Filosofía en español 
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Crítica y autocrítica

no figura

Diccionario filosófico marxista · 1946

Crítica y autocrítica

Método que permite a los partidos marxistas y demás organizaciones de trabajadores, descubrir y superar los errores y las insuficiencias de su actividad. En la sociedad soviética, la crítica y la autocrítica constituyen una de las principales fuerzas motrices del progreso.

Una particularidad que distingue la revolución proletaria de las revoluciones precedentes, indicaba ya Marx, es la de someterse a la autocrítica para progresar con éxito. Esta tesis de Marx fue desarrollada en condiciones nuevas por Lenin, quien definió la autocrítica como un rasgo propio de un partido auténticamente proletario, rasgo que lo distingue de los partidos reformistas y oportunistas. Para Lenin, la ausencia de temor respecto a la crítica y a la autocrítica constituye uno de los principios más importantes del partido comunista. Al desenmascarar a los mencheviques, los socialistas-revolucionarios, los partidarios de Kautsky y demás enemigos del marxismo, Lenin demostraba que el origen de la putrefacción de esos partidos residía en el temor a la crítica y la autocrítica, y que la autocrítica es una necesidad absoluta para todo partido de naturaleza viva y sana. Los partidos que trabajan sin contacto con las masas, encerrados en su propio caparazón, temen la crítica y la antocrítica. Un partido verdaderamente proletario que representa la vanguardia de combate de la clase obrera y de toda la masa de trabajadores, educa a sus propios cuadros así como a las masas populares al criticar los errores y las insuficiencias, y, con la ayuda de la crítica y de la autocrítica, supera los obstáculos que obstruyen el camino de la victoria.

En los primeros días de existencia del Estado Soviético, el Partido Comunista puso la crítica y la autocrítica al servicio del nuevo Poder e hizo de ella un arma poderosa en la lucha por el socialismo. Sin embargo, en la época en que las clases explotadoras existían todavía en la URSS, la ley fundamental de desarrollo de la sociedad soviética hallaba su expresión en la lucha de clases. Al antagonismo de clases correspondían formas de lucha determinadas con el fin de superar ese antagonismo. El triunfo del socialismo en la URSS ha cambiado completamente la situación. Las clases explotadoras han sido suprimidas. La clase obrera y el campesinado constituyen ahora clases nuevas cuya actividad se apoya en la economía socia lista única, y que colaboran estrechamente entre sí, así como con la nueva intelectualidad soviética. La unidad moral y política de la sociedad soviética constituye un hecho establecido. Eso significa que los antagonismos sociales propios del orden capitalista y la lucha de clases que de ellos resultan, han desaparecido para siempre del País de los Soviets. Sería un error sin embargo, creer que por haber sido liquidadas las clases antagónicas y las contradicciones que les son inherentes en la URSS, ha desaparecido toda contradicción en la sociedad soviética. Sin aparición y eliminación de contradicciones no hay progreso posible. Hoy, en el período del coronamiento de la edificación socialista y de la transición gradual hacia el comunismo, es preciso eliminar en el País de los Soviets ciertas contradicciones, entre las cuales, la contradicción entre el modo de existencia nuevo, socialista, de las masas, y las supervivencias del capitalismo en la conciencia, la psicología y las costumbres. Sería imposible construir el comunismo sin lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre los elementos progresistas y los conservadores, sin vencer las veleidades antiestatales, el burocratismo, las supervivencias del nacionalismo, la actitud no socialista de ciertos soviéticos hacia la propiedad colectiva y el trabajo, sin luchar contra todo lo que pone trabas al progreso. Así es como la sociedad soviética se desarrolla superando las contradicciones. Sin embargo, no se trata ya de las antiguas contradicciones de la sociedad capitalista que engendraban una lucha de clases encarnizada y revoluciones políticas. Las contradicciones internas de la sociedad soviética no son ya de naturaleza antagónica: detrás de ellas no se hallan ya clases antagónicas defendiendo intereses fundamentalmente opuestos. Estas contradicciones no antagónicas se manifiestan en el marco de la comunidad de todos los trabajadores.

El nuevo contenido de las contradicciones de la sociedad soviética da nacimiento a nuevas formas, nuevos medios para superarlas. La antigua noción de “lucha” recibe un contenido nuevo. El centro de gravedad se traslada a los métodos de educación comunista, a la persuasión por el ejemplo, lo que no excluye, desde luego, la utilización de métodos coercitivos, de la coacción hacia el que fuera deliberadamente culpable de infracciones a las reglas de la vida socialista, hacia los raros enemigos, todavía existentes, del pueblo soviético. La nueva forma histórica de solución de las contradicciones en la sociedad soviética, el arma más acerada que permite al partido descubrir esas contradicciones y eliminarlas, es la crítica y la autocrítica.

En oposición a la sociedad capitalista donde el desarrollo es espontáneo y en la cual las crisis regulan la producción, la sociedad soviética se funda en el desarrollo planificado de la producción. El Partido y el Estado establecen los planes de desarrollo de la economía y de la cultura socialistas estrictamente adaptados a las exigencias de las leyes económicas objetivas del socialismo. La URSS posee todas las condiciones y posibilidades objetivas de marchar adelante: las fuerzas naturales, el poder político de la clase obrera que utiliza estas fuentes en interés del pueblo, el régimen soviético que ignora las plagas incurables del capitalismo, el partido comunista que dirige la marcha progresiva de la sociedad. Sólo resta aprovechar esas posibilidades, lo cual no depende más que de los hombres, de su voluntad de trabajar por el bien de la patria. Es así como se concibe la importancia de la crítica y de la autocrítica, medios de combate contra todas las insuficiencias en el trabajo, tales como rutina, lentitud, burocratismo, repugnancia a las nuevas formas de trabajo, y contra todo lo que pone trabas a la ejecución de los planes del Partido Comunista y del Estado Soviético. La importancia de la crítica y la autocrítica como fuerza motriz de la sociedad soviética, consiste en que ellas permiten franquear el camino, barrer los obstáculos que impiden el progreso; ellas aseguran que las posibilidades objetivas de la marcha adelante, hacia el comunismo, se conviertan en realidades más rápidamente. Ese papel de la crítica y de la autocrítica se expresa perfectamente en la emulación socialista, forma de lucha de las masas trabajadoras para elevar la productividad del trabajo y, por consiguiente, alcanzar la fase superior del comunismo. Las masas populares para quienes el desarrollo de la productividad del trabajo en el régimen socialista es de un interés vital, someten a la crítica el nivel de productividad ya logrado y buscan nuevos medios para que su esfuerzo de producción sea más eficaz, &c. El obrero de vanguardia que supera ampliamente la norma establecida, somete por eso mismo a la crítica a su vecino rezagado y lo ayuda a trabajar mejor, a elevarse al nivel de los trabajadores de vanguardia. La emulación socialista es la expresión de la autocrítica revolucionaria práctica de las masas.

Como formas nuevas de lucha de lo nuevo contra lo viejo e instrumentos adecuados para eliminar las contradicciones, la crítica y la autocrítica fluyen de la naturaleza misma del Estado Soviético, que representa la forma suprema de la democracia, la democracia socialista. El Estado Soviético es el estado de las masas trabajadoras, y es eso lo que constituye su fuerza. Así, pues, la marcha adelante de la sociedad soviética no puede realizarse con éxito sin la participación activa de las masas en la edificación de la vida nueva, en el descubrimiento de todas sus insuficiencias y en su crítica, o sea, a condición de que la crítica provenga de la base. La crítica de los trabajadores, la crítica proveniente de la base, es de una importancia primordial. Por medio de ella se manifiestan la energía y la iniciativa creadoras del pueblo soviético, su sentímiento de responsabilidad hacia el país.

Cuando se subraya el papel enorme de la crítica y la autocrítica, es necesario considerar que únicamente la crítica capaz de multiplicar las fuerzas de la sociedad soviética –y no cualquier crítica– constituye la fuerza motriz del progreso. Es preciso establecer una distinción rigurosa entre la pseudocrítica proveniente de elementos hostiles y que se proponen imponer concepciones anticomunistas, extrañas a los soviéticos, y la crítica auténtica cuya finalidad es la de reforzar la causa del comunismo. El XIX congreso del Partido dedicó una gran atención a la crítica y la autocrítica y su función en la consolidación y desarrollo del régimen soviético. El informe sobre la actividad del Comité Central indicaba que donde la crítica y la autocrítica habían sido relegadas a segundo plano, donde la crítica proveniente de la base se había desarrollado débilmente, aparecían inevitablemente deformidades tales como burocratismo, corrupción y hasta disgregación de ciertos eslabones de nuestro aparato administrativo. Teniendo en cuenta el papel inmenso de la crítica y la autocrítica en el desarrollo de la sociedad soviética, el XIX congreso del Partido incluyó en los Estatutos del Partido Comunista de la Unión Soviética un artículo que establece como un deber para los miembros del partido “desarrollar la autocrítica y la crítica desde abajo, poner al desnudo los defectos en el trabajo y procurar eliminarlos, luchar contra la tendencia a presentarlo todo de color de rosa y contra la embriaguez por los éxitos en el trabajo. Coartar la crítica es un grave mal. Quien ahoga la crítica y la sustituye por el oropel y las alabanzas no puede permanecer en las filas del Partido”. (Estatutos del P. Comunista de la U. Soviética, p. 5, Ed. esp., Moscú, 1953).

La crítica y la autocrítica son de una importancia capital para el desarrollo de la ciencia, de la literatura y de las artes, las cuales no pueden progresar sin discusiones fecundas, sin lucha de opiniones ni libertad de crítica. La crítica y la autocrítica constituyen un medio de hacer participar a las amplias masas en la construcción del comunismo, y ayudan a los soviéticos a vencer las supervivencias de la ideología burguesa.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:95-98

Crítica y autocrítica

Procedimiento para descubrir y superar los errores e insuficiencias en la actividad de los partidos marxistas y otras organizaciones de los trabajadores. Ya Marx indicaba que la revolución proletaria, con vistas a su desarrollo, se somete a autocrítica, y que ello constituye una de sus particularidades. Sobre la autocrítica como principio importantísimo del trabajo del Partido Comunista habló Lenin. Con la victoria de la revolución socialista, la crítica y la autocrítica se convierten en una de las principales fuerzas motrices del desarrollo de la sociedad. Aparecen como forma especial en que se manifiestan y se resuelven las contradicciones –no antagónicas– del socialismo. El papel creador de la crítica y de la autocrítica se revela con toda claridad en la emulación socialista, forma de la participación activa de los trabajadores en la edificación del comunismo. Cuando se ha entrado en la amplia fase de la construcción del comunismo, la crítica y la autocrítica desarrollan la iniciativa y la fuerza del pueblo con vistas al establecimiento de la base material y técnica del comunismo, incorporan a las masas a la dirección de la sociedad, sirven para educar al hombre de la sociedad comunista.

Diccionario filosófico · 1965:93

Crítica y autocrítica

(griego kritike: valoración.) Método de descubrimiento y superación de los errores y defectos, que se utiliza ampliamente en la vida social de los países socialistas, en la actividad de los partidos marxistas y de otras organizaciones de los trabajadores. Marx decía que con el objeto del desarrollo, la revolución proletaria –y en ello consiste su particularidad– se somete a la autocrítica. Con el triunfo de la revolución socialista, la crítica y autocrítica se convierten en una de las principales fuerzas propulsoras del desarrollo de la sociedad. Constituyen una forma especial de descubrimiento y solución de las contradicciones del socialismo, que no son antagónicas. La autocrítica es un importantísimo principio de la labor del Partido Comunista de la Unión Soviética. El papel creador de la crítica y autocrítica se expresa con realce en la emulación socialista, que es una forma de participación activa de los trabajadores en la edificación del comunismo. La crítica y autocrítica desarrollan la iniciativa del pueblo en la construcción de la base material y técnica del comunismo, sirven de medio necesario para incorporar a las grandes masas populares a la gestión social, de instrumento de educación del hombre de la sociedad comunista y de lucha contra todo lo conservador, atrasado, que frena el progreso de la sociedad.

Diccionario de filosofía · 1984:96