El Sol
Madrid, miércoles 2 de octubre de 1935
 
año XIX, número 5.650
página 2

Los libros. Ensayos

Armando Bazán, Unamuno y el marxismo

Imprenta de Juan Pueyo, Madrid 1935

Miguel de Unamuno

Se repiten los ataques a ciertos altos valores intelectuales de España. Sería infantil creer que esta animosidad en la lucha obedece a imperativos personales o a resultados de incomprensión. Cualquiera que sea el ángulo donde estemos situados, es forzoso observar que estos ataques, estas nuevas valoraciones y desvaloraciones, este nuevo medir y desmedir, se hacen a impulsos de fuerzas y de situaciones y de momentos que actúan en las conciencias y en el mundo con esquematismo de divisoria. Decir esta realidad de hoy equivale a no vivir.

Quien viva, es decir, quien no se ponga cera en los oídos y venda en los ojos, no tendrá otro remedio que desvelarse ante la corporeidad o el fantasma –según su saber y entender– de esto que se llama marxismo. Un escritor que podríamos llamar de Monarquía y catolicismo lo reconocía así, cuando una vez nos decía: «Verdaderamente, este judío de Marx, ¡cuánta guerra nos está dando!» Claro está que para este escritor la guerra se la daba un fantasma. Pero esto es aquí lo mismo. Lo que importa es el reconocimiento de una presencia desveladora.

En nombre de estas teorías marxistas, que cuando menos hay que reconocer su poder de captación en el estado actual del mundo, Armando Bazán se enfrenta con Unamuno, que es enemigo difícil de abatir por las características de su propia personalidad. Un joven de talento, Izquierdo Ortega, años atrás, ya intentó el análisis oposicionista del pensamiento de Unamuno; pero lo hizo desde su propio campo, yendo a buscar al filósofo a su propio terreno filosófico, con una audacia de joven temerario y seguro de sus fuerzas.

Armando Bazán demuestra en su libro que conoce profundamente la teoría marxista –conocimiento nada fácil, como se cree–, y que la aplica, en este caso sobre Unamuno, con agudeza y buen método, porque es bueno observar que en el marxismo la aplicación es mucho más difícil que el conocimiento.

Este análisis de Unamuno desde el punto de vista marxista ofrece no pocas novedades. Diversos y muchos enjuiciamientos se han hecho sobre Unamuno. Pero más o menos, todos tienen la similitud de la corriente que pasa por el mismo cauce. Por esto mismo, el estudio de Bazán, en primer impulso, tiene la atracción de lo que es absolutamente nuevo y distinto, de lo que se aparta de la norma y del cauce común, con todos los riesgos y todas las ventajas.

Entendemos nosotros que el autor, aun habiendo llegado lejos, no ha arribado en su estudio a ninguna meta absoluta. Primero, porque esto es casi imposible, y segundo, porque los propósitos no alcanzan más amplitud que los de un esquema inicial. El camino queda abierto para logros de más ambición. Cualquiera que sea su resultado, este libro de Bazán quedará como primera piedra de base, y su método y gran parte de sus ideas serán utilizados, porque tienen la perfecta precisión de la exactitud.

Arriesgarse a traer aquí una síntesis de este estudio sobre Unamuno es empresa ineficaz e imprudente. Utilicemos sólo la definición que hace del célebre escritor: «Con un pie en el medievo –dice–, con otro en la época actual del capitalismo, Unamuno es el mejor representante de España –semifeudal, semicapitalista–. Es, por decirlo mejor, su más clara síntesis.»

En otro país, más despierto a los goces de la inteligencia y la verdad, un libro de esta índole hubiese encendido las llamas de la polémica. Pero en España ya es sabido que la inteligencia vive y ha vivido siempre, no entre fuegos, sino entre hielos.

Precede al estudio de Armando Bazán un ensayo de Ehremberg, al que aludiremos otro día.

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Armando Bazán
Miguel de Unamuno
1930-1939
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