Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS
Tomo 2 ❦ Capítulo III
El pensamiento filosófico y sociológico en Inglaterra y Francia durante el periodo de fortalecimiento del capitalismo. El socialismo utópico en los países de Europa occidental. Significación filosófica de los descubrimientos de las ciencias naturales (Primera mitad y mediados del siglo XIX).
Después de la revolución burguesa de 1789-1794 en Francia, la mayoría de los países europeos entran en un período de consolidación y de rápido desarrollo del capitalismo.
A la revolución industrial de Inglaterra sigue la de Francia: se observa una gran expansión de la industria, aumenta el número de obreros y se agudizan las contradicciones de clase entre el proletariado y la burguesía. Esta última, atemorizada por las continuas acciones revolucionarias de las masas populares, acaba por unirse con la aristocracia feudal. La ofensiva de la burguesía contrarrevolucionaria sobre los trabajadores condujo al golpe del 18 Brumario (9 de noviembre de 1799).
La situación de las masas del pueblo no podía ser más calamitosa. La explotación feudal había sido sustituida por la inhumana explotación capitalista. “Comparadas con las brillantes promesas de la Ilustración, las instituciones políticas y sociales instauradas por el «triunfo de la razón» resultaron un mal, unas tristes y decepcionantes caricaturas.”1
La llegada de Napoleón al poder consolidó el dominio de la burguesía, mas, al mismo tiempo, la contrarrevolución bonapartista preparaba el terreno para la restauración del absolutismo. A partir de 1815 “los aristócratas feudales dirigen todos los gabinetes desde Londres hasta Nápoles y desde Lisboa hasta San Petersburgo”.2
La Santa Alianza, instituida en 1815, había de aplastar por cualquier medio, sin detenerse ni ante la intervención militar, los movimientos revolucionarios en cualquier país de Europa y restablecer la monarquía absoluta. En 1821 las tropas austriacas sofocaron la revolución en Nápoles y el Piamonte. La intervención militar de Francia aplastó en 1823 el movimiento revolucionario de España.
Mas la liberación de Grecia del yugo turco significaba ya un golpe sensible contra la Santa Alianza, al agudizar las contradicciones en el [133] seno de esta reaccionaria organización. La revolución de julio de 1830 en Francia y la que le sigue en Bélgica significan, de hecho, su derrumbamiento.
Al advenir la Restauración en Francia, los ultrarrealistas propugnan por la vuelta al régimen feudal del absolutismo. Los intereses de la gran burguesía agraria, que se había enriquecido en el período revolucionario y posrevolucionario, y en parte también los intereses de la burguesía industrial, estaban defendidos por los realistas constitucionalistas, que contaban además con el apoyo de los altos funcionarios.
Después de la revolución de 1830 el poder pasa de nuevo a manos de la gran burguesía. La revolución de Julio no trajo a las masas populares las libertades democráticas. El desarrollo del capitalismo en las dos décadas que siguen incrementó la explotación del proletariado y de las masas trabajadoras no proletarias, empeoró la situación de los obreros y campesinos y acarreó la agudización de las contradicciones entre la gran burguesía y los terratenientes y las clases trabajadoras, abocando a un nuevo ascenso de la oleada revolucionaria y, en última instancia, a la revolución de 1848.
En Inglaterra, durante la primera mitad del siglo XIX se agudizan las contradicciones antagónicas del capitalismo y se incrementa la explotación del proletariado por la burguesía, que había acumulado nuevas calamidades sobre las espaldas de las clases trabajadoras.
La guerra que Inglaterra mantuvo contra Francia entre 1793 y 1815 le ayudó a eliminar a los rivales más peligrosos de su industria y de su comercio marítimo. Pero inmediatamente después de las guerras napoleónicas el país atraviesa por un periodo de estancamiento económico, con cl consiguiente malestar entre los obreros y, en general, entre las capas pobres de la ciudad y del campo.
El intenso auge de la industria capitalista, que se inicia de nuevo hacia 1820, contribuye a vigorizar la actividad política de la burguesía fabril. Tratábase ante todo de alcanzar la reforma del sistema electoral, pues la oligarquía parlamentaria se basaba en una ley que únicamente concedía el derecho de voto al cuatro por ciento de la población.
La revolución de Julio infundió ánimos a los partidarios de las transformaciones burguesas, y en 1832 implantóse en Inglaterra la reforma parlamentaria, que venía a robustecer las posiciones de la gran burguesía. La nueva ley electoral no significó ventaja alguna para los obreros, a la vez que las crisis económicas y las malas cosechas empeoraban aún más la situación de los trabajadores. Esto aceleró la aparición del movimiento cartista, al que Lenin califica de "primer movimiento proletario y revolucionario, amplio, verdaderamente de masas, estructurado políticamente..."3
La evolución del pensamiento filosófico, sociológico y científico en Inglaterra, Francia y otros países económicamente desarrollados de Europa presenta características propias en el periodo del triunfo y afianzamiento del capitalismo.
Una de esas características es que se incrementa el proceso de descomposición [134] de la filosofía burguesa, cuyas principales orientaciones tratan de “argumentar” y perpetuar el régimen capitalista triunfante. Cuando la burguesía aspiraba al poder, sustentaba teorías filosóficas y político-sociales progresivas a la sazón, pues para el logro de sus propósitos había de suprimir el viejo régimen feudal y superar la ideología en que éste se apoyaba. Mas cuando se convierte en clase dominante, las doctrinas filosóficas en que sus concepciones tomaban cuerpo sufrieron grandes cambios. Muchos filósofos, que no hacían sino reflejar los intereses y el sentir de la burguesía llegada al poder, se dedicaron a crear toda clase de sistemas en los que se venía a repetir, en uno u otro tono, las anteriores tendencias idealistas.
Al mismo tiempo, se dibujaron más netamente las diferencias de grupo en el seno de la filosofía burguesa, consecuencia esto de la diferenciación producida dentro de la propia burguesía; sus capas altas se habían convertido en una fuerza conservadora y contrarrevolucionaria, mientras que algunos intelectuales avanzados de esta clase mostraban ciertas simpatías hacia los trabajadores. Paul Lafargue describió con brillante pluma este proceso de descomposición de la filosofía burguesa en los países del capitalismo triunfante. “La victoria definitiva de la burguesía en Inglaterra y Francia –dice– produjo una completa revolución en el pensamiento filosófico: las teorías de Hobbes, Locke y Condillac, que ocupaban un lugar tan honroso, fueron derrocadas; no se las consideraba dignas ni de refutación, y se citaban únicamente deformadas y con alteraciones, como ejemplo de los errores en que cae la inteligencia humana cuando se sale del camino del Señor. La reacción fue tan lejos que, bajo Carlos X (1824-1830), incluso la filosofía de los sofistas del espiritualismo era considerada como sospechosa.”4
En Francia y en Inglaterra se propaga el positivismo, que, so capa de defender los conocimientos positivos, proclamaba el abandono de la filosofía materialista científica. No sólo los idealistas manifiestos, sino también muchos positivistas se incorporan al campo de la religión, unos abiertamente y otros en forma un tanto velada. Algunos filósofos positivistas esgrimen argumentos teóricos en defensa y justificación del orden capitalista.
Otra característica del pensamiento teórico de este período es que en los países del capitalismo triunfante –y sobre todo en Francia e Inglaterra– el aumento de las contradicciones sociales y de las calamidades que sufrían las masas populares dan lugar a la difusión de las ideas del socialismo utópico, en las cuales encontraba un reflejo la protesta de las masas trabajadoras oprimidas, que no se habían incorporado aún a la lucha revolucionaria contra el capitalismo, contra la explotación a que éste las sometía. Los grandes socialistas utópicos (Saint-Simon, Fourier y Owen) sometieron a dura crítica el sistema capitalista, al que enfrentaban ideas socialistas carentes aún de madurez.
En los primeros decenios del siglo XIX el socialismo utópico era una teoría político-social y filosófica progresiva. Los grandes socialistas utópicos hicieron una crítica demoledora del capitalismo. recogieron la aspiración [135] de los trabajadores, que querían establecer una sociedad nueva. socialista, y trazaron un esbozo de este futuro socialista. Esto los convierte en predecesores del socialismo científico. “El socialismo teórico alemán –escribe Engels– jamás olvidará que se sostiene sobre los hombros de Saint-Simon, Fourier y Owen, tres pensadores que, a pesar del carácter fantástico y de todo el utopismo de sus doctrinas, figuran entre las mentes más grandes de todos los tiempos, habiéndose anticipado genialmente a una infinidad de verdades cuya exactitud estamos demostrando ahora de un modo científico"5
Los socialistas utópicos trataban de dar base teórica a las tareas ya maduras de transformación de la sociedad, de sustituir el injusto régimen de explotación por otro nuevo –socialista–, aunque no viesen las vías reales por las que se pudiera llegar a esa transformación radical del sistema capitalista.
Otra característica, en fin, del desarrollo de la ciencia y la cultura en este período la tenemos en los grandes avances científicos, que eran consecuencia directa del progreso de la gran industria y de la técnica. Los éxitos de la ciencia exigían generalizaciones filosóficas, y éstas las podían dar el materialismo científico y el método dialéctico. Mas a diferencia del siglo XVIII, durante la primera mitad del XIX los ideólogos de la burguesía llegada al poder renuncian a cuanto de progresivo se consigue en el campo de la filosofía, renuncian al materialismo y a la dialéctica.
“A la vez que el hegelianismo, lanzaron por la borda la dialéctica, y precisamente en el justo momento en que el carácter dialéctico de los procesos de la naturaleza se imponía irresistiblemente y cuando, por ello, sólo la dialéctica podía ayudar a las ciencias naturales a salvar las dificultades teóricas. Como consecuencia de ello, de nuevo cayeron como víctimas inermes bajo el poder de la vieja metafísica.”6
Todo esto pone enfrente las orientaciones idealistas y metafísicas, que imperaban en la filosofía burguesa de aquel tiempo, y la tendencia materialista y dialéctica de las ciencias naturales.
La filosofía idealista burguesa de la primera mitad del siglo XIX influye perniciosamente sobre el pensamiento teórico de los investigadores, a los que empuja a sacar conclusiones reaccionarias de los últimos descubrimientos y aparta del fiel método científico en el estudio de la naturaleza. “Cualquiera que sea la actitud que adopten los naturalistas –escribe Engels–, sobre ellos impera la filosofía. El problema se reduce a saber si desean que los domine cualquier detestable filosofía a la moda o si quieren guiarse por una forma del pensamiento teórico que se base en el conocimiento de la historia del pensamiento y de sus conquistas.”7
Era apremiante la necesidad de dar una base filosófica a los nuevos descubrimientos científicos, de elaborar una concepción dialéctica científica de la naturaleza. Tal era una de las tareas más importantes de la filosofía en la primera mitad del siglo XIX. [136]
{1} F. Engels, Anti-Dühring, trad. esp. de W. Roces, México, D. F., 1945, pág. 262.
{2} F. Engels, La situación en Alemania. C. Marx y F. Engels, Obras completas, 2ª ed. rusa, t. II, Moscú, 1955, pág. 547.
{3} V. I. Lenin, La Tercera Internacional y su lugar en la historia. V. I. Lenin, Obras escogidas, en dos tomos, trad. esp., ed. cit., t. II, pág. 592.
{4} P. Lafargue, El determinismo económico de Carlos Marx, trad. rusa, Moscú-Leningrado. 1928. págs. 53-54.
{5} F. Engels, Prefacio a “La guerra campesina en Alemania”, C. Marx y F. Engels, Obras escogidas, en dos tomos, trad. esp., t. I, Moscú, 1951. pág. 609.
{6} F. Engels, Dialéctica de la naturaleza. trad. rusa. Moscú, 1955, pág. 23.
{7} Ibídem, pág. 165.