La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Teatro crítico universal / Tomo sexto

Aprobación
del M.R.P.M. Fr. Joseph Perez, Maestro General de la Religión de San Benito, Doctor Teólogo, y Ex-Catedrático de Artes de la Universidad de Oviedo, y Abad del Colegio de San Vicente de la misma Ciudad


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De orden, y mandado de nuestro Rmo. P.M. Fr. Bernardo Martín, General de la Congregación de San Benito de España, Inglaterra, &c. he visto el sexto Tomo del Teatro Crítico, que da a luz el P.M. Fr. Benito Jerónimo Feijoo, Maestro General de la misma Congregación, Doctor Teólogo, y Catedrático de Santo Tomás, Escritura, y actualmente de Vísperas de esta Universidad de Oviedo, y dos veces Abad del Colegio de San Vicente de la misma Ciudad; y me parece que este Tomo es obra igualmente perfecta, y excelente, que los cinco precedentes.

En todos sus Discursos, así como en los de los demás tomos, se registra una copiosa erudición, una exactísima concisión, pues nada se nota superfluo, ni cosa diminuta: una facilidad de ingenio, con que felizmente se explican y hacen perceptibles los puntos más arduos, y difíciles: y una solidez tan profunda en razonar, y discurrir, que precisa a todo entendimiento a un firme, y seguro asenso. Creo por esto, que hablando con la reserva que se debe al relevante mérito del Angélico Doctor Santo Tomás, se nota en los Escritos del Autor el enlace, e indisoluble concordia de cuatro cualidades infederables, que notó Sixto Senense en los del Angélico Maestro, y que [XIII] ningún otro Escritor, dice, acertó a unir; conviene a saber: Copia, Brevedad, Facilidad, y Seguridad. Así lo dice aquel insigne erudito: Quatuor inter se implacabiliter pugnantia indisolubili pacis faedere conjunxisse, videlicèt Copiam, Brevitatem, Facilitatem & Securitatem, quas nulli unquam litterarum professori, vel ante, vel post eum contigit simul potuisse connectere {(a) Biblioth. Sanct. l. 4.}.

Los asuntos de los Discursos de este Tomo son singulares, y selectos, como los de los demás Tomos. Giran como por propia esfera, por varias, y nobles Facultades, como son Política, Etica, Física, Historia, y otras; y en todas discurre el Autor con propiedad, y excelencia grande. Hablando un Escritor de la portentosa literatura del insigne Pedro Gasendo, dijo era tan consumado, y excelente en todo género de letras, que difícilmente se podía determinar en qué Facultad estaba más versado: Illud certé habes peculiare, atque tibi proprium, quod in omni litterarum genere adeò excellas, ut in qua tu partè, maximè versatus sis, plané difficile sit decernere {(b) Sed Whard in Dedicat. praefix. lib. cui. tit. Astronomia Geometrica.}. La misma duda se puede excitar de la literatura del Autor, porque en todas las Facultades instruye como Maestro.

El estilo es brillante, claro, enérgico, suave, puro, natural, y sin afectación alguna, pero elegantísimo: y en fin, el mismo que el de las demás Obras, y Escritos de Autor; o por mejor decir, es el familiar, y nativo del Padre Maestro Feijoo, que con [XIV] igual, si no mayor, propiedad, y elegancia habla siempre que escribe. Por eso juzgo se le debe de justicia el epíteto, y sublime renombre de gran Maestro de la elocuencia, que Isaac Casaubono dio a Quintiliano: Magnus ille Magister eloquentiae Fabius {(a) Comm. ad Pers. satyrt. I.}, escribe este Autor; y a mí me parece, que con más razón se puede decir: Magnus ille Magister eloquentiae Benedictus Feyjoo. Brilla en sus escritos igual elocuencia, que en los de Quintiliano. Pero de éste se ignora si hablaba como escribía: y a los que tratamos al Padre Maestro Feijoo nos parece, que cuando habla oímos declamar a un Cicerón. Habla con notable discreción, con exacta naturalidad, y con igual propiedad: persuade lo que dice con tanta eficacia, que todos asienten a lo que propone: es tal su gracia en el decir, que suspende, y embelesa a quienes le oyen: y en fin, asisten a su conversación aquellas tres dotes, que en sublime grado notó Quintiliano en Cicerón: ¿Nam quis docere diligentiùs, movere vehementiùs? ¿Cui tanta umquam jucunditas affuit? {(b) Lib. 10. Inst. Orator. cap. 17.}

Observa el Autor en este Tomo aquel método, que en los precedentes. Aquel método, con que ordena tantas, y tan varias especies sin la más leve confusión. Aquel método, que hace distinguir, y proporciona todo, y partes, y a éstas las enlaza para que aquel con toda perfección se forme. Aquel método, que da una idea clara del asunto. Aquel método, en fin, que es alma, y da el ser a todo lo inteligible. Aunque en los escritos de Autor no sobresaliera [XV] otra perfección, que la del método, le colocáran en la clase suprema de Escritor. Es el método el carácter, que distingue a los Escritores; y el que observa en sus Escritos el P.M. Feijoo es tan sublime, que le coloca en grado superior a muchos, y a ninguno inferior. Si se hace paralelo de sus Escritos con los de innumerables Autores, logrará entre ellos la palma, que entre los Filósofos obtiene Aristóteles; porque sin nota de ponderación se puede decir lo que de Aristóteles escribió Vosio: Ut qui accuratius definiat, ac dividat, meliorique omnia ordine pertractet {(a) De Philosoph. Sect. cap. I.}: Notará cualquiera en los Escritos del P.M. Feijoo aquel orden de tratar las cosas, aquella penetración, y agudeza en distinguirlas, y aquel peso de razones en apoyarlas, que según Hugo Grocio, le colocan de justicia a Aristóteles en lugar príncipe entre los demás Filósofos: inter Philosophos meritò principem obtinet locum Aristoteles, sive tractandi ordinem, sive distinguendi acumen, sive rationum pondera consideres {(b) Praef. ad lib. de Jure Bell. & Pac.}.

Estas, y otras excelentísimas cualidades, que ennoblecen a este tomo, como a los precedentes, son bien notorias a todos, porque los Escritos mismos las manifiestan. Pero no lo es sino a los que logramos la dicha de gozar de la apreciable compañía del Autor, otra, que en mi dictamen es realce de todas, y la calificación mayor de su portentoso, y descollado ingenio. Una sola vez que el Autor lea cualquiera especie, por sublime, y difícil que sea, penetra de tal suerte sus fondos, que perfectamente [XVI] la comprehende. No es esto solo lo más portentoso, sino que a esta perfecta, feliz, y pronta comprehensión acompaña igual prontitud, felicidad, y perfección, en trasladar a la pluma todo lo que concibe, y discurre. Del primer rasgo de su pluma salen perfectos los discursos. No pondero. Logro la dicha de gozar de la compañía, y enseñanza del Autor desde que empezó a escribir: entre otros muchos, y excesivos favores, le debo el señalado de que acostumbra honrar mi insuficiencia, manifestándome en el original sus escritos, según los va produciendo; y puedo con verdad decir, salen de la primera mano con la perfección, y pulimento, que en la prensa se estampan para el público. Nada escribe dos veces: sin interpolación corre, y aun vuela su pluma: ni un ápice suele añadir a lo que una vez escribe: rarísima vez cancela aun una sola cláusula: en fin, tan perfectas, y uniformes salen todas las primeras producciones del Autor, que parece nada ocurre a su discurso, ni traslada su pluma, que no venga como nacido al asunto: y así, no dudaré aseverar, que de primera mano produce al Autor más perfectos los discursos, que otros Autores después de muchas manos, y trabajo. Sin duda le cuadra a la letra al Autor, lo que hablando del portentoso ingenio del célebre Escritor Marco Antonio Mutero escribió en su Vida el Padre Andrés Schoto: Nihil umquam (mirum dictu!) bis escibebat Muretus, vix adeò bis legebat idipsum, quod scripserat, rarò interpolabat, non saepè mutabat aliquid, rarius demebat, delebatque; ita, cum uno quasi tenore fluerent omnia, nihil nisi aptum, & accommodatum ad manum, mentemque veniebat, ut [XVII] multò meliora, fortuitò illi exciderent, quàm alii, qui eamdem incudem assiduè tundunt, excudant labore.

He dejado correr con alguna difusión la pluma en los elogios del Autor, no por conformarme a la costumbre generalmente introducida en este género de Aprobaciones, la cual no sé si apruebe, o repruebe. Desdichado el Autor a quien sus Aprobantes no ensalzan con los más altos panegíricos. Pero desdichado también el Autor que no recibe más elogios, que los que le tributan sus Aprobantes. El nuestro está bien lejos de padecer esta desgracia. Cuanto hay de distinguido en el Orbe parece ha conspirado a su aplauso. Puedo asegurar con toda verdad, que se podrían formar muchos Tomos de las Cartas que he visto escritas, ya al Autor, ya a otros sujetos, por personas dignas de toda estimación, y llenas de las expresiones más magníficas, con que la admiración puede celebrar los escritos más eminentes. Lo más glorioso para él es, que sus Obras han hecho cesar aquella vulgarizada queja de los Españoles, de que los Extranjeros por emulación desprecian cuanto escriben los doctos de nuestra Nación. Apenas hay alguna en Europa de aquellas donde florecen las letras, de la cual no haya visto testimonios, que acreditan la universal aceptación, que nuestro Autor logra en ella. Son tantos, que me es imposible recopilarlos. Mas porque la emulación expresada se imagina más fuerte en las Coronas confinantes, en atención a la máxima de que invidia haeret in vicino, no dejaré de hacer alguna especial memoria de lo que en Francia, y Portugal celebran los Escritos del P. M. Feijoo. [XVIII]

Por lo que mira a la Francia, consta ya abundantemente de las noticias, que estampó el P. M. Sarmiento en el primero, y segundo Tomo de su Demostración Crítico-Apologética, cuál es el sentimiento universal de aquella Nación. De Portugal son innumerables las que hay de que las Obras de muestro Autor gozan en aquel Reino una suprema estimación. Pero es digno de particular nota el concepto, que de ellas expresan los Autores Lusitanos de acreditadísimo ingenio, y erudición. Uno es el Caballero Don Francisco Botello de Morais y Vasconcelos, quien en unas advertencias antepuestas a su bello Poema Epico, intitulado el Alfonso, hablando de algunos Zoilos ignorantes, e indignos, prosigue así: Poco diferentes reprehensores impugnaron la discreta, erudita, y delicada Crítica del Grande Fray Benito Geronymo Feijoo. Cualquiera echa de ver, que el proponer al nombre de un Autor en tono de antonomasia aquel epíteto EL GRANDE, es decir mucho más, que lo que se pudiera amontonar en innumerables hipérboles. El propio epíteto le repite en su ingeniosa Obra las Cuevas de Salamanca, impresa en aquella Ciudad (lo que advierto por distinguirla de otra con el mismo título, y asunto, impresa en Ebora); pues a la pág. 62, citándole, le nombra el grande Autor del Teatro Crítico Universal.

El otro Autor Lusitano es el docto Padre Don Manuel Cayetano de Sousa, Clérigo Regular, el cual en el segundo Tomo de su erudita Obra Expeditio Hispanica Apostoli Sancti Jacobi Majoris, impreso en Lisboa el año de 1732, dos veces cita al P.M. Feijoo: la primera, pág. 1306, en esta forma: [XIX] Reverendissimus Pater Frater Benedictus Hieronymus Feyjoo in mirabili opere, inscripto Theatro Critico Universal. La segunda, pág. 1340, de este modo: Reverendissimus Pater Frater Benedictus Hieronymus Feyjoo Montenegro (ut existimo, Ovetensis) {(a) En esto padeció engaño el docto Portugués; porque el Padre Maestro Feijoo es natural de la Provincia de Orense en Galicia.} Benedictinus, in mirabili opere inscripto Theatro Critico Universal, Tom. IV, &c. y luego añade esta cláusula encomiástica: Vir est hoc aevo celeberrimus, vastissimae eruditionis, & acerrimi judicii. Y aunque esta cláusula dice mucho, tiene no sé qué de más fuerza el llamar al Teatro Crítico siempre que le nombra, Obra admirable, o prodigiosa.

Las voces de estos dos Autores son las de todo Portugal, lo que nos confirma otro ingenio Lusitano, el señor Don Joseph Suárez de Sylva, Académico del Número de la Real Academia de Historia Portuguesa, en Carta de 27 de Marzo del presente año, escrita de Lisboa al Autor, a fin de solicitar su correspondencia epistolar, y empieza así: Después que V. Rma. se dignó de utilizar al público con sus Escritos, y la Fama, que constante es su aplauso vuela por el Orbe, empleó todas sus cien voces en esta Ciudad, &c. Toda la Carta, que es larga, y está escrita en elegantísimo Castellano, abunda en semejantes expresiones.

A vista de honrar tanto los Extranjeros al P.M. Feijoo, y Extranjeros, que están reputados por émulos de nuestra Nación, deben tener paciencia los que [XX] verdaderamente lo son del mismo M. Feijoo, cuando oyen resonar entre sus mismos compatriotas elogios semejantes a aquellos. Bueno fuera, que los Extranjeros nos enseñasen a estimar lo que hay precioso entre nosotros, y que les mereciésemos el concepto de rudos, y aun de bárbaros, despreciando lo que ellos reputan estimabilísimo. Pero no fatigaré a dichos émulos, amontonando aquí testimonios de la justicia, que a nuestro Autor hacen innumerables doctos Españoles. Con dolor suyo los encontrarán, aun sin pensar en ello, en muchísimos impresos, que andan en las manos de todos, repitiéndole algunos de ellos (que no son de su Religión, ni Aprobantes de sus Obras) el eminente atributo de Fénix de los ingenios de su siglo.

Solo un elogio suyo, o cúmulo de elogios hecho por personaje Español, aunque constituido fuera de España en sublime puesto, no puedo omitir, porque le hacen de supremo valor las eminentísimas cualidades de ingenio, doctrina, y dignidad, que resplandecen en el Panegirista. Este, en una Carta escrita de propio puño al Autor, su fecha de 27 de Junio de 1733, le dice así:

Reverendísimo mío, este viejo Presbítero es un singular venerador de los talentos, con que nuestro Señor quiso enriquecer el entendimiento, y el genio de V. Rma. Ellos son tan grandes, que parece habérselos Dios comunicado a fin de quitar la vanidad a los ingenios de su siglo: ya se considere aquella efluente nativa elocuencia, que no necesita de mendigar flor alguna al Arte, porque las esparce todas pródiga la naturaleza en su estilo: ya la erudición casi infinita: ya una indecible [XXI] gracia, como si se destilase de todas las tres fabulosas una quinta esencia: ya un ingenio transcendente, que respira por cada cláusula, como si estuviese organizada, y como si intentase desmentir el común sentimiento de que va muerta la razón en la letra. Y aunque todo esto admira mucho, me causan más alta admiración la modestia, y la humildad, que parece que van arrastrando a su dueño por todos sus escritos. Por lo que desearía yo, que V. Rma. enseñase al mundo desde el sitio más alto, desde el cual cuanto más distante se percibe la voz del magisterio tanto más atenta, y distantemente. Tengo el honor de ser Abad en el Monasterio de Monreal de nuestro gran Archipatriarca San Benito, gloriándome más de esto, que de ser su Arzobispo; y así tuve especial consuelo de reconocer los Escritos insignes de un hermano mío, que son gloria de la Religión Benedictina, y honor inmortal de la Nación Española. Ni V. Rma. extrañe, que una, u otra pluma haya querido obscurecer tan bello día, como amaneció en su Crítica; pues aunque parece emulación, no es sino rabia de ver su ingenio volar por tanta altura, que se puso fuera de tiro a la envidia. Vale, escribe, & ora pro me.

Este es el juicio, que del Autor, y sus Escritos expresa un Español, que vale por mil. No cabe más alto panegírico, ni más adecuado al cúmulo de prendas, que adornan al Autor; y así concluyo con decir, que no conteniendo, como no contiene este Tomo cosa alguna, que desdiga de la pureza de nuestra Santa Fe, y buenas costumbres, puede V. Rma. concederle al Autor la licencia [XXII] que pide. Así lo siento, salvo meliori, &c. En este Colegio de San Vicente de Oviedo, y Enero 16 de 1734.

Fr. Joseph Perez.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal (1726-1740), tomo sexto (1734). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por Andrés Ortega, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo sexto (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas XII-XXII.}


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