Diccionario soviético de filosofía
Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1965
páginas 163-164

Existencia

(del latín «existentia», existencia). 1. Es toda la diversidad de las cosas variables en su conexión e interacción. No es posible reducir la existencia de las cosas ni a su esencia interna ni exclusivamente a su manera de existir. Son erróneas las teorías filosóficas que han situado la esencia de las cosas, su fundamento, por encima de su existencia concibiendo esta última como algo bajo, casual y de corta duración. Pero también es errónea la teoría que estima la existencia de las cosas como superior a su esencia, considerando que esta última no existe en absoluto o como algo inaccesible, fuera del alcance de la cognición y de la práctica del hombre. El criterio acertado, en esta cuestión, estriba en que ni la esencia es posible sin la existencia (en este caso se obtiene la idea del imperio de la inmovilidad absoluta, que nada tiene de común con la vida real de la naturaleza y de la sociedad) ni la existencia es posible sin la esencia (en este caso, se fija sólo lo externo, lo inquieto, lo casual). Únicamente la unidad de existencia y esencia, de ser y de devenir, permite comprender todo lo existente. 2. Categoría fundamental del existencialismo, introducida en «la terminología filosófica por Kierkegaard. Se entiende por existencia el «ser» interno aprehendido por la conciencia, del hombre; «ser» distinto de la existencia empírica, que no es la real. La existencia como posibilidad del ser está determinada por el hombre mismo, por su deseo, pero tiene sus raíces (por ejemplo, según Jaspers) en cierta «trascendencia» misteriosa, es decir en Dios. La existencia no llega a conocerse, sino que se «ilumina» o se «revela» en «momentos críticos» (ataraxía, acto heroico, muerte, &c). En los existencialistas, esta categoría sirve para fundamentar el irracionalismo y el relativismo moral.

Existencialismo

(del latín «existentia»: existencia). Filosofía de la existencia, corriente irracionalista de la filosofía burguesa contemporánea; surgió (después de la primera guerra mundial en Alemania, y luego en Francia; después de la segunda guerra mundial en otros países, entre ellos los Estados Unidos) como intento de crear una nueva concepción del mundo en consonancia con los estados de ánimo de la intelectualidad burguesa. El término «existencialismo» fue introducido por el neokantiano Fritz Heinemann (1929). Las fuentes ideológicas del existencialismo son: la filosofía de la vida, la fenomenología de Husserl, la doctrina místico-religiosa de Kierkegaard. Se distingue el existencialismo religioso (Marcel, Jaspers, Berdiáiev, Buber) y el ateo (Heidegger, Sartre, Camus). En la filosofía de la [164] existencia ha hallado su reflejo la crisis del liberalismo burgués, incapaz de dar respuestas científicas a las cuestiones planteadas por el hacer práctico social e histórico de nuestros días, liberalismo impotente para explicar la inestabilidad y la desorganización de la vida humana en la sociedad burguesa, los sentimientos de angustia, desesperación y desolación inherentes al hombre de dicha sociedad. El existencialismo constituye una reacción irracionalista al racionalismo de la Ilustración y a la filosofía clásica alemana. Afirman los filósofos existencialistas que el principal vicio del pensamiento racional estriba en tomar como punto de partida el principio de la contraposición entre sujeto y objeto, o sea, el dividir el mundo en dos esferas: la objetiva y la subjetiva. El pensamiento racional veía toda la realidad, incluido el hombre, tan sólo como objeto, como «esencia», como algo ajeno al hombre. La filosofía auténtica, desde el punto de vista del existencialismo, ha de partir de la unidad entre sujeto y objeto. Dicha unidad se halla encarnada en la «existencia», es decir, en cierta realidad irracional. Según la doctrina existencialista, para adquirir conciencia de sí mismo como «existencia» el hombre ha de encontrarse en una «situación límite», por ejemplo, ante la faz de la muerte. Ello hace que el mundo se convierta para el hombre en «íntimamente próximo». Se declara que el procedimiento verdadero de cognición o, según el existencialismo, de penetración en el mundo de la «existencia», es la intuición («experiencia existencial» en Marcel, «comprensión» en Heidegger, «iluminación existencial» en Jaspers), que es el método fenomenológico de Husserl irracionalmente interpretado. En el existencialismo, ocupa un importante lugar el planteamiento y la solución del problema de la libertad, definida como «elección» que hace el hombre de una posibilidad entre innumerables posibilidades. El carácter voluntarista de la explicación que el existencialismo da de la libertad estriba en separar la «elección» de las circunstancias, es decir, estriba en aislar de la necesidad objetiva, de las leyes, al hombre. En última instancia, los existencialistas convierten el problema de la libertad en un problema puramente ético y entienden la libertad, según el espíritu del individualismo extremo, como libertad del individuo respecto a la sociedad. El existencialismo ha ejercido sensible influencia sobre el arte y la literatura burgueses de nuestros días y, por este conducto, sobre la mentalidad de una sensible parte de la intelectualidad burguesa. La actitud política reaccionaria de la mayoría de los filósofos existencialistas se halla íntimamente vinculada a sus concepciones filosóficas («Man»).

Existencialismo en estética

Teoría idealista subjetiva del arte y de la creación artística. Está representada por las concepciones de los existencialistas alemanes, franceses y de otros países (Karl Jaspers: «Strindberg y van Gogh», 1922; Gabriel Marcel: «Existencia y libertad humana en Jean Paul Sartre» 1946; Albert Camus: «Discurso en Suiza», 1957). Las ideas existencialistas aparecieron por primera vez en los sonetos y en las elegías del poeta austríaco Rilke (1875-1926); más tarde, penetraron en el arte y en la literatura de muchos países burgueses. Tales ideas encuentran su más nítida plasmación en las obras de Camus («La peste» «El extranjero»), de Simone de Beauvoir («Todos los hombres son mortales» «La sangre de otros») y de Sartre («Los caminos de la libertad», «El diablo y el buen Dios», «La náusea» y otras). Según la estética existencialista, han de ser objeto de la representación artística la «iluminación de la existencia» (es decir, la vivencia irracional del individuo) y los fenómenos que dan origen a tal «iluminación». Exhortando a los artistas a reproducir los bajos impulsos y las «facetas sombrías» de la existencia humana, la estética de los existencialistas «ateos» enlaza con el naturalismo. A juicio de los existencialistas «religiosos», el arte es una «cifra», un signo de las fuerzas del más allá, un «reino intermedio» entre el mundo y la «unidad divina», una coincidencia entre la experiencia religiosa y la estética». Los existencialistas valoran el talento del artista por el modo cómo éste trata, con cifras, de la existencia, de la originalidad del individuo y de sus situaciones límite». Ven la misión principal del arte en despertar las vivencias subconscientes del ser humano. La estética del existencialismo es un reflejo de la degeneración espiritual de la burguesía moderna.


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