Filosofía en español 
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Concepción idealista de la historia

Concepción idealista de la historia

Ver: Interpretación idealista de la Historia.

Diccionario filosófico marxista · 1946:49

Concepción idealista de la historia

En oposición a la concepción materialista, la concepción idealista considera las ideas, las teorías, la conciencia del hombre como la fuerza motriz esencial del desarrollo social. Antes de Marx, la concepción idealista de la historia dominaba por completo. Aun los materialistas explicaban como idealistas los fenómenos sociales. Incapaces de aplicar su materialismo al conocimiento de los hechos sociales, limitaban su interpretación materialista únicamente a los fenómenos de la naturaleza. Así, los materialistas franceses del siglo XVIII, al mismo tiempo que admitían que las opiniones y las concepciones de los hombres estaban en función del medio social, caían en el idealismo en cuanto era necesario explicar los cambios en la sociedad, afirmando que esas transformaciones eran determinadas por la instrucción, la difusión del saber, los cambios sobrevenidos en las opiniones (“la opinión gobierna al mundo”). Creían que el progreso histórico estaba en función de la voluntad, de las disposiciones y de los deseos de las “personalidades eminentes”: soberanos, conquistadores, jefes militares, &c. Así, encaraban la historia como el resultado de un conjunto de circunstancias favorables o desfavorables, y no como un proceso determinado. El materialista alemán del siglo XIX, Feuerbach (ver), concebía igualmente como idealista los hechos históricos, y afirmaba que los diferentes períodos de la historia humana no se distinguían los unos de los otros sino por los cambios de la religión.

La concepción idealista de la historia comprende dos tendencias principales. Una de ellas explica el desarrollo social por la acción de la “idea absoluta”, de la “razón universal”, de la conciencia supraindividual, &c. Hegel (ver), por ejemplo, es uno de los representantes de esta tendencia. La “idea absoluta” mística, he ahí, según Hegel, el principio creador que preside la vida de los pueblos y de los Estados, la causa del progreso social. Los representantes de la otra tendencia explican el desarrollo social por la acción, la voluntad del sujeto, por la personalidad alidada, a la cual atribuyen el papel de único creador en la historia. Entre éstos, señalemos a los hegelianos de izquierda en Alemania (los hermanos Bauer, &c.) y los populistas en Rusia (ver Método subjetivo en sociología; Populismo). Los populistas consideraban que la historia es obra de los “héroes”, de “personalidades dotadas de espíritu crítico” opuestas a la masa, al pueblo, al que llamaban despreciativamente la “multitud”. Fundaban su actividad práctica en planes “ideales”, de carácter universal, sin contacto con la vida, y no sobre la base de las necesidades materiales de la sociedad. Para los ideólogos de la burguesía, la concepción idealista de la historia constituye un arma para luchar contra el movimiento revolucionario de las masas, un medio de esclavizar a los trabajadores. En la sociología burguesa contemporánea dominan por completo las peores formas de concepciones idealistas, voluntaristas de la historia (ver Voluntarismo), que niegan las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad, hacen depender el progreso social del valor de la “raza”, propagan las teorías reaccionarias del malthusianismo (ver), la teoría anticientífica de la repetición cíclica de la historia, y las teorías sobre el carácter eterno de las guerras, sobre la desaparición inevitable de la sociedad humana, sobre los peligros del progreso técnico e intelectual, &c. La sociología reaccionaria moderna se esfuerza en obscurecer la conciencia de las masas trabajadoras, en hacerles creer en la imposibilidad de conocer las leyes objetivas del desarrollo social, en provocar en ellas el temor a las “fuerzas incognoscibles” de la vida social. Desde mucho tiempo atrás, el marxismo-leninismo ha denunciado la esencia anticientífica de la concepción idealista de la historia y ha elaborado una teoría científica de las leyes del desarrollo social, el materialismo histórico, que ha pertrechado al proletariado con un conocimiento claro de los caminos de transformación revolucionaria de la sociedad según los principios del comunismo.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:78-79

Concepción idealista de la historia

Teoría que ve la fuerza básica del desarrollo social en las ideas, en las teorías, en la conciencia del hombre, &c. Antes de Marx, imperaba por completo en la ciencia. El desarrollo de la sociedad se explicaba por la acción de la “idea absoluta”, de la “razón universal”, de una conciencia supraindividual (por ejemplo, Hegel), o por la actividad de alguna personalidad destacada (por ejemplo, los jóvenes hegelianos, el populismo). La filosofía materialista anterior a Marx tampoco salía del marco de estas representaciones. Así, los materialistas franceses del siglo XVIII consideraban que el curso de la historia dependía del desarrollo de las concepciones de las personas, de la difusión de los conocimientos. Feuerbach relacionaba los períodos de la historia con los cambios habidos en la religión, &c. En la sociología burguesa de nuestros días domina por completo el idealismo, se niega que exista una sujeción objetiva a leyes en el desarrollo de la sociedad, imperan el voluntarismo, distintas variantes del racismo y del malthusianismo, &c. La sociedad burguesa contemporánea tiende a sembrar el pesimismo y la desconfianza en el progreso histórico, o a justificar el estado de cosas existente desviando la atención de las masas trabajadoras de la lucha por la transformación revolucionaria de las relaciones sociales. La teoría científica del desarrollo social es el materialismo histórico.

Diccionario filosófico · 1965:75

Concepción idealista de la historia

Comprensión del proceso histórico, que parte del reconocimiento de la primacía de la conciencia social frente al ser social y que absolutiza y mixtifica los factores subjetivos en la historia. Las raíces gnoseológicas de la concepción idealista de la historia estriban en que es difícil diferenciar entre los factores objetivos en la historia, ocultos en la profundidad de los procesos de la producción material, y el papel de las ideas y de la actividad consciente de las personalidades destacadas, que aparece en la superficie de los acontecimientos históricos. La causa de las raíces de clase de la concepción idealista de la historia son los intereses clasistas, que incitan a crear teorías convenientes a los explotadores y que justifiquen sus fines y su política. Las doctrinas de la concepción idealista de la historia son muy variadas. Desde los tiempos antiguos dominó la opinión de que los acontecimientos históricos se determinan directamente por la voluntad de las divinidades, por la previsión divina, el destino, la fatalidad. Los ilustrados y los materialistas franceses opusieron a estas opiniones teológicas las afirmaciones sobre la actividad consciente de los hombres, que establecen a su albedrío los regímenes sociales (Teoría del Contrato social), señalando, como fuerza determinante de la historia, la conciencia social de una época concreta (“la opinión gobierna el mundo”). En Hegel, la fuerza determinante de la historia es ya la actividad cognoscitiva y creadora del hombre, mixtificada en forma de la “Idea Absoluta”, la “Razón Universal”. Más tarde se difundieron las ideas antropológicas, tanto progresistas (Feuerbach, Chernishevski) como subjetivas, voluntaristas (jovenes hegelianos, populismo, &c.). El desarrollo de la industria y de las ciencias naturales dio origen a las concepciones que extrapolan las regularidades biológicas a la sociedad (Comte, Spencer), atrayendo la atención hacia algunas condiciones materiales de vida de la sociedad: el medio geográfico (orientación geográfica en sociología), la población (malthusianismo). En la época del imperialismo, la fusión de las ideas más reaccionarias del voluntarismo con la tergiversación del papel de factores aislados condujo al surgimiento de las concepciones más reaccionarias, misantrópicas: neo-maltusianismo, geopolítica, racismo, fascismo. Al mismo tiempo, en la filosofía burguesa de la historia se extendió el eclecticismo (Teorías de los factores) y el agnosticismo. En los últimos tiempos, el principal lugar en la concepción idealista de la historia lo ocupan las ideas tecnocráticas, la absolutización del papel de la técnica en el desarrollo histórico (teorías de la sociedad industrial, de los estadios del crecimiento económico y la teoría de la “sociedad postindustrial”).

Diccionario de filosofía · 1984:77-78