Filosofía en español 
Filosofía en español

Juan Sánchez Valdés de la PlataCoronica y historia general del hombre, Madrid 1598


Libro primero, en que trata del hombre en común ❦ Capítulo X

En que declara qué leche sea mejor para la criatura, y la calidad del ama que la ha de criar, y costumbres y ayos que los enseñen, y a qué tiempos

La ama que ha de criar el niño la mejor es su madre, porque la leche de la madre es el manjar más semejante a la complexión de la criatura que en el mundo se puede hallar, porque la leche de la madre se hace de los menstruos, de los cuales la criatura se mantenía en el vientre, mientras en él estuvo, y por eso le es más conveniente la leche de su madre, y la recibe de mejor gana, y por experiencia lo tenemos ya certificado, aunque el primero ni el segundo día no debe darle leche a la criatura la madre, hasta que la complexión de la madre sea templada de la alteración del parto, y del movimiento de los malos humores que se mueven. Y para que la leche esté reposada, y limpia de los malos vapores que se levantan del parto, el ama, o mujer que diere a mamar, mire que no dé la leche en ayunas, porque es muy dañosa. Y porque no todas las veces las madres quieren dar de mamar a sus hijos, o por estar flacas, y debilitadas, o porque están enfermas, y tienen la leche corrompida, o están preñadas, o porque es mujer deleitosa, o generosa, que no quiere dar leche a sus hijos, es necesario que se escoja una ama que le críe, y dé leche, y háse de escoger con todas estas condiciones, que aquí contaré. Las condiciones de las amas Lo primero, que la ama que la ha de criar, y amamantar a la criatura, sea de edad de entre veinte y cinco, y treinta años, porque ésta es edad de juventud, y sanidad, y perfección. Lo segundo, que sea de buena color, y que tenga el cuello gordo, y el pecho fuerte, y ancho, las carnes ni muy gordas ni flacas, y tiesas, y duras. Lo tercero, que sea mujer de buenas, y loables costumbres, y mujer que no sea presta de airarse, o entristecerse, o enojarse, o temerosa, y por esto prohíben los Sabios, que la mujer bova dé leche, porque todas estas cosas corrompen la complexión buena, de adonde vendrá el niño a perder la gana del mamar. Lo cuarto, ha de tener las tetas sólidas, y grandes, y que en lo grande no estén flojas, ni tampoco sean muy grandes, sino que sean medias entre duro y blando. Cuál ha de ser la leche La leche del ama ha de ser templada, y su color blanco, que no sea tosco, ni verde, ni amarillo, ni colorado, ni bermejo, y que sea de buen color, que no huela a aceda, ni a corrompida, y su sabor sea dulce, y que no tenga sabor de salada, ni sea amarga, ni azeda, y que la leche sea mucha, y que sea todo igual, y no diversas partes, que unas sean gruesas, y otras Cómo se conoce la leche buena acuosas y sutiles, ni espumosa. La experiencia que se suele hacer por los sabios para conocer la sustancia de la leche si es buena, es, que se ordeñe una poca sobre la uña, y si se corre, es la leche sutil, y acuosa, y si no corre inclinando la uña, sino que se está pegada, es la leche espesa. También se conoce la leche echando una poca en una taza vidriada, y echar allí dentro una poca de mirra, y mezclarla bien con el dedo, y entonces apartarse ha el agua de la cuajada: y si es tanto la acuosidad como la cuajada, es leche loable y templada, si no es tanto, es mala y destemplada. Cuando conociéremos que la leche es mala, gruesa, y de mal color, el remedio es, que no se dé, sino después que esté ordeñada, y haya estado un rato adonde le dé el aire, y si fuere leche de mucho calor, conviene que en ninguna manera se dé en ayunas: y a la mujer que da leche gruesa, conviene que beba oximel despumado, y que beba agua cocida con orégano e hisopo, yerba, o con mastranzos y tomillos, y otras cosas, así sutiliativas, y en lo que comiere le echen un poco de azafrán: y si la leche fuere acuosa y sutil, conviene que le manden al ama que haga poco ejercicio, y que coma y beba cosas que engruesen la sangre: y puedenle dar vino dulce, o mosto cocido, y mandarle que duerma mucho: y si la ama tuviere poca leche, y fuere por causa de opilación, que están opiladas las vías que van a los pechos, de causa fría y humores fríos, ponerle unas ventosas debajo los pechos: y tener cuidado de en la cocina o caldo que comiere, y en el manjar, se le pongan unas raíces de hinojo, Qué aumentan y dan leche y la simiente del hinojo, y eneldo, y neguilla. Muchos dijeron, que comer las ubres de las ovejas, o de las cabras tienen propiedad de dar leche mucha. También dice Avicena, que muchos tienen por experiencia, que comer, o beber muchos días cada día por la mañana, una dracma de polvos de lombrices en agua de cebada, da mucha leche, y que lo hallaron por muy bueno: y que comer cabezas de sardina y de peces salados, o beber el agua de cocimiento de cabezas de peces salados, y eneldo, da mucha leche. También da mucha leche comer ajonjolí, o molerlo, y echarlo en vino a remojar, y colar el vino y darlo a beber. Hase de mirar mucho, que cuando se da a criar un niño a una ama, Las condiciones del ama que el ama no haya poco tiempo que parió, a lo menos que haya que parió mes y medio, o dos meses, y lo que parió que sea varón, y que sea el parto natural, y a su tiempo, y que no haya abortado, ni tenga costumbre de abortar. Y han de mirar que la mujer no tenga ayuntamiento con hombre, porque se mezcla la sangre buena con la mala, y corrómpese el color de la leche, y olor, y disminúyese la cantidad de la leche, porque a las veces se empreña: y mirar que coma y beba cosas buenas, y de buen mantenimiento. Y cuando fuere el niño de dos años, que ya deseare andar, han de mirar mucho no lo muevan recio, ni le hagan andar, o correr muy ligero, porque no se le haga mucho daño en las piernas, que perderán las fuerzas: y lo otro dobléganseles los huesos, como son tiernos, de adonde les queda mala figura en las piernas Ni tampoco los hagan estar asentados por mucho tiempo, que les hace mucho daño al espinazo, y suelen quedar gibados, sino estén asentados sólo aquel tiempo que ellos desearen estar: y así con amor y halagos, y mansamente los han de enseñar a andar, y enseñarlos a hablar, primero enseñándoles los nombres de sus padres y madres, y de los manjares, y luego algunos nombres de santos, y luego nombres de Dios, y procurar que no los hagan medrosos, ni tampoco soberbios, ni airados, ni hacerles que tengan pesar y tristeza, porque les gastaría mucho su tierna complexión, y guardarlos que no se desvelen por lo que tengo dicho, considerando mucho que se les dé siempre a los niños lo que desean y codician, y no se permita poner cosa delante de las criaturas, que lo hayan de aborrecer, y lo que comieren, que sea siempre bueno: porque de todas estas cosas les vendrán dos provechos, el uno en el ánimo, que desde niños se acostumbren a buenas costumbres y virtudes: y el otro en el cuerpo, porque como los malos humores se siguen de la mala complexión, así de la costumbre de tener muchos humores y mala complexión, se seguirá ellos tener siempre mala condición. Y por eso dice Avicena en la 3 sen en el 1 libro, que en la templanza de las buenas costumbres y virtudes consiste la sanidad del ánima, y del cuerpo juntamente. Ya que han pasado de los siete años, que es la edad de la infancia, o de la niñez, entra luego a los ocho años, hasta los catorce, en la edad de puericia, y podíase decir aún niñez, porque aún son muy tiernos, y los quitan de los pechos, y de las amas que los crían, y los ponen so la mano de ayos y maestros, para que sean sujetos a disciplina, Cuándo han de enseñar los niños, y lo que deben hacer los ayos porque en aquesta edad ya comienza el niño a entender en alguna manera el bien, y el mal: y hanlos de enseñar con amor, no forzándolos a estar continuamente en las escuelas, ni leyendo, que se revuelven mucho, o se tornan locos, o de malas condiciones: y sean los maestros que les enseñen buenas doctrinas y saludables, porque como dice san Agustín, en la tierna edad se pega de tal manera la doctrina, que si se les enseña algún error, en él perseveran hasta la fin de sus días: y si fueren hijos de caballeros militares, hanlos de imponer en el ejercicio militar muy poco a poco, que no se muelan las carnes tiernas que tienen: y todas las otras cosas con moderación y templanza, para que mejor y con más buena gana lo aprendan.