La Papisa Juana
1479 «Johannes VII. Johannes Anglicus: ex Maguntiaco oriundus: malis artibus (ut aiunt) pontificatum adeptus est. Mentitus enim sexum cum femina esset adolescens admodum Athenas cum viro docto amatore proficiscitur: ibique præceptores bonarum artium audiendo tantum profecit: ut Romam veniens paucos admodum etiam in sacris litteris pares haberet: nedum superiores. Legendo autem & disputando docte & acute tantum benivolentiæ & auctoritatis sibi comparavit: ut mortuo Leone in ejus locum (ut Martinus ait) omnium consensu pontifex crearetur. Verum postea a servo compressa: cum aliquandiu occulte ventrem tulisset: tandem dum ad lateranensem basilicam proficisceretur: inter theatrum (quod collosseum vocant) a Neronis colosso: & sanctum Clementem doloribus circumventa peperit: eoque loci mortua: pontificatus sui anno secundo: mense uno: diebus quattuor sine ullo honore sepellitur. Sunt qui hæc duo scribant pontificem ipsum quando ad lateransem basilicam proficiscitur: detestandi facinoris causa: & viam illam consulto declinare: & eiusdem vitandi erroris causa dum primo in sede Petri collocatur: ad eam rem perforata genitalia ab ultimo diacono attrectari. De primo non abnuerim: de secundo ita sentio: sedem illam ad id paratam esse: ut qui in tanto magistratu constituitur: sciat se non deum sed hominem esse: & necessitatibus naturæ: utpote egerendi subjectum esse: unde merito stercoraria sedes vocatur. Haec quae dixi vulgo feruntur: incertis tamen & obscuris auctoribus: quae ideo ponere breviter & nude institui: ne obstinate nimium & pertinaciter omisisse videar: quod fere omnes affirmant: erremus etiam nos hac in re cum vulgo quanquam appareat ea: quæ dixi ex his esse: quæ fieri posse creduntur. Sunt qui dicant huius temporibus beati Vicentii corpus e Valentia citerioris Hispaniæ civitate a quodam monacho in pagum albiensem ulterioris Galliae deportatum. Dicunt præterea Lotharium iam grandem natu: sumpto monachorum habitu filium Lodovicum imperatorem reliquisse: qui statim in Germaniam provinciam rediens: omnes ad arma spectantes sua præsentia in officio continuit.» (Bartolomé Platina [1421-1481], Vitæ Pontificum, Venecia 1479, sig. m4r-v.)
1507 «Papa 108. Anno Christus 852. Femina. Johannes Papa VIII, natione anglicus: post Leonem pontificem sanctus pontifex sedit annis ii, mens v, hunc tradunt fuisse foeminam: quae adolescens admodum, ex Anglia Athenas cum quodam doctissmo aniasio suo profecta, ibidem bonarum artium preceptores…» (Johannes Stella, Vite ducentorum et triginta summorum pontificum, a beato Petro apostolo; usque ad Julium secundum modernum pontificem, Basilea 1507, signatura Eii vuelto.)
1540 «Capítulo ix. De una mujer que andando en hábitos de hombre alcanzó a ser sumo pontífice y papa en Roma, y del fin que hubo, y de otra mujer que se hizo emperadora y lo fue algún tiempo. Casi ninguno hay que no sepa por haberlo leído u oído, que hubo una mujer que fue papa andando en hábito de hombre, pero porque no saben todos cómo esto pasó, y sea uno de los admirables casos que han pasado en el mundo, quise lo escribir aquí según lo hallo escrito por autores verdaderos. Fue pues una mujer natural de Inglaterra, la cual en su mocedad tuvo deshonesta conversación con un muy grande hombre en letras del cual siendo muy amada y él de ella tomando hábitos de hombre llamándose Juan dejó su patria y naturaleza, y fue con él a la ciudad de Atenas en Grecia, en la cual había en aquel tiempo grandes academias y general estudio. Donde con su buen ingenio en mucho estudio aprendió y supo tanto, que venida desde algunos años en la ciudad de Roma y todavía en hábitos de hombre, tuvo cátedra y enseñó públicamente. En lo cual y en las públicas disputas llegó a tanta estimación, que fue tenida por el más docto hombre de su tiempo, y alcanzó tanto favor y autoridad entre todos, que vacando después la silla apostólica por muerte de León cuarto de este nombre en el año del Señor de ochocientos y cincuenta y dos, fue elegida creyendo ser hombre por sumo pontífice de Roma y papa universal en la Iglesia de Dios, y así presidió en aquella silla dos años y treinta y tantos días. Y como aun en aquel trono puesta no guardase castidad, tuvo ayuntamiento con un esclavo suyo muy privado, en quien mucho se fiaba, del cual se hizo preñada y lo encubrió con gran diligencia, que otra persona sino aquel no lo sabía. Y como Dios no quisiese permitir que tan gran mal durase más tiempo, acaeció así que un día yendo ella con la solemnidad que solían a visitar a san Juan de Letrán, y fuese el tiempo que había de parir llegado, del pecado secreto plugo a Dios de hacer público castigo: llegando a cierto lugar entre la iglesia de san Clemente y el teatro que impropiamente llaman Coliseo, con graves dolores parió una criatura: con espanto desigual de los que allí estaban y juntamente murió allí súbitamente: y fue enterrada sin honra ni pompa alguna. Por este caso tan extraño que en aquel lugar pasó, es común opinión que cuando los sumos pontífices después acá van al lateranense templo, en llegando cerca de allí tuercen su camino y no pasan por allí, en detestación de tan horrible caso. Y también porque otra mujer tal como la dicha por ventura no pudiese hacer semejante engaño. Y por la misma causa hay hoy día una silla en el palacio sacro abierta por lo bajo, para que se pueda ver encubiertamente si es hombre el que se elige. Esto de la silla aunque lo escriben algunos ninguno lo afirma, antes dice Platina que la tal silla debe ser puesta de aquella hechura como las suelen hacer para las necesidades comunes, porque en tanta prosperidad se acuerden ser hombre el elegido. De lo demás son autores Martino y Platina en las vidas de los pontífices, y Sabélico y santo Antonio en sus historias. Dícese también que hay en aquel camino una estatua de piedra que representa el parto y muerte de esta atrevida mujer. Y es de notar y saber que aunque esto haya pasado como está contado, durante el tiempo que esta mujer tuvo engañado el mundo en la iglesia de Dios no hubo falta, porque en ella no pudo faltar la cabeza que es Cristo, de quien mana la influencia de la gracia y los últimos efectos de los Sacramentos: mediante la misma no faltaron en los que devotamente y con fe los recibían, supliendo Cristo la gracia en ellos, a los cuales la ignorancia invencible escusaba. Puesto que esta ni otra mujer alguna no son capaces de recibir carácter alguno de orden, ni de hecho, ordenar a nadie ni absolver, y los que así fueron ordenados deberían tornarse a ordenar: pero como es dicho la gracia de los sacramentos alcanzaba a los que con buena fe los recibían por invencible ignorancia. Grande por cierto fue la osadía y habilidad de esta mujer, saberse regir y encubrir tan bien que llegó al mayor estado que se pudo subir, por lo cual su memoria no se perderá mientras el mundo durare. Pero en verdad que no es de menor admiración lo de Teodora Emperatriz de Constantinopla porque lo que ésta hizo mintiendo ser hombre, hizo Teodora sabiendo todos ser mujer: la cual por muerte de Zoe hermano suyo y de Constantino monacho su marido Emperador el Imperio vacó, y ella se dio tal maña que se hizo Emperadora, y por tal fue obedecida y temida: y sin ayuda de padre ni hermano ni marido lo gobernó excelentísimamente en mucha paz y prosperidad por tiempo de dos años, y no más porque no le duro más la vida. La cual acabo con mucha tristeza de sus súbditos, a los cuales no pesaba de ser gobernados por mujer, cerca del año del señor de mil y cincuenta en tiempo del papa León nono de este nombre.» (Pedro Mexía [1497-1551], Silva de varia lección, Sevilla 1540, libro primero, capítulo IX, hoja ix vuelto-x recto.)
La Silva de varia lección, impresa por vez primera en Sevilla 1540, fue reeditada muchas veces a lo largo del siglo XVI, lo que favoreció que se acabara cumpliendo de verdad lo que ya pregonaba como inicio del capítulo IX de su libro primero, el dedicado a la mujer papa: “Casi ninguno hay que no sepa por haberlo leído u oído, que hubo una mujer que fue papa andando en hábito de hombre…”. En vida de Pedro Mexía las reediciones de Sevilla 1543 (hoja ixr-v) y Zaragoza 1547 (hoja xvr-xvir) mantienen su texto sin cambios, y también las póstumas que nos hemos entretenido en mirar: Sevilla 1563 (hoja ix r-v), Sevilla 1570 (hoja ix r-v), Lérida 1572 (páginas 31-33), Sevilla 1587 (hoja 16v-17rv), Alcalá 1588 (hoja 26v-28r), Amberes 1593 (páginas 42-45), Sevilla 1596 (hoja 16v-17v), Madrid 1602 (páginas 28-30) y Amberes 1603 (en casa de la viuda y herederos de Juan Bellero, páginas 42-45), que reproducen fielmente, con mínimas variantes tipográficas, el texto de 1540.
Pero otra edición de Amberes 1603, la impresa en casa de Guslenio Jansens, al Gallo vigilante (páginas 42-47), ofrece un texto muy diferente de este capítulo IX del libro primero de la Silva de varia lección que, obviamente, ya no pudo haber sido “agora últimamente emendado” por el “Magnífico Caballero Pedro Mexía, vecino de Sevilla”, que llevaba muerto más de medio siglo:
1603 «Capítulo ix. De una mujer que andando en hábito de hombre, fabulosamente dicen haber alcanzado a ser sumo Pontífice y Papa en Roma, y de otra mujer que se hizo Emperadora y lo fue algún tiempo. Por haber habido algunos Autores, los cuáles sin algún buen fundamento, y quizás por relación de algunos, los cuales lo habrán leído: Es que ha venido a noticia y boca de muchos, una fingida historia, la cual cuenta haber habido una mujer fingiéndose ser hombre en hábito disimulado, la cual alcanzó a ser sumo Pontífice y Papa en Roma. De ser ello fabuloso y mentiroso demasiado de bien parece, por las anotaciones de Onufrio sobre Platina, y por la misma historia, la cual a sí mismo confunde y se contradice, porque de esta manera comienza: Juan Inglés nacido en Moguncia (la cual no es tierra de Angletierra, más bien de Alemaña) dicen haber sido mujer, que dejando su patria y naturaleza, se fue con unos amores suyos, con quién tenía deshonesta conversación, en hábitos de hombre a la Ciudad de Atenas, en la cual había entonces general estudio y grandes Academias, donde con su buen ingenio y mucho estudio aprehendió y supo tanto, que no había quien con ella se igualase: Y después venido a Roma todavía en hábitos de hombre tuvo allí dos años Cátedra, y enseñó públicamente, teniendo por discípulos a hombres muy doctos. Que lo de Atenas y también lo de Roma sea falso por sus razones parece, porque en aquellos tiempos ni en Atenas florecían letras, ni en Roma hubo Academias, por enseñar públicamente en Cátedra, como claramente verá quien las historias de aquellos tiempos leyere. Más adelante va diciendo la historia, que después haber estado en Roma por espacio de dos años, llegó a tanta estimación, y alcanzó tanto favor y autoridad entre todos, que vacando después la silla Apostólica, por muerte de León cuarto de este nombre, en el año del Señor de ochocientos y cincuenta y dos, fue elegida (creyendo de ser hombre) por sumo pontífice de Roma. Todo lo cual es también muy falso, pues que León cuarto no murió este año, sino en el año de 854, a quien sucedió Benedicto tercero, y como es lo dicho así, es todo de lo más fabuloso y mentiroso, como muy claro se verá por lo siguiente, porque cierto es que si la menor cosa de ello pasara, alguno de los Historiadores Griegos, que han escrito desde el tiempo que dicen ser acontecido esta fábula, hasta doscientos años después, (muy enemigos en aquel tiempo de la Iglesia Romana, y deseosos de saber algún escándalo en diminución de la Iglesia Romana, aunque hubiesen sido falsas) habían de haber dejado por escrito, y de ello tocado en alguna historia. Ni tampoco se halla alguno de los historiadores Latinos antes del dicho tiempo, que trata alguna cosa de ello, hasta doscientos años después. De más de esto Anastasio S. R. E. Bibliotecario, que vivió en aquellos tiempos, y como él mismo escribe se halló presente a las elecciones de Sergio segundo, León cuarto, (después de quien este Fabulador a esta Juana pone) y de Benedicto tercero, Nicolao primero, Adriano segundo, Juan Octavo, y no hace alguna relación de esta ni de alguno de los dichos Papas, que presidiese en aquella silla por espacio de dos años, como dicen de esta Juana. Mas después del Papa León cuarto luego pone tras él a Benedicto tercero, escribiendo que después de la muerte de León cuarto solamente vacase la silla catorce días. Demás de esto Ademarus fraile religioso de la orden de S. Herman en la ciudad de París, ni tampoco su sucesor Ammonio también religioso del dicho monasterio pasado cuatrocientos años, Otto Frisigense pasado también cuatrocientos años, Regino Abad Pruniense pasado seiscientos, Hermannus Contractus ni Lamberto Scafna Burgense ambos a dos pasado quinientos años, Conrado de Lictenau Abad de Ursperg pasado trescientos, ni tampoco Leo Ostiense, ni Juan Cremones, ninguno de los arriba dichos, los cuales han escrito las vidas de los sumos Pontífices, y son de los más antiguos historiadores, ha tocado algo de esta materia. El primero que escribió dicha fábula fue, según relata Onufrio in annotationibus super Platinam, un Martino Polaco, que compuso otro libro intitulado Mirabilia de Roma, lleno de mentiras: o según que escribe el ilustrísimo César Baronio in Annalibus tomo 10, columna 125 y las siguientes, un Mariano Scoto, que nació en el año de 1028 y sé hizo fraile viniendo de Schotia en Alemaña a la ciudad de Colonia, en el año 1053, como él mismo en su historia refiere, y vivió hasta el año de 1083, el cual fue el primero inventor, que esta fábula escribió, ni se halla alguno quien antes de éste alguna cosa de esta fábula escribiese. Aconteció pues que en el tiempo y vida del dicho Mariano fue fama pública, que en la Iglesia Constantinopolitana fue elegida por Patriarca una mujer, como claramente se ve en las letras de León 9, Epístola 1, c. 23, y el dicho Mariano va atribuyendo a la Iglesia Romana lo que aconteció a la Iglesia de Constantinopla. De más de esto quiero que veamos las discordias de los que de esta fábula han escrito: El primero que es Mariano la llama Juanna, otros dicen que fue llamada Agnes, otros la llaman, Eliberta, otros Isabella, otro Margarita, otro hay quien la llama Iutta, y algún otro que dice que se llamaba Dorotea, y todo esto antes que fuese elegida por Papa. De la misma manera varían en su nombre, cuando dicen que había de haber sido Papa, porque algunos dicen que tenía por nombre Juan 7, otros que 8, algunos que noveno; no sabiendo los mentirosos, en qué parte ponerla. Mayor error hacen del año en que dicen haber sido elegida, porque algunos dicen que fue elegida en el año de 852, otros 53, otros 54, a quien pone que fue elegida en el año de 857, otros 858, unos en el año 904, y hay quien ponga al año de 653, y el año de 686, por esta confusión claramente se echa de ver lo que puede haber de esta Papesa, porque de todos estos autores no hay ninguno quien escriba de donde lo haya sacado, el curioso lector quien tuviere gana de saber quiénes son estos autores tan discordes, lee Papirio Maso en el libro de los Obispos de Roma, y a Florimundo de Remunda Consejero en el parlamento de Bordeaux, en el libro intitulado Error popular de Ioanne Pseudopontífice llamada Papesa: Digo más, que si de ello hubiera la menor cosa, cómo fuera posible, que esto no hubiere venido a oídos de Focio hereje, y Miguel Emperador en Grecia, los cuales eran enemigos de la Iglesia Romana: y cómo fuera de creer que León Papa noveno de este nombre (el cual vivía doscientos años después que esto había de haber pasado) escribiese como cosa de gran escándalo a Miguel Cerulario Patriarca de Constantinopla, y Leo Acridanio Obispo, el cual había caído en herejías reprendiéndolos, que la Iglesia de Constantinopla admitían a mujeres y a Capados y hombres infames, y a ellos en sus Iglesias elegían por Patriarcas, si como digo en la Iglesia Romana hubiese precedido una Mujer, (que sería peor) como bien claro parece por las cartas que el dicho Papa escribe contra las herejías de los griegos en el Capítulo 23, a donde cada uno lo podrá leer. También algunas gentes simples y ignorantes se engañan, viendo en algunas partes de Roma una Mujer en pintura con las enseñas y corona Papal, con una Cruz en las manos, pensando por allí que es la figura de eta fabulosa Mujer, y por aquí esta historia queda en boca de la ignorante y simple gente, no entendiendo que es la figura de la santa Iglesia, la cual no se pudo pintar ni representar mejor que en figura de Mujer. Pero en verdad lo que toca a Theodora, Emperatriz de Constantinopla, es cosa de admiración, la cual siendo mujer, y vacando el imperio, por la muerte de Zoe hermana suya, y de Constantino Monacho su marido Emperador: ella se dio tal maña, que se hizo Emperadora, y por tal fue obedecida y tenida, y sin ayuda de padre, ni hermano, ni marido, lo gobernó excelentísimamente en mucha paz y prosperidad, por tiempo de dos años, y no más, porque no le duró más la vida. La cual acabó con mucha tristeza de sus súbditos, a los cuales no pesaba de ser gobernados por mujer, cerca del año del Señor de mil y cincuenta, en tiempo del Papa León, nono de este nombre.» (Pedro Mexía, Silva de varia lección, Amberes 1603, en casa de Guslenio Jansens, al Gallo vigilante, páginas 42-47.)
1640 «Pedro Mexia. Su Sylva de Varia lección, en Sevilla en casa de Hernando Díaz 1570. De cualquier impresión se quite el capítulo nono del libro primero donde trae por historia la fábula de Ioana Papissa» (Antonio de Sotomayor O. P. [1557-1648, Inquisidor General], Novissimus Librorum Prohibitorum et Expurgandorum Index pro Catholicis Hispaniarum Regnis, Philippi IIII. Reg. Cath. Ann. 1640, Madrid 1640, pág. 854.)
El capítulo IX que Pedro Mexía dedica al papa mujer y aparece en las ediciones de la Silva de varia lección publicadas desde 1540 es eliminado en las reediciones españolas posteriores a 1640, de forma que el libro primero deja de tener 46 capítulos para ofrecer 45, renumerados. En la edición de la Imprenta Real, Madrid 1643, el capítulo IX trata de “Quién fueron las belicosísimas Amazonas…” (que las Amazonas, inicialmente “belicosas”, desde Sevilla 1563 ya habían ascendido a “belicosísimas”), y en la edición de Madrid 1662, en la de Madrid 1669, &c.
Como no podía ser de otra manera incansables cancerberos de la ortodoxia actuaron en cuantos ejemplares de Silva de varia lección afectados por el capítulo IX original pudieron intervenir: mutilando el ejemplar como medida más efectiva, así en el ejemplar de Sevilla 1570 (BNE, Usoz 1622) está recortada la columna derecha del folio IX, que obviamente era columna izquierda del folio IXv; en el ejemplar de Sevilla 1587 (BNE, R 26609) está arrancada la página 17; en el ejemplar de Alcalá 1588 (BNE, R 38150) está arrancada la página 27, &c.; tachando el texto pernicioso, como sucede en el ejemplar de Sevilla 1540 (BNE, R 31817), donde aparatosas tachaduras no afectan a la lectura aunque dejaron escrito al margen: “Cap. condenado…”; en el ejemplar de Zaragoza 1547 (BNE, R 30997), donde unas tachaduras simbólicas tampoco impiden la lectura aunque se apostilla: “Se advierte: que todo cuanto contiene este capítulo es falso escandaloso temerario y por tal lo tiene declarado la Santa Inquisición, manda se borre de todos los libros año 1725, Mosén Salvador”; en el ejemplar de Lérida 1572 (BNE, Usoz 8036), donde el tachador se entretuvo línea por línea en dejar el texto casi ilegible, &c.; o simplemente advirtiendo de forma terminante, como en el ejemplar Amberes 1593 (que fuera de la biblioteca de los jesuitas de Chantilly, hoy en la BP de León de Francia, ofrecido por Google), donde debajo del título del capítulo IX se ha escrito simplemente con grueso trazo de tinta: “historia falsa”.
1729 «Después de la muerte de este Santo Pontífice, los Herejes enemigos declarados de la Iglesia, introducen en el Pontificado una mujer, que dicen que se llamaba Juana, natural de Mogunciaco, Villa de la Isla de Inglaterra, de quien aseguran, para establecer mejor su Fabula, que saliendo en público en Roma, parió en la Calle, y que matándola los Romanos, la enterraron en un muladar. Esta Fábula, tan llena de contradicciones, y mentiras, tuvo origen en un cierto Hereje, llamado Focio, que siendo Eunuco, se apoderó en aquel tiempo de la Silla de Constantinopla, cuya Patriarcal llamaban los Griegos Cismáticos, segunda Roma; y con este suceso, dieron ocasión a que se dijese, que ocupaba la Silla de Roma una mujer. Ducientos años después un cierto Escoto, Autor sospechoso, como dice Nicolini, y Sigisberto, Cismático, y enemigo declarado de los Papas, volvieron a renovar la Fabula, sin testimonio, ni autoridad de ningún Escritor de aquellos tiempos; y esta, dando en manos de los Herejes de los nuestros, la han ido adelantando, y vistiéndola de nuevas mentiras, en odio de los Papas; pero está tan mal forjada, que no merece sino el desprecio de los Doctos, como lo muestra muy bien el P. Cotón de la Compañía de Jesús, en su Historia, o Instrucción Católica, con el Cardenal Baronio en el año de 853 el Cardenal Belarmino, y otros muchos Historiadores, de erudición, y cuenta; y así, no haciendo caso de patraña tan ruda, e ignorante, proseguiré mi Epítome, sin detenerme más en ella.» (Rmo. P. Fr. José Álvarez de la Fuente [O.F.M.], Sucesión pontificia: epítome historial de las vidas, hechos y resoluciones de los sumos pontífices, parte segunda, Madrid 1729, págs. 318-320, al final de la “Vida de S. León IV. Papa CVI”, antes de “Vida de Benedicto III. Papa CVII”.)
★ La Papisa Juana aparece en dos lugares de la obra de Feijoo
La Papisa Juana aparece en dos lugares de la obra de Feijoo. La primera en 1740 (tomo IX de adiciones al Teatro crítico universal, luego puestas en sus lugares en las ediciones posteriores), en el añadido al discurso octavo del tomo cuarto del Teatro, por boca del Marqués de San Aubin, de quien traduce el capítulo sexto del libro primero de su Tratado de la Opinión. La segunda en 1760, a lo largo de cinco puntos de la carta tercera del tomo quinto de las Cartas eruditas y curiosas.
1740 «59. Aunque la fábula de la Papisa Juana haya sido ya refutada aún por los mismos Protestantes, y entre ellos muy de intento por David Blondel, no han faltado sujetos opinados de doctos que han querido establecer como verdadero un hecho tan fabuloso {(**) Ya hoy no se halla docto alguno que defienda esta quimera. Impúgnala demostrativamente Bayle, aunque Protestante, en su Diccionario Crítico}.»
«71. Tiempo es ya de levantar la mano de una materia tan inagotable como son las contradicciones de los Historiadores. Para formar un juicio algo ajustado sobre las Historias sospechosas, debe ascender la Crítica a la primera fuente, y acaso única de ellas: Como por ejemplo, a Mariano Scoto para el cuento de la Papisa Juana; y a Gaguin para la pretendida erección del Reino de Yvetot. Es menester luego considerar con diligencia en qué tiempo escribía el primero que dio a luz el hecho incierto; cuál era su profesión; qué partido seguía; sobre todo su adhesión ó indiferencia por la verdad; y cuánta ha sido su exactitud en todas sus Obras. Deben también contarse los testimonios uniformes, si los hay. Esta persecuciones pueden acercarnos al conocimiento de la verdad en los hechos históricos.» (Feijoo, Teatro crítico universal: “Reflexiones sobre la Historia”, añadidos al tomo 4 (1740), discurso VIII, § traducción del capítulo sexto del libro primero del Tratado de la Opinión del Marqués de San Aubin, n° 59 y 71.)
1760 «50. De este principio viene estar tan lleno el mundo de fábulas, y el mismo influyó, como en otras infinitas, en la aceptación, con que se admitió la monstruosa patraña de la Papisa Juana. Mas es verdad, que a favor de ésta, demás del principio común, que he dicho; intervino otra causa particular, que voy a referir.
51. Cuando, llamados de la bélica trompeta de Lutero, y otros Herisiarcas, empezaron a inundarse de los sectarios de éstos varias Provincias de la Cristiandad, ya estaba estampada en muchos libros la fábula de la Papisa, aunque con diversidad, porque lo que mira el asenso, o disenso de sus Autores; porque algunos pocos la escribieron, como persuadidos de la verdad del suceso, los más como inciertos, y dudosos. Los desertores de la Fe Católica, que hallaron en tal estado la fábula, abrazaron el empeño de fomentarla, y persuadirla, como si fuese verdad histórica, pareciéndoles, que de este modo echaban un feísimo borrón en la Iglesia Romana. Aprehensión ridícula: pues aun cuando el suceso fuese verdadero, solo infería, que en Roma se había hecho una elección nula por error, en orden a la persona lo cual nada infiere hacia la doctrina, que profesa la Iglesia Romana.
52. El caso es, que todos los esfuerzos, que hicieron los Herejes para persuadir que hubo error, fueron vanos; porque varios Autores Católicos, con monumentos irrefragables de la Historia, tan claramente probaron ser una disparatada ficción cuanto se escribió de la Papisa Juana, que de esta fábula, en que los Herejes pensaban hallar un oprobio nuestro, resultó una no leve confusión suya, especialmente después que David Blondel, Ministro Calvinista, y famoso Escritor entre los suyos, en un Escrito, que dio a luz sobre esta cuestión, suscribiendo a los Autores Católicos, más sincero en esta parte, que lo son comunmente los de su Iglesia; dio nuevas luces para el conocimiento de la verdad: lo que llevaron muy mal los demás Protestantes; pero les fue preciso tragar esta amarga pócima, la cual, sin embargo de la displicencia, con que la recibieron, en ellos mismos hizo el efecto del desengaño; pues desde entonces han cesado de importunarnos con esta monstruosa invención.
53. Aquí entra ahora la combinación, que anuncié arriba. En aquel tiempo en que Isabela, hija de Henrico VIII, y de la infeliz Ana Bolena, fue elevada al Trono de la Gran Bretaña, aún subsistía entre los Protestantes la Fábula de la Papisa Juana, que con ella improperaban a los Católicos, como si el error, que siniestramente suponían en aquella elección, degradase de su autoridad a cuantos Papas habían sido legítimamente electos hasta entonces, o lo serían en adelante.
54. Pero ve aquí una cosa admirable. Al mismo tiempo, que los Protestantes se esforzaban a insultarnos con la disparatada especie de una Papisa, elegida en Roma, ellos erigieron otra Papisa en la Inglaterra, constituyendo Cabeza de la Iglesia Anglicana a su adorada Reina. Monstruosidad, que no pueden pretextar, o cubrir con la elección de la Papisa Romana; la cual, aun cuando hubiese sido verdadera, estaría disculpada con el error, que hubo en orden al sexo de la persona electa: recurso, que no tienen los Herejes Anglicanos para su elección, pues no ignoraban, que daban esta preeminencia a una mujer. Y finalmente, nosotros estamos bien lavados de la pretendida mancha de la Papisa Juana, sabiendo ya todo el mundo, que ésta es una mera fábula, sin que, después de publicado el citado Escrito del Calvinista David Blondel, se atrevan a negarlo los más encaprichados Protestantes. Resta ver, como podrán éstos lavarse del borrón de su Papisa Isabela: hecho innegable, y testificado aun por los contrarios de nuestra Religión. Lo más notable fue, que escrupulizando la misma Isabela admitir esta suprema dignidad eclesiástica, los Doctores de su iglesia le aquietaron la conciencia, haciéndola deponer el escrúpulo.» (Feijoo, Cartas eruditas y curiosas: “Defensivo de la Fe, preparado para los Españoles viajantes, o residentes en Países extraños”, tomo 5 (1760), carta III, § V, n° 50-54.)
1846 La Censura: “Libros escandalosos. 148. Juana la Papesa, novela histórica en verso por D. J. H. O. (San Sebastián 1843)”
1878 José María Herrán Valdivielso (1833-≈1885), Datos históricos del Papado. Contestación a un anatema del Obispo y tres canónigos de Santander y a El Siglo Futuro, Santander 1878, 39 págs.
Francisco Mateos Gago (1827-1890), Juana la Papisa. Contestación a un articulista papisero de Santander, Sevilla 1878, 252 págs.
1888 Niceto Alonso Perujo (1841-1890): “Juana la Papisa” (Diccionario de ciencias eclesiásticas)
1890 Pedro Guilleux (1843-1902): “Juana (la Papisa)” (Diccionario apologético de la fe católica)
1912 «Pero volviendo a nuestras congresistas, hay que confesar que es arduo el empeño, pero no hay que desesperar de que lo consigan, pues, ¿qué no conseguirá la mujer cuando se lo propone? Si las mujeres pueden gobernar los Estados díganlo Isabel la Católica, Catalina de Rusia o Isabel de Inglaterra, que los gobernaron directamente y en nombre propio, para no preguntárselo a las muchas que lo hicieron y que lo hacen aún indirectamente y ocultas detrás de la cortina. Y en cuanto a si pueden o no gobernar la Iglesia, dígalo aquella figura medio histórica medio legendaria que tanto dio que murmurar a la cristiandad: la papisa Juana.» (Eduardo Ovejero Maury, “La mujer, la Iglesia y la religión”, La Palabra Libre. Periódico republicano de cultura popular, Madrid, 17 de marzo de 1912.)
1957 Enciclopedia de la Religión Católica: “Juana la Papisa”
1978 «No debe llamar la atención a la Cristiandad este milagro si consideramos la rudeza del papa León IV (combatió a los sarracenos, excomulgó al cardenal Anastasio, asesinó a Pedro y Adriano, missi del emperador Luis II) que contrasta con la dulzura del papa que le sucedió en el solio, en 855, Juan VIII, una joven de Maguncia educada en Atenas, más conocida como la Papisa Juana.» (Gustavo Bueno Sánchez, “Ontogenia y filogenia del basilisco”, El Basilisco, número 1, marzo-abril 1978.)