Manuel Sáenz Cordero
La farsa del Panamericanismo
A imitación del Vaticano con los herejes Washington excomulga con la declaración de no reconocimiento a los gobiernos de América que no son de sus simpatías. La Casa Blanca sabe que tal procedimiento equivale a la declaración de un deseo de que una revolución termine con el Gobierno non grato. La medicina, al menos en cuanto al grupo de naciones del Centro, ha sido siempre eficaz.
En el caso actual de México, la receta ha fallado ya sea porque el Gobierno de Obregón haya mantenido a la fuerza la paz, ya porque un nuevo estado de conciencia cívica haya hecho ver al pueblo mexicano la necesidad y conveniencia de acabar con las revoluciones. Por una razón u otra, la excomunión de Obregón ha sido más perjudicial a Washington que a México, porque éste sintiéndose hostilizado por Harding y libre de las cortesías internacionales que el reconocimiento impone, dedicó toda su actividad oficial y extraoficial a una tremenda campaña dirigida a explicar a las naciones del mundo, pero especialmente a las de América, la naturaleza de sus problemas nacionales, y los motivos de su resistencia a obtener un reconocimiento al precio que Washington imponía. Es claro que una nación tan mal tratada como México de parte de los Estados Unidos no desperdició la oportunidad para combatir, basándose en su propia y dura experiencia, el famoso Panamericanismo, y para exaltar, en cambio, las excelencias del Hispanoamericanismo. Así las cosas, vino el Quinto Congreso Panamericano, que llevaba todas las trazas de ser una nueva farsa; y cuando México dio a conocer al mundo las razones que tenía para no asistir a él, el descontento en América fue general.
Es indudable que en tal lucha los Estados Unidos han llevado la peor parte, porque al propio tiempo han hecho recordar su actuación en Cuba, en Santo Domingo, en Haití, en Nicaragua, en Panamá, &c., y, en resumen, han revelado que el Panamericanismo es una gran farsa.
*
El llamado Panamericanismo no es una doctrina, ni siquiera Escuela americana. Es una aspiración de algunos ciudadanos de los Estados Unidos, que se dirige, según unos, a contrarrestar el avance del Hispanoamericanismo, y según otros […] Estados Unidos, las tendencias imperialistas del Gobierno de Washington, que lo hacen odioso a América.
Nos inclinamos a creer lo último, porque es lo cierto que los Gobiernos de Washington, excepto, y con reservas, el Gobierno de Wilson, no hacen más que combatir con sus actos las aspiraciones panamericanas de algunos estadounidenses. Los sudamericanos no hemos podido entender todavía quienes son, ni dónde están los apóstoles de este Panamericanismo. El hombre de los Estados Unidos que más se acercó al alma latina fue Wilson y el hombre más combatido en los Estados Unidos fue y es Wilson.
¿Qué Panamericanismo es ese que no se opone a la intervención en Cuba, en Santo Domingo, en Haití, en Nicaragua, en Panamá, &c.; que aprisiona a los pueblos en sus grandes crisis con las cadenas de su oro; que es generador de odios y revoluciones; que es ave de presa?
*
El Quinto Congreso Panamericano fue un fracaso más, según el sentir general, para el panamericanismo. El programa de dicha Conferencia, elaborado y condimentado en Washington, con la pasividad candorosa o calculada de los diplomáticos latinoamericanos, así permitía esperarlo. Lo que lo salvó, no del fracaso, sino del ridículo, fue la inesperada solidaridad de las Repúblicas del Caribe para sostener, en principio, la proposición de Costa Rica dirigida a modificar la organización de la Oficina Panamericana; y esto que la proposición no podía ser más inocente.
Lo que Costa Rica pretendía era que las Repúblicas americanas tuvieran dos representaciones en los Estados Unidos: una diplomática ante el Gobierno, y otra extra-oficial ante aquella Oficina: pero la proposición no pasó en su forma original, porque Washington se opuso. En cambio, se llegó a una transacción, mediante la cual el Secretario de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos dejará de ser, como hasta ahora, el Presidente vitalicio de la Oficina; y la nación americana, como México, con Gobierno no reconocido por la Casa Blanca, conservará el derecho de tener siempre una representación ante dicha Oficina, que, dice, ha llegado a tener (suponemos que para los Estados Unidos únicamente) una importancia continental.
La proposición en referencia, que entendemos fue combatida por la Legación estadounidense, y defendida por las naciones del Centro, es la primera manifestación de protesta colectiva de un grupo de naciones americanas contra las prácticas de la República del Norte. Así han debido entenderlo los pensadores americanos, al aplaudir ruidosamente esta actitud que parece presagiar un despertar en la conciencia oficial de algunas naciones de América.
*
Lo importante ahora es no dejar perder este primer acto de solidaridad americano, este primer impulso federativo, no en el concepto político de la palabra, sino en el de unidad de acción para los fines de una común defensa. Consideramos que este movimiento debe ser recogido y alentado por los intelectuales de estos pueblos, como […] de opinión que presione más tarde sobre los Gobiernos, como lo aconseja Ingenieros.
Los políticos de los Estados Unidos tendrán que llegarse a convencer, tarde o temprano, de que el Panamericanismo, como lo entienden ellos, es una doctrina desprestigiada en la América Latina; aparentan los elementos oficiales creer en ella, pero en verdad todos nos reímos de ella, porque le damos más importancia a los hechos que a los discursos; este Quinto Congreso Panamericano es la mejor prueba.
Pero volviendo al proyecto de asociar a los intelectuales de América, o al menos, y por lo pronto, a los del Centro, decimos que la organización supone la existencia de una Oficina Central cuyo asiento puede ser la Habana, y de una gran revista de propaganda continental. Supone, además, la convocatoria de un gran Congreso de intelectuales, donde, sin las limitaciones que la posición diplomática exige, se expongan en su alto y verdadero significado y alcance las aspiraciones de la América Hispana.
Queremos pensar que es cierto esto que hemos repetido; esto de que la América Hispana tiende a ser una e indivisible por una poderosa asociación de sus intelectuales, constituidos de hecho en Liga Internacional, que se dirige a despecho de cualquier interés en contrario, sin preguntarles su origen ni su raza, una existencia más digna y conforme con la justa explotación de las riquezas de nuestro suelo y con los superiores destinos de los hijos de América.
Sería interesante que uno de los hombres de prestigio en las Repúblicas del Caribe, como Vasconcelos, Valencia, Sanín Cano, Varona, tomaran la iniciativa para esa gran asociación de los intelectuales de América, secundando la campaña iniciada hace tiempo en el Plata por Rodó, Ingenieros, Ugarte, Palacios, Orzábal y otros escritores eminentes.
Los estudiantes de Colombia dan el primer paso de la Reforma
En el mes de Septiembre último el Comité Nacional de Estudiantes, de Bogotá, hizo la siguiente presentación al Congreso, pidiendo la reforma de los estudios:
«Excelentísimos señores Presidentes del Senado y de la Cámara de Representantes:
Por vuestro muy digno conducto, solicitamos respetuosamente del Congreso de Colombia, en nuestro carácter de miembros del Comité Ejecutivo Nacional de Estudiantes, la expedición de la ley sobre reforma de la instrucción primaria, secundaria y profesional, de acuerdo con las siguientes bases aprobadas por el Congreso estudiantil de Medellín, y ampliadas por este Comité:
I. Instrucción popular.– Lucha del Estado contra el analfabetismo, a base de instrucción gratuita y obligatoria.
II. Instrucción primaria.– Sustitución en ella de los métodos memorísticos, por los de observación.
III. Creación de un Instituto Pedagógico Nacional en Bogotá, y supresión de las Escuelas Normales existentes.
IV. Instrucción secundaria.– Sustitución en ella del criterio especulativo por la orientación práctica.
V. Establecimiento de un “bachillerato práctico”, que será de dos o tres años de estudio y estará compuesto por los cursos indispensables del bachillerato actual, con adición de algunos otros, tales como mecanografía, &c., que habiliten al individuo para la lucha por la vida.
VI. Bachillerato general, para los individuos que no hayan de seguir ninguna carrera profesional.
VII. Bachilleratos especiales para las distintas carreras profesionales, o lo que es lo mismo, bachilleratos técnicos.
VIII. Especificación de las asignaturas de estos bachilleratos y programa completo de cada una de ellas, consignado en un pénsum oficial obligatorio.
IX. Creación en la capital de la República de un Consejo Nacional de Revisión, único autorizado para expedir diploma de bachiller, a los alumnos que hayan obtenido certificado de terminación de estudios, en los colegios de instrucción secundaria, previo examen presentado ante el mencionado Consejo.
X. Instrucción profesional.– Centralización universitaria en la capital de la República y supresión de las Universidades seccionales.
XI. Creación de becas y concesión de viáticos a los estudiantes provenientes de los Departamentos, que ingresen a la Universidad, y que necesiten de tales auxilios.
XII. Adjudicación de las cátedras profesionales por el sistema de oposición. Elección de los Rectores de las Facultades por votación del Profesorado de cada una de ellas. Designación de un Rector general de la Universidad, encargado de su dirección suprema, por los cuerpos de profesores de las distintas Facultades.
XIII. Creación, para la vida económica de la Universidad, de un capítulo especial en la ley de apropiación de cada año.
XIV. Educación física obligatoria, en donde posible sea a cargo del Ejército, para todas las Escuelas y Colegios y la Universidad Central.
XV. Mejoramiento de las condiciones del profesorado y del magisterio en general, mediante una remuneración equitativa y decorosa.»
Enrico Magalhaes
El destino de América
Observándose, atentamente el movimiento político y social de la América Latina, percibiríase, ciertamente, que en ella se opera, ahora, un movimiento simpático de integración de los pueblos que la habitan, en las líneas superiores de un pensamiento humano y generoso que es, además, una consecuencia de las propias condiciones físicas del medio en que se agita y desenvuelve su maravillosa actividad.
Y esta superioridad de sentir y pensar de los jóvenes pueblos americanos se viene manifestando, continuamente, procurando animar, con sus consejos y su ejemplo luminoso de una política de paz, las tempestades horrendas que amenazan, de vez en cuando, la paz de Europa, y consecuentemente, 1a tranquilidad general del mundo.
Es preciso, mientras tanto, que los pensadores americanos y los dirigentes de la latinidad en América siguiendo las huellas de Rodó, Varona, Ingenieros, Vasconcelos y Ugarte, se esfuercen, cada vez más, en el sentido de integrar las nacionalidades, por cuyas presiones son responsables en ese pensamiento y amistad recíproca, fortalecida por un creciente desenvolvimiento de relaciones mercantiles y sociales, cuyos benéficos resultados ya comienzan a hacerse sentir en ese movimiento de solidaridad continental que está contribuyendo, sobre modo al aumento de nuestro prestigio en el Exterior.
Todo, aquí, concurre a esa largueza de vista, que debemos mantener. El ambiente físico es vasto, rico y encantador. Satisface las necesidades materiales del organismo, por la abundancia de los frutos, con que la tierra acostumbra recompensar el trabajo.
Es en esta facilidad de la vida en América –que hace, por así decirlo, que sus pobladores extranjeros olvidasen los viejos odios de raza y las deplorables competencias comerciales que alimentaban en sus patrias originarias– que debemos buscar el germen fecundo de esa política generosa de América, que, para nuestra dignificación y nuestro orgullo, ya se puede considerar como uno de los más robustos factores de la paz universal.
Más no nos debemos contentar con los resultados conseguidos, antes nuestro ánimo debe avivarse, en esa campaña ingente y dignificante, en el sentido de un mayor intercambio mental, económico y […] que pueda establecer, en un futuro próximo, un ambiente de mutua solidaridad, necesario al desenvolvimiento de los grandes ideales americanos.
Aún no hace muchos días José Vasconcelos, que no fue solamente un representante diplomático sino también el embajador de la cultura mejicana en el Brasil, en los días festivos en que se conmemoró el centenario de su independencia política, en la primera de sus luminosas conferencias allí pronunciadas, hacía, con todos los recursos que sus vastos conocimientos de historia y sociología le suministran, la apología de ese noble ideal de confraternidad e integración de los pueblos del continente, en un pensamiento americano que sea una consecuencia legítima del nuevo sentir y de las aspiraciones nuevas de la América Latina.
Y la Argentina, Uruguay, Chile, el Brasil y todas las demás potencias sudamericanas en estos últimos años, han dado muestras de los más sinceros propósitos de no adoptarse, en el Continente, otra política que no sea la de dominio e integración, en su patrimonio, de las propias tierras y utilidades de que cada una dispone, en el orden interno; y, en el externo, otras normas de conducta que no sean las que tienden a la armonía y confraternización de los pueblos.
Soy fundamentalmente contrario, en la actualidad a la doctrina de Monroe, porque hallo que restringe la esfera de acción del pensamiento americano; como si fuese posible encadenar el alma vibrante de las nacionalidades nuevas, sedientas de libertad, entre las líquidas murallas de los océanos y mares que las circundan, merced a una fórmula patentemente inferior a los altos designios a que debemos aspirar. Si fuésemos constreñidos a sintetizar en el rigorismo de una fórmula las nobles propensiones del sentimiento americano, pienso que esa debería revestirse de un cuño verdaderamente universal.
Desde luego acostumbréme a aborrecer, sino a odiar, todo lo que me pareciese restricción innecesaria a mi sentimiento de libertad, porque no tolero que se pongan cortapisas al pensamiento que desea enunciarse y obstáculos a la acción que busca cómo desenvolver y cristalizarse.
Por eso las generaciones nuevas de América, relegando como anacrónica la doctrina de Monroe, deben despreciar la vieja fórmula del ilustre estadista, de que la América es de los americanos, porque a éstos está reservada una misión más alta, generosa y digna, que es la de armonizar, en todos […] todos los pueblos, la familia humana, inevitablemente dividida por odios y ambiciones seculares que, cada día, más se irritan y abultan en el viejo mundo.
¡Este, es el destino de América!
Río de Janeiro, 1923
Un editorial del colega hermano
“La Información” de Santo Domingo y el grupo “Renovación”
El “Grupo Renovación” constituido en la ciudad de Buenos Aires por un brillante número de jóvenes, ha concebido un proyecto, que consideramos trascendental no sólo ante el juicio y ante el patriotismo de los hombres jóvenes de todas las naciones latino-americanas, –deseosos de levantar sobre fundamentos firmes la entidad de cada una de estas Repúblicas, en el goce absoluto de su soberanía,–- sino trascendental también ante el espíritu de todos los ciudadanos cuya influencia es sensible en la vida de estos pueblos.
El proyecto del “Grupo Renovación”, ya favorablemente acogido y comentado por gran parte de la prensa sudamericana y referente al cual reproducimos en nuestra edición del sábado un artículo expositivo del escritor Luis Campos Aguirre, consiste en la creación de un organismo que se denominará “Unión Latino Americana”, inspirado por el deseo de coordinar la acción de los escritores, intelectuales y maestros de la América Latina, para desenvolver en los pueblos una nueva conciencia de los intereses nacionales y continentales; de simpatizar con toda renovación ideológica que tienda a capacitar a los pueblos de América para el ejercicio de la soberanía popular; de auspiciar la creación sucesiva de entidades jurídicas, económicas e intelectuales, de carácter latino-americano: de repudiar toda política financiera que limite la soberanía nacional o comprometa para el futuro la independencia de los pueblos, estableciendo, en fin, expresamente, que la Unión Latino Americana no tendrá vinculación alguna, oficial ni oficiosa, con los gobiernos latino-americanos, de manera de conservar entera libertad de opinión sobre la política imperialista de los Estados extranjeros que constituyan un peligro para la libertad de los pueblos de la América Latina.
Tales son las normas y tales las tendencias del movimiento a todas luces conveniente para el desarrollo y la preponderancia de estas democracias, que se ha iniciado en Buenos Aires.
El es tanto como un llamamiento lanzado por un grupo de vigorosos idealistas a la juventud y a los patriotas del Continente, de quienes se reclama y se espera la concurrencia generosa a fin de fijar las bases de una política, verdaderamente latino-americana, que revele, con aplicación de fuerzas de cooperación, las tendencias creadoras de patria libre y de definida y respetable solidaridad en esta vasta parte del mundo.
Los dominicanos, y particularmente los jóvenes dominicanos que en este ciclo de intervención extranjera han llevado sus energías al seno de asociaciones patrióticas y han defendido y mantenido los más limpios sentimientos nacionalistas, han de contemplar con interés, y no dudamos que también con deseos de aproximación, el movimiento proyectado por el “Grupo Renovación”, de Buenos Aires.
Hemos vivido hasta ahora solos, faltos de nexos vivos con nuestros hermanos del Continente, aislados en una zona donde es mayor el peligro del expansionismo de los fuertes. Soledad y aislamiento a los cuales, quizás antes que a otra debilidad, podemos atribuir nuestras desgracias.
Ni ricos, ni alejados, ni fuertes somos como la Argentina. Y es desde allá, sin embargo, de donde viene la proposición de cooperación.
Vayamos, pues, al encuentro de aquellos luchadores por la conquista del futuro latino-americano. La hora es aun propicia para robustecer las aspiraciones de patria libre, dentro de la gran familia de pueblos libres de América.