Luis Araquistain
 
El peligro yanqui · 1921

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Luis Araquistain, El peligro yanqui, Madrid 1921, páginas 75-78

La evolución social · VIII

De la utopía al socialismo

Los Estados Unidos son el país de la gran variedad teórica y experimental en materias sociales. Allí se dan cita dos linajes de hombres heréticos: los perseguidos y expulsados de Europa por las Iglesias históricas y por los Estados históricos. Es natural que entre esa clase de emigrantes tiendan a germinar todas las utopías. Para los peregrinos del Mayflower la nación que van a realizar, ¿no es una representación utópica? Y dentro de la utopía realizada, caben después ensayos prácticos de las teorías más quiméricas y audaces. Unas veces, son los propios creadores de nuevas doctrinas los que cruzan el mar para experimentarlas; otras, son discípulos que emigran, y que llevan, como el viento la simiente, los gérmenes brotados en Europa. Roberto Owen, Fourier, Weitling, Proudhon, Bakunin, Marx: durante todo un siglo, los Estados Unidos son pista de facciones de pensamiento y de acción que luchan entre sí en torno de estos nombres.

Sólo después de la guerra civil, el socialismo rompe sus celajes utópicos y adquiere en la República norteamericana precisión teórica, organización potente, extensión nacional y categórica aspiración al Poder. Como en Europa, allí es también el socialismo, en los comienzos, internacional. La primera Internacional, quebrantada en Europa, se traslada en 1872 a Nueva York y arrastra su agonía cuatro años más. Luego en 1881, surge la Internacional Negra, de los anarquistas de Bakunin, por contraposición a la Roja de Marx. Ambos espíritus antagónicos inspiran el movimiento obrero de los Estados Unidos –el paralelismo con España es evidente, y Madrid, socialista ortodoxa, es a Nueva York como Barcelona, con su anarquismo primero y su sindicalismo ahora, es a Chicago– en el último medio siglo, hasta nuestros días.

Estos intentos, al principio utópicos, esto es, extranacionales, y más tarde internacionales, comienzan a tomar fisonomía nacional en 1874 en la forma de un Partido Socialista Obrero, que tiene por objeto infundir espíritu político en organizaciones puramente gremiales, como los Caballeros del Trabajo y la Federación Americana del Trabajo, por una parte, e impedir, por otra, la absorción de la clase obrera por organismos anarquistas y sindicalistas, partidarios exclusivamente de la acción directa. El Partido Socialista Obrero representa en los Estados Unidos, como en otros países, la inteligencia activa y moderada frente a la inteligencia dormida del gremialismo y frente a la inteligencia desesperada del anarquismo y del sindicalismo: una función evolutiva y, en el fondo, conservadora en su táctica.

Pero la República norteamericana es casi tan grande como Europa, y la discrepancia ideológica está favorecida por la extensión territorial. Se forman varios partidos socialistas. Eugenio Debs, el Pablo Iglesias del socialismo norteamericano, su patriarca, y otros amigos fundan en 1897, en la parte occidental de los Estados Unidos, la Democracia Social de América. Como la mayoría de sus miembros propende a los planes utópicos, pronto se produce una escisión y nace el Partido Social Democrático de América. En las elecciones presidenciales de 1900 luchan cuatro candidatos socialistas, representantes de otros tantos partidos; pero al término de la campaña, tres se funden en un nuevo Partido Socialista, que disputa la hegemonía al viejo Partido Socialista Obrero.

Conviene indicar las diferencias entre estos dos partidos, que expresan las dos tendencias señaladas en todo el mundo; a veces, en partidos separados, como en la República norteamericana; otras, dentro de un mismo Partido, como en la mayor parte de los países europeos. Es la tendencia radical, extremista, intransigente, de los principios rígidos, y es la tendencia oportunista, posibilista, fabiana, revisionista, de los principios elásticos. El Partido Socialista Obrero encarna la primera; el Partido Socialista, la segunda. El Partido Socialista Obrero es partidario de una forma de sindicalismo o democracia industrial, organización social por industrias, y no por oficios ni por distritos territoriales; considera a la Federación Americana del Trabajo como un organismo reaccionario y «un obstáculo en la senda del mejoramiento de las condiciones y de la emancipación obreras»; admite toda emigración extranjera, incluso la asiática, con tal que no sea de esquiroles ni de obreros previamente contratados, para lo cual es contrario al sistema de cuotas altas y de otros recursos usados por la Federación Americana del Trabajo para monopolizar las ocupaciones en provecho de sus miembros, con perjuicio de los nuevos inmigrantes; exige de sus miembros que lean exclusivamente prensa socialista, salvo donde no se publique, y les prohíbe dar a luz ningún periódico político sin el consentimiento del Comité nacional. Estas son, entre otras, algunas de las bases de su radicalismo.

Según todos los indicios, la tendencia oportunista o moderada va venciendo a la extrema. En 1898 la votación obtenida por el candidato del Partido Socialista Obrero en las elecciones presidenciales fue de 82.204 sufragios; descendió a 14.021 en 1908, y tras varias oscilaciones en dirección ascendente tornó a decrecer a 14.398 en 1916. En cambio, el Partido Socialista tuvo 96.931 votos en 1900; 901.062 –el máximo hasta ahora– en 1912, y 597.000 en 1916. Esta depresión se debió a la actitud de ambos partidos en la guerra, que fue francamente contraria a la intervención. Contribuyeron a esa actitud, probablemente, no sólo los principios internacionalistas que también existían en los países europeos y quedaron en gran parte relegados. sino también otras razones más reales. En primer término, la distancia geográfica, que ponía a los Estados Unidos fuera de todo peligro inmediato remoto; el imperialismo alemán quedaba demasiado lejos para neutralizar en los socialistas norteamericanos el sentimiento de clase. En segundo término, en la población norteamericana hay grandes proporciones raciales de alemanes y judíos, ambas contrarias o indiferentes a la intervención. Esa actitud atrajo sobre los socialistas la enemistad de una buena parte del país, y así se explica el descenso de la votación en 1916 y las persecuciones sin cuento de que fueron víctimas por los más leves delitos de opinión. Así se explica también ese ambiente de hostilidad que ha quedado en los Estados Unidos contra los socialistas, contra los «rojos» –como pude advertir durante mi estancia–, sobre todo contra los más ligeramente sospechosos de simpatía o simple curiosidad hacia Rusia.

¿Cuál será el destino del socialismo norteamericano? La tendencia extremada parece que ha de ser absorbida por la moderada, y como si el partido socialista fuese aún demasiado radical, se constituyó en noviembre de 1919 en Chicago, un nuevo partido obrero de posición más derechista aún. En este sentido, ideológicamente, el socialismo parece querer derivar a la derecha en los Estados Unidos, tal vez para ser una prolongación política, muy templada, de la Federación Americana del Trabajo. Pero esa es una sola tendencia. Queda la tendencia contraria, la del sindicalismo industrial, encarnada en la organización I. W. W. (Industrial Workers of the World, o Trabajadores Industriales del Mundo).


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