Diccionario de ciencias eclesiásticas
Imprenta Domenech, Editor, Valencia 1883
tomo primero
páginas 690-694

Aristóteles

Uno de los genios más poderosos que han brillado sobre la tierra, llamado el Príncipe de los filósofos. Nació en Estagira el año 384 antes de Jesucristo, y en sus primeros años se aplicó a la medicina y a las ciencias naturales. A los veintidós años de su edad pasó a Atenas y se hizo discípulo de Platón, asistiendo a su Academia por espacio de veinte años. Hacia el año 343 el rey Filipo de Macedonia le rogó que se encargase de la educación de su hijo Alejandro el Magno, invitación que no honra menos al rey de Macedonia que al filósofo de Estagira, y que demuestra la justa celebridad que este último gozaba ya por entonces en toda la Grecia y países adyacentes. Aristóteles acompañó a su discípulo en sus primeras expediciones, y después volvió a Atenas y abrió su escuela en un paseo de la ciudad, llamado el Liceo, de donde tomó su nombre; pero es más conocida su escuela con la denominación de Peripatética, a causa de la costumbre de Aristóteles de explicar paseando. A la muerte de Alejandro se vio acusado de impiedad y ateísmo, y tuvo que huir de Atenas, queriendo, según decía, evitar a los atenienses, ya manchados con la muerte de Sócrates, un nuevo atentado contra la filosofía. Fue a establecerse a Calcis en la isla de Eubea, donde murió poco tiempo después, el año 322, [691] a los sesenta y dos de su edad, de muerte natural, por más que algunos autores dicen que se suicidó, y otros que murió envenenado.

Aristóteles es el genio más vasto de la antigüedad; grande observador, espíritu analítico y generalizador, talento universal, el más metódico que ha existido, abrazó todas las ciencias conocidas en su tiempo y creó otras nuevas. Sus escritos forman una especie de enciclopedia, y durante muchos siglos fijaron los límites del saber humano. La lógica, la psicología, la retórica y la poética recibieron de él, por primera vez, su forma científica; la física, las matemáticas, la metafísica, la moral y la política, fueron reducidas a un cuerpo compacto de doctrina; la fisiología y la zoología son creaciones suyas; y el principal mérito de Aristóteles fue haber dado a la ciencia una base firme y sólida.

Se dice que Aristóteles enseñaba dos especies de doctrina, una esotérica y general para toda clase de oyentes, y otra exotérica o especial y reservada para ciertos discípulos privilegiados; pero los autores no están conformes cuando se trata de determinar qué clase de libros contienen su doctrina pública y cuáles otros la secreta.

Las obras principales de Aristóteles que han llegado hasta nosotros, son las siguientes: Perihermenias seu de interpretatione; Categoriae o sea Praedicamenta; Analytica priora; Analytica posteriora; Topicorum, libri octo; Elenchorum, libri duo. Todos estos tratados reunidos forman el Organon de Aristóteles. Physicorum, libri octo; De Caelo, libri quatuor; De Generatione el corruptione, libri duo; Metereologicorum, libri quatuor; De anima, libri tres; De sensu et sensibilibus; De memoria el reminiscentia; De somno et vigilia; De longitudine et brevitate vitae; De juventute et senectute; Metaphysicorum, libri quatuordecini; De Xenophane, Zenone et Gorgia; Ethica ad Nichomacum; Magna moralia; Ethica ad Eudemium; Politicorum, libri octo; Rhetoricorum ad Theodectem, libri tres; De Poetica; De historia animalium, libri novem; De animalium incessu; De partibus animalium, libri quatuor; De generatione animalium, libri quinque. Y cuenta que hacemos aquí caso omiso de varios escritos que corren entre sus obras, pero que o son apócrifos o de autenticidad muy dudosa, en cuyo caso se hallan, entre otras, las siguientes: Physiognomica; De motu animalium; De mundo; De coloribus; De spiritu, De lineis insecabilibus; De causis; De re mechanica; De insomniis; De divinatione per somnium; Rhetorica ad Alexandrum; Parva naturalia.

Además estas obras que nos han llegado han sufrido algunas alteraciones por los cambios de dueño por que pasaron. Teofrasto, que las había heredado, las dejó también en herencia a su sobrino Neleo de Scepsis, el cual las escondió en un subterráneo por temor de que el rey se apoderase de ellas sin pagar su justo valor. Así estuvieron ocultas casi dos siglos, hasta los tiempos de Sila, en cuya época las compró Apelicon de Teos, y hallándolas bastante deterioradas, llenó a su modo las lagunas y restauró los pasajes ilegibles. Más tarde fueron corregidas por el gran ático Tiranion, y posteriormente por Andrónico de Rodas.

Aristóteles ha ejercido la mayor influencia sobre la filosofía, especialmente sobre la escolástica que se ha enseñado por espacio de muchos siglos en las escuelas católicas, aunque depurada de los errores y tendencias primitivas. El Cristianismo purificó la filosofía de Aristóteles y la elevó a mayor altura que había alcanzado por sí misma. Por eso es importante dar una idea general de la filosofía de Aristóteles, que servirá para entender muchos puntos que tocaremos en este Diccionario.

Aristóteles ante todo echó los fundamentos de una verdadera ciencia, creando un método más sencillo y seguro que el de su maestro Platón. La lógica es la obra maestra de Aristóteles, obra que ha sobrevivido a todas las crisis de la ciencia, como teoría del raciocinio y de la demostración, y singularmente conveniente en aquel tiempo para remediar la epidemia sofística. Aristóteles fue en realidad quien, fundiendo, comparando y desarrollando los elementos dispersos y los ensayos parciales anteriores, creó en realidad la lógica como organismo científico. Acerca de esto el Padre Ceferino González en su Historia de la filosofía hace las observaciones siguientes: «1º. Que el punto culminante y el nudo de la lógica aristotélica, es la teoría del silogismo demostrativo, pues en realidad esta teoría del silogismo demostrativo viene a ser el objeto final, el centro común y el término general de relación de los diferentes tratados que componen el Organon de Aristóteles, como son las Categorías, el libro De interpretatione, los Analytica priora y posteriora, el libro Topicorum, &c.

2.º Que esta teoría silogística del fundador de la escuela peripatética es tan completa, tan filosófica y tan acabada, que nada sustancial han podido añadirle ni cambiar en ella los escritores de lógica que vinieron en pos de él, a pesar de la marcada predilección que algunos filósofos de primera nota han manifestado en diferentes épocas hacia esta clase de estudios.

Trendelemburg observa con razón que el nombre de Aristóteles respecto de la [692] lógica es como el nombre de Euclides respecto de la geometría. Así como los geómetras no pueden prescindir de la doctrina del último en los problemas que ocuparon su atención, no de otra suerte antiguos y modernos, contemporáneos y sucesores, vense precisados a buscar modelo e inspiraciones en los escritos de Aristóteles, siempre que se trata de lógica; la teoría lógica del Estagirita aparece y se manifiesta superior a las vicisitudes todas de los siglos.

En cuanto a la psicología, Aristóteles considera al alma como forma sustancial del hombre, o sea aquella sustancia que tiene por objeto hacernos vivir, sentir y pensar, que es la causa del movimiento y principio originario de todas las manifestaciones de la vida, así como también de todos los actos del hombre. Es distinta de las cosas sensibles, y no está sujeta a sus leyes, por lo que puede decirse que es alguna cosa divina, o por mejor decir, lo más divino entre los fenómenos que conocemos. Ella es pensamiento y principio pensador; pero además de pensar en sí misma, piensa en las cosas exteriores por medio de las impresiones que a cada instante recibe de ellas, y por medio de la memoria conserva las ideas que se formó sobre sí misma y sobre las demás cosas. Sin dejar de ser una, contiene en sí de una manera virtual y eminente la perfección del principio vital de las plantas, y también la del alma sensitiva de los animales. Algunos han dicho que Aristóteles no creyó en la inmortalidad del alma, pero la mayor parte de los antiguos comentadores creen que Aristóteles conoció esta verdad, y lo prueban con muchos pasajes de sus obras, más explícitos y concluyentes que los que alegan los adversarios. En cuanto a las sensaciones, el oficio del alma es el del principio que siente, el cual se hace presente a los sentidos, y el oficio de éstos consiste en recibir las impresiones sensibles, más despojadas de la materia. La sensibilidad se distingue enteramente de la misma inteligencia y de sus demás formas, en cuanto que no se aplica sino a lo particular, y nunca se eleva a lo universal. Los sentidos, tanto externos como internos, perciben solamente objetos materiales, sensibles y singulares; el entendimiento tiene por objeto propio lo universal, lo necesario y lo esencial, aun con respecto a los objetos sensibles, y además puede percibir y conocer objetos espirituales o separados de toda materia. Así, pues, no se dan ideas innatas, como pretendía Platón, porque el alma no tiene por sí misma ningún principio de conocimientos al unirse al cuerpo, sino que los adquiere por los sentidos, que la comunican lo que pasa por fuera, y de estos conocimientos particulares, adquiridos por medio de los sentidos, se forma por sí misma conocimientos generales, ciertos y evidentes, que son los que constituyen la ciencia. Aristóteles distingue el entendimiento agente, o sea la actividad intelectual, que reviste a lo singular de la forma de universalidad, para que pueda ser objeto del conocimiento inteligible, y el entendimiento posible, porque puede recibir toda clase de ideas y de representaciones inteligibles, formando con ellas su conocimiento. Este es una pura potencia o mera facultad de entender, según la fuerza generadora de las ideas del entendimiento agente, así como la luz corporal comunica a los colores la visibilidad actual e inmediata de que carecían antes de recibir la luz.

La importancia especial del principio de contradicción es otro de los puntos fundamentales de la teoría del conocimiento expuesta por Aristóteles. Este principio excede a todos los demás en certeza y evidencia, y es la base primera y el último término analítico de toda demostración, y por consiguiente de toda ciencia filosófica, propiamente dicha.

Aristóteles tenia una idea elevada de la divinidad. Admitía un Dios supremo, personal, eterno, inmutable, dotado de la omnipotencia y de todas las perfecciones, siendo causa primera de todo movimiento, inmóvil en sí mismo. Sin embargo, por una contradicción inexplicable, reconociendo a Dios como un ser necesario y perfectísimo, y lo que es más, como causa primera del mundo, y como vida perpetua, y como principio eterno e infinito del movimiento, niega su intervención en el universo, diciendo que el cuidado del mundo, así como también el movimiento de los cuerpos celestes, es debido a la acción inmediata de ciertas sustancias superiores inteligentes, especie de dioses subalternos, que daban movimiento a los astros y gobernaban el mundo bajo la dependencia del destino, a quien estaban sometidos. Creyendo que todo sucedía por efecto de una necesidad fatal, el filósofo de Estagira miraba el mal moral como un trastorno indispensable, de que no respondían los hombres, y el mal físico como una consecuencia de los acontecimientos y vicisitudes que ocurren en el universo. Sin embargo, aunque fatalista, admitía cierta Providencia; pero una Providencia general que no se extendía hasta los individuos, porque si se extendiese hasta ellos, o las acciones serían forzadas, o siendo casuales, sus efectos trastornarían los designios de esta providencia. Así, no sabiendo cómo conciliar la presciencia con el libre albedrío de las acciones [693] humanas, niega que la Providencia se extienda a los individuos.

Aristóteles decía también que el mundo es eterno, y por consiguiente la serie de las generaciones sustanciales es infinita. Admitía, sin embargo, el poder supremo como primera causa eficiente del mundo, necesaria para unir la forma a la materia, considerando a la materia como elemento necesario de todos los seres mundanos.

Con respecto a la moral, Aristóteles trató de ella como verdadero filósofo, admitiendo que el hombre es capaz de moralidad, porque está dotado de libertad y de razón, y obra por un fin de una manera consciente y refleja. El fin por el cual obra el hombre es la felicidad o la perfección de sí mismo. Después de establecer que hay una felicidad, la hace consistir, no en los placeres de los sentidos, ni en las riquezas u otros bienes corporales, ni en los honores, sino en el ejercicio perfecto de las facultades que son propias del hombre como ser racional, y por consiguiente, en la práctica de la virtud. La verdadera felicidad es un bien generalmente codiciado de todo el mundo que se desea por sí misma, y por la cual se desean todos los demás bienes. Como este bien no puede obtenerse sino por medio de la virtud, explica que la virtud es una inclinación al bien, que consiste en un justo medio, igualmente distante de

los dos puntos extremos y opuestos, en uno de los cuales peca el hombre por exceso, y en el otro por defecto; y después explica las disposiciones y los obstáculos que hay en el individuo para la práctica de la virtud. Sin embargo, la moral de Aristóteles debió ser corregida más tarde por las escuelas cristianas, determinando que la moral consiste en la conformidad con la ley eterna, aspirando a la felicidad eterna como recompensa de las virtudes morales, y afirmando que toda acción libre ha de recibir su premio o su castigo.

Este filósofo, considerando la política como el complemento de la moral, escribió también una obra acerca del orden social, el poder público y las leyes, que es una obra acabada en su tiempo, aunque concediendo acaso más de lo debido al poder del Estado. Pero demuestra la necesidad de la sociedad y sus ventajas, la fuerza de la ley, el derecho, la propiedad y las diversas formas de gobierno, fijando los deberes de los gobernantes para evitar la tiranía y el despotismo. Son notables sus teorías sobre los tres poderes o formas de gobierno, monarquía, aristocracia y democracia, sobre las revoluciones, y sobre la clase media, todo expuesto con sensatez, profundidad, y gran sentido práctico.

Unicamente se debe censurar a Aristóteles por su opinión acerca de los esclavos, considerándolos como instrumentos de la propiedad, como seres de una condición inferior, especie de intermedio entre el hombre libre y el bruto, y la esclavitud como una institución fundada en la misma naturaleza. Pero hay que tener en cuenta que la esclavitud era la base de la sociedad de aquel tiempo. Por otra parte, dice el Padre Ceferino, «debe advertirse igualmente, que cuando Aristóteles dice que algunos hombres son naturalmente esclavos, no debe entenderse esto en el sentido de que la naturaleza misma, o la ley natural los haga tales, sino en el sentido de que así como hay algunos hombres dotados de ingenio y de felices disposiciones para la virtud, el saber y el mando, así hay otros con quienes la naturaleza no fue tan benévola, que poseen un ánimo naturalmente servil, inclinaciones bajas y cierto grado de estupidez nativa, de todo lo cual resulta que en esta clase de hombres la esclavitud y la sujeción son como connaturales. Quien quiera que lea con reflexión los pasajes del Estagirita que a esta materia se refieren, se convencerá fácilmente de que es este el sentido en que enseña que la esclavitud es natural a ciertos hombres, por más que otra cosa hayan creído y afirmado no pocos escritores, repitiéndose unos a otros, sin examinar el punto por sí mismos, según suele acontecer con alguna frecuencia».

En cuanto a las ciencias naturales, solo diremos que Aristóteles las comprendió en un plan vasto y general, reuniendo el genio del filósofo y la paciencia del observador, y que sus observaciones son tan exactas, que no siempre han sido superadas por la ciencia moderna. Sus principios generales, y verdaderamente científicos, son irreprochables, y sobre todo se nota en sus obras una tendencia constante a someter todos los fenómenos del universo a un principio único.

Muchos son los filósofos que han seguido las huellas de Aristóteles, y pocos escritores habrá cuyas obras hayan sido objeto de tantos comentarios, glosas, interpretaciones y exposiciones como las de este filósofo. Entre los antiguos comentadores, citaremos únicamente a Ammonio, Porfirio, Temistio, Simplicio, Alejandro de Afrodisia, Olimpiodoro y Boecio: y en la edad media y siglos posteriores, baste citar los nombres de Alkendi, Averroes, Alfarabi, Avicena, Avempace, Alberto Magno, Santo Tomás, San Buenaventura, Cayetano, Toledo, Domingo Soto, &c. Launoy ha hecho la historia de las vicisitudes que ha experimentado la enseñanza de la filosofía de Aristóteles entre los modernos en su libro [694] De varia Aristotelis fortuna. Mr. Jourdain ha publicado sabias Investigaciones sobre las traducciones de Aristóteles. Esta obra se publicó en 1819, y se reimprimió en 1843.

La primera edición completa de las obras de Aristóteles se publicó en Venecia por Aldo Manucio en 1495-1498, y después se hicieron ediciones muy estimadas por Francisco Sylburge, en Francfort, en 1585, en griego, y por Guillermo Duval en París en 1619. La última, que merece especial mención, es la publicada por la Academia de Berlín en 1830, bajo la dirección de Bekker y Brandis, greco-latina. Esta edición es de las más correctas en cuanto al texto, preparado y corregido por el primero, y es no menos apreciable por parte de algunos comentarios antiguos, corregidos y revisados por el segundo, el cual enriqueció además con escolios excelentes esta grande edición de las obras de Aristóteles.

Perujo


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Aristóteles Dicc. CC. EE.
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