El Sol
Madrid, sábado 2 de enero de 1926
 
año X, número 2.624
página 2

Santos Chocano-Elmore

Dos cartas que acaban de explicar el suceso

En los periódicos de Lima se han publicado, entre otros documentos personales de Santos Chocano y de Edwin Elmore relacionados con el suceso en que perdió la vida este último, dos cartas que acaban de explicar claramente las razones de rencor y odio del uno, y de serena discrepancia del otro. En el momento de ocurrir la agresión y de ser herido de muerte Elmore, las cosas ocurrieron a tono con la actitud que cada uno adopta en las cartas que a continuación trascribimos.

El 29 de octubre Elmore envió a «La Crónica» un artículo defendiendo a Vasconcelos de los ataques de Santos Chocano, y combatiendo los puntos de vista desde donde el poeta sostenía la polémica con el educador mejicano. D. Clemente Palma, director de ese diario, mostró a Chocano el artículo antes de publicarlo, y éste dirigió a Edwin Elmore la siguiente carta con fecha 31 de octubre:

«Desgraciado joven: Aunque no tiene usted la culpa de haber sido engendrado por un traidor a su patria, tango el derecho de creer que los chilenos han pagado a usted para insultarme, como pagaron a su padre para que denunciara las minas que defendían el morro de Arica{1}. Si a todos los peruanos les es esto familiar, a mi me lo es especialmente por mi condición de autor de la «Epopeya». Vive usted ahora del dinero que le produjo al padre suyo la infamia que cometió, y de él se vale para hacer «paseítos» en busca del artificio de un prestigio de correveidile de afectismos explotadores y fraternidades de imposibles entre verdugos y víctimas como Chile y el Perú.

Fue usted uno de los primeros en venir a adularme cuando llegué al Perú. Hasta se propuso poner en práctica fórmulas que redactó, que me consultó y que nadie aceptó, porque sus mismos compañeros lo tenían en el ridículo, con excepción de quien, como el afeminado Beltroy –otro adulador mío–, es más ridículo todavía, si cabe.

Pequeños farsantes todos ustedes. Generación de cucarachas brotadas en el estercolero de la oligarquía civilista. El jefe –el paparruchero y charlatán Belaúnde–, hijo de un defraudador de la Hacienda pública. Usted, hijo de un traidor a la patria. El Beltroy, hijo de padres desconocidos. Representan ustedes la hez de los intelectualizantes del país, que necesitaría tener por una semana en el Gobierno, no a una amable persona, sino a un hombre justiciero como yo, que acabaría sin piedad con «la laza de víboras» que sienten en sus venas correr el lodo en que se encharcaron sus padres.

Debe usted a Clemente Palma la vida, porque si sale publicado su articulejo de mayordomo o cochero de los que ningún valor intelectual ni personal siquiera tienen, le hubiese yo, sin el menor reparo, destapado los sesos con la misma tranquilidad con que se aplasta una cucaracha metamorfoseada en alacrán. Ni usted ni nadie me conoce aquí todavía en la debida forma. Ojalá me brindara usted, desgraciado joven, esa oportunidad.

Miserable y cobarde es el que, como usted, no sería capaz de publicar y dirigir esos insultos soeces al hombre que está en el Poder. Pregúntele usted, digno hijo del traidor de Arica, a la misma hija del mariscal Cáceres (ante cuyo recuerdo me arrodillo hoy) cómo dirigía yo y publicaba insultos a quien, si debía respetar, no le tenía, en cambio, miedo, fenómeno amoral que ha heredado usted de su padre. Generación de simples charlatanes, que son incapaces de hacer con Leguía –hombre civil– lo que hacíamos los hombres de mi generación con un militar formidable como era el héroe de la Braña.

Entienda usted que si no se apresura a escribirme dándome plena satisfacción seré yo el que publique esta carta –cuya copia me reservo–, y cuando lo encuentre le escupiré en la cara; pero si osa levantarme la mano destaparéle los sesos. ¡Un peruano por quien un Rey, diez Gobiernos y tres Congresos se interesan insultado por el hijo del traidor de Arica! Miserable; como he aplastado a Vasconcelos te aplastaré a ti si no te arrodillas a pedirme perdón. Yo para usted no podría ser sino su patrón.»

(Firmado): J. S. Chocano

 
A esta carta contestó el mismo día 31 de octubre Edwin Elmore en los siguientes términos:
 

«Sr. José Santos Chocano.

Hace pocos momentos ha cometido usted la villanía de preguntarme por teléfono –poniéndose así a cautelosa distancia– si soy hijo de D. Teodoro Elmore, calificándolo usted de «traidor de Arica», dando así una prueba de ignorancia de la historia patria y de miseria espiritual muy grande.

Ha pretendido usted vengarse de la defensa que he hecho del idealismo hispanoamericano y estúpidamente atacado por usted. En el Perú todos nos conocemos, y la conducta de mi padre ha sido juzgada honrosamente por propios y extraños. Precisamente en Arica fue donde el temple moral y las capacidades técnicas de mi padre –a tono con el espíritu de su época– se pusieron en evidencia, y sólo lo más bajo y ruin que hay en el alma humana pudo buscar en un hombre tan puro y valeroso como él la víctima propiciatoria de esa desgracia nacional.

El hombre es responsable de sus actos, y si descendiera a juzgar los de usted demostraría a los pocos que aún lo ignoran que usted en sus actos públicos y privados se ha conducido siempre como un perfecto miserable.

Y advierto a usted que no le he pegado de sopapos por despreciarle demasiado y que si usted en cualquier forma se dirigiera a mí en el lugar en donde le hallare le escupiré a la cara.

(Firmado: Edwin Elmore.)

 
——

{1} En la guerra chileno-peruana, terminada el año 1880 con la pérdida de los territorios de Tacna y Arica por el Perú, se acusó al padre de Elmore de traición a la patria.

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Edwin Elmore
1920-1929
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