Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo VII
El pensamiento filosófico y sociológico en Francia desde la revolución de 1848 hasta el comienzo de la época del imperialismo.
A mediados del siglo XIX termina en Francia la revolución industrial. El desarrollo del modo capitalista de producción acaba por transformar radicalmente la economía del país y conduce a cambios considerables en el plano social; el más importante de ellos es la conversión de la clase obrera de Francia en una activa y poderosa fuerza social y el desarrollo de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía.
El proletariado fue en Francia la principal fuerza activa de la revolución democrático-burguesa de 1848, aunque en aquel tiempo no poseía aún una conciencia de clase plenamente formada; en el país no existía un partido proletario revolucionario. La burguesía industrial, que se había adueñado del poder, renunció a la política de transformaciones democrático-burguesas. A pesar de la derrota de la clase obrera en la revolución de 1848 y de la línea decreciente de su desarrollo, la insurrección de junio del proletariado francés tuvo la significación histórica, según la expresión de V. I. Lenin, de ser la primera gran guerra civil entre el proletariado y la burguesía.1
En el período subsiguiente a la revolución, los monárquicos, valiéndose de que la burguesía se había pasado al campo de la-reacción, consiguieron derribar la república y establecer el imperio de Napoleón III. El Imperio, dice Marx, “era la única forma de gobierno posible, en un momento en que la burguesía había perdido ya la facultad de gobernar el país y la clase obrera no la había adquirido aún”.2
En el período que va de la revolución de 1848 a 1870, Francia conoce un intenso avance de la industria y el comercio. Entre 1852 y 1869 el número de máquinas de vapor instaladas en las fábricas crece de 6.080 a 26.221, El conjunto de la producción industrial llega casi a triplicarse, y el incremento es todavía mayor en algunos sectores, como en los tejidos de algodón, lana y seda. La producción de hierro y acero se eleva de 320.000 toneladas en 1852 a 1.014.000 en 1869. La concentración de la [402] producción se hace muy intensa. El comercio exterior se amplía entre dos veces y media y tres veces.
También conoce progresos la agricultura: aumenta la superficie total de siembra y se eleva el rendimiento de los principales cultivos. No obstante, a consecuencia de los anticuados métodos que emplea y de la baja productividad del trabajo, su avance es bastante inferior al de la industria.
El progreso económico de Francia en el período que va de la revolución de 1848 a la Comuna de París trae consigo una mayor agudización de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía.
En el país crece rápidamente la población urbana. A fines de los años 60 París contaba con 450.000 obreros, o sea 100.000 más que en 1848. Durante esos años se acentúa considerablemente la explotación de los obreros en las fábricas, así como la explotación del trabajo de mujeres y niños. La respuesta del proletariado se traduce en un incremento del movimiento huelguístico. El proletariado lucha con creciente energía en defensa de sus intereses, son cada vez más frecuentes y reiteradas las reivindicaciones económicas y políticas que presenta a los dueños de las empresas industriales.
La burguesía industrial, que se enriquece con rapidez, recurre a métodos cada vez más inhumanos de explotación de los obreros. En contra de los intereses del pueblo francés, el gobierno del Segundo Imperio arrastra el país a guerras de conquista que lo agotan y le cuestan decenas de miles de vidas humanas. La crisis económica que estalla en 1866 agudiza aún más la situación política en el interior y provoca un nuevo ascenso del movimiento revolucionario de la clase obrera.
La Comuna de París (1871) fue el primer ejemplo que ofrece la historia de una dictadura del proletariado implantada por la revolución proletaria. Resultado como era de un prolongado desarrollo del movimiento revolucionario de la clase obrera, esta primera revolución proletaria que conoce la historia tuvo una gran significación internacional, al impulsar en alto grado la cohesión revolucionaria de los trabajadores de todos los países. A la Comuna de París se incorporaron activamente trabajadores de distintas nacionalidades. Por primera vez en la historia, el proletariado mantuvo su hegemonía en la revolución y llevó tras de sí a las grandes masas trabajadoras.
Ahora bien, la Comuna de París no fue la dictadura del proletariado completa y sólida. Primeramente, porque en Francia no había en aquel tiempo un partido obrero auténticamente marxista, y también porque los comuneros no tenían una idea precisa de las tareas de la revolución proletaria. Además, no tuvieron éxito los intentos que los comuneros realizaron para establecer la alianza entre los obreros y los campesinos.
Los comuneros no alcanzaron a comprender que para el éxito de la revolución habían de recurrir a la expropiación de los bancos. Todos estos errores condujeron a la derrota de la Comuna de París.
La Comuna de París significó el comienzo de una nueva fase en la historia de la lucha revolucionaria del proletariado contra la clase de los capitalistas. Como primera experiencia de la dictadura del proletariado, tuvo una significación histórica universal. V. I. Lenin decía: “La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, la causa de la completa [403] emancipación política y económica de los trabajadores, la causa del proletariado del mundo entero. Y en este sentido es inmortal.”3
La burguesía aplastó la Comuna de París, pero fue incapaz de detener el movimiento revolucionario de la clase obrera de Francia. En 1880 se constituía el Partido Obrero francés, que inscribió en su bandera las ideas del socialismo proletario. Los notables marxistas franceses Paul Lafargue y Jules Guesde hacen propaganda de la teoría del marxismo revolucionario. La doctrina de Marx y Engels se adentra cada vez más en la conciencia de las masas trabajadoras.
Las ciencias naturales experimentan en Francia avances considerables durante la segunda mitad del siglo XIX. Los investigadores franceses contribuyen eficazmente al progreso de las ciencias físico-matemáticas, la química y la fisiología, la medicina, la geografía, la geología y la antropología; en este periodo cobran gran impulso las matemáticas. Un puesto de honor en la historia de la ciencia mundial ocupan figuras tales como Claudio Bernard, Luis Pasteur, Marcellin Berthelot, Adolphe Würtz y otros sabios franceses de este tiempo.
El pensamiento filosófico y sociológico burgués de Francia, en su conjunto, sigue de ordinario una línea descendente. En la Francia de la segunda mitad del siglo XIX, en unas condiciones en que el movimiento obrero iba en ascenso, la burguesía y sus ideólogos se desplazan al campo de la reacción, y concluyen una alianza ofensiva y defensiva con los restos de la nobleza y aristocracia feudales para la lucha contra el movimiento de emancipación del proletariado. La Iglesia Católica es una de las fuerzas ideológicas reaccionarias más influyentes de cuantas intervienen en defensa del capitalismo.
La concepción materialista consecuente del mundo se halla representada en Francia, lo mismo que en los demás países, por la filosofía del marxismo. Entre la filosofía del proletariado –el materialismo dialéctico– y la filosofía de la burguesía –las distintas corrientes y escuelas idealistas– se desarrolla una enconada lucha ideológica. En la lucha contra la ideología burguesa dentro del movimiento obrero, los fieles continuadores y discípulos de C. Marx y F. Engels, en particular Paul Lafargue, propagan en Francia las grandes ideas de la filosofía marxista. La fecunda labor teórica y política de Jules Guesde y Paul Lafargue es tenida en alta estima por el Partido Comunista Francés, depositario de las mejores tradiciones culturales de su país.
La filosofía burguesa de Francia en la segunda mitad del siglo XIX se diferencia radicalmente de las doctrinas filosóficas clásicas creadas por tan eminentes pensadores franceses como Descartes, Gassendi, Meslier, Diderot, La Mettrie, Helvecio y Holbach. La concepción que del mundo tiene la burguesía francesa ahora, en la segunda mitad del siglo XIX, adquiere un carácter completamente distinto al que tenía en el período precedente a la gran revolución burguesa de 1789-1794. Y como reflejo de los cambios producidos en la vida social del país, respondiendo a las nuevas demandas de clase de la burguesía francesa, la filosofía burguesa [404] adquiere también un carácter nuevo. Cambia sustancialmente la problemática filosófica y, en grado mayor todavía, las soluciones que presentan los ideólogos burgueses a los problemas filosóficos.
Lo característico en los filósofos burgueses de Francia en la segunda mitad del siglo XIX es la renuncia decidida a las tradiciones materialistas de su filosofía clásica. Los problemas de la teoría del conocimiento son ahora enfocados con un criterio exclusivamente idealista; se rebaja la fuerza y el poderío de la razón; cada vez suena más alta la prédica del irracionalismo, el agnosticismo y el fideísmo. Los filósofos burgueses de Francia, como de los demás países del Occidente europeo, proclaman sin rebozo alguno la necesidad de restablecer la alianza entre la filosofía y la religión, para oponerla a la alianza de la filosofía y las ciencias naturales, que había perdido ya popularidad en los medios burgueses.
Problemas que antes parecían definitivamente resueltos por los clásicos de la filosofía son sacados de nuevo a la luz por los epígonos, que tratan de darles una enunciación y una solución distintas. En este plano, los filósofos burgueses de Francia no sólo tienden a apoyarse en el período que nos ocupa en los trabajos de sus compatriotas, los idealistas de la primera mitad del siglo, sino que buscan también ayuda en las teorías de los idealistas alemanes e ingleses.
Las ideas positivistas de Comte, Mill y Spencer encuentran en Francia numerosos partidarios, que dan al positivismo, si no una forma nueva, un nuevo matiz, y lo adaptan a las nuevas condiciones de la vida social, a las nuevas necesidades de la burguesía dominante (H. Taine y los numerosos discípulos y continuadores de Comte).
Algunos filósofos franceses de la segunda mitad del siglo XIX acuden a la filosofía clásica alemana, pero sin advertir en ella la más valiosa de sus aportaciones –el método dialéctico–, y se limitan a reproducir y vulgarizar sus construcciones especulativas.
Antes aún de que en Alemania fuese proclamada la consigna de “vuelta a Kant”, los filósofos burgueses de Francia manifiestan ya un crecido interés hacia los idealistas alemanes, hacia Leibniz, Kant, Schelling y Hegel. De entre los filósofos burgueses de Francia de mediados del siglo XIX, Ravaisson es atraído por las ideas de Leibniz y Schelling, Secrétan experimenta la influencia de Schelling, Lachelier, la de Leibniz y Kant, y Renouvier, la de Hegel y, singularmente, de Kant.
Lo característico en las construcciones de estos epígonos es la tendencia a utilizar las ideas de la filosofía clásica alemana, que ellos vulgarizan, para la lucha contra la concepción materialista del mundo.
Sin embargo, los éxitos alcanzados en su fecundo avance por la ciencia, y en particular por las ciencias naturales, siguen aportando datos nuevos e irrefutables argumentos en defensa de las concepciones materialistas. En Francia, lo mismo que en Alemania, Inglaterra y otros países, se ponen de relieve profundas contradicciones entre la línea ascendente de desarrollo de las ciencias naturales y la línea descendente de la filosofía burguesa. [405]
{1} Véase: V. I. Lenin, La Tercera Internacional y su lugar en la historia. Obras, t. 29, pág. 283.
{2} C. Marx, La guerra civil en Francia. C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, ed. esp., t. I, Moscú, 1951, pág. 483.
{3} V. I. Lenin, En memoria de la Comuna. Obras completas, ed. rusa, t. 17, página 115.