Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Luis Liard

La cultura francesa contemporánea debe no pocos de sus progresos a este insigne profesor, publicista y académico, que durante más de cuarenta años dedicó su prodigiosa actividad a engrandecer la vida pedagógica de su patria. Liard –dice Gastón Deschamps–, nació organizador. Y en verdad, pocos hombres de estudio del pasado siglo laboraron en Francia con tanta devoción y entusiasmo para transformar los establecimientos docentes, acomodándolos a las exigencias del nuevo espíritu científico.

El doctísimo maestro durante toda su existencia no tuvo otra preocupación que servir a los ideales educativos y trabajó intensamente para adecuar sus anhelos de perfección a la realidad. Fue un ejemplo práctico de las virtudes más acrisoladas, infundidas en su espíritu por el ambiente del hogar paterno.

La pedagogía francesa, orientada hacia la nueva Metodología, debe a los constantes desvelos de Luis Liard gran parte de sus adelantos, pudiendo decirse que la reorganización de los establecimientos universitarios fue la obra personal de este hombre modesto y sencillo, a quien sus propios merecimientos y la confianza que inspiró a algunos ministros permitiéronle desenvolver un vasto plan, que en muchos de sus aspectos es ya actualmente una realidad viva.

Luis Liard vio la primera luz en Falaise (Calvados) en 1846. Hizo sus primeros estudios en la villa natal, continuándolos en París, en el Liceo Charlemagne. Ingresó en la Escuela Normal, mediante concurso, a la edad de veinte años, pasando de este centro docente, con el título de profesor agregado, al Liceo de [362] Mont-de-Marsan, donde se le confió la cátedra de Moral, que desempeñó hasta el mes de Abril de 1871. En este año fue trasladado al Liceo de Poitiers, donde explicó Filosofía. Espíritu atraído por las corrientes de la Filosofía científica y que sentía una gran inclinación hacia toda labor que significara comprobación y certidumbre, procuró siempre Liard cohonestar sus hábitos de precisión con su deseo de clasificar los hechos demostrados por la experiencia, para deducir de ellos conclusiones lógicas. De ahí que su afán inquiridor le encaminara hacia el estudio de las disciplinas de la Naturaleza, licenciándose en Ciencias Naturales en la Facultad de Poitiers.

En 1874 pasó Liard a la Facultad de Letras de Burdeos, de cuya ciudad llegó a ser consejero municipal y alcalde adjunto; en 1880 fue nombrado rector de la Academia de Caen y en 1884 se le designó para el cargo de director de la Enseñanza Superior, que había quedado vacante por la muerte prematura de Alberto Dumont.

La Academia de Ciencias Morales y Políticas, de París, le llevó a su seno en 1890, en substitución de Julio Simón. Algunos años antes, en 1879, el mismo organismo había premiado el libro de Liard La Science positive et la Métaphysique. La labor del profesor Liard se desarrolló en el primer plano de la actividad universitaria y su gestión fue imponderablemente preponderante en las esferas de la Enseñanza Superior. El proyecto de reorganización de esta Enseñanza, elaborado por su predecesor, halló en Liard un continuador inteligente, siempre dispuesto a encontrar una pronta y eficaz solución. En la historia de la Sorbona figurará el nombre de Liard en lugar preeminente, pues fue durante algunos años el alma de este importante organismo, donde presidió en calidad de rector, después de la muerte de M. Greard, el Consejo general de Facultades.

La filiación intelectual de Luis Liard queda hecha con decir que se consideraba discípulo de Renouvier y de Lachelier. Su espíritu estaba profundamente influido por la doctrina neokantiana. Consideraba que la Metafísica es objeto de creencia y libertad. Defendió siempre la concepción relativista, llegando a negar [363] carácter absoluto a las concreciones científicas y aun a los teoremas matemáticos. Fue, pues, Liard, un espiritualista, que defendió con sólidos argumentos su posición criticista. En sus ataques a las concreciones modernas de las doctrinas sensualista, positivista y evolucionista, reveló más ingenio y «esprit», que fuerza dialéctica. No obstante su gran penetración y su arte de escritor, no logró desvanecer las contradicciones en que había incurrido, pues en algunos de sus libros pone en tela de juicio afirmaciones que había estampado en otros.

La producción intelectual de Liard es bastante copiosa. Entre otros volúmenes, publicó los siguientes: Des definitions geometriques et des definitions empiriques, tesis de su doctorado en Ciencias (1873); De Demócrito philosophe, tesis (1874); Les logiciens anglais contemporains (1878) –notable trabajo de divulgación de los avances de la Lógica inductiva en la Gran Bretaña durante el pasado siglo–; La Science Positive et la Metaphisique (1879); Des notions de genre et d'espéce dans les sciences de la Nature (1879); Descartes (1881) –este es uno de sus mejores libros, si bien predomina la apología sobre la apreciación sistemática–. Lectures morales et littéraires (1883); Morale et enseignement civique (1883); Cours de Philosophie (1884, Cuarta edición, 1897); L'enseignement Superieur en France (1888); Universités et Facultés (1890), y Pages eparses –colección de disertaciones filosóficas y pedagógicas y discursos (1902).

Además, colaboró Liard en varias publicaciones doctas, entre ellas la Revue Philosophique.

En la obra total de Liard, más que las especulaciones abstractas, descuellan el estudio de las realidades humanas y el conocimiento de los problemas relativos a la organización universitaria.

Hacía algún tiempo que Liard, a consecuencia de un largo y doloroso padecimiento, soportado hasta el fin con ejemplar firmeza, permanecía retirado de las funciones docentes. El día 22 de Octubre de 1917, a la edad de setenta y dos años, falleció el insigne profesor, significando su muerte una pérdida muy dolorosa, no sólo para el Instituto de Francia, la Escuela Normal Superior, de París, la Sorbona, y demás [364] altos centros y corporaciones, sino para la Francia intelectual entera, que no podrá olvidar que a la iniciativa del ilustre pedagogo debióse la creación de varias Universidades, la nueva organización de la Enseñanza Superior y el que se erigieran algunos edificios públicos como los destinados a las Facultades de Medicina, Ciencias y Letras de Burdeos. Los biógrafos de Liard hacen notar que la influencia del incansable apóstol de la enseñanza fue altamente fecunda para los centros didácticos franceses, a los cuales dotó de utillaje científico, poniéndolos al nivel de los de Inglaterra y los Estados Unidos.

Liard, fue, en síntesis, un espíritu previsor, cuya continuidad de esfuerzo es realmente admirable y que pospuso su obra de investigador y de teorizante, a la de la modificación y rejuvenecimiento de las instituciones docentes del Estado, acomodándolas a las exigencias de la vida moderna.

Hombre sencillo y modesto, dispuso en su testamento que no se tributaran honores a su cadáver; que no se admitieran coronas, ni delegaciones, ni se pronunciaran discursos. Y sin pompa ni aparato, modestamente, como él quería, fue llevado a la tumba el venerable hombre de ciencia, a quien tanto debe la cultura de la nación hermana.

<<   >>

filosofia.org Proyecto Filosofía en español
© 2006 filosofia.org
Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 361-364