Filosofía en español 
Filosofía en español

Zeferino GonzálezHistoria de la Filosofía, Madrid 1886


Filosofía novísima

§ 33
Schleiermacher

Este escritor, que nació en Breslau en 1768, y falleció en 1834, poseía un alma naturalmente religiosa e inclinada a la piedad. Hijo de un pastor protestante, y educado en compañía y bajo la influencia de los Hermanos moravos, aquellos sentimientos o inclinación a la piedad religiosa se desarrollaron y robustecieron en Schleiermacher con la edad, e influyeron indudablemente en sus ideas filosófico-teológicas.

La concepción de Schleiermacher se reduce, en el fondo y en la esencia, a un panteísmo naturalista o cósmico con ribetes de misticismo sentimental. Para el filósofo de Breslau, la totalidad o conjunto de las existencias constituye el universo; la unidad de éste es lo que constituye la Divinidad (die Einheit der Weltganzen ist die Gottheit), la cual es, por lo mismo, el fundamento de la existencia humana, como lo es de las demás existencias que integran el universo.

La base única, la verdadera esencia de la religión en el hombre y para el hombre, consiste únicamente en el sentimiento o conciencia de nuestra dependencia absoluta de la Divinidad. Los actos del culto, las obras religiosas y de piedad, no son más que derivaciones, aplicaciones, fórmulas y fases de este sentimiento fundamental, de la inferioridad y dependencia del hombre con respecto a Dios.

De aquí es que la religión es independiente de toda metafísica; para la religión es indiferente que Dios y sus atributos, y los dogmas y misterios, se conciban de ésta o de la otra manera, que se les atribuya éste o el otro sentido filosófico, que tengan o no tengan realidad objetiva. Mientras permanezca en el hombre el sentimiento de su dependencia absoluta de Dios, permanece la base y la esencia real de la religión, la cual, por consiguiente, queda reducida, en el sistema de Schleiermacher, a un fenómeno puramente subjetivo y psicológico.

Esto por lo que respecta a su Filosofía religiosa. En el terreno propiamente filosófico, Schleiermacher, que sigue generalmente a Kant en muchos puntos, se aparta de su maestro en la cuestión referente a las intuiciones del espacio y del tiempo, y a la categoría de causalidad, concediendo tanto a ésta como a las primeras realidad objetiva.

El objeto final y la perfección última del orden moral consisten en el Bien supremo, considerado como unidad superior de lo real y de lo ideal: la virtud es la fuerza motora o impelente, y el deber es la ley que dirige los movimientos humanos para llegar hasta ese Bien moral supremo.

Vese, por las indicaciones que anteceden, que la nota característica y fundamental de la doctrina de Schleiermacher es la independencia absoluta, la separación omnímoda entre la religión y la ciencia. Y esto debe entenderse, no solamente de la ciencia natural o posible a la humana razón, sino también de la ciencia teológica, o sea de los dogmas revelados por Dios, los cuales deben considerarse, no como objeto de la fe, no como verdades reales y objetivas de la fe religiosa, sino como la mera expresión de ésta, como fórmulas subjetivas y fases del sentimiento religioso. El ser de la religión en general, y de la cristiana en particular, tiene por base única y por esencia propia la dependencia del hombre de la Divinidad, según que esta dependencia se revela y manifiesta en la conciencia humana. De aquí es que la religión y la piedad son compatibles con el panteísmo y con el teísmo, o, mejor dicho, prescinden completamente de estas cuestiones. La religión y la piedad cristiana pueden existir en el hombre, ora éste opine que Jesucristo tiene realidad histórica, ora opine que es un mito o un ideal, ora admita y confiese su divinidad, ora la rechace. Para la religión y la fe es indiferente que en nombre de la razón y de la ciencia se afirme que Dios se identifica con el Universo, o que es un ser trascendente, personal y libre; que el mundo fue sacado de la nada, o que existe desde la eternidad por su propia virtud; que el hombre fue creado por Dios, o que debe su origen a un protoplasma material.

Para la religión es indiferente que estas cuestiones y otras análogas, lo mismo que los dogmas de la Trinidad, la Encarnación, &c., se resuelvan en este o aquel sentido.

Por absurda y contradictoria en los términos que sea esta concepción de Schleiermacher, tuvo, sin embargo, mucho séquito y no pocos partidarios en Alemania. Este fenómeno se comprende y explica fácilmente, teniendo en cuenta que estas ideas, si por un lado halagaban a los protestantes ortodoxos que veían aquí un medio eficaz para promover y fomentar las prácticas religiosas, halagaban igualmente a los libre-pensadores, que encontraban aquí puerta franca y como una especie de autorización legal y religiosa para abrazar toda clase de opiniones y enseñar las teorías más chocantes, absurdas y peligrosas. Schleiermacher, hombre de reconocida religión y piedad, dábales carta blanca para afirmarlo y negarlo todo en nombre de la independencia completa y de la separación omnímoda entre la religión y la metafísica, entre el dogma cristiano y la ciencia racional.