Filosofía en español 
Filosofía en español

Filosofía de la cultura

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Génesis histórica de la idea moderna (objetiva) de Cultura: Reino de la Gracia / Reino de la Cultura

Es una idea propia de la Europa protestante de los siglos XVIII y XIX. En la Antigüedad no hubo una idea de cultura objetiva porque las ideas que pudieran considerarse afines (técnica, poesía, pintura, arte, aticismo, latinitas o urbanitas) bloqueaban su constitución, pues fueron pensadas desde una perspectiva naturalista según dos sentidos:

  1. El que se concreta en la idea de instrumento (organon): los útiles (herramientas, indumentos, casas) o bien derivarán de un desarrollo tan natural como puedan serlo las telas de araña para las arañas; o bien, cuando vienen de arriba, lo harán para restaurar unas dotes naturales de las que los hombres habrían sido privados (mito de Prometeo: Protágoras de Platón). La visión instrumentalista de la tecnología, del arte, &c., presupone, en efecto, ya constituida una naturaleza humana y, además, a escala individual. Una naturaleza, por tanto, que lejos de constituirse o moldearse a través de las formas objetivas de la cultura resulta ser previa y anterior a ellas.
  2. El que se concreta en la idea de imitación (mímesis): el objetivo de las artes «liberales» o poética se ponía en la mímesis de paradigmas naturales (arte como imitación de la naturaleza).

De todos modos, es evidente que la idea de cultura objetiva no ha podido formarse ex nihilo, sino a partir de ideas precursoras. Precursoras no tanto en el sentido de «precedentes» (anticipaciones, &c.) cuanto en el sentido de lo que en Zoología son los órganos análogos de una especie respecto de los de otra posterior, es decir, órganos que, precisamente por su morfología característica, desempeñan una función similar en un organismo determinado no precisamente a título de «anticipación» de organismos ulteriores. En cualquier caso subrayaremos la circunstancia de que la morfología de tales órganos se transforma muchas veces en otra distinta (a veces, incluso asume funciones nuevas si ha tenido lugar una evolución morfológica profunda del organismo hacia formas sucesoras, a la manera como las extremidades anteriores de los reptiles se transforman en las alas de las aves). En nuestro caso, «organismo» (de especie determinada) equivaldrá a «sociedad» (de una época determinada). Nos situaremos, en resumen, en la perspectiva de aquellas Ideas en cuya génesis no haya que poner únicamente al «ser social», sino precisamente también a otras ideas («órganos») características del «ser social» de las épocas precedentes. De este modo, la constitución histórica de la idea moderna de cultura tendría que ser explicada no ya tanto a partir únicamente del proceso de constitución de una nueva sociedad (la sociedad «moderna», la «burguesía industrial», &c.), cuanto a partir de la transformación de alguna idea que en la sociedad precursora de esta sociedad moderna pudiera considerarse como homóloga y análoga a la vez de la idea de cultura objetiva. La idea de cultura podrá ser presentada, entonces, como una idea que procede de la transformación (que comporta su desvanecimiento) de alguna idea anterior, sin por ello subestimar el papel que en la transformación misma pueda corresponder a los cambios sociales, económicos y políticos. Sintetizamos nuestros resultados en estas dos proposiciones:

(A) La idea homóloga (y análoga) precursora (en la sociedad medieval y en el «Antiguo Régimen») de la idea moderna de cultura es la idea de Gracia. La idea moderna de un «Reino de la Cultura» es una transformación secularizada de la idea medieval del «Reino de la Gracia», una secularización que envuelve, desde luego, la «disolución» de la idea teológocia.

(B) Como motor principal de la transformación habría que considerar el proceso de constitución de la «sociedad moderna» en la medida en que comporta la cristalización de la idea de Nación, en su sentido político [421-422], como núcleo de la consolidación de los Estados modernos: la transformación de los Reinos medievales, como Estados sucesores del Imperio Romano, en Estados nacionales modernos, habría determinado la transformación de la idea del «Reino de la Gracia» (a través de la fragmentación de ese «Reino» consecutiva a la reforma protestante, en las Iglesias nacionales) en la idea de un «Reino de la Cultura».

Esta secularización implica un eclipse de la fe en Espíritu Santo que, a través de la reforma de Lutero, había comenzado a soplar no ya a través de Roma sino a través del «fuero interno» de cada hombre (uno de los resultados de este nuevo «modo de inspiración» será la Psicología, considerada como disciplina introspectiva: el mismo término «Psicología» fue inventado por un escritor protestante, Goclenius, en 1590). Sin embargo, el nuevo cauce por donde el soplo del Espíritu Santo llegará a los hombres de la nueva época será el cauce de las asambleas constituidas por los hombres de los pueblos más diversos. El Espíritu Santo, elevante y santificante, se transformará en el Espíritu de ese pueblo y será conocido como Volksgeist. Es ahora cuando podremos hablar de una confluencia o «evolución convergente» de la idea del «Reino de la Gracia» (en tanto evoluciona hacia la idea del «Reino de la Cultura») y de la idea de la Iglesia del Espíritu Santo (en tanto evoluciona hacia la idea de Pueblo o Nación dotados de un espíritu propio: la Santa Rusia, la Santa Alemania). La evolución de la idea de un Pueblo de Dios hacia la idea de Nación no sería disociable, según esto, de la evolución de la idea de un «Reino de la Gracia» hacia la idea de un «Reino de la Cultura». Esto dicho sin perjuicio de que la fases de los cursos respectivos de estas evoluciones puedan mantener ritmos relativamente independientes. La intención universal (católica) que actuaba en la Idea de un «Reino de la Gracia» se transformará en la intención particular (nacionalista) que anima a muchas «identidades culturales». {MC 50, 119-124, 130 / BS07 53-56}

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