Filosofía en español 
Filosofía en español

Historia del Partido Comunista de España1960


 
Capítulo primero ☭ El nacimiento del Partido Comunista y su lucha contra la Monarquía

Por el Frente Único de la clase obrera

Desde el momento de su nacimiento, el Partido Comunista de España llevaba en su bandera inscrita la idea de la unidad de la clase obrera y de las masas trabajadoras. La división constituía una tragedia para la clase obrera de nuestro país, de la que se derivaron muchas de las derrotas que fueron jalonando el historial heroico y combativo de los trabajadores españoles.

El Partido Comunista venía a superar esa división, comprendiendo que la unidad era un problema crucial para los destinos de la revolución española. Para el Partido, la unidad obrera no era un concepto sentimental, sino una necesidad de la acción revolucionaria.

García Quejido y sus camaradas, al integrarse en el movimiento comunista, declararon que su anhelo era hermanar a la clase obrera en la acción, unificar sus esfuerzos para la lucha, formar el bloque revolucionario único. Esta idea presidió las actividades del Partido Comunista desde sus comienzos y ocupó un puesto central en las preocupaciones de su primer Congreso, reunido en Madrid, el 15 de marzo de 1922.

A pesar de la resistencia que ofrecieron algunos delegados, en los que las tendencias sectarias eran muy vivas, el Congreso aprobó la política de Frente Unico con los trabajadores ugetistas y anarquistas. Se adoptaron algunas decisiones importantes sobre el reforzamiento del trabajo sindical y la lucha por la fusión de las dos grandes centrales sindicales UGT y CNT. Se hizo un llamamiento a los obreros [35] agrícolas y a los campesinos, invitándoles a estrechar las relaciones con los obreros de la ciudad y a luchar junto a éstos.

En el momento del Primer Congreso, el Partido Comunista de España contaba con unas ochenta agrupaciones.

En Vizcaya y Asturias, los dos centros de mayor influencia comunista, funcionaban Federaciones Regionales del Partido.

Tenía el Partido cincuenta concejales y tres diputados provinciales.

Los comunistas dirigían el Sindicato Minero de Vizcaya y, con ello, las Casas del Pueblo de Bilbao, las de Gallarta, Somorrostro, Ortuella, Galdames; tenían fuerte posición en el Sindicato Metalúrgico de Vizcaya y en varios sindicatos locales.

En Asturias, los comunistas dirigían el Sindicato Unico de Mineros; en San Sebastián, la Casa del Pueblo; en Pontevedra tenían la dirección de la Federación de Sociedades Obreras. En Madrid, Levante, Andalucía, Toledo, los comunistas dirigían secciones sindicales.

En el primer Congreso del Partido fueron elegidos para el Comité Central Antonio García Quejido (Secretario General); Ramón Lamoneda (Secretario del Interior); Virginia González (Secretaria Femenina); Antonio Malillos (Secretario Sindical); Exoristo Salmerón, Manuel Nuñez de Arenas, Evaristo Gil, Ignacio Ojalvo y otros camaradas.

Para la burguesía y los terratenientes españoles los años de guerra mundial habían sido años de «vacas gordas», durante los cuales se enriquecieron fabulosamente; pero terminada aquélla, las potencias europeas fueron desalojando a los exportadores españoles del mercado mundial. De nuevo apareció al desnudo la debilidad económica de España, la pobreza de su mercado interior, el atraso de su industria. La crisis que alcanzó a ésta desde el final de la guerra se acentuó en 1921, al coincidir con una crisis mundial de sobreproducción. Y, como siempre, la burguesía intentó resolver sus dificultades a costa de las masas laboriosas; se sucedían los cierres de las fábricas, aumentaba la jornada de trabajo, crecía el paro y disminuían los salarios. [36]

Con el Frente Unico por divisa, los comunistas encabezaron poderosos movimientos huelguísticos en los años 1922 y 23, sobre todo en Asturias y en el País Vasco, contra la ofensiva de las compañías mineras y metalúrgicas. Frente a la resignación reformista del «repartamos la miseria», los comunistas defendían la consigna de: «Ni un minuto más de jornada, ni un céntimo menos de jornal.» Los metalúrgicos vascos sostuvieron una huelga que duró casi tres meses. En ella el Partido desplegó gran actividad, manteniendo la resistencia de los obreros.

En el verano de 1922 la dirección de nuestro Partido se dirigió en carta abierta al Partido Socialista Obrero Español, a la UGT, a la CNT y a la Federación de grupos anarquistas proponiendo la formación del Frente Unico sobre la base de un programa que propugnaba la lucha contra la rebaja de salarios y contra la prolongación de la jornada de trabajo, la destitución de Martínez Anido y Arlegui en Barcelona y de Regueral en Bilbao, la amnistía a todos los presos políticos, la supresión de la pena de muerte y el fin de la guerra en Marruecos.

Las direcciones nacionales del PSOE y UGT se opusieron a toda idea de conjugar los esfuerzos de los trabajadores y cursaron a sus secciones la orden de no participar en mítines con los comunistas.

En noviembre de 1922, en el XV Congreso de la UGT fueron expulsados veintinueve sindicatos dirigidos por comunistas. Los líderes socialistas necesitaban alejar a los comunistas de las masas de la UGT, aislarlos, impedir la extensión de su influencia entre los obreros. El paso dado por los dirigentes de la UGT fue un rudo golpe asestado al movimiento obrero; ahondaba la división de sus filas y lo debilitaba en momentos de ofensiva de la reacción contra los trabajadores.

Al mismo tiempo que luchaba por la unidad, defendiendo los intereses de las masas laboriosas, el Partido intervenía activamente en los grandes problemas políticos planteados ante el país. Uno de los más agudos era el de la guerra de Marruecos. En el verano de 1921, después del desastre de Annual que conmovió a España entera, el Partido Comunista de España [37] lanzó un llamamiento a la huelga general exigiendo el cese de la guerra. Este llamamiento encontró amplio eco en el País Vasco, donde los obreros salieron a la calle para impedir el embarque de tropas con destino a tierras africanas.

La policía detuvo por este motivo a las direcciones de los dos Partidos Comunistas (todavía no se había realizado la unificación) y a los dirigentes de la Juventud Comunista. La prensa del Partido fue suspendida, los locales clausurados. Pero el Partido prosiguió sin desmayo la lucha contra la política colonialista y aventurera de la Monarquía; tuvo en todo momento una posición firme en la cuestión marroquí, pronunciándose contra la continuación de la guerra y por la independencia de Marruecos. Esta posición era la única que respondía a los intereses del pueblo marroquí y a los de España; y no sólo porque permitiría poner fin a la matanza en Africa, sino también acabar con la política colonialista de la reacción hispana que varias veces ha utilizado a las fuerzas legionarias y marroquíes para reprimir la lucha revolucionaria de los obreros y campesinos de nuestro país.

Las hondas repercusiones del desastre de Annual y la ofensiva económica patronal contra los trabajadores aumentaron la indignación de las masas. La ola huelguística volvió a cobrar vigor a comienzos de 1923, con la participación activa de los comunistas, que mantenían en alto la bandera del Frente Unico.

En la primavera de 1923 se declararon en huelga los mineros de Puertollano, alcanzando el paro a unos dos mil obreros. Tres mil mineros de Serón (Almería), dirigidos por los partidarios de la Internacional Sindical Roja, mantuvieron la huelga cerca de tres meses.

En Asturias, gracias a la lucha del Sindicato Unico obtuvieron los mineros un aumento de jornal.

Los mineros vizcaínos fueron a una importante huelga dirigida por el Sindicato Minero, orientado por los comunistas. Participaron en ella unos seis mil obreros. El paro duró más de tres meses, hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera.

Rebrotó la lucha reivindicativa en Madrid, y en Barcelona [38] el movimiento huelguístico abarcó a decenas de millares de trabajadores.

Incapaz de impedir las acciones obreras, la burguesía española (sobre todo la de Cataluña), se lanzó, siguiendo su ya conocida tradición, en brazos de la autocracia terrateniente, a fin de imponer un «gobierno de mano dura» que redujese al silencio a la clase obrera.

Historia del Partido Comunista de España, París 1960, páginas 34-38.