Juan Sánchez Valdés de la Plata
Libro primero, en que trata del hombre en común ❦ Capítulo IX
Que declara, qué se ha de hacer a la criatura luego en saliendo del vientre de su madre, y qué le han de dar a comer, y qué tanto tiempo ha de mamar
Cumplida la obra de natura cerca de la creación de la criatura, si el parto es sano, a los ocho, o nueve, o diez meses, o a los siete, la criatura sale fuera cercada de la piel, que es llamada segundina, y en su nacimiento da mucha pena, y trabajo a su madre, y cuando sale, y siente el aire frío de fuera, o muy caliente, comienza a llorar por las miserias donde entra. Su carne es muy tierna, o blanda, y por esto le son necesarios muchos remedios, según escriben Avicena, y los otros Médicos, hablando del regimiento de la criatura, porque ha menester ser primeramente empañado, y envuelto con rosas majadas, y con sal, por confortar sus miembros, y por quitar el humor viscoso que han, y después les deben frotar el paladar con el dedo mojado en miel, por les limpiar la boca de dentro, y por les dar apetito por el dulzor de la miel: y para que purguen la superfluidad mala que tienen en las tripas, y hígado, de la sangre del menstruo, de que se han mantenido, darles algunas dedadas de manteca de vacas, y miel, que los limpia, y purga, y da gana de mamar, y después le han de bañar en aceite rosado, y fricar, o frotar por todos los miembros, y por especial los de los niños, que han de ser en virtud más fuertes, y más duros que los de las hembras, para sufrir mejor los trabajos, y después han lo de poner en lugar oscuro, porque duerma, y para que su vista sea más guardada, porque cuando el lugar donde está la criatura es muy claro, ella esparce su vista, y enflaquece los ojos, y los para tuertos, o ciegos, o de muy pequeña, y corta vista: y lo que más se debe guardar, que no sea criado de leche corrompida, porque de esta leche le pueden venir muy grandes enfermedades, así como vejigas en la boca, vómito, calenturas, pasmos, que llaman herir, y alferecía, y cámaras, y otras muchas enfermedades. Para la cura de los niños han de guardarse mucho de no darles medicinas Al niño no le den medicinas aunque estén enfermos, porque los resuelve, y consume mucho, sino las madres, o amas que los crían, han de tomar las tales medicinas, y guardarán dieta la que fuere necesario, y comer viandas buenas, conformes para rectificar, y hacer la leche buena para tal enfermedad: porque si la leche es buena, y de buena disposición, el niño, o criatura estará sana y buena: y si la leche de la mujer que cría es mala, la criatura adolece, y enferma, porque la criatura es blanda, y tierna, y de presto cae en falta de su sustancia, y la vianda que le dan de presto le sana, o le daña: y porque los niños toman mucho mantenimiento, y muchas veces han menester dormir para que se retraiga el calor natural dentro del cuerpo, para que lo digieran, y por esta razón ponen el niño en la cuna, porque el calor se incite en las partes de dentro, y que el niño comience a dormir, por causa de las fumosidades que suben entonces al cerebro a causar el sueño. Y las amas deben también muchas veces cantar cerca de la cuna, porque por el deleite de la voz que viene a los sentidos del niño, se repose, y duerma. Y deben guardar mucho que los niños no lloren muy recio, ni mucho, ni tomen corajes porque de lo tal vienen a quebrarse. Y también deben guardarlos de sobresaltos, porque son muy tiernos, e imprímeseles mucho, y suelen quedar lisiados para siempre: y porque los miembros de las criaturas son muy tiernos, y débiles, la madre, o el ama que criare la criatura los deben atar, y liar con fajas y otras ataduras, que no les dejen torcer ni quebrar el cuerpo, ni gastar ni figurarse mal. Hase de cortar el ombligo Y la partera también debe tener gran cuidado de cortar el ombligo a lo luengo de cuatro dedos, y atarlo con un hilo junto a la barriga, y lavarla, y quitarle la sangre, y frotarle con su sal, y miel, para secar, y confortar los miembros, y envolverla en paños blancos, como tengo dicho, y luego el primero día le dé de mamar otra mujer que tenga buena leche, y no su madre, y dele tres veces en el día, y esto vaya así por todos los tres días primeros, según que lo dice Avicena en la 3 sen. del 1 lib. y luego echarle en su cuna, y mecerlo templadamente, porque si lo meciesen muy recio, acedaríase la leche en el estómago. Y dice más, que el tiempo natural y conveniente para que la criatura mame, es dos años, y que aquello le basta, y que cuanto la criatura va creciendo, y deseare comer otra cosa sin la leche, que se le debe dar, aunque no ordinariamente, ni tampoco si lo quisiere con gran codicia, se le debe forzosamente negar: y cuando le dieren algo a comer, miren que no sea cosa dura, sino blanda, como pan mascado de su ama, y después unas migas hechas de pan, y miel y agua, o migas de pan en vino, o en leche, y entonces darle unos tragos de agua, y si fuesen templados con un poquito de vino, serían mejores: y cuando le quisieren quitar la leche, ha de ser poco a poco, y dándole cosas, que sorba de sustancia de carne, y de almendradas, y dándole manjares hechos de azúcar, y cosas dulces: y si todavía quisiere mamar las tetas, untarlas con ungüento hecho de mirra, y mastranzos, para que las aborrezca.