Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 3 ❦ Capítulo VI: 4
5. Propagación de las ideas filosóficas del marxismo en Inglaterra.
El ascenso del movimiento obrero en los países europeos durante la segunda mitad del siglo XIX acaba por extenderse a Inglaterra, donde después de la derrota de los cartistas había declinado. Sus principales esfuerzos se centraban ahora, sobre todo, en la lucha económica contra los capitalistas, en la organización de trades-union, etc. La profunda crisis económica iniciada en 1873 trae una brusca agudización de la lucha de clases en el país. El incremento del movimiento obrero crea ciertas condiciones para la propagación de las ideas marxistas en Inglaterra. Se constituyen la Federación Socialdemócrata (1884) y luego la Liga Socialista y el Partido Laborista Independiente (1893), que tratan de ponerse a la cabeza del movimiento socialista inglés.
Al desarrollo del movimiento socialista en Inglaterra contribuyeron en gran medida los fundadores del materialismo dialéctico e histórico, C. Marx y F. Engels. Durante su larga estancia en el país ejercieron una influencia directa para la propagación de las ideas socialistas en el seno del movimiento obrero inglés. En 1883 aparecía la edición inglesa de El Capital. En los años siguientes se publicaban en Inglaterra el Manifiesto del Partido Comunista, Salario, precio y ganancia, Trabajo asalariado y capital y Del socialismo utópico al socialismo científico. La aparición de estas obras dio un impulso a la difusión de las ideas marxistas.
Entre los propagandistas del marxismo en el movimiento obrero de Inglaterra se destacan entonces Eleonora Aveling, hija de Marx, Edward Aveling, Ernest Belfort Bax, W. Morris y K. Schorlemmer. Este grupo de socialistas marxistas constituía el ala izquierda revolucionaria de la Federación Socialdemócrata; después de retirarse de ella fundaron la Liga Socialista, que luchó activamente para propagar las ideas del marxismo en Inglaterra. En sus artículos y discursos públicos, los socialistas marxistas combatían tanto el sectarismo y el dogmatismo como el reformismo, y en especial las teorías reformistas de la Sociedad Fabiana, con las que se trataba de refutar la doctrina de Marx sobre la lucha de clases, la dictadura del proletariado y el comunismo. [394]
Eleonora Marx-Aveling (1855-1898), destacada dirigente del movimiento socialista inglés, que contribuyó a organizar la huelga de los obreros portuarios londinenses (1889) y el movimiento de los obreros no calificados de Inglaterra en los años 80, fue una propagandista activa de las ideas del marxismo. Editó Salario, precio y ganancia, de Marx (1898), y reunió en un libro la serie de artículos de Marx y Engels sobre la revolución y la contrarrevolución en Alemania, aparecidos primeramente en el New York Daily Tribune. En sus trabajos Carlos Marx, El movimiento de la clase obrera en Inglaterra, El problema de la mujer, Federico Engels, El movimiento obrero en América y otros, combate la ideología burguesa y reformista y defiende la doctrina de Marx, la concepción materialista de la historia. W. Liebknecht escribía el 5 de abril de 1898 en el Vorwärts sobre E. Marx-Aveling: “Su objetivo era comprender el socialismo, propagar el socialismo y vivir para el socialismo.”48
En El movimiento de la clase obrera en Inglaterra, Eleonora Aveling analiza, guiándose por la teoría marxista de la lucha de clases, la historia del movimiento obrero inglés y, en particular, una de sus etapas más importantes, como era el cartismo.
En la propagación de las ideas marxistas en Inglaterra desempeñó un señalado papel Edward Aveling (1851-1898), doctor en Derecho por el colegio universitario de Londres, físico y químico. E. Aveling, apasionado propagandista del marxismo y de la doctrina darvinista, fue vicepresidente de la National Secularian Society, que se dedicaba al estudio de los problemas del ateísmo. En colaboración con S. Moore tradujo al inglés el primer tomo de El Capital de Marx y Del socialismo utópico al socialismo científico, de Engels.
En su obra Marx para los estudiantes, Aveling pone de manifiesto la esencia de la doctrina de Darwin y de la teoría económica de Marx, y señala el enorme valor que tienen para la concepción materialista del desarrollo de la naturaleza y la sociedad. “Lo que Darwin hizo en biología –escribe– lo hizo Marx en la economía política. Cada uno de ellos, mediante prolongadas y pacientes observaciones, experimentos, anotaciones y meditaciones, llegó a una síntesis enorme, como no habían visto ni la biología ni la economía política, una síntesis que no sólo revolucionaba estas ramas de la ciencia, sino que de hecho revoluciona todo el pensamiento humano, toda la vida del hombre... No hay duda alguna de que el siglo XIX glorificará dos nombres: el de Carlos Darwin y el de Carlos Marx.”49
La esencia de la teoría científica de la evolución de Darwin consiste, según Aveling, en que asestó un golpe a las doctrinas metafísicas, hasta entonces imperantes, de Linneo y Cuvier sobre la creación y la inmutabilidad de las especies, y fundamentó la infinita variedad de organismos en la naturaleza. Aveling veía como un mérito de Darwin el que éste, apoyándose en un formidable material científico, demostró persuasivamente la superioridad de la ciencia ante la religión y las doctrinas idealistas [395]. “... El autor de El origen de las especies –escribía Aveling– ha hecho seguramente mucho más que cualquiera otra por el progreso de nuestros conocimientos, sin hablar ya de que su conocida teoría ha resuelto muchos problemas biológicos de gran importancia.”50
En su propaganda de la doctrina de Darwin y su defensa del materialismo en la concepción de la naturaleza, E. Aveling revela la falsedad de las ideas acerca del origen divino y de la inmutabilidad de la naturaleza. Según escribía, “no existe prueba alguna de la existencia de Dios, pues el invento de un término o un nombre no explica lo más mínimo los fenómenos; el conjunto de los conocimientos humanos se halla limitado por lo natural, y únicamente se recurre a la ayuda de lo sobrenatural en el momento y en el lugar en que el conocimiento termina”.51 Los investigadores materialistas buscan las causas de los fenómenos en la naturaleza misma, en las leyes de su desarrollo. “Todas nuestras esperanzas –decía Aveling– se cifran en este mundo y sólo en este mundo.”52
A la vez que combate la ideología de la Sociedad Fabiana, Aveling explica las cuestiones más importantes de la teoría marxista de la lucha de clases, de la revolución y del Estado. Al “socialismo ético” opone la doctrina materialista científica de Marx sobre el comunismo. “... En el mundo –escribe– existen la desigualdad y la miseria. Esta desigualdad social, esta miseria de muchos y la felicidad de unos pocos es consecuencia necesaria de nuestras condiciones sociales..., la esencia de estas condiciones sociales estriba en que el conjunto del pueblo, la clase obrera, produce y distribuye todas las mercancías, mientras que una minoría, las clases medias y altas, poseen esas mercancías..., la tiranía de unos pocos sobre muchos es sólo posible porque esos pocos poseen la tierra, los materiales, las máquinas, los bancos, los ferrocarriles, en una palabra, todos los medios de producción y distribución de las mercancías; y poseen todo esto no como clase que haya alcanzado dichos bienes por una virtud superior, un esfuerzo o una abnegación, sino mediante la fuerza o el engaño...”53
Aveling considera con Marx que las relaciones capitalistas serán suprimidas como consecuencia de la revolución social y que el viejo régimen de explotación se verá reemplazado por un régimen nuevo, socialista. Será “una sociedad en la que todos los medios de producción serán propiedad de la sociedad misma, que reconocerá la igualdad completa de todos, sin distinción de sexo, y propiciará los descubrimientos técnicos y científicos..., desplegará la capacidad intelectual y física de todos sus miembros hasta el nivel más elevado, hasta un nivel como nunca se alcanzó todavía”.54 Aveling comprendía que “en la futura forma comunista de la sociedad se crearán condiciones sociales justas..., pues la base de la sociedad futura será el principio de que cada individuo se encuentre en estado de desplegar y revelar todas sus capacidades”.55 [396]
Refiriéndose al período de transición del capitalismo al socialismo, a las fases de desarrollo de la sociedad comunista, Aveling se detiene una y otra vez en el problema del Estado, en el papel de éste dentro del socialismo. “El Estado –escribe– será en el socialismo la voluntad organizada de los obreros. Contribuirá a suprimir las diferencias entre el trabajo físico y el intelectual y al establecimiento de la igualdad para todos, sin distinción de sexos...”56
Con sus trabajos, Aveling trataba de llevar a la conciencia de los obreros ingleses los fundamentos de la filosofía y la sociología marxistas.
Un importante papel en la propagación de la filosofía marxista en Inglaterra, durante la segunda mitad del siglo XIX, cumplió también Ernst Belfort Bax (1851-1926), discípulo de Marx, socialista, historiador y filósofo inglés. En 1883 Bax ingresó en la Federación Socialdemócrata.57 En 1886-1888 forma parte de la Liga Socialista. En 1890 se adhiere al Partido Independiente Británico y permanece en él hasta 1915; después de la primera guerra mundial derivó hasta el reformismo y el socialchovinismo.
Bajo la influencia de la Comuna de París, a la que dedica un trabajo titulado La Comuna de París, 1870-1871, Bax estudia las obras de Marx, y particularmente El Capital, y a fines de 1881, en la revista anual inglesa Modern Thought, inserta un artículo sobre el fundador del socialismo científico, que lleva por título El jefe del pensamiento contemporáneo.
A la pluma de E. Bax pertenecen también La ética del socialismo (1886), Concepción desde un punto de vista nuevo (1903), Manual de historia de la filosofía (1884), El problema de la realidad (1893), Las bases de la realidad (1907) y otros libros. En colaboración con el socialista inglés William Morris dio a la luz El socialismo, su desarrollo y perspectiva (1894).
Desde las posiciones del materialismo histórico, Bax examina los problemas relacionados con la concepción de la lucha de clases y con la determinación del papel de las ideas en el progreso social. “La verdad descubierta por Marx –escribe– y que nos dice que el factor fundamental que determina la estructura de la sociedad es la condición material y económica. ha de ser para el socialista la clave para la trasformación de la historia.”58
Bax se manifiesta no sólo contra la concepción idealista de la historia, sino también contra su interpretación materialista vulgar; subraya que en el desarrollo de la sociedad el marxismo atribuye singular valor a todos los elementos de la supraestructura social y explica el activo papel de las ideas sociales. En la sociedad, escribe, el desarrollo es tanto económico como espiritual, y sólo la interacción de estos aspectos “da como resultado [397] la evolución social en sus formas concretas”.59 La sociedad, según Bax, es un todo único donde sus partes y sus aspectos están ligados todos entre sí, se encuentran en estado de interacción y desarrollo. “La significación de la base económica para el desarrollo histórico, he de subrayarlo una vez más –dice Bax–, no la niega en la actualidad ni una sola persona, ni, por supuesto, ningún socialista que tenga algún conocimiento de la historia; pero la afirmación de que esta base es total y exclusivamente, por así decirlo, la causa decisiva de la historia, que se basta a sí misma, se contradice con toda la marcha de los acontecimientos históricos.”60 Bax aplica el método dialéctico al estudio de los fenómenos sociales y señala acertadamente que el progreso histórico es la síntesis “de lo universal y lo particular, de la necesidad y la casualidad”.61
Frente a las distintas manifestaciones idealistas acerca del socialismo, Bax trata en sus primeros trabajos de defender su concepción científica. “El socialismo –escribe– no es una teoría tomada de la vana e informe indeterminación de un sentimiento utópico y de propósitos buenos, muy hermosos, pero nada prácticos, sino que es algo que se deduce auténticamente de los hechos de la historia.”62
En sus trabajos filosóficos, Bax divulgó el materialismo dialéctico y lo defendió de los ataques del idealismo. Sometió a crítica la filosofía idealista de Hegel y también el idealismo absoluto, el neorrealismo, el pragmatismo y otras corrientes de la filosofía burguesa.
En su examen de la filosofía griega, Bax señala los rasgos fundamentales del idealismo objetivo de Platón y las vacilaciones de Aristóteles entre el idealismo y el materialismo, y critica la filosofía mística del neoplatonismo.
Al analizar la lucha entre el idealismo y el materialismo en la filosofía burguesa de los siglos XVII y XVIII, enjuicia muy favorablemente las manifestaciones de los filósofos materialistas (Bacon, Hobbes) contra la escolástica y en defensa del conocimiento experimental y del materialismo. Bax critica el idealismo subjetivo de Berkeley. “... Berkeley –escribe– se emancipó de las cualidades primarias de la materia, como cualidades independientes de la razón, con su famosa fórmula esse est percipi, identificando las cualidades primarias y las secundarias.”63
Deteniéndose en la característica de las escuelas idealistas de su tiempo, Bax escribe: “La posición central del idealismo contemporáneo se reduce a demostrar que toda la realidad, toda la experiencia no significa sino la determinación posible o real de la conciencia.”64 Con relación al idealismo absoluto subraya que esta escuela, en la filosofía inglesa de ese período, era un intento de reavivar y utilizar el platonismo, el hegelianismo y el criticismo kantiano para demostrar el carácter ilusorio del mundo material. “... El movimiento hegeliano de los años 80 y 90 –escribe [398] Bax– acabó con el empirismo en la filosofía inglesa e hizo renacer el absoluto de Hegel.”65
Las intervenciones de Bax contra las diversas corrientes idealistas de la filosofía burguesa tuvieron gran significación en la lucha ideológica de aquel tiempo.
Ahora bien, en su defensa de las tesis del materialismo dialéctico e histórico, Bax incurrió en algunos errores. Rendía tributo a la teoría ecléctica de los factores y daba excesiva importancia al papel del “factor psicológico” en la historia, al equipararlo a las condiciones económicas, Al confundir dos problemas distintos –el origen y la significación de las ideas sociales–, de la acertada tesis de que bajo el socialismo crece el papel de la conciencia de los hombres llegaba a la errónea conclusión de que entonces el factor económico del progreso se verá “definitivamente desbancado”. Esto era una desviación de la concepción marxista de la historia. Concesiones al idealismo son también algunas otras tesis erróneas de Bax, como, por ejemplo, su interpretación de la experiencia, que se aproxima a lo que Mach sostiene al particular.
William Morris (1834-1896), poeta, artista y personalidad social de Inglaterra, puso en los años 80 y 90 su talento al servicio de las ideas del socialismo. En los años 80 se incorporó activamente al movimiento socialista. En colaboración con un grupo de socialistas marxistas, en 1885 comenzó a publicar la revista El Bien Común, en cuyas páginas se hacía propaganda de las ideas socialistas. Allí apareció el trabajo de Engels La situación de la clase obrera en Inglaterra, y también obras de W. Morris como la utopía Noticias de ningún sitio o la época de la paz, las narraciones Un sueño de John Bull, la Canción del Primero de Mayo, la Canción de los muertos y otras. Las producciones de Morris, que significaban una valiosa aportación a la literatura democrática inglesa del siglo XIX, se hallan inspiradas por el odio al capitalismo.
En colaboración con Hyndman, Morris editó Los principios del socialismo, que se convirtió en el manifiesto de la Federación Socialdemócrata. En este trabajo se dice: “... Hay dos clases en la sociedad, una que posee las riquezas y los instrumentos de producción, y otra que produce las riquezas con ayuda de esos medios de producción, de los cuales sólo disponen y se benefician las clases poseedoras. Estas dos clases son necesariamente antagónicas entre sí.”66 Morris somete a una razonada crítica la novela utópica del norteamericano Bellamy, en la que se predicaba la idea del socialismo burgués. “Si esto es socialismo –escribe Morris–, nosotros no ayudaremos a que triunfe, puesto que no nos deja esperanza alguna...”67
En los trabajos Sobre el arte y el socialismo, La sociedad verdadera y la falsa, Arte y socialismo, y Cómo me hice socialista, Morris defiende frente a Bellamy la doctrina socialista de Marx. “El socialismo –escribe– es un estado de la sociedad en el que no ha de haber ni ricos ni pobres..., en una palabra..., en el que todos los hombres han de vivir en pie de [399] igualdad.”68 Morris cree en la realización final del régimen comunista. No sabe cuándo ocurrirá esto, pero opina que el comunismo no advendrá de súbito. No puede ser implantado sin un período de transición.
Suponía Morris que quizá hayamos de atravesar por un período, denominado socialismo, en el que los instrumentos de producción y los mercados estarán en manos de quienes pueden utilizarlos, es decir, de los obreros; un período en el que serán imposibles las grandes acumulaciones de capital en manos de uno u otro individuo. El dinero perderá entonces su privilegio. En esta sociedad todos tendrán la posibilidad de dedicarse a un trabajo fecundo.
Ese estado de la sociedad, según Morris, ha de transformarse paulatinamente y sin cambios violentos hasta llegar al comunismo completo. “... El socialismo verdadero y completo significa lo que yo desearía llamar comunismo.”69
Las concepciones de Morris, en las que se divulgaba una serie de tesis de Marx y Engels sobre el régimen socialista, adolecían, sin embargo, de cierta limitación. Engels, en una carta a F. A. Sorge del 29 de abril de 1886, llama a Morris “socialista de sentimiento”.70 Al no valorar acertadamente el papel de la gran industria dentro del socialismo, Morris atribuía una significación predominante al trabajo artesanal en la futura Inglaterra. Tampoco tenía una noción clara del papel del partido proletario revolucionario en la lucha por la realización del comunismo.
Un mérito de Morris, sin embargo, es la excelente propaganda que hace de las ideas del socialismo revolucionario y del papel de la lucha de los trabajadores para la conquista del socialismo.
A pesar de la intensa labor de los discípulos ingleses de Marx, las ideas marxistas no adquirieron preponderancia en el movimiento obrero. Esto se debía, en gran parte, a la acción conservadora de las trades-union, que mantenían a los trabajadores británicos bajo la influencia de las teorías reformistas burguesas.
*
Los sensibles cambios operados en la economía del país marcaron su huella sobre la filosofía y la sociología burguesas de Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIX.
Hacia 1850 Inglaterra alcanza el punto culminante de su desarrollo como gran potencia capitalista. Se convierte en el “taller” y el banquero del mundo y posee un gran número de colonias. El principio del librecambio y de la no intervención del Estado en la vida económica tiene en este tiempo su encarnación más completa.
Las características de este período de la historia inglesa encuentran reflejo en la filosofía del positivismo, el cual se presenta bajo la bandera de la ciencia y del conocimiento empírico, enuncia las ideas de la evolución y del progreso y, al propio tiempo, se ve dominado por el agnosticismo y la metafísica. [400]
En el último cuarto del siglo XIX, al aparecer en el país los monopolios capitalistas y al incrementar su influencia sobre toda la vida social, y también al agudizarse las contradicciones entre Inglaterra, Alemania y los Estados Unidos, la filosofía y la sociología burguesas de Inglaterra enuncian una serie de concepciones reaccionarias militantes con el objeto de impedir la radicalización de los trabajadores y de robustecer el Estado capitalista. Salta al primer plano una forma tan abiertamente reaccionaria de la filosofía idealista como el “idealismo absoluto”. La sociología burguesa trata de utilizar las leyes de la biología en provecho de la teoría racista que justificaba la dominación de los anglosajones sobre los pueblos de las colonias.
Paralelamente, a mediados y en la segunda mitad del siglo XIX, Inglaterra conoce importantes avances en el campo de las ciencias naturales: se abre paso la teoría de la evolución formulada por Darwin y sus continuadores, se hacen nuevos descubrimientos en física (Faraday, Maxwell y otros) que proporcionan una base científico-natural a la doctrina de la materia y el movimiento, etc. Las conquistas de las ciencias naturales asestan un serio golpe al agnosticismo y al idealismo, aunque los propios investigadores ingleses de ese tiempo, en una considerable mayoría, no son materialistas conscientes; a menudo caen bajo la influencia del agnosticismo, y en ocasiones llegan al idealismo franco y abierto.
El progreso del movimiento obrero hace que en Inglaterra se extiendan las ideas marxistas. El marxismo es difundido en este país por Eleonora Marx-Aveling, Edward Aveling, E. Bax y W. Morris, quienes mantienen la lucha contra el idealismo en el plano filosófico y se esfuerzan para unir la concepción marxista del mundo al movimiento socialista, que entonces se desarrolla en Inglaterra. [401]
{48} Cita tomada de la revista Archivo de Historia, 1958, núm. 2, pág. 189 (en ruso).
{49} Edward Aveling, The Student's Marx, Londres, págs. IV-V.
{50} E. Aveling, Die Darwinische Theorie, Stuttgart, 1888, S. 4.
{51} E. Aveling, C. Darwin. Su vida y su obra, Moscú, 1923, pág. 26.
{52} Ibídem.
{53} E. Aveling y E. Marx-Aveling, Shelley's Socialism, Oxford, 1947, pág. 2.
{54} E. Aveling y E. Marx-Aveling, Thw Women Question, Londres, 1887, pág. 15.
{55} E. Aveling, Vida y obra de Marx, trad. rusa, 1920, pág. 39.
{56} E. Aveling y E. Marx-Aveling, The Woman Question, pág. 15.
{57} De la reorganización de la Federación Democrática (1881-1884) surgió la Federación Socialdemócrata (agosto de 1884), la cual, a pesar de contar con un ala izquierda revolucionaria, se distinguía en aquel entonces por su sectarismo y dosmatismo; no tomaba en consideración las características del movimiento obrero inglés y se negaba a trabajar en el seno de las ¿trades-union y otras organizaciones obreras de masas.
{58} E. B. Bax, Religion of Socialism, Londres, 1890, pág. IV.
{59} Cita tomada de la recopilación: El materialismo histórico, Ed. Est. Ucrania, 1923, pág. 11.
{60} Ibídem, pág. 30.
{61} E. B. Bax, The Problem of Reality, Londres, 1893, pág. 158.
{62} E. B. Bax, Religion of Socialism, ed. cit., pág. IV.
{63} E. B. Bax, The Real, the Rational and the Alogical, Londres, 1920, pág. 15.
{64} Ibídem, pág. 18.
{65} E. B. Bax, The Real. the Rational and the Alogical. ed. cit., pág. 170.
{66} Cita tomada de la revista: The Marxist Quarterly, 1955, núm. 4, v. 2, pág. 239.
{67} Cita tomada de: A. L. Morton, La utopía inglesa, trad. rusa, Moscú, 1956, pág. 188.
{68} W. Morris, On Art and Socialism, Londres, 1947, pág. 275.
{69} Ibídem, pág. 327.
{70} C. Marx y F. Engels, Obras completas, ed. rusa, t. XXVII, pág. 555.