen, no puede menos de interesarme; aunque no acierte, ni con mucho, a abarcarlo en su integridad.
He vivido tanto, y he sido testigo de tan profundos cambios en la manera de pensar y actuar de las grandes naciones del mundo, que he llegado a desconfiar de mis propias opiniones en lo que se refieren a los problemas sociales. Empiezo por esta confesión, para que ustedes disimulen la vaguedad de que adolezcan mis conclusiones.
La estructura actual del grupo de pueblos a que pertenecemos ha sufrido en estos últimos ochenta años las sacudidas más tremendas, y está siendo blanco de continuados embates. Más tarde o temprano se han de presentar, a todos los mismos conflictos; porque en todos hay numerosos elementos que no están conformes con su organización presente. Los obreros, que se reconocen fundamentalmente unos a través de las fronteras, aspiran en cada país a cambiar del modo más radical sus instituciones.
A mis ojos esta cuestión las domina a todas; porque según el cauce que su resolución haga tomar a los asuntos públicos, así se ha de orientar cuanto concierne a la educación, a la legislación, al gobierno, al comercio de productos y de ideas, y a las relaciones internacionales. Como ustedes ven, sólo me refiero a los puntos que más especialmente señala su encuesta.
Desde luego esto no significa que no vivamos en el presente, y que no hayamos de atender con cuidado a las interrogaciones que ese presente nos haga, para contestarlas aunque sea de un modo provisional. ¿Acaso no estamos siempre en lo provisional? Lo más trágico de la existencia de las sociedades es que el hombre escribe sus códigos y elabora sus instituciones soñándolos duraderos; y apenas los promulga, empiezan a ser modificados. ¿Cuántas enmiendas ha sufrido en poco más de un siglo la constitución de los Estados Unidos? ¿Y cuántas enmiendas a la más importante de ellas no han introducido, en algunos de sus estados, la pasión y la inquina de unos ciudadanos contra otros?
Hoy por hoy las naciones de la América latina tienen delante, como incógnita formidable, el imperialismo yankee. Este constituye para algunas una amenaza, para todas un problema. Natural es que ustedes, colocados, como nosotros los cubanos, en el primer grupo, traten de buscar los medios de resistencia y de defensa.
Veamos algunos; porque a todos nos interesa.
Con excepción del Brasil, estos pueblos poseen el más poderoso instrumento de unificación mental: el idioma. Debemos a toda costa hacer el más amplio uso de él. No sólo podemos utilizar las legaciones y los consulados, para fomentar el intercambio de periódicos, folletos, libros, grabados y demás formas de reproducción del pensamiento, sino que nos convendría establecer en cada país una junta de literatos, artistas y hombree de larga vista intelectual, encargada de activar esas importantes relaciones.
Antes del desquiciamiento producido por la gran guerra, el mundo de occidente se había acostumbrado a que las naciones se tendieran la mano a través de los mares y de las fronteras naturales o artificiales. Se multiplicaban las uniones postales, las telegráficas y radiotelegráficas, las sanitarias, las destinadas a la protección literaria y artística y a la de la propiedad industrial. Se procuraba la unificación del derecho marítimo; se tendía a dar cuerpo al derecho internacional privado; se establecía un instituto internacional agrícola. Apenas pasaba año sin que se concertara algún tratado de arbitraje permanente.
En este glorioso movimiento de civilización la parte de las naciones latino-americanas fue considerable y a veces preponderante. Nada se opone, antes bien me parece una gran necesidad, a que esa tendencia se acentúe e intensifique entre ellas; a semejanza de lo que pasó en 1911 en el congreso sudamericano de los ferrocarriles y en el congreso postal sudamericano.
A medida que se recojan los frutos de esta mancomunidad de intereses intelectuales, morales y prácticos, toda la parte realizable del programa de ustedes, o de otros semejantes, tenderá naturalmente a encarnarse, dentro de cada nación, en instituciones que harán a nuestros pueblos sentirse más seguros e ir con más confianza hacia lo porvenir.
Como ustedes observarán, procuro fortalecer y estrechar los vínculos humanos; y no me cuido tanto de los meramente políticos. Esto depende de que, personalmente, recelo de las vastas aglomeraciones bajo un solo gobierno, y soy partidario de la multiplicación de los pequeños estados.
Bases para constituir la Unión Latino Americana
por Luis Campos Aguirre [ = Aníbal Ponce ]
Interpretando las ideas del “Grupo Renovación” hemos redactado las siguientes bases que sometemos a la consideración de los escritores de la América Latina. ¿El pensamiento es viable? Esperamos el comentario y la respuesta.
La “Unión Latino Americana”
Desea coordinar la noción de los escritores, intelectuales y maestros de la América Latina, para desenvolver en los pueblos una nueva conciencia de los intereses nacionales y continentales, como fase preliminar de una progresiva compenetración política, económica y moral, que los encamine hacia una Confederación que garantice su independencia y soberanía contra el imperialismo de los Estados capitalistas extranjeros.
Simpatiza con toda renovación ideológica que tienda a capacitar a los pueblos de la América para el ejercicio de la soberanía popular, difundiendo la instrucción pública e impregnándola de ideales éticos superiores, perfeccionando las formas representativas de las instituciones políticas republicanas, experimentando reformas económicas inspiradas por anhelos de justicia social.
Auspicia la creación sucesiva de entidades jurídicas, económicas e intelectuales; de carácter latino-americano, que sirvan de sólidas bases para el acercamiento espiritual y la solidaridad política.
Repudia toda política financiera que limite la soberanía nacional o comprometa para el futuro la independencia de los pueblos, y en particular la contratación de empréstitos que consientan o justifiquen la intervención coercitiva de Estados capitalistas extranjeros en la política nacional e internacional de la América Latina.
Declara, expresamente, que no tiene vinculación alguna, oficial ni oficiosa, con los gobiernos latino-americanos, a fin de conservar entera libertad de opinión sobre la política imperialista de los Estados extranjeros que constituyan un peligro para la libertad de los pueblos de la América Latina.
En México se organizan los elementos conservadores bajo el nombre de “fascistas”
Desde hace algún tiempo ciertas agencias telegráficas al servicio del capitalismo norteamericano circulan telegramas destinados a perjudicar al gobierno de Méjico y a inflar la importancia de todo lo que sea obra de sus enemigos políticos internos. Entre esas noticias se destacan las que se refieren a una organización partidaria de la violencia y de la acción directa, cuya eficacia ha probado el fascismo en Italia, en cuanto ha contado con la cooperación del capital, de la gran prensa, de la policía, del ejército, de la justicia y de los múltiples engranajes del Estado.
Parecería difícil que en Méjico prosperasen asociaciones ilegales de esta índole, pues allí no parecen contar con la complicidad del gobierno y aun se diría que están organizándose contra él. Sin embargo, en “La Nación” del 25 de diciembre leemos la siguiente información circulada por la agencia Associated: “El movimiento fascista que se inició en Jalapa hace algunos meses, y que ha sido ridiculizado, creyéndose que no tenía ninguna importancia, ha progresado tanto en las últimas semanas que los altos funcionarios del gobierno lo reconocen como un importante factor político.
“En el cuartel general fascista de esta capital se informa que diariamente llegan adhesiones de centenares de nuevos afiliados, y que se están haciendo toda clase de preparativos para la Convención, que tendrá lugar en la segunda semana de enero próximo, en la que estarán representados todos los Estados mejicanos”.
El carácter nacionalista y patriótico invocado por los fascistas mejicanos sugiere, a primera vista, que podría tratarse de una resistencia organizada contra el capitalismo imperialista extranjero que, en Méjico como en toda nuestra América Latina, constituye un serio peligro contra la independencia económica y política de los pueblos. No se trata, sin embargo, de ese noble y patriótico nacionalismo, digno de toda simpatía, sino de bajas reyertas de política interna, acaso, movidas por hombres sin escrúpulos que no vacilan en manchar el nombre del patriotismo favoreciendo los intereses extranjeros del capitalismo norteamericano contra los intereses nacionales del pueblo trabajador mejicano. Así creemos deben interpretarse las siguientes declaraciones del señor Adolfo de la Huerta, ministro del Tesoro, publicadas en “La Prensa” el mismo 25 de diciembre: “El fascismo en Méjico constituye el grito de guerra de los conservadores contra el pueblo, que ha apoyado las medidas de beneficio social para el proletariado. Las masas populares no se suicidarán. Bajo ninguna forma aceptarán conscientemente ninguna causa que milite contra sus derechos e ideales. Mi opinión es que el elemento conservador debe trabajar dentro de las nuevas fórmulas sociales establecidas por nuestras leyes, ya que el período de luchas sangrientas ha terminado en Méjico”.
Ante las declaraciones del ministro De la Huerta, hacemos votos porque resulten falsas las ampulosas informaciones de agencias telegráficas que acostumbran mentir al servicio de los trostes petrolíferos norteamericanos, resentidos con el actual gobierno de Méjico porque les niega, con verdadero patriotismo, ciertos privilegios que afectan la soberanía y la dignidad nacional.
G. M.
Tres eminentes intelectuales se incorporan a la Masonería Argentina
Al hacerse cargo de la presidencia del Supremo Consejo de la Masonería Argentina, el doctor Alejandro Sorondo, que es también un intelectual de nota, trazó un programa bien definido, y que es lógico declarar se va cumpliendo al pie de la letra, según la información que tomamos de la revista masónica “La Cadena de Unión” (Diciembre de 1922).
Una de las promesas consistía en propender a tratar de que se incorporaran a la Orden elementos de valía, personalidades de figuración social y política; hombres, en fin, que sean una verdadera garantía para el progreso moral y material de la Institución.
La solemne tenida celebrada por el Supremo Consejo el 23 de octubre, puede calificarse de verdaderamente memorable por lo que más adelante consignaremos.
En ella se procedió a la consagración del grado último del escocismo con que fueron agraciados los doctores Joaquín Castellanos y Eliseo Cantón, y acto continuo se verificó la incorporación de los mismos como miembros activos y del doctor Joaquín V. González, que era miembro honorario del Supremo Consejo.
Aun cuando esa clase de ceremonia no es dado noticiarla en sus detalles, la revista citada hace presente a sus lectores que no comete una infidencia “pues estamos autorizados por el doctor Alejandro Sorondo a ocuparnos del acto de que se trata y a reproducir los hermosos discursos pronunciados durante su desarrollo, galantería que debemos a sus mismos autores y que constituye una verdadera primicia y un esfuerzo periodístico que nuestros lectores sabrán apreciar en su verdadero valor.
“El salón del Supremo Consejo, el día indicado, se vio concurrido por la casi totalidad de sus miembros. La ceremonia, ajustada estrictamente al ritual del Grado, lo fue solemne y dejó en el ánimo de los asistentes la mejor impresión”.
Consagrados los nuevos miembros y una vez que hubieron prestado juramento los incorporados, el doctor Sorondo les dirigió la palabra, expresándose, más o menos, en la siguiente forma:
Queridos hermanos doctores González, Cantón y Castellanos:
Sed los bienvenidos al seno de este Supremo Consejo, cuyos componentes os expresan, por mi intermedio, el júbilo que sienten por vuestro ingreso en él, motivado, no sólo por un sentimiento natural y explicable de simpatía hacia vosotros, sino por el conocimiento que tienen de lo que importa el capital de experiencia, de ilustración, de prestigió y de autoridad que, con vuestras personas ponéis desde hoy al servicio de la causa, noble y santa de la Masonería.
Por razones que están en la mente de todos, ésta necesita, hoy más que nunca, llevar al exterior su humanitaria y civilizadora acción en la forma más activa posible, abandonando de una vez por todas la vida vegetativa e inconveniente que ha venido arrastrando entre nosotros en los últimos tiempos, influenciada, tal vez, por ese espíritu de completa indiferencia que ha mostrado siempre nuestro pueblo ante cuestiones que pueden llegar, sin embargo, a comprometer el porvenir del país. Pero, para que la acción que hay que emprender pueda hacerse sentir con alguna eficacia, tenemos, por el momento y antes que nada, que trabajar por reconquistar el prestigio y la fuerza material que en otros tiempos de lucha nos acompañaron.
Ese estado de inacción en que hemos pasado durante numerosos años, produjo, entre otras perniciosas consecuencias, la desorganización y el desprestigio de la Masonería en el país, la que perdió, como era natural esperarlo en semejante caso, multitud de preciosos elementos que la abandonaron víctimas del desencanto, convencidos de que en tal situación no había medio para el desenvolvimiento y la aplicación de sus energías. No obstante es tal el poder vital de este organismo, que ha bastado que algunos hermanos de aquellos que mantienen siempre viva, aún en medio de los mayores desastres, la fe en el triunfo de sus ideales, se propusieran reanimar al moribundo, infundiéndole el propio aliento, para que éste sintiera de nuevo volver a sí el calor de la vida que parecía abandonarlo, y por eso lo vemos hoy, ir paulatinamente saliendo del marasmo en que yacía y presentándonos ya los síntomas precursores de la salud; pronósticos de esa fuerza sobre la que tendremos que contar para apoyar nuestra futura acción.
Vosotros venís en el oportuno momento a brindarnos el inapreciable concurso de vuestras altas cualidades, de las que habéis dado tan numerosas y brillantes pruebas durante vuestra vida pública, en la cual vuestros nombres han sido y son fieles exponentes de talento, ilustración, cultura y patriotismo; y ese concurso, que hemos sabido apreciar en lo que vale, nos garante, en buena parte, la adquisición de uno de aquellos dos factores a que antes me he referido y que considero indispensables para obtener el éxito que perseguimos.
Hago votos, queridos hermanos, porque los generosos móviles que os han traído a este secreto recinto, se mantengan siempre firmes en vosotros, a pesar de los obstáculos, de índole más o menos subalterna, con que tendréis que luchar aquí para la mejor realización de aquéllos; obstáculos que, por otra parte, son naturales cuando, como en nuestro caso, se trata de levantar de su postración a un enfermo que ha vivido en la inercia, devorado por sus propias fuerzas y sin los auxilios que su estado requería.
Y ahora voy a proceder a tomaros el juramento que debe haceros reconocer en el carácter de miembros activos de este Supremo Consejo.
Con motivo de esta incorporación recordamos que en tiempos lejanos pertenecieron a la Masonería los generales José de San Martín, Carlos María de Alvear, el doctor Bernardo Monteagudo y en época más cercana Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, Justo José de Urquiza, Vicente Fidel López, el general José M. Paz, Manuel Derqui, Leandro N. Alem, Olegario V. Andrade, Miguel Cané, Eduardo Wilde, Juan María Gutiérrez, Andrés Lamas, José Hernández, Rudecindo Roca, Alejo Peyret, Agustín Álvarez el poeta Almafuerte.
→ Julio Barreda Lynch [José Ingenieros], “Las industrias de la muerte. Queremos la paz y la unión”
→ B. Aguirre y Torrada, “La esclavitud por deuda. La “evacuación” de Santo Domingo”
→ José Ingenieros, “La Universidad del Porvenir”