Juan Sánchez Valdés de la Plata
Prólogo al benigno, y pío Lector
Por cuanto el hombre es del número de las cosas buenas que hay en el mundo, y lo bueno es aquello que de todos es amado, y de ello se debe amar lo que más general es, porque todo bien tanto cuanto es más universal, tanto es muy mejor, y más útil, y digno de ser deseado, y apetecido, como parece en la doctrina de Aristóteles en el primero y segundo libro de las Éticas, por tanto considerando, como todas las cosas son ajenas, y solo el tiempo es nuestro, según que lo dice Séneca ad Lucillum, y sea justo usar del como de cosa nuestra propia, huyendo la ociosidad, la cual según el Filósofo en el libro primero de la Ética, es como un sueño enojoso, y malo, cuya doctrina en el regimiento de los príncipes es, que nuestro pensamiento siempre vaya a lo bueno enderezado: y yo así como aquello que de todos es deseado, deliberé escribir esta obra de la historia del hombre, y porque ninguna cosa se debe de hacer sin razón, diciéndolo así Séneca en el libro de beneficiis, porque esta es la que siempre en todas nuestras operaciones nos ha de mover, así como lo da a entender Aristóteles en el libro primero de la Metafísica, diciendo, que el linaje de los hombres, por razón, y por arte vive: por tanto las razones que a la tal obra me han movido son, la primera, porque viendo que en muchos tiempos ya pasados, y en nuestros tiempos presentes, muchas personas escribieron, y escriben, así Médicos, como Filósofos, como historiadores, muchas cosas de los hombres, mezcladas entre otras muchas cosas, y historias que hicieron, y ninguno haya recopilado libro solamente del hombre, sino Alberto Magno, el cual ya que lo compiló, fue breve, y no por este orden, ni por esta curiosidad, como de otras cosas lo han hecho, y recopilado, según que lo recopiló Teofrasto de las Plantas, y Alberto Magno, y Avicena, de los animales, quise yo recopilar de muy muchos autores la presente obra, y historia de solamente el hombre, imitando a las abejas sabias, que por diversos tiempos, y flores, discurren, y toman dellas, y tráenlas a sus colmenas, y compónenlas, y hacen panares, y redúcenlas a un sabor dulce, y provechoso.
La segunda razón es, porque puesto que los autores antepasados hayan más que bien del hombre escrito, puede ser que cada uno por sí, no tan largamente, como muchos el día de hoy querrían, ni por la orden prosecutiva, y recopilada que desean, a cuya causa hablaré más copiosamente que ninguno en esta materia juntamente haya hecho, y hablado.
La tercera razón es, porque es cierto, que la tierra, ni el ingenio del hombre, no darán fruto si no los labran, y con este celo me he ocupado en recopilar este libro, que trata del discurso del hombre, desde que se forma en el vientre de su madre, hasta que el ánima está puesta en el estado que ha de estar para siempre, después de ser apartada del cuerpo, con todas las otras cosas que en el proceso de la vida pasan, para ser yo con este trabajo, o los que del quisieren gozar, aprovechados, o para dar el fruto que es razón que las tierras bien labradas, siendo buenas, den.
La cuarta razón es, porque viendo yo, benignísimo, y discreto lector, que los mancebos, y doncellas, y aun los varones ya en edad, y estado, gastan su tiempo en leer libros de vanidades enarboladas, que con mayor verdad se dirían sermonarios de Satanás, y blasones de caballerías de Amadises, y Esplandianes, con todos los de su bando, de los cuales no sacan otro provecho, ni otra doctrina, sino hacer hábito en sus pensamientos de mentiras, y vanidades, que es lo que mucho el diablo siempre codicia, para que con estas ponzoñas secretas, y sabrosas, las aparte del camino verdadero de Jesucristo nuestro Redentor: y siendo tan grande la afición que tengo a los que leen, y se quieren aprovechar de las escrituras, y tanta que ha bastado a ponerme en cuidado de hacer esta obra, siendo tan ocupado como de continuo me hallo, con la cual quizá los aficionaré a leer en ella, y en los autores que en ella alego, y los apartaré de leer tan grandes vanidades, y mentiras, como en los libros sobredichos hay, y al que gastare su tiempo en leer buenos y excelentes autores, por ventura le agradará mi trabajo de recopilar de tantos, y tan varios autores ésta presente obra, y alabará siquiera mi gran cuidado, de congregar las flores de tantos escritores, para el que las quisiere gozar juntamente, sin consumir tanto tiempo en buscarlas, y cogerlas, como yo he gastado, principalmente sabiendo como sabemos todos, que la vida de los hombres es tan breve, y tan corta, en este valle de miseria, y sobre todo tan embarazada, y tan ocupada en diversos negocios, y a las veces en vanidades, y por otra parte son tantos, y tan prolijos los libros que están escritos, y cada día se escriben, que no es suficiente la vida de un hombre, aunque viviese los años de Matusalén, para los leer, ni aun para los pasar, siquiera como de corrida, por esta causa: y con mucha razón se quejaba Teofrasto, discípulo de Aristóteles, varón muy docto, porque muchos animales, de cuyo ser, o no ser, poco interés se puede sacar, tienen la vida tan larga, y los hombres si la tuvieran así, pudieran mucho aprovechar en las letras, y la tienen tan corta, que apenas hay lugar para, como dicen, abrir los ojos a gozar de una de las recreaciones que nuestra ánima tiene en esta vida tan miserable, que es, leer, y saber, por lo cual dijo la suma verdad: No en solo pan vive el hombre, y pues es verdad, que cualquiera lección es útil, y provechosa, según que lo testifica Plinio, entre todas, y más que todas, es la de las historias verdaderas, y no fingidas, porque la historia, según dice Aulio Gelio libro quinto de las noches Áticas, capítulo diez y ocho, es un testimonio muy cierto, maestra de la vida, luz de la verdad, presidente de la memoria, embajadora de la antigüedad, por ella venimos en conocimiento de todas las gentes, de todas las edades, de todos los pueblos, de todas las costumbres, y de los acaecimientos, y sucesos de todas las cosas.
Por ella sabemos los hechos notables de otros, para que por ellos conozcamos los nuestros, y nos emendemos: porque conocer las cosas hechas, y alcanzar la orden dellas, y los secretos de naturaleza, y tener noticia de muchos ejemplos, es cosa muy honrosa, loable, y casi divina, y por el contrario no saber la persona cosa de las pasadas, ni de las maravillosas obras de naturaleza, es como dice Tulio, ser siempre muchachos, y niños: y por esto decía aquel famoso historiador Griego Tucídides, que la historia es un tesoro, el cual nunca se nos había de caer de las manos, porque ayudados con ella pudiésemos tratar semejantes negocios, y semejantes cosas que en ella van escritas: y ésta es la quinta y última razón, que incitó, y movió mi voluntad, a que sumase, y recopilase esta breve historia del hombre, sacada, y tomada de muchos autores, que en ella van nombrados, y porque es cierto que mucha utilidad de ella se puede seguir al que atentamente quisiere considerar cuantos sucesos, y mudamientos, y miserias, adversidades, y ensalzamientos, y peligros, y trajes, y negocios, pasan por el hombre, con la lectura de lo cual creo yo verdaderamente que no habrá persona que no se admire, y que no loe al hacedor de todas las cosas, leyendo tantas, y tan varias cosas como por el hombre pasan, y tantos trabajos, y fatigas, viéndose tan sublimado, y ensalzado, y luego tan abatido, y despreciado, y conociendo cómo al fin todo perece, y fenecen salvo amar, y servir a Dios, el cual es nuestro Dios, y nuestro Señor, en el Cielo, y en la tierra, hacedor de todo lo criado, del Cielo, y de la tierra, y de todo lo que se contiene en el ámbito de él, y fuera de él, y dentro de él crió al hombre para que le amase, y conociese, y en sus obras contemplase, y contemplándolas le amase, y amándole sería de él guardado, diciendo por su Salmista en el Salmo 144, Guarda el Señor a todos los que le aman, y a todos los pecadores destruye, y por tanto en todas nuestras obras llamamos a Dios, el cual, como en el mismo lugar dice, Cerca está para todos los que le llaman, para todos los que le llaman en verdad: y porque sabemos en cualquiera cosa que Dios haya prometido, puede muy bien hacer, dice el bienaventurado san Pablo a los Romanos capítulo cuarto, Y todas las cosas le sucederán en bien, a todos los que aman a Dios, porque Dios es el que obra en nosotros, el querer, y el hacer de buena voluntad: a los Filipenses decía: Pues mi voluntad es buena, y el obrar en mí es de Dios, el cual, como dice san Gregorio en el libro diez y ocho de los Morales, es el que hace los bienes, y los ordena, no hace mal alguno, mas dispone que los males hechos de los inicuos, no vengan desordenadamente: suplico al benigno lector, que considere las obras que van escritas, que son de Dios, y mis faltas supla con amor, y caridad, como somos todos obligados, y Dios lo manda, según que lo dice san Juan en el capítulo cuarto: Amémonos a veces, porque la caridad es de Dios, y Dios es caridad, y el que está en caridad, está en Dios, y Dios en él. Dice san Agustín en el octavo de Trinidad, que la caridad es una virtud que ayunta, y liga al amador con lo amado, y san Juan en el capítulo 15. Este es mi precepto, que os améis como yo amé a vosotros, porque el mismo en la primera epístola capítulo tercero dice: El que no ama está en la muerte, y porque se cumpla en bien por él lo que dice san Marcos en el capítulo cuarto. In qua mensura mensi fueritis, remecietur bobis, & adijcietur vobis, sería bien que con los ojos de piedad lo miren, y con voluntad fraternal lo juzguen, para que a ellos les sea dulce, y a mí provechoso. La postrera razón que movió a mí a compilar este volumen, recogido de tantos libros, fue porque considerando yo entre mí muchas veces cuán simple cosa es concebir el hombre debajo de esta voz hombre, y cuán grande, y cuán amplia, y cuán magnífica, y cuan maravillosa es la naturaleza del hombre, si la consideran, y entran por el mar grande de sus virtudes, de sus obras, y hazañas, de su composición, de su poder, y de su saber, y de sus invenciones, de sus merecimientos, de sus atrevimientos, y tratos, y conversaciones, de sus diferencias, y conformidades, y de sus magnificencias, y excelencias, y otras casi infinitas cosas que en la lectura verán, y por ellas alabarán al criador de todas las cosas, y verán que si Aristóteles se puso a escribir la consideración de la natura de los animales brutos, y por ello le alaban, que mucho mejor, y de más merecimiento es ponerse a escribir la consideración del hombre, del cual dice Dios por su siervo Moisés: Faciamus hominem ad imaginem & similitudinem nostram. Hagamos el hombre a imagen y semejanza nuestra: pues tratar de Dios es cosa inenarrable, cosa incomprehensible, cuyos atributos ninguno los pudo cumplidamente comprehender, como podemos saber la imagen, y se semejanza que el hombre tiene con Dios, mas de aquella que los santos Doctores han podido saber, y han declarado, para lo cual a ellos me remito. Se yo que dice san Agustín en el libro de quantitate animæ, que el ánima es hecha semejante a Dios, porque la hizo Dios inmortal, e indisoluble. La imagen pertenece a la forma, y la semejanza a la natura: y el mismo sobre san Juan en el sermón 18 dice: Una es la vida de las bestias, y otra la de los hombres, otra la de los Ángeles. La vida de las bestias sólo está intenta en los deleites terrenales. La vida de los Ángeles sólo busca las cosas celestiales. La vida de los hombres es mediana entre la vida de los Ángeles, y de los brutos: Si vive el hombre según la carne, se conjunta con las bestias, y si según el espíritu, se acompaña con todos los Ángeles: por lo cual dijo él mismo sobre san Juan, Inclinada y mudable es a una parte y a otra la condición del hombre, para que adoquiera que tuviere su intento, allá se vuelva, o al estudio de las virtudes, o a las lisonjas de los vicios: y por esto como dice san Gregorio en el cuarto de los Morales, El hombre era puesto en el Paraíso, para que si se astringiese a la obediencia de su hacedor con vínculos de amor, y caridad, se pasase en algún tiempo sin la muerte de la carne a la celestial tierra de los Ángeles: por lo cual lloraba san Bernardo sobre los Cánticos diciendo: Ay cuán triste, y llorosa mudanza fue, que el hombre morador del Paraíso, señor de la tierra, ciudadano del Cielo, doméstico de la casa del Señor de Sabaot, juntamente heredero con los soberanos espíritus, y virtudes celestiales, con una repentina conversión y por tu enfermedad se halló tendido en el establo y por la semejanza que tomó con las bestias, se halló necesitado de heno, y por la indómita feridad se halló atado al pesebre, como por el Profeta Real está escrito, En el cabestro, y en el freno, las mejillas de ellos constriñe, y otras innumerables maravillas que del hombre están escritas, de las cuales colegí estas pocas que debajo de alguna orden, y debajo de algún número, o alguna distinción habían de ir puestas, y entre todos pareció a mi gusto el mejor el de cinco: y va dividido en cinco libros, o partes el libro, porque todas las cosas hizo Dios en peso, y número, y medida, Sapientiæ 10, y todas las cosas que van debajo de número, son más fáciles de traerlas a la memoria, como lo dice Aristóteles en el libro de memoria, y reminiscencia, porque el hombre se divide él, y su vida en muchas maneras, en cinco partes.
La una es que los antiguos edificadores le dividen en cinco quintas, que son cinco muslos, o cinco partes tamañas, como es la cantidad que hay de lo alto del pecho, hasta el ombligo, comenzando de la coronilla de la cabeza, que es lo más alto que es en el hombre de esta manera, que desde la coronilla hasta lo más alto del pecho, es la primera quinta, y desde lo más alto del pecho hasta el ombligo la segunda quinta y la tercera hasta el medio muslo, y la cuarta quinta, hasta la mitad del espinilla, y la quinta postrera, hasta la planta del pie.
Y también porque el hombre está dividido en cinco partes principales, que son, la cabeza la una, y el pecho la segunda, y la tercera el vientre, y la cuarta los brazos, y manos, y la quinta, las piernas, y los pies.
Divídese también en cinco miembros principales, que son la cabeza, o cerebro, que es de adonde procede el mover, y sentir, y el corazón de adonde procede el vivir, y el hígado de donde procede el nutrir, y los miembros de generación, de adonde procede la perpetuación de la especie, y el estomago de adonde procede la digestión, y despensa para todo el cuerpo.
Divídese también el hombre en cinco sentidos corporales que tiene, que son ver, oír, oler, gustar, tocar. Considerando también que en el hombre hay cinco dedos, en cualquiera mano, o en cualquier pie: Accidentes propios del hombre y considerando que cinco accidentes propios se hallan en el hombre, y no en otro animal alguno, como son llorar, reír, hablar, andar enhiesto, o derecho la cara al Cielo, y el quinto es usar de policía, y gobernación. División de la vida Y considerando que en cinco partes se divide la duración de la vida del hombre, como la divide Marco Varrón, y dio a cada una quince años de duración, quince años de niñez, y 15 de adolescencia, y quince de juventud, y quince de senectud, que son hasta sesenta, y todo lo demás llamó decrépita edad: Potencias del ánima cinco y considerando que el ánima tiene cinco potencias para hacer sus obras, conviene a saber la potencia vegetativa, por la cual el cuerpo crece, y se vegeta, sensitiva, motiva, generativa, racional: y si el hombre se considera en cuanto animal, solamente tiene otras cinco virtudes que son, crecer, engordar, criar, sentir, mover.
Cinco virtudes se hallan en el cuerpo del hombre, por las cuales se hacen y perfeccionan las obras de la potencia vegetativa, que son, apetitiva, o atractiva, que es necesaria para atraer, y tomar todo lo que es necesario para crecer, o vegetar, y digestiva, que aparta lo bueno de lo malo en la digestión, y lo provechoso de lo que puede empecer, y retentiva, que retiene el tal nutrimento, y expulsiva, que expele, y echa fuera lo que no es provechoso, y discretiva, la que discierne, y aparta para enviar a cada miembro del cuerpo el manjar que le es conveniente, y a esta llamaron los Árabes virtud regitiva de todo el cuerpo, o virtud común.
Hay otras cinco diferencias de virtudes, como son, apositiva vel restaurativa, e inmutativa, asimilativa, unitiva, informativa, las cuales obran haciendo un continuo movimiento, hasta la perfección, que es estar ya informado de ánima, de esta manera, que la virtud atractiva que está en los miembros, atrae el mantenimiento, y comienzan luego las cinco obras, o virtudes obrando, la restaurativa aponiendo, y la inmutativa convirtiendo, y transmudándolo en la sustancia del miembro, y la asimilativa, asemejándolo a la sustancia del miembro, y la informativa, introduciendo la forma y anima del animal, que es ya este el último fin de la virtud vegetativa.
Cinco virtudes en el ánima Hay otras cinco virtudes en el ánima, o potencias, por las cuales obra interiormente, y las da a entender exteriormente con sus obras, que son comunes a los hombres, y a los brutos, como son el sentido común, el cual aprehende y concibe todos los sensibles de los sentidos particulares, que son, ver, oír, oler, gustar, palpar, y de ellos juzga, y discierne: la segunda virtud es la fantasía, la cual conserva las especies sentidas en lo escondido, o en lo secreto, habiéndose ido, y apartado las cosas sensibles, como acordarse de la diferencia del sonido, o de la diferencia del color, o del dolor: y la tercera la virtud imaginativa: y la cuarta la cogitativa, o estimativa, con la cual conoce, y comprehende las especies sentidas allá dentro en el ánima, como son amistad, o enemistad. Y la quinta es la virtud memorativa, que guarda aquellas especies no sentidas, y aun las sentidas. Otros las ponen de otra manera, que es, imaginativa, la segunda estimativa, y tercera cogitativa, y cuarta reminiscitiva, y quinta memorativa, aunque según el Filósofo, no sean más que tres, o todas se reduzcan a estas tres, imaginativa, estimativa, y memorativa.
Composición del hombre De cinco cosas está compuesto el hombre, y congregado, conviene a saber, de ánima, y de espíritu, y de cuerpo, y humores, y virtudes. De cinco potencias, o obras esenciales, está compuesto el hombre cuanto a su ánima racional, que es entender, razonar, querer, acordarse, o tener memoria, contemplar, por las cuales obras el hombre se dice hombre, y le duran mientras es mortal, y su ánima está encarcelada en este cuerpo mortal, y después de apartado del cuerpo, las tiene muy más perfectas, y más prestas, y fáciles, para obrar con ellas: y porque cada cosa desea su perfección, y estar en su lugar propio, y este sea Dios, al cual ella siempre se mueve, por en el solo haber de holgar, por el gran deseo, y amor que de él tiene, como san Agustín en el libro de sus confesiones decía a Dios: Señor, tu nos has hecho por ti, y nuestro corazón jamás será en paz ni reposo, hasta tanto que nos reposemos en ti: así que por estos respetos quise dividir esta obra en cinco libros, o cinco partes, el intento de las cuales iré aquí contando, y tendrán este proemio por argumento de todas cinco.
Este proemio es argumento de la obra En el primero trata de la naturaleza del hombre, diciendo primero qué cosa sea, y cómo se hace, y forma en el vientre de su madre, y cómo nace, y se cría, y todas las otras cosas que por el discurso de la vida pasan, no por orden continuada, antes por variedad de capítulos y lección, haciendo que en cada uno quede el ánimo del leyente contento, y sosegado, sin codiciar pasar a buscar en otro la conclusión, y perfección de la materia, o historia que en él se trata, en el cual entrepongo un poquito del fin, o muerte del hombre, y del estado en que se halla su ánima después de apartada del cuerpo. Y en el segundo libro se ponen dos tratados, en el primero de los cuales se trata de la naturaleza del ánima racional, y sus potencias, y virtudes, y en el segundo de la composición del cuerpo, y de cada una partecica por sí. Y en el tercero libro se tratan cosas maravillosas, y tratos, y costumbres de los hombres, y figuras, en lo cual se muestra la grandeza de Dios tan maravillosa, que en tanto número de gentes, cada una haya sido hecha diferente de la otra, y tantas maneras de hablas, y conversaciones, y atrevimientos muy soberbios. Y en la parte, o libro cuarto, contaremos las artes, y las invenciones que los hombres en el discurso de la vida, y duración del mundo, hasta el día de hoy han hallado, y usado, y los principios de otras muchas cosas, como de Órdenes, y poblaciones, dichos, y proverbios, lo cual es a muchos curiosos más agradable que a los descuidados el holgar, y al fin se pone un capítulo de las miserias del hombre, en el cual podrá considerar el hombre, que aunque en los libros pasados siempre haya ido subiendo, que para estas subidas, y para el discurso de todo su vivir se le están aparejadas todas aquellas que allí van contadas, y otras muchas más, que por evitar gran prolijidad no las quise allí contar, dejándolas a la prudencia del sabio lector, que por sí las podrá cada y cuando que se quisiere en sí recoger a pensar, considerarlas: y después que se ha contado quien sea el hombre, y de sus tratos en los libros pasados, porque muchas veces para conocer a alguno, o alguna cosa, no puede ser bien conocida, ni entendida, si no es por algunas similitudines, y semejanzas que con otras cosas tienen, diciéndolo así el Filósofo, que los accidentes son gran parte para que conozcamos las esencias de las cosas, y quién sean, determiné en este libro quinto, y último, poner la conveniencia, y concordancia, y semejanza que con las cosas de este mundo, y aun con las del otro, tiene, alegando allí también sus desconvenencias: con lo cual se acabará todo el tratado, a honra, y alabanza de la Santísima Virgen María, y de su precioso hijo nuestro Señor, y Redentor Jesucristo, y de la Santísima Trinidad, tres personas, y un solo Dios nuestro, entre las cuales por su divina bondad quiso poner al hombre, por lo cual echó el sello de la grandísima dignidad, y ensalzamiento del hombre: en solo lo cual considerar el piadoso lector se puede muy mucho tiempo ocupar, y ocupándose en ello maravillarse de ver cómo el hombre es milagro a la semejanza de Dios hecho, según que lo dice el Trismegisto en el en el Primandro: y Moisés en el Génesis dijo, que fue hecho a semejanza de Dios: y aunque el Moro Abdalla, que fue llevado a aquellas grades fiestas de Roma, después de haber visto muchos juegos, regocijos, y representaciones de comedias, fue preguntado qué había visto en aquellas fiestas que fuese de maravillar más, a lo cual respondió como hombre que consideraba bien la maravillosa naturaleza, y armonía del hombre, que ninguna cosa había visto que fuese más digna de admiración que es el hombre, dando a entender que en él se puede gastar muy mucho tiempo, considerando sus grandezas, y sus excelencias, y sus maravillas, y sus gobernaciones, y composiciones, y mirando que solo un hombre representa la gobernación de todo el mundo, la gobernación de todo un reino, la gobernación de toda una ciudad, la gobernación de una familia, o casa, como todo más extensamente, y cumplidamente en la quinta parte de este tratado verán: y contemplando, que si los Filósofos sacaron doctrina, y reglas para enseñar a vivir a las gentes, y a las repúblicas, y ayuntamientos de gentes lo sacaron, y aprendieron de la gobernación que el hombre en sí mismo tiene, mirando como las partes menores sirven a las mayores, y las otras más menores a las mayores, y como todas las partes grandes, y pequeñas, y pequeñitas, todas están sujetas, y subordinadas a un señor, que es el ánima, y tanto numero de huesos, y huesecitos, y nervios, y nerviecitos, y venas, y virtudes, y potencias, todas tienen sus oficios, y subordinaciones, de tal arte, que por el señor de tal gobernación, que es el ánima, son mandadas, y por ellas es puesto todo en obra, obrando sin cesar todas para el provecho, y utilidad de la república de todo el cuerpo, y obedeciendo algunas veces algunas cosas, o algunos mandamientos, que solo son provechosos, o deleitables al señor, o a otro su servidor del señor del cuerpo, el cual habemos muchas veces dicho que es el ánima, la cual para solamente su deleitación, por el oído manda a la boca, y garganta, y pulmones que canten, haciendo ciertos meneos, y posturas diferentes de los que suelen tener, para que hagan aquella melodía de canto con que ella se deleite: en lo cual si alguno se quisiese atentamente, y de hecho ocupar, hallaría que solo el hombre es mayor maravilla, y edificio, que más verdaderamente se pudiese decir milagro del mundo, que aquellas cosas que aquellos escritores antiguos llamaron maravillas del mundo: Los siete milagros del mundo porque si de un templo de Diana, por ser grande, y caber en él mucha gente, se maravillaron, y le pusieron por uno entre los siete milagros del mundo, cuánto más razón es poner al hombre por uno, y más principal de los milagros del mundo, pues es tan grande, que cabe en él más que gran número de gentes, y aun de todas las otras cosas criadas, pues cabe en el Dios, y sus miembros son templo del Espíritu Santo, diciéndolo así el Apóstol San Pablo, y cantándolo así la Iglesia Santa:
Virgo Dei genitrix, quem totus non capit orbi,
Intua se clausit viscera factus homo.
El que en todo el mundo no cabe, en tus entrañas Virgen María se encerró hecho hombre. Y si del sepulcro de Mauseolo se espantaron por ser una torre, o pirámide tan grandísima, y entre los milagros le colocaron, con más justo título el hombre, pues no solamente es torre, o pirámide que se acaba en el aire como aquella se acabó, mas penetra los elementos todos, y los Cielos, y al fin no halla término en su altura mas del que tiene en Dios: y no solamente es sepulcro de un hombre como el Mauseolo, mas antes lo es de todas las criaturas terrenales, y aun de los pensamientos, diciéndolo el Profeta David, que es un sepulcro abierto su garganta de los hombres: y porque no cause fastidio al leyente, considere, que los muros de Babilonia, y la puente entre Sexto, y Abidos, y las huertas hechas en el aire, y aquella estatua, y tan admirable imagen del Sol, llamada Coloso, la cual por su proporción, y perfección casi imposible, fue contada por uno de los siete milagros del mundo, no son suficientes en cosa alguna en presencia del hombre, a contarse por milagros, pues todas fueron hechos de los hombres, y el hombre es hechura de Dios, Génesis 1, y todas tuvieron y tendrán fin, y el hombre mientras Dios fuere Dios no tendrá fin, pues todas fueron finitas, y limitadas en sus grandezas, y el hombre no tiene fin, ni límite en sus pensamientos, con los cuales vuela, y piensa todo lo pasado, y lo presente, y lo por venir, y desciende a los abismos de la tierra, y de los infiernos, y sube y traspasa todas los Cielos, y aún más adelante de los Cielos, que es en Dios, donde solamente se le acaban, y embebecen. Todas estas cosas he dicho, y otras muy muchas que se podrán decir querría decir, para atraer a los leyentes quieran en estos libros, y en otros como el leer, y no en los libros de mentiras, y patrañas fingidas que llaman de caballerías, de que hay tanta abundancia, los cuales, demás que en sí no contienen sabiduría verdadera, ni doctrina provechosa, causan dos males: el uno, que se pierde en leerlos mal gastado el tiempo, cosa tan preciosa, y que se ha de dar de él cuenta, y el otro que gastan, o dañan con hastío el gusto del entendimiento para leer los otros libros buenos, y provechosos, por lo cual debería cada uno codiciar leer buenos libros, y de buenas doctrinas para ensayarse, y ejercitarse en ellas, y hablar en ellas, para que de él se diga lo que decía muy bien por cierto el Filósofo Demócrito: Que las hablas, y palabras del hombre, son imagen de su vida: y lo que dice el Evangelio: De cada palabra ociosa, habemos de dar cuenta en el día del Juicio: oigamos a San Pablo que muchas veces amonesta que huyamos la vanilocuencia, que es toda plática que no se endereza a la vida eterna, dejemos a los bobos hablar boberías, procuremos que se diga de nosotros lo que dice el Sabio: La boca del justo ejercitaba la Sabiduría, y su lengua hablaba justicia: y conforme a la doctrina de San Pablo, Nuestra habla siempre sea saboreada con sal, y gracia de discreción, para que sepamos cómo debemos hablar con cada uno: confórmese nuestra habla con nuestro corazón, y creamos a San Pablo, y miremos si pensamos verdad, castidad, justicia, amistad, buena fama, virtud, hablemos, digamos, y platiquemos lo mismo, porque como dice Tulio: Cual es cada uno, tales son las cosas que dice y hace. Pues si preguntamos a San Pablo, ¿qué galardón habremos por esto?, oigámosle a donde dice cuan grande es, diciendo: La paz de Dios será con vosotros, porque si nuestro corazón ama a Jesucristo, será nuestra plática de Jesucristo, y él tendrá por bien de estar en medio de nosotros, pues si nosotros deseamos saber las maravillas de Dios, hablemos del hombre, del cual se puede sacar tanta ciencia, que nos hagamos Filósofos, y tengamos el nombre del cual los antiguos, y excelentes varones se preciaron nombrar, y porque creo que cada uno mejor lo sabrá hacer que yo encomendar, no quiero más proseguir en estas pláticas, sino suplicar al lector, que reciba este poco trabajo, entrepuesto a mis ocupaciones, y horas de mi estudio en la Medicina, para el servicio de Dios, y provecho de los hombres, la cual aunque me obligue a emplear todas las horas de mis estudios en los libros de la Medicina, no será cosa muy ajena de lo que se espera de un médico hacer alguna digresión de aquellos estudios para reconocer los otros libros, y escritores antiguos, do se contienen las historias antiguas de cosas pasadas, y sacar de ellas a luz lo que no es común a todos, y mucho de lo que en los siglos pasados aconteció, para que se tome de ello algún fruto, e incitándose a querer saber, por qué es cierto que son grandes espuelas para la virtud en los mancebos, las artes, y ciencia: y por este respeto escribió el Poeta Homero muchos preceptos, y reglas de vivir, y Platón en nombre de Sócrates Timeo, y Aristóteles, y otros muchos Sabios entre los Gentiles, escribieron ciencias, y libros, por los cuales fuesen los mancebos incitados a la virtud, y después de la venida de nuestro Señor Jesucristo, todos sus Evangelistas, Apóstoles, Discípulos, y Doctores, nunca han hecho, ni hacen sino escribir reglas, libros, preceptos, y doctrinas, para incitarnos a la virtud, y servicio de Dios verdadero. De suerte que el intento de los Doctores susodichos, y la verdad de la cosa, justificará mi propósito, y abonará mis trabajos que en este negocio he tenido, pues todos tenemos una común intención de aprovechar a los lectores, mas pienso que habrá como suele en las otras cosas, quien de esto murmure, y no pareciéndole bien, diga que es cosa desabrida, y desaprovechada: al cual no quiero responder más de lo que se dice en el proemio de la tabla añadida al Plinio de natural historia, que se ponga él a otro semejante trabajo, y verá lo que cuesta, o vale: y porque pueda este tal advertir los muchos trabajos que en esto he tenido, quiéroles dar razón como he podido yo alcanzar secretos de tan antiguos siglos como han pasado desde el principio del mundo, hasta los días de hoy, pues en el diluvio universal parece que fenecieron todas las historias de lo que había habido en los siglos antes de él, y después acá por muchos incendios y pestilencias, y guerras y persecuciones, hallan fenecido las escrituras antiguas: mas para todo aquesto ha habido remedio, que Dios aunque permite el mal, no lo permite del todo, y así no se acabaron todas, mas quedaron algunas, y otras que con su divina gracia por sus profetas fueron escritas, y en ellas reveladas las cosas pasadas, como fueron los libros de Moisés, y de los otros Profetas, a los cuales yo he seguido, y a otros muchos escritores antiguos, y a los Doctores de la madre santa Iglesia, y a otros muchos escritores modernos que sobre la Escritura sagrada escribieron, como en el proceso de la lectura verán alegados, de las cuales fuentes han salido las aguas que han henchido la madre de este libro: y si no va todo tan por menudo particularmente relatado, como algunos desearían, y quizá fuera menester, advierta cada uno como puede ser, que si de tantas cosas como se trata, se hubiera de poner por extenso todo lo que de ello se podrá decir, que no bastara un libro tan alto como una lanza. Queda ahora solo satisfacer a los que han leído otros libros, que tratan de algunas cosas que van en este, y las hallan allí muy diferentes de lo que nosotros decimos: a lo cual digo, que Plinio escribiendo la natural historia, a ninguno siguió en todo lo que escribía, antes tomó de cada uno lo que más le pareció conforme a razón, y de a cada cosa la autoridad, y crédito que viere que merece el que lo escribe, o la cosa escrita, y porque se, que muchas cosas hallarán aquí puestas a la letra como están en los autores que las escribieron antes de mí, y que por ello me querrán culpar de pobre ingenio, sepan que yo no las vendo, ni doy por mías, sino por de aquellos de quien yo las he tomado, solamente quiero que los lectores se huelguen de leer en este libro, y de hallar recopiladas tantas historias, y cosas en un volumen recogidas, y de tantos, y tan diferentes escritores, y que en lo que pudiera ser gastar muy mucho tiempo, y trabajo para haberlo de buscar, y hablar, lo halle luego en este volumen, con tanta certidumbre de alegación, como creo yo que en libro se ha hallado hasta hoy, y por tanto a los que de esto quisieren ser jueces, lo remito.