La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Teatro crítico universal / Tomo sexto

Dedicatoria
que hizo el Autor al Rmo. P.M. Fr. Bernardo Martín, General de la Congregación de San Benito de España, Inglaterra, &c.


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P. Rmo.

A V. Rma. dedico este sexto Tomo, y protesto, que en ninguna Dedicatoria me he visto tan desembarazado como en esta de los estorbos, que en semejantes Obras suele poner el rubor a la pluma. Es práctica universal de los Autores elogiar en ellas a sus Mecenas. Esto tiene, por lo común, dos escollos en que tropezar: uno el de ser aduladores, otro el de incurrir la nota de tales. Aun evitado el primer riesgo, porque el panegírico del elogiante [IV] no excede el mérito del elogiado, resta el segundo, porque ese mérito no es universalmente conocido; y la persuasión común de que en esta especie de culto se suele derramar con pródiga mano el incienso, fácilmente hace creer a los que no midieron la estatura del Mecenas, que el elogio le viene muy largo.

Ni uno, ni otro riesgo me amenaza. ¿Cómo ser adulador, ni parecerlo, si no digo, ni puedo decir más, que lo que todo el mundo dice? Ese complejo admirable de prudencia, sabiduría, y bondad es tan notorio, que nadie le ignora: tan atractivo, que nadie le niega. Sólo una virtud muy brillante puede lograr el triunfo de que ni la ignorancia la desconozca, ni la envidia la desfigure. Solo V. Rma. acertó a obrar el milagro de hacer enamorados hasta a los envidiosos. En vez de la emulación ceñuda; que como sombra va siguiendo siempre los pasos de la virtud, la de V. Rma. por do quiera que camina la vemos únicamente acompañada del amor, y el aplauso. ¿Quién no ha celebrado los raros talentos [V] de V. Rma. en el ministerio de la predicación? ¿Quién no ha preconizado la discreción de V. Rma. en las conversaciones privadas? Aquella discreción, digo, conducida siempre con tan seguro acierto, tanto en los asuntos serios, como en los festivos, que jamás deja resbalar una palabra disonante a la censura más severa. ¿Quién no ha admirado aquella inviolable dirección, con que todas las acciones, todos los pasos de V. Rma. se encaminan, sin torcer jamás, ni a la diestra, ni a la siniestra, al servicio de Dios, y al bien del prójimo? En fin, ¿a quién no ha hechizado, a quién no hechiza esa apacibilísima índole; esa entrañable benevolencia; esa virtud, que en lo dulce, y amable trae estampado el carácter de celeste; esa regia nobleza de corazón; esa nativa propensión a hacer bien a todo el mundo; esa bondad sin retención alguna difusiva, y por decirlo en una palabra, esa sanidad perfecta del alma?

A prendas tan dignas de ser amadas añadió el Cielo el supremo complemento de [VI] eficacia, para conciliarse los ánimos en la hermosa circunstancia de traerlas siempre pintadas en el semblante. Apenas sujeto alguno hizo hasta ahora más visible la alma en el rostro. Aquella gravedad apacible, aquella majestad dulce, aquella serenidad halagüeña, aquella modestia amorosa muestran a todos desabrochado el corazón de V. Rma. y a mi me traen a la pluma para dibujarlas aquel alto rasgo con que el gran Poeta expresó el semblante de la que creyó suprema Deidad del Gentilísimo:

Olli subridens hominum sator, atque Deorum
Vultu, quo Coelum, tempestatesque serenat.

Estas resplandecientes exterioridades son los colores, con que la naturaleza pinta en la superficie del cuerpo los preciosos fondos del espíritu. Son rayos, que del centro salen a la circunferencia, ahorrando, con lo que muestran a los ojos, el examen, que de las calidades del ánimo habían de hacer los discursos. En ellas está constituido el resplandor propio de aquellos, que el Cielo [VII] destinó para Astros superiores de las Repúblicas, y sirven no menos que para el lucimiento, para el influjo. Por Herejes de la política he reputado siempre a los que confían al terror el respeto debido a la dignidad: mucho más a los que piensan, que la obediencia útil está vinculada al miedo servil. Esto viene a ser lo mismo que imaginar, que el Cielo nubloso será más adorado, que el sereno; y que los turbulentos ceños del aire, con el impulso, o con la amenaza del rayo, pueden ser provechosos a la tierra. La aspereza del que gobierna solo inspira un temor, que se da la mano con el odio: con que en vez de mejorar a los súbditos, los empeora, añadiendo el vicio de la ojeriza al Prelado sobre los males que antes padecían. Enmienda únicamente las apariencias, que son las que únicamente están expuestas a la jurisdicción de los castigos. Cura en falso las llagas, cicatrizando el cutis, y dejando el interior corrompido. La doctrina moral solo se insinúa ganando primero el afecto para el [VIII] que la propone. La llave del alma está en el corazón, y éste la entrega a la blandura, nunca a la fiereza. Aquel celo, que el Apóstol Santiago llamó amargo, irrita, no nutre {(a) Quod si zelum amarum habetis. Jacob. cap. 3.}. Entre la condescendencia vil, que por todo pasa, y la severidad rígida, que todo lo atropella, está el celo sabio, dulce, benigno, y cariñoso. Este, confeccionado con el buen ejemplo, hace aquella grande, admirable, eficacísima medicina, a quien ninguna dolencia del espíritu, por inveterada, y contumaz que sea, se resiste.

Cuando la verdad de esta máxima no estuviese tan comprobada por razón, y por experiencia, el ejemplar de V. Rma. bastaría por sí solo a persuadirla. ¿En qué Casa de la Religión no se experimentan, después de visitada por V. Rma. los saludables efectos de sus benignos influjos? Con solo ver a V. Rma. concibe ansias de mejorarse el bueno, y siente ímpetus de enmendarse [IX] el malo. En el semblante, en la voz, en las acciones representa V. Rma. con tan bella cara la observancia Religiosa, que hace enamorarse de ella el corazón más duro. El genio superior de V. Rma. pinta flores sobre las mismas espinas. Ser amado el sujeto por la virtud es lo que se ve cada día: ser amada la virtud por el sujeto, es particularidad, que parece se reservó solo para V. Rma. La práctica de V. Rma. la ostenta tan hermosa, que arrastra hacia ella los mismos que atrae amantes a la persona. Aun los delincuentes quedan prendados de la corrección, porque la mano suavísima de V. Rma. toca las llagas con tal tino, que las cura con lo mismo que las halaga. Finalmente, Padre Rmo. daré el último retoque a esta pintura con el pincel de Claudiano, aplicando a V. Rma. lo que él, acaso con menos verdad, dijo a su adorado Cónsul Manlio Theodoreto. Es el pasaje largo, pero tan oportuno, y tan comprehensivo de mi propósito, que me [X] resuelvo a no quitarle ni una letra.

Servat inoffensam divina modestia vocem.
Temperiem servant oculi, nec lumina fervor
Asperat, aut rabidas diffundit sanguine venas;
Nullaque mutati tempestas proditur oris.
Quin etiam sontes expulsa corrigis ira,
Et placidus delicta domas: nec dentibus umquam
Instrepis horrendum, fremitu, nec verbera poscis.
Qui fruitur poena, ferus est, legumque videtur
Vindictam praestare sibi, cum viscera felie
Canduerit, ardet stimulis, ferturque nocendi
Prodigus, ignatus causae. Diis proximus ille est,
Quem ratio, non ira movet: qui facta rependens
Consilio punire potest. Mucrone cruento
Se jactent alii, studeant feritate timeri,
Abductoque hominum cumulent aeraria censu.
Lene fluit Nilus, sed cunctis omnibus exstat
Utilior, nullas confessus murmure vires.
Acrior at rapidus tacitas praetermeat ingens
Danubius ripas. Eadem clementia saevi
Gurgitis immensum deduxit in ostia Gangem.
Torrentes immané fremant, lapsisque minentur
Pontibus, involvant spumoso vertice sylvas.
Pax majora decet, peragit, tranquilla potestas
Quod violenta nequit, mandataque fortius urget
Imperiosa quies. Idem praedurus iniquas
Accepisse preces, rursus quae digna petitu
Largitor, facilis, nec, quae cumitatur honores.
Ausa tuam leviter tentare superbia mentem:
Frons privata manet: non se meruisse fatetur,
Qui crevisse putat: rigidi sed plena pudoris
Flucet gravitas fastu jucunda modesto.
[XI]
Quae non seditio, quae non insana Vulgi,
Te viso lenita cadat? Quae dissona ritu
Barbaries, media, quam non reverentia frangat?
Vel quis non sitiens sermonis mella politi,
Deserat Orphaeos blanda testudine cantus?

Nuestro Señor guarde a V. Rma. muchos años. Oviedo, y Abril 4. de 1734.

B.L.M. de V.Rma.
Su más rendido Súbdito, y Siervo
Fr. Benito Feijoo.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal (1726-1740), tomo sexto (1734). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por Andrés Ortega, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo sexto (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas III-XI.}


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