Zeferino González
Filosofía novísima
§ 34
Trendelenburg y Czolbe
Al lado de la dirección ecléctica general de secundaria importancia, representada en los nombres ya mencionados de Weber, Carus, Hering, &c., y al lado también o en pos de la dirección especial ligada al nombre de Schleiermacher, pueden señalarse otras dos direcciones particulares, caracterizadas por el predominio relativo del elemento aristotélico y del elemento sensualista.
Trendelenburg (Adolfo) es el representante principal de la primera dirección, notándose a cada paso en sus escritos, y principalmente en los que versan sobre la lógica (Logische Untersuchungen), la idea de conciliar las teorías modernas con las de Aristóteles, y la tendencia a reformar y completar las unas por las otras. La concepción filosófica de Trendelenburg encierra además bastantes ideas relativamente originales. En lugar de los tres conceptos primitivos de la lógica de Hegel, a saber: ser puro, no ser y venir a ser, Trendelenburg pone como categorías primitivas y conceptos fundamentales, el ser, el pensamiento y el movimiento. El objeto o término de la constitución del Estado es la unidad del poder. El fin del hombre como ser moral y su principal misión, es completar y perfeccionar la idea de su esencia propia. Trendelenburg, como Aristóteles, reconoce la importancia respectiva y la necesidad de emplear simultáneamente el método racional y el método experimental, la inducción y el silogismo, para descubrir la verdad en las ciencias filosóficas.
Trendelenburg refutó también la doctrina e ideas de Hegel acerca de la Filosofía de la historia, poniendo a la vez de manifiesto que, ni en el terreno de la historia general del hombre, ni en el de la historia de la Filosofía y del arte, los hechos y la realidad histórica, no responden a las ideas y teorías del filósofo de Stuttgardt.
Una de las ideas más importantes y originales de Trendelenburg, es la que se refiere a la armonía o comunidad entre el mundo externo y el mundo interno del pensamiento. Este, aunque se manifiesta como opuesto y contraste del movimiento externo, entraña y contiene a priori conformidad con la realidad, el espacio, el tiempo y las demás categorías.
Czolbe puede llamarse con justicia y es un filósofo sensualista, si por tal se entiende el que busca y señala en los sentidos el origen de todos nuestros conocimientos, de manera que éstos no sean más que formas y resultado de la sensación. Czolbe, sin embargo, no se limita a esta tesis, por más que constituye el centro y como la idea madre de su concepción, sino que, una vez colocado en esta pendiente sensualista, desciende rápidamente hasta entrar en el terreno propio del materialismo, negando a priori, no solamente lo sobrenatural, sino lo suprasensible, reduciendo el universo todo y los seres a materia y movimiento, y afirmando la necesidad y eternidad del mundo.
Esto no obstante, conviene tener presente que en las obras de este filósofo, y particularmente en la que lleva el título de Límites y orígenes del conocimiento humano, se encuentran con bastante frecuencia reservas y atenuaciones que le alejan del materialismo, tomado en su sentido riguroso y completo. «Siempre he estado persuadido, escribe en la obra citada, que los hechos de experiencia externa e interna se prestan a interpretaciones diversas, y que con un derecho incontestable, y sin infracción alguna de la lógica, pueden explicarse en sentido teológico o espiritual.» Teniendo en cuenta el conjunto de las afirmaciones de Czolbe, pudiera decirse que su concepción filosófica representa un punto intermedio o de transición entre el panteísmo virtualmente materialista de Schopenhauer y el materialismo completo y explícito de Büchner.
Entre las opiniones singulares de Czolbe, merece mencionarse la referente a la extensión de las sensaciones, las cuales, no solamente exigen espacio como los demás cuerpos, sino que a las tres dimensiones de éstos añaden una cuarta, que es el tiempo; pero lo que caracteriza más especialmente la doctrina de Czolbe es la conexión y dependencia que establece entre el espacio y las sensaciones, y en general con los fenómenos psicológicos. En este concepto, la psicología de Czolbe, más bien que psicología materialista, pudiera apellidarse psicología extensionalista, según observa con justicia Ueberweg: Die Annahme der Räumlichkeit der Empfindungen und überhaupt aller psychischen Gebilde hält Cz. für nothwendig, so dass seine Psychologie zwar nicht als eine materialistische, wohl aber als eine extensionalistische zu bezeichnen ist.
Las vibraciones que se verifican en los astros entrañan también, según Czolbe, sensaciones y sentimientos latentes, relacionados con el alma del mundo.