La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Gómez Pereira

Miguel Sánchez Vega
Estudio comparativo de la concepción mecánica del animal y sus fundamentos
en Gómez Pereyra y Renato Descartes


Introducción


a) Breves notas sobre la vida y formación de Gómez Pereyra

En Medina del Campo {(1) Frente a la opinión de don M. Menéndez y Pelayo, que afirmaba en su tiempo «lo que se ignora de todo punto es su patria» (cf. Ciencia española, I, 398. Madrid, 1933), hay que asentar hoy la de don Narciso Alonso Cortés, que lo cree natural de Medina del Campo, tesis prolijamente demostrada en su artículo: «Gómez Pereyra y Luis Mercado. Datos para su biografía», Rev. Hispanique, XXI, pág. 1 a 62, New-York & París 1914} nacía el año 1500 {(2) Gómez Pereyra, Antoniana Margarita, cf. Ad lectorem, scopus authoris in conficiendo operis, Folio sin enumerar, Medina del Campo 1554} Gómez Pereyra {(3) Menéndez y Pelayo, Ciencia española, I, 398. Madrid 1933. N. Alonso Cortés, Gómez Pereira y Luis Mercado. Datos para su biografía. Rev. Hispanique, XXI, pág. 6. New-York & París 1914.}. Sus padres, Antonio Pereyra y Margarita Medina, eran modestos comerciantes.

Hacia el año 1515 un acontecimiento luctuoso vino a probar a aquella familia. La muerte prematura de Margarita abría en aquel incipiente hogar una brecha difícil de llenar. Cinco hijos quedaban sin el calor materno. Tal vez este evento apresurase a Antonio Pereyra a dar rumbo definitivo a la suerte de sus hijos. Lo cierto es que pocos años después, Gómez asiste a los cursos de la Universidad de Salamanca. Encuadrado allí, siguiendo los, impulsos de su vocación {(4) A. M. (Abreviatura de Antoniana Margarita): Ad lectorem scopus authoris in conficiendo operis. Folio sin enumerar.}, inicia los cursos de Medicina y de Physico Negotio. Este último bajo la dirección del preclaro profesor don Juan Martínez Guijarro, a quien años más tarde, en prueba de agradecimiento, dedicaría su obra la Antoniana Margarita {(5) En la edición de 1749 falta la dedicatoria a don Juan Martínez Guijarro, Primado que fue de España.}. [362]

En aquella época, Salamanca, al igual que su gemela París, era teatro de pugilatos filosóficos entre realistas y nominalistas. El nominalismo, endemia parisina, pronto había invadido los centros de Oxford, Colonia, Heidelberg y Salamanca. A la Universidad castellana lo había importado el agustino Martín Alfonso de Córdoba, antiguo alumno de la Universidad de París. Desde entonces, las corrientes terministas de Durando, de Gregorio Rímini e incluso Ockam florecían allí también {(6) Menéndez y Pelayo, op. cit. I, 399-400.}.

Nuestro joven estudiante, en medio de ese ambiente «estaba en situación». En esta atmósfera heterogénea de realismo y nominalismo transcurrieron sus años de formación.

Es difícil juzgar si desde sus primeros conatos filosóficos se mostró adversario a la Filosofía tradicional. Más bien parece ser una actitud alcanzada con elucubraciones hechas a lo largo de su existencia y en la que intervinieron un complejo de factores que analizamos sucintamente.

En primer lugar, la misma profesión de Pereyra. Ante todo era un médico. Un médico que filosofaba. Su formación principal estuvo encauzada por los senderos de la medicina. En ella logró significarse. La filosofía ocupaba para él un lugar secundario. Casi, casi puro diletantismo. Segundo, su idiosincrasia. Pereyra era un enemigo encarnizado de la ciencia hecha. Negaba que el papel de la posteridad se redujese al de mera hermenéutica de un patrimonio científico heredado. Jamás militó en las huestes de los que juran in verba magistri {(7) Censura R. P. Joannis de Aravaca, Cong. S. S. Salvatoris, a la Antoniana Margarita en su edición de Madrid, 1749. Folio sin enumerar.}. Su innata inclinación hacia la filosofía corría pareja con la medicina y ocupaba los ratos de ocio en hacer desfilar por su mente las tesis aprendidas en su juventud para someterlas, cual otro Descartes, al duro examen crítico de su ingenio {(8) A. M. De ratione Inscriptionis operis huius. Folio sin enumerar.}.

Finalmente, nuestro filósofo vallisoletano era un autodidacto, y su formación filosófica llevaba los estigmas y defectos de la autodidaxia. Así la lectura de su obra revela un espíritu familiarizado con Platón, Averroes, Aristóteles, San Agustín, Ockam y otros, pero que no siempre ha penetrado hasta el hondón de estas filosofías.

Estos tres factores jugaron un papel importante en la elaboración de su pensamiento filosófico.

La medicina probablemente le indujo a considerar la filosofía desde una vertiente un poco materialista. Su mecanicismo animal revela una concepción biológica de la vida tarada por el mismo defecto. La vida del bruto es un proceso físico-químico. El sujeto se altera [363] con el tiempo. No se ve un factor vital distinto. El movimiento animal es un caso más dentro de la atracción magnética.

Aplica el método experimental de la medicina a la filosofía. Su dialéctica se mueve en los dominios de lo «a posteriori». Su física no trasciende el plano de lo empírico.

Estas influencias se aliaron a una comprensión materialista de la filosofía escolástica. Se advierte en él algunos prejuicios contra la filosofía tradicional. Por eso arremetió contra ella para cobijarse en un nominalismo, declarado {(9) A. M., col 161.}.

Pereyra murió de edad muy avanzada {(10) N. Alonso Cortés, op. cit., pág. 29.}, aunque la historia no ha podido descifrar aún la incógnita de la fecha exacta.

b) Su obra

El filósofo medinense fue parco en la publicación de sus obras. Dos tratados compendian su pensamiento filosófico y medicinal. Ambos ocupan lugar destacado en la evolución de la temática respectiva. Fijemos nuestra atención en el primero. Lo denominó exactamente: Antoniana Margarita, Opus nempe physicis, medicis ac theologis, non minus utile quam necessarium per Gometium Pereyram, medicum Methymnae Duelli, quae hispanorum lingua Medina del Campo apellatur. Tan peregrina denominación obedeció al temor que sentía de bautizar su obra con un nombre confuso y ambiguo {(11) A. M. De ratione inscriptionis operis huius. Folio sin enumerar.}, perpetuando en él el recuerdo de sus padres Antonio y Margarita {(12) A. M. De ratione inscriptionis operis huius. Folio sin enumerar.}.

Es un libro extremadamente raro y cotizado a buenos precios {(13) Cf. Dictionnaire bibliographique, historique et critique des livres rares, Cailleau et fils, II, pág. 358-9. París, 1791.}. En 1841 escribía el Dr. Chinchilla: «Yo al gloriarme de su posesión, puedo asegurar de cierto que no se halla en ninguna biblioteca de Europa, y probablemente en ninguna de España. Por de pronto, no la poseen ni la Biblioteca Nacional de Madrid, ni la del Escorial, ni la especial de S. M., ni la del Colegio de San Carlos de Madrid.» {(14) Anales históricos de la Medicina en general y bibliográfico-biográficos de la española en particular, III, pág. 373, Valencia, 1841-6.}.

Don Marcelino Menéndez y Pelayo logró localizar en su tiempo los ejemplares siguientes de la edición príncipe distribuidos en los centros: Biblioteca de la Academia de Ciencias de Lisboa, Biblioteca Nacional de Bruselas, Biblioteca de San Carlos y de la Universidad [364] de Oviedo {(15) Ciencia española, I, 428, Madrid 1933}. Posteriormente, don Eloy Bullón y Fernández encontró dos ejemplares en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Madrid y otro en la Universidad de Salamanca {(16) De los orígenes de la filosofía moderna. Precursores españoles de Bacon y Descartes, pág. 94 (en nota), Salamanca 1905}. El Dr. Marcial Solana empleó uno existente en la Biblioteca Menéndez y Pelayo {(17) Historia de la filosofía española, I, pág. 210, Madrid 1941}. Hoy día, la Nacional de Madrid sólo posee un ejemplar de la edición primera {(18) Signatura del ejemplar, R-13.539}. Igualmente, el Museo Británico {(19) Signatura: 28.e.10. Cf. Short-title catalogue of Books printed in Spain and of Spanish Books printed elsewhere in Europe before 1601 now in the British Museum, by H. Thomas} y la Universidad Gregoriana de Roma {(20) Signatura del ejemplar: P.II, 33, A}.

Casi dos siglos después de la primera publicación tiróse en Madrid una segunda edición, en 1749 {(21) Nunc secundo in lucem aeditum et ex integro correctum. Cum licentia. Matriti: ex tipographia Antonii Marin, anno MDCCXLIX}, tan singular y rara como la primera. La Biblioteca Nacional de Madrid posee dos ejemplares {(22) Manejo el ejemplar cuya signatura es R-23443-4; el otro posee la siguiente, es reservado y no figura en el catálogo público: 3-74.664-5.}. La edición príncipe consta de un solo volumen. Consta el libro de 832 columnas, única división de una obra que carece de capítulos y de indicación de páginas. Esta misma falta se advierte en los seis folios que preceden propiamente al texto y en los diez que lo coronan. Tan sólo algunas notas marginales orientan al lector en el itinerario confuso del desenvolvimiento del pensamiento. No obstante tanta confusión, Menéndez y Pelayo sentía por este libro tanta predilección que llegó a decir «que en más estimaría poseer un ejemplar que ser rey de Celtiberia» {(23) Ciencia española, I, pág. 400, Madrid 1933}. Y protestaba enérgicamente contra las reediciones de libros de ñoñerías, dejando sepultado en el interior de las bibliotecas libros de tanta trascendencia en la historia de la filosofía nacional {(24) Ciencia española, 1, 474, Madrid 1933}. [365]


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