Historia del Partido Comunista de España 1960

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Capítulo cuarto
La dictadura franquista

El repliegue

Cuando la traición de la Junta de Casado rompió resistencia republicana y las tropas franquistas ocuparon todo el territorio nacional, el Partido Comunista se vio acosado y perseguido por todas partes. Los franquistas querían borrar de la faz de la tierra a los comunistas. Entre los primeros camaradas que cayeron figuraban Cristóbal Valenzuela, Cayetano Bolívar, Manuel Recatero, Matilde Landa, Aquilino Fernández y Manuel Navarro Ballesteros.

El Partido entraba en el período más duro y difícil de su vida. Centenares de sus militantes habían sido entregados por la Junta de Casado a la policía franquista. Millares de comunistas fueron detenidos por los franquistas y encerrados en cárceles y campos de concentración, de donde salieron, en su mayor parte, para ser ejecutados o enviados a cumplir, en los penales, largas condenas.

Una parte importante de los cuadros del Partido se encontraba en las unidades del Ejército de Cataluña, que había pasado la frontera al hacerse imposible la resistencia y que no había podido reintegrarse a la zona Centro-Sur de la República por impedírselo el Gobierno francés. De esta manera se encontraron en un exilio forzoso. [215]

La derrota de la República y la instauración del fascismo en España imponía la reorganización de todo el trabajo del Partido a tono con la situación creada. Los comunistas pasaban de la legalidad y la participación en el Poder a la más completa ilegalidad. De la guerra abierta contra la reacción española y la intervención extranjera, a la lucha clandestina contra la dictadura fascista. Había terminado un período de impetuoso auge revolucionario. Comenzaba un período de reacción fascista y de repliegue del movimiento obrero y democrático.

Cada trabajador, cada demócrata se preguntaba si en esa nueva situación era posible la lucha. El Partido respondió sin titubear afirmativamente: por duras que fueran las condiciones impuestas por el fascismo, la lucha era posible.

El Partido trató desde el primer momento de reconstituir la unidad de acción de la clase obrera y el Frente Popular, tanto entre las direcciones de las organizaciones y partidos democráticos como entre los trabajadores.

Frente a la acción del Partido por reagrupar a las fuerzas democráticas para la lucha contra la dictadura fascista, la mayoría de los dirigentes socialistas, cenetistas, republicanos y nacionalistas vascos y catalanes pensaban que bajo la dictadura fascista no era posible luchar; en consecuencia, preconizaban la pasividad y la espera, diciendo: «Tenemos fascismo para cien años». El daño causado al pueblo español por esas actitudes de pasividad ha sido muy grande.

El Partido se replegó en condiciones extraordinariamente difíciles y se preocupó de un modo especial de salvar el máximo de camaradas. Su primera tarea consistía en reorganizar sus filas en la clandestinidad y restablecer el contacto con las masas populares para estimular la resistencia de éstas. A ello dedicó el Partido todas sus energías y sus mejores hombres.

A pesar de las enormes dificultades con que debía enfrentarse, el Partido no dejó de actuar. El pueblo sintió siempre el aliento, el estímulo y la orientación de los comunistas para afrontar los angustiosos momentos que siguieron a la implantación del fascismo en España. Por eso se decía entre los trabajadores: «Al Partido no se le ve, pero se le siente».

La actividad de muchos comunistas estaba erizada de [216] peligros, porque eran conocidos por sus ideas en los lugares de residencia o de trabajo. Una gran parte de los efectivos del Partido se componía de comunistas ingresados durante la guerra y, sobre todo, en los frentes. Eran admirables por su combatividad y disciplina; y aunque en las condiciones de la guerra no habían podido adquirir una sólida formación teórica, después de la derrota de la República mostraron su fidelidad al Partido, su firmeza política e iniciativa revolucionaria. Una gran parte continuó la lucha en contacto con la dirección del Partido o por propia iniciativa, sin relación con los núcleos organizados.

La detención de centenares de miles de republicanos reunió en cárceles y campos de concentración a muchos comunistas, que inmediatamente se organizaron y comenzaron a realizar una labor de orientación y solidaridad entre los reclusos. Utilizando los procedimientos más originales y audaces, los comunistas presos establecieron contacto con los que se hallaban en la calle y les ayudaron a desarrollar e impulsar el trabajo del Partido.

Desde una cárcel de la capital, Domingo Girón, Eugenio Mesón, Daniel Ortega, Guillermo Ascanio y otros camaradas continuaron dirigiendo la actividad de los comunistas de Madrid, en relación con los camaradas José Cazorla y Enrique Sánchez, que hasta entonces habían escapado a sus perseguidores.

Todos estos camaradas fueron fusilados más tarde. Sus nombres se inscribieron en la lista de los héroes comunistas caídos en la lucha contra la dictadura franquista.

El centro, encabezado por Girón que mantenía contacto con otras cárceles madrileñas, se preocupaba principalmente de agrupar a los militantes dispersos, orientarlos políticamente, organizar la ayuda moral y material a los presos y perseguidos y estimular la oposición al régimen.

Existía también organización del Partido en Euzkadi, dirigida por el camarada Realinos, fusilado posteriormente, que desplegaba una intensa actividad; actuaban grupos de Partido en Aragón, Galicia, Andalucía, Extremadura, Navarra, Valencia y en numerosas ciudades y pueblos. En Cataluña, grupos del PSU mantenían también la organización. [217]

Retornaron al país centenares de dirigentes y militantes que entregaron todas sus energías a la obra difícil y anónima de fortalecer la organización clandestina del Partido y estimular la lucha contra la dictadura franquista. En los anales de la historia revolucionaria de nuestro país figurarán con letras de oro los nombres de Jesús Larrañaga, Isidoro Diéguez, Jaime Girabau, Manuel Asarta, Sádabal Jesús Carreras, Casto García Roza, Eladio Rodríguez, Francisco Barreiro, José Ros, Eduardo Sánchez Biedma (Torres), Agustín Zoroa, Lucas Nuño, José Gómez Gayoso, Antonio Seoane, Joaquín Puig Pidemunt, Soriano y tantos otros que, habiendo regresado a España desde la emigración, cayeron heroicamente en la lucha.

En sus intentos de aniquilar el Partido, la dictadura combinó los métodos del terror y de la represión con el empleo de la provocación policíaca; en esta labor la Gestapo alemana prestó una ayuda directa a la policía española.

Aprovechando la caída del Comité de la organización comunista de Madrid, en 1940, la policía se esforzó por introducir sus agentes en las filas del Partido, sirviéndose, entre otros, del provocador Quiñones, el cual entregó toda la organización del Partido que él conocía. La actividad de Quiñones causó gravísimo daño al Partido, que se vio obligado a realizar un gran esfuerzo para liquidar hasta el fin las consecuencias de esa provocación.

Una atención particular dedicó el Partido a la propaganda, realizando una labor sistemática de edición clandestina de documentos y de obras fundamentales de los clásicos del marxismo-leninisino. Esta propaganda era editada y difundida en condiciones difíciles y complicadas. Fue publicado el órgano central «Mundo Obrero» en ediciones clandestinas a imprenta y a multicopista.

La tragedia del pueblo español tenía una prolongación dolorosa fuera de las fronteras del país. Cerca de medio millón de españoles había buscado refugio en Francia y África del Norte al cesar la resistencia republicana, mostrando de nuevo al mundo su repulsa al franquismo. Esos antifranquistas abandonaron la patria, por la que tan abnegadamente habían luchado, y marcharon a vivir en la emigración, llevando como [218] único bagaje su amor a España y a la libertad y su esperanza en el futuro libre y democrático de la patria.

Apoyado por esta emigración, que mantenía s confianza y su fe en la victoria de la democracia, el Partido organizó y estimuló grandes campañas de ayuda al pueblo español y de solidaridad con las víctimas del franquismo. Igualmente desarrolló una gran labor de propaganda política entre la emigración. En Méjico, Cuba, Uruguay, Chile y Argentina comenzaron a publicarse revistas y periódicos del Partido.

Pese a la dispersión de sus militantes, diseminados por todos los continentes, el Partido conservó su unidad política, orgánica e ideológica.

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  Historia del Partido Comunista de España
París 1960, páginas 214-218