Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Carlos Renouvier

Para la inmensa mayoría de los intelectuales españoles es Carlos Renouvier, poco menos que ignorado. Nuestros críticos, con la sola excepción, que yo sepa, del docto pedagogo y publicista Luis de Zulueta, sólo hablaron incidentalmente del autor de Le personnalisme, una de las figuras del mayor relieve del alto intelectualismo francés. Por otra parte, nuestros editores, que andan siempre a la husma de novedades literarias, sin aquilatar, por lo general, el valor de las obras que dan a traducir (y que se traducen comúnmente haciendo buena la conocidísima frase italiana traduttore traditore), no han tenido, interés ninguno en dar a conocer al público hispanoamericano a Renouvier, que fue un gran filósofo, un eminente crítico de Historia, un pedagogo clarividente y un moralista insigne.

En Francia, en estos últimos tiempos, se ha estudiado bastante a fondo la doctrina de Renouvier; pero es evidente que el público culto de la vecina nación no dispensó al egregio publicista los honores que prodigara a otras, como Tarde y Fouillée, que, en mi sentir, no tenían una personalidad tan acentuada y original. La crítica, singularmente la alemana y la escandinava, suplieron, en parte, la fría reserva de los franceses para con su compatriota, haciendo justicia al valor indudable de la obra de Renouvier como concepción sistemática, solidamente arquitecturada y que responde a una idea-eje, a un pensamiento central: el neocriticismo, considerado en su aspecto integral.

Harold Höffding, el más perspicaz y profundo de los [128] historiadores y críticos de la filosofía, denomina a Carlos Renouvier el Néstor de la Filosofía contemporánea, dedicándole en su libro Filósofos contemporáneos un concienzudo estudio en el que, al parangonarle con Renán, afirma que es su antípoda.

Carlos Renouvier nació en Montpellier a 1º de Enero de 1815, y allí cursó la segunda enseñanza. En 1874 trasladóse a París e ingresó en la Escuela Politécnica, donde sólo permaneció dos años. Su resuelta vocación por la filosofía y las disciplinas sociales le hizo abandonar las Ciencias exactas. Debutó como especulador, concurriendo a un concurso abierto por la Academia de Ciencias Morales y Políticas de París, donde desarrollo el tema «Histoire critique du cartesianisme». Este trabajo, que valió a Renouvier una mención honorífica, apareció en 1842 formando parte de un volumen titulado Manuel de Philosophie moderne, que le dio a conocer ante el mundo docto, conquistándole una gran consideración.

En 1844 dio a la estampa otro volumen con el título de Manuel de Philosophie ancienne, que, con el primero, constituye una historia bastante completa de la Filosofía. Al mismo tiempo que aparecían los dos Manuales colaboraba en la Encyclopedie Nouvelle, que fundaron y dirigieron Pedro Leroux y Juan Reynald. Los artículos «Descartes», «Fatalisme», «Fermat», «Fitche», «Ficia», «Force», «Pantheisme» y «Philosophie» son debidos a su pluma.

En 1848, después de la revolución de Febrero, bajo los auspicios de Hipólito Carnot, ministro a la sazón de Instrucción pública, publicó el opúsculo Manuel Républicain de l’homme et du citoyen. Este pequeño volumen, que contenía algunas afirmaciones del socialismo saintsimoniano, promovió vivísimas discusiones y fue denunciado a la Asamblea Constituyente cuando ya había merecido la aprobación oficial, lo que determinó la caída del Ministerio, que con este motivo fue verdaderamente combatido por sus adversarios.

En 1851 Renouvier, de acuerdo con sus amigos los demócratas socialistas, y entre ellos personalidades tan prestigiosas como Fauvety, Charrassin y Erdan, redactó un proyecto de organización municipal y central de la República, que apareció primeramente en forma de [129] cuadernos y más tarde en un volumen. Por aquel mismo tiempo fue Renouvier uno de los más asiduos colaboradores del periódico Liberté de pensée, que contribuyó poderosísimamente a difundir los principios de la emancipación de la conciencia, siendo una de las publicaciones intelectuales más cultas y avanzadas de aquella época.

Renouvier, después del golpe de Estado de 2 de Diciembre, se consagró predominantemente a la Filosofía, dejando de lado la actuación pública y concentrando su actividad en los estudios de gabinete. Su preocupación principal fue reformar el criticismo de Kant en lo que concierne al método y a la doctrina. Sin apartarse ni un instante del plan concebido, trabajó intensamente, colaborando en la Revue Philosophique, que dirigía el ilustre Fauvety. En ella comenzó la publicación de una novela filosófica muy curiosa, que bautizó con el nombre de Uchronie (La utopía en la Historia) y que no apareció en volumen hasta 1876.

Una de las obras más trascendentales de Renouvier es, sin, duda, Essais de critique générale (1854-64-76 y 92), en la que expuso los principios de su criticismo reformado, que se conoce con la denominación de neocriticismo.

En 1868 fundó L’année philosophique, en colaboración con monsieur Pillon, en quien halló un partidario de la doctrina criticista reformada. La publicación fue interrumpida por los acontecimientos de 1870-1871 y al año siguiente ambos filósofos transformaron L’année philosophique en una Revista, que en un principio fue semanal y más tarde mensual, con el nombre de Critique Philosophique. El objetivo principal de Renouvier y Pillon fue desenvolver los principios de la Filosofía crítica, de la Moral racional y de la Política republicana. La Critique Philosophique, cuyo primer número apareció en Febrero de 1872, dejó de publicarse a fines de 1898, habiendo constituido uno de los esfuerzos más tenaces en pro de la intensificación del pensamiento Francés en aquel lapso de tiempo.

Independientemente de los trabajos de Revista, en que predominaban la exposición y la crítica, Renouvier prosiguió su obra personal, publicando en 1869 dos volúmenes nutridísimos con el título genérico de Science de la morale, uno de sus más importantes trabajos [130] En 1878 tradujo al francés, en colaboración también con M. Pillon, el libro primero del Tratado de la Naturaleza humana, del célebre filósofo inglés David Hume. En 1879 recogió algunos de los ensayos publicados en la Critique Philosophique, titulándolos Petit Traité de Morale a l’usage des écoles primaires laiques, trabajo que obtuvo un señalado éxito y que en 1882 hubo de reimprimir el autor, corrigiéndolo y aumentándolo considerablemente. Este libro fue muy leído en Francia y contribuyó en no pequeña parte a impulsar la corriente laicista. En 1865 y 1886 coleccionó Renouvier algunos de los ensayos publicados en la Critique Religeuse –suplemento Trimestral de la Critique Philosophique– titulándolos Equisse d’une classification systématique des doctrines philosophiques. De 1890 a 1900 colaboró asiduamente en L’année Philosophique, que apareció nuevamente bajo la dirección de M. Pillon, al cesar la Critique Philosophique.

A partir de 1893 publicó las obras siguientes, que presentan la doctrina neocriticista en sus distintos aspectos: Víctor Hugo: le poète (1893), Les dilemmes de l’Histoire (1896-1897) –cuatro volúmenes que constituyen un estudio monumental y que por sí solos bastarían para labrar la reputación de un gran intérprete del proceso de las sociedades–; La nouvelle modologie, en colaboración con M. L. Prat (1899), Les dilemmes de la Métaphysique pure (1900); Víctor Hugo: Le Philosophe (1900); Histoire et solution des problèmes metaphysiques (1901), y Le personalisme suivi d’une étude sur la perception externe et la force (1902).

Carlos Renouvier falleció en Prades el 1° de Septiembre de 1903. Poco después de su muerte sus amigos, y entre ellos L. Prat, que sentía una devoción muy sincera por el maestro, dedicaron a su memoria la obra Les derniers entretiens de Charles Renouvier (1904) y salvaron el manuscrito inédito del ilustre filósofo intitulado Critique de la doctrine de Kant (1905).

En algunas de las últimas obras de Renouvier se observa que a su criticismo se sobrepone una tendencia [131] mística. Sin embargo, su anhelo espiritual no llegó a sofocar su concepción racionalista. Sea cual fuere la apreciación que se formule acerca de la filosofía de Renouvier, no cabe negar que el egregio publicista fue un temperamento especulativo que supo ensamblar los datos que le ofrecía la observación con los postulados metafísicos. Pueden oponerse muchos reparos a su obra; pero es indudable que el filósofo de Montpellier ha sido uno de los entendimientos más fuertes y cultivados que han surgido entre la intelectualidad francesa en la segunda mitad del siglo pasado.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 127-131