Filosofía en español 
Filosofía en español


Julio Barreda Lynch [José Ingenieros]

Las industrias de la muerte
Queremos la paz y la unión

No solamente somos partidarios de la Paz entre las naciones de la América Latina, sino que consideramos indispensable un progresivo acercamiento y compenetración entre ellas, que las acerque hacia un acuerdo moral primero, hacia una cooperación económica después y al fin hacia una verdadera confederación política que garantice la soberanía de nuestros Estados contra los peligros imperialistas que amenazan convertirlos en colonias económicas o pupilos políticos.

La voz del patriotismo clama por la Paz; la voz del nacionalismo exige la Unión. Como amantes de la patria y de la nacionalidad, anhelamos la paz y la unión continental. Como amantes de la patria y de la nacionalidad, combatimos todo lo que pueda ser motivo de discordia y de odio entre los países de la América Latina, que son hermanos, que deben serlo, si desean evitar que sus pueblos rueden al abismo y al caos en que hoy se estremecen las viejas naciones de Europa, si arruinadas las vencidas, desesperadas las vencedoras.

¿Nada habremos aprendido de la tremenda lección europea? ¿Ninguna enseñanza nos dejará el estado misérrimo a que se ve reducido el pueblo alemán como consecuencia de la locura militarista e imperialista de su imbécil Kaiser, que al fin no tuvo siquiera un gesto de expiación haciéndose ametrallar en una de esas trincheras en que su insania había sepultado millones de alemanes? ¿No deducimos moraleja alguna de la espantosa ruina económica de la misma Francia vencedora, que todavía se ve forzada a sostener un formidable armazón militar para apremiar la cobranza de reparaciones tan justas como ilusorias?

Esas elementales razones nos mueven a invitar a la juventud de nuestra América a que reflexione sobre los peligros de continuar en nuestros países la absurda política de la “confraternidad armada”. Las recientes incidencias motivadas por el proyecto brasileño, de celebrar la Argentina, Brasil y Chile, una conferencia en Valparaíso, preliminar a la reunión de la quinta conferencia panamericana convocada en Santiago, han descubierto que existen peligros no ilusorios; no tanto, sin embargo, derivados de los mismos países, amenazados por igual, sino, estimulados malvadamente por gobiernos y capitalistas europeos y norteamericanos, interesados en vendemos armamentos sobrantes de la guerra, en proporciones que exceden la capacidad de nuestras naciones y que agravarán la situación de pupilaje en que todas se encuentran bajo el peso de sus deudas al extranjero.

Un “descubrimiento” tardío

Ninguna persona ilustrada ignora, pues en muchas ocasiones se ocuparon de ello los grandes órganos de la prensa argentina, brasilera y chilena, que en los veinte años precedentes a la guerra europea las grandes fábricas de material bélico, alemanas y francesas, mantenían agentes y gastaban fuertes sumas, para vender a los países de la América Latina una parte de los armamentos que allá se deseaba retirar del servicio, para reemplazarlos por otros más perfeccionados. Las formidables usinas de Krupp y de Schneider tenían en nuestras capitales sus representantes, invertían sumas en “propaganda” y tenían cada una sus “partidarios” entre los técnicos militares de cada país. Hasta 1914 era visible, en general, la mayor influencia de los comerciantes alemanes; desde 1920, desarmado por los aliados el cadáver del prusianismo suicida, el lúgubre tráfico de instrumentos de muerte ha quedado a merced de los franceses y de los norteamericanos. ¿No lo decíamos todos cuando el heroico General Jorge Mangin recorrió, algunos de nuestro países? ¿No publicaron muchos diarios que su misión tenía, entre otros fines, el de estimular la adquisición de armamentos?

Estas humildes verdades nadie las ignoraba, aunque los más preferían callar sobre ellas, por la natural simpatía con que miramos a Francia todos los que la vemos a través de su Revolución gloriosa y de sus escritores inigualables. Pero ha aquí que el Enviado Especial del diario argentino “La Nación” en Río de Janeiro, el 12 de Diciembre de 1922 transmitió algunos párrafos del diario brasilero “O Paiz”, en que este último “descubría” la sensacional noticia a que se refieren los siguientes párrafos:

“Debemos llamar la atención de los Gobiernos, de los hombres de responsabilidad y de los diarios de aquí y de allá del Plata, sobre los recursos de que dispone la industria de la guerra, a la cual están ligados tan formidables intereses, en los que toda tentativa pacifista, encuentra obstáculos invencibles y que tienen, en general, como consecuencia un aumento en los armamento. Después del conflicto europeo, esa industria quedó en las más precarias condiciones y, ante la perspectiva de una completa ruina, lanzó sus ojos ansiosos hacia el sur del continente americano, donde mandó sus más sutiles agentes diplomáticos, cuya habilidad está patente en la inesperada e inoportuna campaña de prensa que provocó una propuesta tendiente a garantizar la paz y a disminuir la necesidad de los productos de la gran industria.”

Por su parte, en la misma fecha, el corresponsal del diario argentino “La Prensa” transmitió las siguiente» referencias al artículo de “O Paiz”:

“En el Brasil tenemos elementos concretos de esta desconfianza, porque alrededor del gobierno anterior actuaron explotadores del comercio de armas, hombres cultos y de buenas maneras, quienes diciéndose amigos del país llegaron hasta faltar a sus compromisos de honor revelando los detalles de encargos que habían recibido del gobierno argentino. Agrega a este respecto que es conocido que el director de la casa Schneider, señor Collin, desde hace largos meses viaje entre Buenos Aires y Río de Janeiro, para vender cañones en el Brasil, con los que –decía– nos defenderíamos de nuestros hermanos del Plata, después de haberles vendido el doble de ellos, para que se defendieran de sus hermanos del Brasil. Este comercio es hecho por la voluntaria indiscreción de los diplomáticos y agentes de la industria guerrera y las conversaciones de los políticos y periodistas, quienes revelan los encargos que dicen haberse recibido en la República Argentina y que en ésta expresan recibieron en igual forma del Brasil.

Los brasileños y argentinos, dice luego el articulista, tenemos todos el deber de precavernos contra esto, pues al lado de la política de lealtad y amistad cordial que deseamos mantener, y que responde a nuestros sentimientos, se desarrolla una acción jesuítica de la poderosa industria de guerra, agitándose misteriosamente en la sombra y envenenando de falsas y fingidas indiscreciones la simplicidad de nuestras almas desprevenidas y desconfiadas, e induciendo al espíritu argentino y brasileño a la duda sobre la sinceridad de nuestras palabras y cuyos resultados no son sino que los dineros públicos vayan a llenar los cofres de las grandes empresas que explotan la industria de matar gente.”

Declaración de Gilberto Amado

¿Dónde estaba el “descubrimiento”? El 22 de Noviembre, en el Congreso brasilero, el diputado Gilberto Amado, había pronunciado un extenso alegato por la liquidación de la política armamentista; y el 9 de Diciembre el mismo Enviado Especial de “La Nación” había transmitido a su diario un reportaje a Amado en que se leían estos párrafos clarísimos:

“Más que nada, he querido dar el grito de alerta a la conciencia pública de América del Sur. Me he dirigido a mi país del mismo modo que me hubiera dirigido a la Argentina si me hubiere sido dable. Estamos bajo el influjo de la intoxicación armamentista y era necesario una ducha fría. No ve usted; ahí han dicho: “Dentro de dos años estaremos listos para una guerra.” ¿Pero para qué guerra? No puede concebirse nada más ridículo que la hipótesis de una lucha armada en la América austral. No; el verdadero fantasma no es ese sino el de las aves de presa interesadas en agitarlo para que acabemos comprando los cañones inútiles que han sobrado en los campos de batalla de Europa. ¿La defensa nacional? No; la defensa nacional, para países como los nuestros, que somos países de inteligencia, sin tasa de prejuicios, es pan, es hierro y es carne. Eso es defensa nacional, es riqueza; es riqueza, que es fuerza.

Invito mi interlocutor a abandonar el terreno abstracto, preguntándole si cuando propició la conferencia que coincidentemente Itamaraty acaba de proponer, había imaginado la probable fórmula práctica de resolver el problema.

“Sí, contéstame, suprimiendo todas, radicalmente, las nuevas adquisiciones bélicas, especialmente las navales.”

–¿Y los presupuestos?– interrogo.

–Reduciríanse a un límite razonable, igualándolos. Hago ciertas reservas respecto a una reducción en nuestro Ejército, pues el actual apenas si llena las necesidades internas de un país como Brasil, que lo necesita, desempeñando a veces la milicia y como garantía de orden interior.

–¿Qué piensa entonces, usted, sobre la tesis de la defensa de las costas de Brasil?– pregunto.

El diputado Amado se sonríe, aproxímaseme como para comunicarme un secreto y en voz baja me dice:

–Vea, soy tan gran convencido de la paz sudamericana, que ese argumento no me produce efecto. ¿Contra quién vamos a defender la costa? ¿Contra ustedes? pero si es imposible esa guerra.

Y luego, transfigurándose, agrega:

–Si algún día pareciera llegar, ese día yo saldré a gritar por la paz con toda la fuerza de mis pulmones y clamaré ante las madres, las esposas, los hijos, aunque me mataran en el medio de la calle.“

Los “traficantes de alarmas”

Ni el artículo de “O Paiz”, ni las publicaciones de Amado, habían producido sensación en la prensa argentina. Apenas si el diario “La Vanguardia”, comentando las alarmas, publicó el 14 de Diciembre un artículo que, entre otras cosas, decía:

“Los motivos son más complejos, y para encontrarlos hay que cavar más hondo, a menudo hasta las capas de la delincuencia profesional.

Toda acción alarmista tiende, consciente o inconscientemente, por su misma naturaleza, a suscitar un aumento en las armas, defensivas y ofensivas, de que dispone la nación. Ese material es suministrado por fábricas, que no viven de los cantos épicos que celebran el heroísmo nacional. La industria de la guerra no desaparece cuando ésta pasa al estado latente, bajo el rótulo de “paz armada”. Pero ¿cómo alimentarla si de tanto en tanto no se agita en el horizonte el fantasma guerrero? ¿Qué hacer de las armas y proyectiles acumulados?

Para hacerles mercado los comerciantes bélicos se rodean de un poderoso cuerpo auxiliar, en cuyo seno medran el magnate, el empleado y el tinterillo de ínfima categoría.

El autor inglés actualmente diputado a la Cámara de los Comunes, J. T. Walton Newfold, en su libro “Cómo se arman las naciones para la guerra”, expuso, en vista de la conflagración europea, algunos tipos y aspectos de esta política de zapa.

General Jorge Mangin

Surge de sus páginas una figura típica: el “acaremonger”, traficante de alarmas, o, para llamarle objetivamente, “corredor de armamentos”. Debe ser un individuo sagaz, escurridizo, pobre en sus escrúpulos y rico en arbitrios, conocedor de los hombres. Él propondrá a tal diario una noticia sensacional sobre el amago imperialista de la nación vecina; a tal otro, la insinuación de medidas preventivas; a un tercero, la terapéutica del mal inminente: aumentar los armamentos.

¡Se ha cerrado el ciclo de propaganda!: la opinión, los actos gubernativos y en definitiva los libros de las fábricas de materiales bélicos dirán después con qué éxito.

El negocio gana en facilidades si algunos empresarios o accionistas de aquella industria forman parte de los poderes públicos. Newbold se refería a este caso, añadiendo, con respecto a Sud América, que constituye el terreno más adecuado para estas corruptelas.”

Una “banda de intrigantes”

El mismo día el Enviado Especial transmitía a “La Nación” estas líneas de un editorial tendencioso de “A Noite”, cuya única falacia estaría en olvidar que el Brasil ya ha comprado a los mercaderes de armamentos los materiales que se supone se prepara a comprar a los mismos la Argentina.

“Pero el malentendido nos valió mucho, por la doble lección que encierra, demostrando, por su parte, la necesidad de que los actos de la diplomacia sean siempre divulgados lo más pronto posible, sobre todo cuando son, como en el caso de Brasil y de las demás Naciones hermanas, inspirados en la sinceridad; y de otra parte, el peligro que puede crear a la paz en este continente la ambición de los sedientos negociadores de armamentos.

Porque es preciso que nuestro público no conserve la menor ilusión en este sentido. Esa nube que pasó y que pareció inquietar acaso ligeramente a la opinión del Plata, es obra exclusiva de los interesados en la venta de armas viejas y nuevas, que se encuentran desgraciadamente aquí como en todas partes, gracias a los recursos de que disponen en la prensa poco escrupulosa que los ampara, con el olvido de los más elementales deberes del patriotismo.

Nos sentimos cómodos rozando este punto, porque somos coherentes con nuestro pasado. No es, en efecto, de hoy que nos hemos sublevado contra la furia de los intrusos negociantes que andan por nuestras Secretarías de Estado insinuando novedades e intrigas, a fin de obtener encargos de armamentos creando casos de guerra y  ambientes de hostilidad. Los mismos rumores que circulan, desmentidos oficialmente, pero cuya represión ha sido objeto de medidas policiales, han sido originados por los planes diabólicos de los ávidos industriales de la guerra.

Sírvanos el incidente de ahora como aviso y como advertencia para demostrarnos cómo urge un movimiento de reacción en las calles, en el Parlamento y en la Administración, contra esa fiebre de criminal comercio que, desgraciadamente, encuentra auxiliares no sólo en los anónimos propagadores de rumores de la calle, conscientes o no, y en ciertos diarios, sino también, lo que es más triste, en algunas figuras de responsabilidad momentánea y dudosa de la política, que se hacen muy sospechosas con las entrevistas que se envían al extranjero.”

El mismo día 14, la agencia Associated transmitía a la prensa de Buenos Aires la siguiente información:

río de janeiro, 13 (Associated).- Según el diario vespertino “A Noite”, en la reunión de Gabinete celebrada hoy, el presidente, señor Bernardes, informó a los ministros sobre la existencia de una banda internacional, cuyos designios son promover intrigas en la América del Sur, a fin de brindar una oportunidad para que se realicen grandes ventas de armamentos.

Añadió que la Policía conoce ya los conspiradores, entre los que figuran numerosos extranjeros, como también su paradero y demás detalles del plan, adoptándose actualmente enérgicas medidas de suma importancia.

Hasta ahora han sido infructuosos los esfuerzos desplegados para obtener confirmación oficial. Informaciones no confirmadas manifiestan que se han efectuado varias detenciones. Entre los detenidos figurarían tres periodistas y un ex embajador de Brasil en Europa.”

¡He ahí el gran descubrimiento! La prensa de Buenos Aires bien pudo sorprenderse de que en el Brasil se descubrieran esos cosas “después” de haber hecho grandes adquisiciones bélicas y “antes” de que la Argentina hiciera análogas adquisiciones; y, sin mucha suspicacia, los grandes diarios de Buenos Aires supusieron que era injusto el proyecto brasilero de limitar los armamentos ajenos después de haber aumentado los propios. Ese es, en realidad, el nudo del asunto, y la causa verdadera del rechazo argentino de la proposición brasileña.

Mentiras convencionales

Hay muchas que todos repiten y en que nadie cree. Abundan, desde luego, en la política y en el periodismo, pero en nada son tan protocolares como en lo que atañe a la diplomacia internacional. Respondiendo a su tradición de intelectualidad, “La Nación”, comentó en tono humorístico el asunto de que hablamos, y que nosotros tenemos la debilidad de considerar muy grave. Con el risueño titulo “Una noticia curiosa” publicó el 14 de Diciembre:

“En la sección informativa del exterior publicamos una noticia, dada por el diario “A Noite”, de Río de Janeiro, sobre la existencia de cierta organización internacional para promover alarmas y suspicacias entre los Gobiernos sudamericanos, con el objeto de facilitar la venta de armamentos y pertrechos bélicos.

No deja, ciertamente, de llamar la atención el informe aludido, por los detalles de las medidas que se dicen tomadas por las autoridades de la vecina República. Pero el carácter internacional de esa banda sembradora de cizaña sorprende en mayor medida, puesto que los manejos podrían haberse dejado advertir siquiera en los círculos noticiosos de las Naciones interesadas.

Entre nosotros, en efecto, no ha podido traslucirse absolutamente ninguna propaganda ni influencia de ningún carácter en ese sentido y, por más deficiencias practicadas para averiguarlo, no hemos podido obtener indicio alguno que denuncie la realidad de la organización mencionada, en cuanto a manejos que revelen la posibilidad de su existencia en la Argentina.”

¿Noticia “curiosa”? Si nos es fiel la memoria, el mismo diario que así la califica se refirió hace años, antes de la guerra; a la existencia, aquí como en Brasil y Chile, de agentes alemanes y franceses, en ocasión de la compra de materiales de artillería para el ejército argentino. ¿Alguien ha olvidado que hubo polémicas entre los diarios y entre los técnicos militares, los unos auspiciando a Krupp y los otros auspiciando a Schneider? Nada hay, pues, de “curioso” en que hoy siga habiendo en Brasil, la Argentina, Chile y otros países, agentes y comisionistas franceses y yanquis, aunque nos hemos librado, al menos, de los insaciables agentes de Krupp.

Nuestra defensa

Asuntos nos parecen, éstos, que el patriotismo de los pueblos de la América Latina debe considerar con altura y seriedad; si en casi todos hay leyes que permiten impedir el acceso al país de los extranjeros inmorales, peligrosos o enfermos, justo nos parecería que en todos se dictaran leyes severísimas contra los traficantes extranjeros de elementos de muerte y de destrucción, destinados a que nos exterminemos entre hermanos, los unos a los otros, preparando así el camino a que, después de anarquizados y endeudados, venga el Gran Acreedor del Norte a arreglar nuestras finanzas y a intervenir nuestra política, con sacrificio de nuestra dignidad nacional, de nuestra soberanía y tal vez de nuestra independencia.

El ejemplo de otras naciones hermanas, en la América Latina, nos obliga a pensar que sólo hay dos formas de patriotismo verdadero: mantener la paz internacional y no contraer nuevas deudas.