Revista de Filosofía
Instituto Luis Vives, CSIC
 
año II, nº 4, páginas 7-60
Madrid, enero-marzo 1943

Fr. Manuel Barbado Viejo O. P.

¿Cuándo se une el alma al cuerpo?

Sumario

Planteamiento de la cuestión. Derivaciones del problema.

Breve historia de la controversia: 1) Período griego: teorías «panspérmica» y «epigenética». 2) Período patrístico: doctrina de la animación inmediata. 3) Período árabe: desarrollo del concepto de potencia formativa. 4) Período escolástico: acuerdo general en la animación retardada y discrepancias sobre el momento en que se verifica la unión. 5) Período preformista: caso insólito de alucinación científica colectiva. 6) Período contemporáneo: su carácter de reacción contra el preformismo y de vuelta a la teoría epigenética.

Fundamentos de la teoría tradicional.– El concepto del alma como forma substancial del cuerpo organizado y el fin de la unión en la función intelectiva conducen a la conclusión de la animación retardada. Elementos de juicio sacados de la moderna embriología que conducen al mismo resultado.

Fundamentos de la tesis de la animación inmediata.– Sólo así podría decirse que los padres engendran a un hombre. El alma espiritual puede verificar las funciones vegetativas del óvulo fecundado. El alma debe modelar y disponer el cuerpo. Crítica de estos argumentos.

La energía plástica o formativa.– Diversas opiniones en torno del agente director de los procesos ontogenéticos. La potencia formativa y sus propiedades, según Santo Tomás.

Conclusión: La doctrina de la animación retardada no ha sido superada, si bien no está demostrada apodícticamente. [9]

 

Antiquísima y muy resobada es la cuestión del momento en que el alma racional se une con el cuerpo que se está formando en el seno materno. La curiosidad filosófica por un lado, y por otro las consecuencias que de la solución se derivan, han sido parte para que ya desde muy antiguo se afanen los sabios por encontrar una respuesta satisfactoria al inquietante problema, durando hasta nuestros días la célebre controversia sobre si empezamos a ser hombres desde el momento de la fecundación, como enseñan los partidarios de la animación inmediata, o si nuestra vida humana comienza más tarde, en el curso de la vida intrauterina, según propugnan los defensores de la animación retardada.

Si abordamos un tema tan estudiado y tan discutido no es porque tengamos la pretensión de proponer una solución nueva ni de iluminarle con nueva luz; sino únicamente porque hace falta corregir la conducta de no pocos autores modernos que, hablando en nombre de la ciencia experimental y como si se avergonzaran de repetir lo que a este propósito decía Casiodoro: «Melius est in tam occultis causis confiteri ignorantiam, quam periculosam assumere fortassis audaciam»{1}, no dudan en calificar ásperamente la tesis que durante bastantes siglos fue defendida sin contradicción por filósofos, teólogos, juristas y médicos de formación escolástica. Así, por no citar más que algunos ejémplos: J. Pujiula no duda en decir que la tesis trádicional es un error{2}; F. Marxuch la califica de «prorsus absoleta»{3}, y F. Fröbes asegura, sin titubear, que «recentiores [10] Scholastici fere unanimiter veterem sententiam reliquerunt»{4}.

Dejando para después el examinar si es o no errónea la doctrina tradicional, conviene no pasar adelante sin desmentir la afirmación de que ésa es una tesis trasnochada y que apenas tiene partidarios; no sea que el lector comience a leer este trabajo con el prejuicio de que vamos a ocuparnos de una cuestión definitivamente resuelta y que no merece nuevo examen. Baste decir que entre los filósofos escolásticos modernos, aparte de los que parecen conceder la misma probabilidad a las dos tesis opuestas, la tradicional o de la animación retardada, y la de la animación inmediata (Zigliara, Hugon, Reinstadler, Marcelo del Niño Jesús y Pirotta), defienden decididamente la tesis antigua Sanseverino, Liberatore, Kleutgen, Stöckl, Mancini, Cornoldi, Lorenzelli, De María, Mercier, Blanc, Remer-Geny, Farges-Barbedette-Brin y Maquart. Entre los teólogos modernos, son del mismo parecer Staudenmaier, Berlage, Schwetz, Jungmann, Jansens, Vermeersch, Prümmer, McDonald, Murphy, Merkelbach, distinguiéndose el profesor del Ateneo Lateranense, Antonio Lanza{5}, que recientemente estudió la cuestión con notable serenidad, erudición y competencia.

Derivaciones del problema

Para hacer ver la importancia de la cuestión y la necesidad de esclarecerla por todos los medios posibles, bastará indicar su enlace con varios graves problemas teológicos, jurídicos y disciplinares, que con ella tienen relación muy estrecha.

1) Discuten los teólogos si en la organización del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo se dió intervención divina especial, o si únicamente se observaron las leyes naturales, como en los demás hombres. Los partidarios dé la animación retardada se ven obligados a admitir intervención sobrenatural, y por eso Santo Tomás enseña que el cuerpo de Cristo fue organizado instantáneamente [11] por virtud divina, y dé ahí el que desde el primer momento estuviera dotado de alma racional, lo que no sucede en los demás hombres{6}. En cambio, los que sostienen que el alma humana se une con el cuerpo en el momento de la fecundación, no encuentran inconveniente en afirmar que no se necesita acción sobrenatural para organizar el cuerpo de nuestro Señor{7}.

2) En la antigua y célebre controversia acerca de la licitud de procurar el aborto para salvar la vida de la madre, se concedía valor decisivo a la solución del problema del momento de la infusión del alma racional, y desde luego todos los antiguos teólogos admitían que en ese caso era ilícito el aborto si el embrión había llegado a tal grado de desarrollo que estuviera dotado de alma espiritual{8}. Aristóteles, aunque mucho más extremoso que los moralistas católicos, tenía también en cuenta la fecha de la animación; pues dice que «propter multitudinem liberorum (quosdam) foetus abolere oportet, nisi gentil instituta id prohibeant: definitum enim esse oportet procreandorum liberorum numerum. Quodsi quibus fuerit aliquid praeterea genitum, abortionem facere conveniet antequam sensus et vita foetui accesserit»{9}.

3) En el derecho penal es donde primeramente aparece la distinción de feto animado y no animado por el alma racional. Un primer indicio se encuentra en el Código Hittita (siglo XIV [12] antes de Cristo), en el cual se señalan diversas penas para los que causan aborto, según sea la edad del feto{10}. En el Exodo, según la versión de los Setenta{11}, se castiga con pena capital, como a los homicidas, a los que en riña causan aborto, si el feto está ya configurado; mientras que, en caso contrario, sólo se impone una multa. De ahí dedujeron muchos{12} un argumento en favor de la animación retardada; pero los adversarios replican que los Setenta falsificaron el texto sagrado, ya que semejante distinción no se encuentra en el texto hebreo de la traducción Vulgata{13}. A esto replican algunos que Filón interpreta la Ley conforme al texto de los Setenta, y que los talmudistas, al enumerar las modificaciones introducidas por los Setenta, no mencionan ésa, no obstante su importancia manifiesta{14}.

En nuestro Fuero Juzgo se encuentra también la distinción de penas, que desde el siglo VIII se halla en los Penitenciarios y que más tarde (1211) Inocencio III introdujo en la législación general de la Iglesia y fue incorporada en las Decretales de Gregorio IX (1234). Sixto V, en su Constitución «Effrenatam» (29 de octubre de 1588), suprimió la distinción, ordenando que se castigara como homicidas a los que «abortos, seu foetus immaturi tam animati quam etiam inanimati, formati vel in formis ejectionem procuraverint»{15}. Pero la doctrina de la animación retardada y las consecuencias que implica estaban tan arraigadas en la tradición eclesiástica, que antes de los tres años Gregorio XIV, en la Constitución «Sedes Apostolica» (31 [13] de mayo de 1591), volvió las cosas a su estado anterior: «Poenas procurantium abortara foetus inanimis... reducimus perinde ac si eadem constitutio («Effrenatam») in hujusmodi parte nunquam emanasset»{16}. Ni que decir tiene que los teólogos y filósofos escolásticos encontraban en esa legislación un argumento poderoso en favor de la animación retardada{17}.

En cambio, en el Código actual (C. 985 y 2.350) no aparece ninguna diferencia de penas; así como al tratar del bautismo de los fetos abortivos{18} tampoco menciona la distinción que se encuentra en la antigua disciplina de fetos dotados o no de alma racional{19}. De ahí él qué algunos canonistas toquen a muerto por la doctrina de la animación retardada, pensando que la misma Iglesia le dió el golpe de gracia{20}. Pero no tienen en cuenta que, como dice Vermeersch{21}, el legislador [14] no trató de dirimir semejantes controversias, y, como advierte Merkelbach{22}, aunque los codificadores del Derecho eclesiástico se hubieran propuesto resolver la cuestión teórica, su parecer no sería sentencia infalible. En último caso, quizá se pudiera añadir que, tomadas las palabras del canon 747 en la significación técnica que les dan los embriólogos y algunos moralistas{23}, nada se encuentra en él que sea contrario a la doctrina de la animación retardada y a la antigua práctica de la Iglesia; pues manda bautizar, no los embriones, sino los fetos, o sea los productos de la generación que tienen más de treinta o cuarenta días, los cuales, según la doctrina tradicional, están ya dotados de alma humana, y, por lo mismo, deben ser bautizados.

 
Breve historia de la controversia

Indicada la importancia del problema, conviene describir, aunque sea sumariamente, las vicisitudes que sufrió a lo largo de los siglos y mencionar las causas que influyeron en los nuevos rumbos de las ideas; [15] pues ello contribuirá eficazmente a valorar las soluciones y explicar los cambios de opinión.

1) Período griego.– Aparte de las teorías peregrinas acerca de la naturaleza y origen de los elementos germinativos, nos encontramos en los albores de la embriología griega con la doctrina de la «panspermía», atribuída a Heráclito y Anaxágoras y expuesta por el autor del tratado De diaeta (que figuraba entre las obras atribuidas a Hipócrates), según la cual, desde el principio del mundo existen los gérmenes de todos los vivientes perfectamente organizados; porque, como decía Anaxágoras, «¿cómo puede proceder el cabello de lo que no es cabello, y la carne de lo qué no es carne?»{24}. Es una anticipación del «preformismo», del que después nos ocuparemos.

Enfrente de esa teoría construyó Aristóteles, el gran maestro de los embriólogos{25}, la doctrina «epigenética», según la cual él organismo se va modelando y organizando lentamente durante la vida intrauterina, a partir de una masa germinal homogénea que tiene en potencia el futuro viviente. Consecuente con sus principios hilemórficos y su definición del alma, afirmó también que el embrión recibe sucesivamente formas substanciales cada vez más perfectas, en conformidad con el grado de perfección que va adquiriendo la materia organizada{26}. [16]

Cuanto a la época en que el embrión muestra configuración humana, distingue Aristóteles, según que se trate de varones o de hembras: los primeros tienen miembros bien caracterizados a los cuarenta días; las segundas, después de tres meses{27}.

En ese error de pensar que las hembras tardan más en organizarse que los varones, cayeron también Asclepiades{28}, Hipócrates{29}, o quien sea el autor del De natura pueri (que algunos atribuyen a su yerno Polibio) y no pocos médicos posteriores. Por los detalles que da Aristóteles, especialmente al señalar la magnitud («quantitate formicae gradioris») del embrión de cuarenta días, se ve que no hablaba a capricho, sino basándose en conocimiento experimental.

Erófilo, el insigne médico de la escuela alejandrina, y los estoicos{30} sostuvieron I.a singular opinión dé que el alma humana no se une al cuerpo hastaa que el recién nacido respira por vez primera. Resucitaron esa doctrina el rabino Saul Mortera y el médico de Praga, Juan Marcos, fundándose en que antes del nacimiento el feto no goza de existencia individual [17] e independiente, sino que es una parte de la madre. Fue condenada por Inocencio XI el 2 de marzo de 1679.

2) Período patrístico.– Entre los padres de la Iglesia que se ocuparon del problema son casi excepción (Lactancio, San Jerónimo, Teodoreto, Gennadio y los autores de las obras tituladas Quaestiones Veteris et Novi Testamenti y De Ecclesiasticis Dogmatibus{31} los que por razones filosóficas o por textos de la Escritura, sostuvieron la tesis de la animación retardada. La mayor parte aceptó la animación inmediata; lo que no es de maravillar, si se tiene en cuenta que en muchos de ellos ejerció gran influencia la doctrina neoplatónica; que algunos fueron materialistas, y que no pocos defendieron el traducianismo; pues como dice San Jerónimo, «maxima pars occidentalium autumant, ut quomodo corpus ex corpore, sic anima nascatur ex anima»{32}.

3) Período árabe.– Los médicos-filósofos árabes contribuyeron al esclarecimiento del problema desarrollando el concepto de potencia formativa, que Aristóteles{33} sólo había esbozado de manera vaga. Admitida la «epigénesis», es preciso señalar una causa inmediata de las maravillosas transformaciones de que nos da cuenta la embriología descriptiva. Avicena, en el Canon medicinae{34}, distingue tres potencias generativas; una que prepara los elementos germinales en el cuerpo [18] de los padres, y otras dos que residen en el mismo embrión, la una para distribuir las substancias de que depende la complexión y la otra para organizar el cuerpo del nuevo viviente{35}. En el tratado de Psicología{36} habla solamente de dos potencias: la generativa, que prepara los elementos seminales, y la formativa, que organiza el embrión. Esta división es la que generalmente adoptaron los escolásticos.

Avicena pone las potencias generativas al mismo nivel que las otras facultades vegetativas; pero Averroes{37}, no acertando a explicarse de otra manera la admirable eficacia de la energía formativa, dice que es una virtud divina e inteligente,

Por lo que se refiere al tiempo que transcurre entre la fecundación y la organización de los miembros principales, Avicena{38}, en un párrafo harto obscuro, opina que se requiéeren de treinta y cinco a cuarenta días, y parece irritarse contra los médicos que audacter et stulte establecen en esto distinción entre los varones y las hembras. En De animalibus (L. XVI) enseña que el alma racional se une con el cuérpo cuando se han formado el corazón y el cerebro. A Averroes se atribuye la opinión de que el alma espiritual no se une al cuerpo hasta que el niño pronuncia los nombres padre y madre{39}.

4) Período escolástico.– Es muy significativo él hecho de que los escritores escolásticos, filósofos, teólogos, juritas y médicos, [19] desde el siglo XII hasta el XVII, se mantuvieran unánimes en defender la animación retardada, no obstante la frecuencia con que discrepaban en muchísimas otras cuestiones. ¡Tan clara veían la cuestión y tan sólidos las parecían los fundamentos filosóficos y empíricos en que se apoya!

Por lo que hace al aspecto teológico del problema, San Anselmo{40} llega a decir que no cabe en cabeza humana que el embrión esté dotado de alma racional desde el momento de la concepción. No es, pues, de maravillar que, como queda dicho, no dudaran en sacar consecuencias prácticas del orden moral, del jurídico y del disciplinar.

Las discrepancias que surgieron se referían a puntos secundarios: naturaleza y funciones del agente organizador, sucésión de las almas, duración del período prerracional, &c. Acerca de esta última cuestión, o sea del día preciso en que el alma humana se une al cuerpo del embrión, hubo tal diversidad de pareceres que, como dice Isaac Cardoso, «tot sunt discrepantes sententiae circa foetus animationem, ut spatio decimestri, nullus sit mensis in quo varii auctores non arbitrentur animam rationalem infundi»{41}. Pero la culpa no era de los filósofos, sino de los médicos, que desde muy antiguo andaban a la greña acerca del tiempo que se requiere para que el embrión adquiera forma y organización específicamente humanas.

Entre los que restringieron notablemente la duración de ese período se encuentran el español Fernando Mena, médico de cámara de Felipe II, quien, reproduciendo las enseñanzas del libro hipocrático De carne, redujo ese período a siete días. El médico y profesor dé la Universidad de Lovaina, Tomás Fyen, redujo todavía más la duración del período prehumano, como se ve por el título de su obra De formatione foetus, liber in quo ostenditur animam rationalem infundi tertia die (Antuerpiae, 1620), en el que invoca la autoridad de Temistio y Alejandro de [20] Afrodisia para sostener qué el alma racional prepara y organiza el cuerpo que informa. Como no faltaron opositores, escribió varios opúsculos defensivos, entre los cuales hay uno titulado Apologia adversos Antonium Ponce Sancta Crux, en que trata de rebatir los argumentos del célebre médico de Felipe IV, Antonio Ponce de Santa Cruz. En defensa de Fyen salió Vicente Robin con la obra Synopsis rationum Fieni et adversariorum (Dijón, 1632), y algo más tarde el notable médico y filósofo judío Isaac Cardoso, el cual dice que «placuit novitas recentioribus philosophis et medicis»{42}, y añade por su cuenta: «Ex omnibus istis sententüs eligere potiorem et quae magis rationi sit consentanea omnino est difficillimum, et captum humanum excedit exacté diem et témpus assignare, quo anima intelligens corpori adveniat, sed si nostrum judicium liceat intérponere, probabilius, nobis videtur et vérisimilius animara ingredi tribus primis diebus conceptionis, quae f uit sena tentia Antonini Philosophi, Rabenu Acodos idest nostri Magistri santo, sic enim per excellentiam vocatur Rabi Juda apud veteres et récentiores Haebreos»{43}.

En vista de tales controversias, Jerónimo Florentino escribió una obra titulada De hominibus dubüs baptizandis (Lugduni, 1658) en que trata de demostrar que la cuestión del momento de la infusión del alma humana está todavía en tela de juicio „y que, por consiguiente, se debían bautizar los embriones de cualquier edad. Algunos se escandalizaron y denunciaron la obra a la Congregación del Indice; pero no fué condenada, y, en cambio, obtuvo la aprobación 'de varias universidades, como las de París, Reims, Viena, Praga, &c.

En los escritores poco o nada escolásticos dé este período se encuentran algunos otros brotes de la doctrina de la animación inmediata. Pedro Pomponazzi, por ejemplo, profesaba el «generacianismo», y el médico Daniel Sennert defendió el «traducianismo». Contra éste escribieron Julio César della Gallo y Juan Freitag; pero salió en su defensa Juan Sperling, que [21] mantuvo violenta polémica con Juan Zeisold, profesor en la Universidad de Jena y defensor del «creacionismo».

5) Período preformista.– Aunque el «preformismo» de algunos filósofos griegos parecía haber sido totalmente aniquilado por el «epigenismo» aristotélico, lo cierto es que no dejó dé: levantar cabeza de vez en cuando; y así le encontramos profesado por nuestro Séneca{44}, y San Alberto Magno se lamenta de que ese error «usque hodie mulo nostri temporis errore pleni Nomines defendunt»{45}, y en el siglo XVII resurgió con tal ímpetu, que casi ahogó la doctrina contraria, triunfando durante cerca de dos siglos y constituyendo un caso singularísimo de alucinación científica colectiva, precisamente cuano do se comenzaba a emplear el microscopio en el estudio de la embriología.

Los primeros nuevos brotes del «preformismo» se encuentran en una obra del médico veneciano José dégli Aromatari{46}, el cual decía qué en las semillas se encuentran formados y en miniatura todos los órganos de las plantas, y por lo que se refiere a los animales, dice : «Quod attinet ad ova gallinarum, existimamus quidem pullum in ovo delineatum esse, antequam formetur a gallina

Más tarde (1669), el gran fisiólogo holandés Juan Swammerdam, el primero que observó la segmentación del óvulo fecundado, fundándose en la observación de los insectos, especialmente de las mariposas, sostuvo que en los órganos genitales femeninos se encuentran los animalillos perfectamente organizados, que sólo han menester de crecimiento; de donde dedujo [22] que «nullus in rerum natura generationi, sed soli prapagationi vel incremento partium locus esse videtur»{47}. Poco después llevó las cosas al extremo, formulando la teoría de la incapsulación: si en el óvulo hay un animalito completamente organizado, estará dotado de órganos genitales, y, si es hembra, tendrá ovarios y óvulos y en ellos habrá otros animalitos más pequeños provistos también de todos los órganos, y así sucesivamente.

Aplicada al hombre esa doctrina, nació la leyenda de los homúnculos, y Swammerdam no tuvo reparo en predecir que dejaría de existir la Humanidad cuando se agotara el depósito de «homúnculos» que Dios depositó en los ovarios de Eva y que se han ido repartiendo entre sus descendientes del sexo femenino.

El ilustre médico italiano, Marcelo Malpighi{48}, apoyó la tesis preformista, asegurando que, según su experiencia, por muy pronto que se observe el huevo fecundado de gallina, siempre se encuentra en él un pollito ya organizado; pero el apoyo principal vino de los naturalistas que empezaban a utilizar el microscopio en el estudio de los elementos germinales masculinos.

Antonio Leeuwenhoek{49}, el descubridor de los espermatozoos, creyó haber encontrado en el semen unos animalillos, y pocos años más tardé (1699), Francisco de Plantade (Dalempatius) dibujó «homúnculos» encapuchados, que decía haber copiado del natural. Léeuwenhoek reprodujo las figuras, dándolas como fiel representación de la realidad.

Causa maravilla ver la seriedad con que otros micrógrafos daban por realidades objetivas los productos de sus alucinaciones. R. Garden (1693), N. Andry y N. Hartsoeker (1722) también aseguraban haber visto los «homúnculos»: O. Jacobaéus (1676) decía que había observado una ranita microscópica en [23] l óvulo de rana no fecundado. Gautier d'Agosty{50} afirmaba muy en serio que, observando al microscopio sémen de animales, había visto gallitos, caballitos y burritos con grandes orejas.

Como si esto fuera poco, es de ver la seríedad con que hombres insignes por su saber y probidad científica se dedicaban a calcular el número de hombrecillos o animalillos que se encontraban incapsulados en los primeros representantes de la especie. Por no citar más que un ejemplo, qué es muy significativo, recordaremos que el gran fisiólogo Alberto von Haller, cuyo tratado de fisiología es, según Needham, «probably the greatest text-book of physiology ever written»{51}, hace el siguiente cálculo del número de «homúnculos» contenidos en el ovario de nuestra primera madre: «Invenio, si mille milliones hominum una in telluris superficie vivunt, et si generationem unam facias 30 annorum, et annos telluris 6.000; generationes fieri 200; et milliones hominum ad 200.000»{52}.

Prescindiendo de otras fantasías (lucha entre «homúnculos», su reproducción, su circulación por la atmósfera, &c.) y de la controversia entre «ovulistas» (que ponían los «homúnculos» en los óvulos) y «espermatistas» (que los ponían en los espermatozoos), conviene recordar que ya Swammerdam suponía que los «homúnculos» están dotados de alma racional antes de la fecundación. Otros, más atrevidos, supusieron que tuvieron alma racional desde el principio del mundo{53}, y la serie creciente de errores culmina en el sustentado en el siglo XVIII, por Duvigier, el cual, para explicar la transmisión del pecado original, daba por supuesto que los «homúnculos» existentes en el cuerpo [24] de Adán y que constituían toda la humanidad, dieron su consentimiento al pecado de nuestro primer padre.

Un caso semejante de alucinación no se da en la historia de las otras ciencias, y es verdaderamente asombroso el hecho de que filósofos de la talla de Malebranche{54}, Leibniz{55} [25] y Wolff{56}, y cultivadores de las ciencias biológicas de tanto renombre como Swammerdam, Leeuwenhoek, Malpighi, Boerhave, De Graaf, Vallisnieri, Bonnet, Haller, Spallanzani, Buffon, Cuvier, &c.{57}, aceptaran sin titubear el preformismo, contribuyendo con su gran autoridad a que generalmente se le tuviera como doctrina fundada en tan sólida observación, que no dejaba lugar a la menor duda, hasta el punto de que todavía era la más común en el primer cuarto del siglo XIX{58}.

Supuesta la verdad del preformismo, el momento de la infusión del alma espiritual no ofrecía dificultad especial. Si en cualquiera de los elementos germinales hay un «homúnculo», o sea un cuerpo humano perfectamente organizado, los mismos principios de la psicología escolástica exigen que se le suponga dotado de alma racional. No es, pues, de maravillar [26] que, junto con la doctrina epigenética, fuera generalmente desechada la tesis de la ánimación retardada.

6) Período contemporáneo.– El torrente preformista arrastró a la inmensa mayoría de los biólogos de tal modo, que entre los que resistieron su empuje no se encuentra más autor de relieve que Gaspar Federico Wolff, quien en su tesis doctoral{59} y en otros escritos posteriores, particularmente en su polémica con A. von Haller, rompió lanzas en favor del epigenismo aristotélico.

A causa de la imperfección de la técnica microscópica era desconocida la naturaleza de los gérmenes, hasta el punto de que él gran embriólogo Carlos Ernesto von Baer todavía pensaba en 1827 que los elementos germinales masculinos eran animalillos, y por eso los bautizó con el nombre de spermatozoa. Hasta que A. Kölliker, en 1841, describió su histogénesis, no se conocía con certeza su carácter celular; y el modo de la fecundación, o sea la unión de las células germinales, no fué conocido hasta que en 1875 le observó Oscar Hertwig en algunos animales.

Con estos descubrimientos y con el estudio de las primeras fases del desarrollo embrionario en muchas especies del reino animal, resurgió con ímpetu irresistible la doctrina epigenética de Aristóteles, y quedó oprimida por la losa del ridículo la teoría preformista, que en mal hora había triunfado durante largos años{60}.

Pero la doctrina epigenética, tal como la había formulado Aristóteles y la había resucitado G. F. Wolff, tuvo que sufrir algunos retoques. No se puede, per ejemplo, admitir que el embrión se desarrolle a partir de una substancia homogénea y, por consiguiente, desprovista de vida. La vitalidad y heterogeneidad de partes del óvulo fecundado son cosa que hoy no puede ponerse en duda; pero aparte de la heterogeneidad [27] de los elementos celulares visibles al microscopio, que no basta para explicar los fenómenos de la ontogénesis, se ha tratado de encontrar otra heterogeneidad de elementos más profundos, sin que hasta el presente se haya logrado otra cosa que señalar las llamadas localizaciones germinales, o sea regiones del óvulo que contienen, no formalmente, como decían los preformistas, sino virtualmente o en potencia los futuros órganos del embrión{61}.

La caída ignominiosa del preformismo parece que debiera haber arrastrado consigo la tesis de la animación inmediata, que era su lógica consecuencia; y, sin embargo, no fue así, sino que a falta de su fundamento experimental sé ha tratado de cimentarla en otras razones, cuya fuerza analizaremos más adelante. Lo cierto es que si no casi todos, como se dice a veces, con manifiesta y parcial exageración, son muchos los filósofos, teólogos y canonistas que todavía la defienden.

 
Fundamentos de la doctrina tradicional

Los principios filosóficos y experimentales en que se cimienta la tesis de la animación retardada son tan claros y sencillos, que no han menester de larga exposición, al menos para quién coiioce la psicología escolástica.

Una de las premisas de la demostración, con raíces en la alta metafísica, es el concepto de alma expresado en la célebré definición aristotélica: «Actus primus corporis physici organici»{62}, [28] que traducida fielmente en términos más sencillos dice que el alma es la forma substancial del cuerpo organizado.

Dado que hoy no identificamos los conceptos de orgánico y organizado, es preciso, para evitar confusión, poner la palabra organizado donde el texto griego y algunos latinos dicen orgánico{63}. Para los antiguos significaba lo mismo orgánico qué organizado, como puede verse en el siguiente texto de Santo Tomás: « Est autem propria materia animae corpus organizatum: est enim anima «entelechia corporis organici physici potentia vitam habentis» (II de Anima, 1). Si igitur anima (Christi) a principio conceptionis corpori fuit unita, ut ostensum est, necessarium fuit ut corpus a principio conceptionis organizatum et formatum esset. Et etiam organizatio corporis ordine praecedit animae rationalis introductionem»{64}.

Si, pues, el alma, en su concepto genérico, dice relación trascendental a un cuerpo organizado, cada especie de alma dirá relación esencial a un cuerpo que tenga la organización específica correspondiente, y el alma humana no será forma substancial de un cuerpo organizado cualquiera, sino de un cuerpo dotado de organización específicamente humana. Por eso Santo Tomás enseña que «si quis quaerat causam materialem hominis, non debet assignari pro causa ignis et terra, quae sunt materia communis omnium generabilium et corruptibitium, sed debet assignari propria materia, ut caro et os et hujusmodi»{65}. Y en otro lugar, después de haber enumerado algunas de las disposiciones que debe tener el cuerpo con que se une el alma humana, para no entretenerse en describirlas [29] todas, dice: «Et per istum modum ratio dispositionis humani corporis est assignanda quantum ad singula quae sunt homini propria»{66}.

Por otra parte, no se debe echar en olvido que el alma humana, por lo mismo que es forma substancial del cuerpo, «non habet speciem completam; sed corpus advenit et ad completionem speciei»{67}. «Anima non haber perfectionem suae naturae extra corpus, cura non sit per se ipsam species completa alicujus naturae, sed sit pars humanae naturae: alias oporteret quod ex anima et corpore non firet unum nisi per accidens»{68}. Luego ha menester de un complemento esencial, específico, que evidentemente ha de ser distinto del que complete otra especie cualquiera de alma; y de ahí es el que con muchísima razón condenase Aristóteles{69} y calificase de absurdo el modo de proceder de los que no se preocupaban de determinar las condiciones que debe reunir el cuerpo que ha de ser informado por el alma; pues así dejaban abierta la puerta a la metempsicosis. Santo Tomás{70}, apurando las consecuencias contenidas en él concepto de alma, muestra la necesidad de que cada alma en particular sea recibida en un cuerpo especialmente organizado y adaptado para ella.[30]

Toda esta argumentación se reduce a la brevísima que emplea Santo Tomás para desbaratar la tesis de los que afirman que el alma puede estar en el semen, aunque en él, por falta de órganos, no se manifiesten las operaciones vitales: «Cum anima uniatur corpori ut forma, non unitur nisi corpori cujus est actus. Est autem anima actus corporis organici (II de Anima, c. 1). Non est igitur ante organizationem corporis»{71}. Este mismo razonamiento sirve para demostrar la infusión tardía del alma racional, con sólo añadir que ésta es la forma del cuerpo humano, y por tanto, no puede existir antes de que el embrión adquiera organización específicamente humana.

A la misma conclusión se va a parar si se considera el fin de la unión del alma humana con el cuerpo; porque no es sólo para encontrar en él su complemento substancial, sino también para poder ejercer la función intelectiva, que presupone la existencia de órganos específicamente humanos: «Si propter hoc anima humana unibilis est corpori, quia indiget accipere species intelligibiles a rebus mediante sensu, necessarium est quod corpus cui anima rationalis unitur, tale sit ut possit esse aptissimum ad repraesentandum intellectui species intelligibiles»{72}.

Estos principios llevan derechamente a la conclusión de que el alma racional no se puede unir con el cuerpo mientras éste no tenga organización específicamente humana: y por eso no causa asombro el ver que algunos partidarios de la animación inmediata, que vieron con claridad cuál es el principal fundamento filosófico en que se apoya la sentencia contraria, hayan tratado de impugnarla rechazando la definición que da Aristóteles del alma. Tal hicieron, por ejemplo, el insigne psicólogo José Fröbes, S. J.{73}, y los médicos Isaac [31] Cardoso{74} y Pablo Zacchia{75}. Pero el filósofo cristiano, al definir el alma humana, no puede echar en olvido que, según enseñan los Concilios de Viena y Lateranense V, «anima rationalis seu intellectiva est vere, per se et essentialiter humani corporis forma»{76}.

Por otra parte, es preciso tener en cuenta lo que implica el concepto de generación en los vivientes, que no se ha de confundir con la fecundación{77}. Según el concepto clásico, para que haya generación no sólo se requiere que los genitores suministren los elementos germinales, sino que, además, es necesario que formen el nuevo ser y le organicen y le preparen para la unión del alma racional, que es lo menos que pueden hacer para ser verdaderos padres. Ni pueden hacer más, como no sea cooperar a la unión del alma con el cuerpo{78}; ya que su acción no se extiende a la producción del alma humana, [32] que, por ser espiritual, tiene que ser creada{79}. De donde se sigue que a la infusión del alma racional debe preceder todo el proceso generativo, o sea la producción de los elementos germinales, la fecundación y la organización del cuerpo y su preparación para la unión con el alma humana, pues, como enseña Santo Tomás, «generado non sequitur, sed praecedit formam substantialem»{80}. «Anima intellectiva creatur a Deo in fine generationis humanae»{81}. Por eso procedían lógicamente los preformistas al negar la generación y decir con Swammerdam: «Nullus in rerum natura generationí, sed soli propagationi vel incremento partium locos esse videtur». Si los padres no forman el organismo del hijo, no hay generación propiamente dicha. [33]

Si la unión del alma racional con el cuerpo es la última fase del proceso generativo, y si éste implica la preparación del embrión hasta adquirir forma y organización específicamente humanas, es necesario admitir la tesis de la animación retardada, con todas sus consecuencias, por extrañas que puedan parecer. M. Liberatore, S. J., expone así este argumento: «Sicut omnis explicatio, quae subsequitur formationem organismi humani habet rationem augmenti, sic omnis evolutio, quae formationem illam antecedit, habet rationem generationis. Atqui forma non est principium sed terminus generationis. Ergo anima, quae forma est humani corporis, antequam hujus organismus efformetur, non infunditur»{82}.

Es claro que esa acción directa y constructiva de los genitores exige una potencia especial que organice el cuerpo del hijo a partir del germen hasta constituirle materia dispuesta para recibir el alma humana; y por eso los antiguos admitieron la existencia de una especie de potencia generativa, que denominaron potencia o facultad o virtud formativa, de la que nos ocuparemos después.

Todos esos principios filosóficos son admitidos, no sólo por los partidarios de la animación retardada, sino también por algunos de los defensores de la animación inmediata, y de ellos han sido deducidas conclusiones opuestas; y es que a esas premisas filosóficas hay que añadir otra del orden empírico, suministrada por la embriología, sobre la cual no están de acuerdo los mantenedores de las tesis contrarias. Se trata del dato positivo de en qué fecha del desarrollo embrionario se cumplen las condiciones necesarias para que el alma racional informe el cuerpo: si en el momento de la fecundación o en época posterior.

En la doctrina tradicional se daba por inconcusa la teoría «epigenista» formulada por Aristóteles y aceptada sin discusión por los médicos árabes y latinos consultados por los antiguos escolásticos, según la cual la generación no es un [34] fenómeno instantáneo, sino un largo proceso, que dura varias semanas, y que uno de los médicos con frecuencia citado por ellos, Juan Fernel (Fernelius), describía así en la primera mitad del siglo XVI: «Seminis portiones quae a tribus parentum principiis defluxerunt, comparent in primis medio semine in tres quasi bullas digestae spiritu facultateque confertas: eae rudimenta sunt jecoris, cordis et cerebri... aliae portiones crassiusculae apparent, quae in ossa abiturae sunt; aliae tenues ae liquidae, ex quibus nervi fiant et venae atque membranae... Hujus operis nonnihil jam die septimo cerni potest, at multo apertius decimoquinto quum in semine jam conspicuae sint partes et substantia et situ discretae. Post id temporis ex idonea materia conformatrix facultas opus aggressa, primum rudia et inchoata principia, cor, jecur ac cerebrum in propria loca sejungit propriaque figura ac especie exornat... Tunc temporis e jecore tum vena porta tum cava multiplici sobole dispergitur, et e corde arteria, e cerebro spinae medulla caudicis instar, e qua et nervi filis aranearum tenniores emergunt; ventriculus, intestina, vesica... Cutis concrescit omnia contegens... ossa figuram, sensimque duritiem conquirunt... Die quidem vicesimo séptimo partes omnes et dispositae et conformatae quodammodo jam apparent, sed perfectae in maribus die tricesimo, in foeminis tricesimo sexto»{83}.

Ante descripciones como ésta, presentadas sin sombra de duda, ¿qué habían de hacer filósofos y teólogos, sino aceptarlas a ojos cerrados y fundar en ellas, como en sólidos pilares, la tesis de la animación retardada? Variaron los tiempos, y con ellos las enseñanzas de los embriólogos, que en el período del «preformismo» dieron de lado a toda la embriología precedente y difundieron como hecho rigurosamente comprobado la fábula del «homúnculo». No es, pues, de extrañar qué gran cantidad de filósofos, teólogos y juristas no tuvieran reparo en cambiar la tesis salvaguardando, sin embargo, los principios filosóficos: la nueva embriología enseña que desde el primer [35] momento de la fecundación se encuentran en el germen todos los órganos perfectamente formados; luego se debe decir que tiene todas las condiciones para la recepción del alma racional; y por consiguiente es necesario admitir que el alma humana se une al «homúnculo» en el instante mismo de la fecundación. ¿Qué otra actitud podían adoptar los profanos cuando las lumbreras de la embriología estaban concordes en proclamar como hecho incontrovertible la existencia de los «homúnculos», que muchos dibujaban y decían haber visto mediante el microscopio?

Pero el viento volvió a soplar hacia el cuadrante aristotélico-epigenista; los embriólogos modernos se cubren la cara, avergonzados de la colosal alucinación que padecieron sus inlnediatos predecesores, y proclaman muy alto que no se da tal preformismo ni cosa que se le parezca, que la ontogénesis «est surtout une epigénése, en ce sens que rién de ce qui constituera l'étre adulté n'existe comme tel dans le germe. Tout s'y crée léntément et progressivement, par un travail constructif qui a son siége dans les matériaux des localisations germinales et qui finit par en faire des organes et des structures fonction nelles»{84}.

En vista de esta nueva posición de los embriólogos, ¿se ha de cambiar otra vez de tesis, volviendo a la antigua de la animación retardada? Algunos piensan que sí; otros juzgan más prudente quedarse donde estaban, sea porqué la inercia mental los mantiene en su puesto, sea que, escarmentados, temen nuevas variaciones de la ciencia experimental, y otros, por último, creen que los datos de la embriología actual son favorables a la doctrina de la animación inmediata. Se impone, pues, un examen, aunque sea sumarísimo, de los nuevos elementos de juicio qué para la solución de este problema suministra la ciencia embriológica.

1) Prescindimos de las teorías formuladas por W. His{85}, [36] W. Roux{86}, A. Weismann{87}, O. Hertwig{88}, y otros, las cuales, por lo mismo que están en la categoría de teorías, no pueden suministrar base cierta para una demostración.

2) Los elementos germinalés (óvulos y espermatozoos), lo mismo que el germen u óvulo fecundado, que resulta de su unión, son indudablemente seres vivos. Este hecho, bien demostrado, corrige la afirmación de Aristóteles, y de tantos otros antiguos, los cuales, dando por cierto que el principio germinal está constituido por materia no incorporada al organismo viviente, y viendo que se trataba de substancia líquida, negaron que estuviera dotado de vida.

3) El examen microscópico hace ver con toda certeza que el germen posee vida, forma y estructura celular, y los fenómenos de la ontogénesis obligan a admitir, aunque con el microscopio no se logre descubrirlo, que no se trata de una célula cualquiera, sino dé una célula provista del maravíllalo poder dé modelar un organismo sumamente complicado{89}. Así, pues, y no obstante lo rotundo de la expresión, es necesario corregir la primera parte de ésta frase aristotélica: «Semen habere animam in potentia, et esse potentia partes animatas, palam est»{90}.

4) Si el germen es un ser vivo, como demuestran las operaciones que en él se verifican{91}, tiene qué estar provisto no sólo de partes heterogéneas, sino de verdaderos órganos, [37] mediante los cuales ejerza las funciones vitales, y además tiene que contener una o varias substancias, en que se sustenten la potencia o potencias que han de organizar el futuro cuerpo humano{92} y le han de hacer semejante al de los padres, y qué, por lo mismo, tienen que ser específicamente humanas. Estas exigencias sólo en parte bastante exigua han hallado confirmación directa y experimental, pues los procedimientos técnicos empleados son todavía muy imperfectos para correr el velo que oculta la íntima composición del óvulo fecundado. A falta de un estudio directo del germen humano, hay que atenerse a la simple analogía de lo que sucede en óvulos fecundados de otras especies animales no muy afines a la humana, y aun así, los resultados son harto genéricos e imprecisos.

5) El óvulo humano, como el de cada especie animal, tiene forma característica, y debe de tener composición química específica{93}; pero lo cierto es que el examen microscópico todavíaa no ha permitido descubrir en él ningún elemento estructural [38] que no se encuentre en células no germinales; por otra parte, el análisis bioquímico no ha podido ser aplicado con fruto al germen humano{94}, y en consecuencia se ignora por completo cuáles sean las substancias químicas específicamente humanas que son el sustentáculo de las energía ontogénicas{94 bis}; así como también se desconoce la función morfogenética que puedan ejercer los elementos estructurales del germen. Desde luego, de órganos semejantes, o siquiera análogos, a los del organismo humano no se encuentra ni rastro. Tiene que haber en el germen partes heterogéneas cada una de las cuales esté dotada de la energía necesaria para producir determinados órganos; pero éstos sólo existen allí en potencia o virtualmente, como enseña la doctrina epigenética.

6) Por observación directa de gérmenes de otros animales, se descubre que los materiales del citoplasma germinal no están distribuídos de manera homogénea; sino que en tal germen se ven dos polos, alrededor de cuyo eje se distribuyen simétricamente las substancias; pero la polaridad y la simetría no son caracteres específicos del óvulo fecundado, sino que también se observan, aunque en menor escala, en las células germinales antes de su unión{95}.[39]

7) Como consecuencia de numerosos experimentos, sobre todo en gérmenes dé animales inferiores, se admite la existencia de los que Guillermo His denominó territorios germinales órganoformativos («organbildende Keimbezinke»), o sea regiones del óvulo fecundado en que están localizadas las substancias portadoras de potencia para producir determinados órganos{96}. Pero esto no implica una organización que represente en miniatura el futuro embrión, sino que sólo significa que esas substancias no están distruibuídas de manera homogénea por todo el germen, sino que están agrupadas en territorios más o menos delimitados{97}. Es muy de notar [40] que las «localizaciones germinales» ya comienzan a manifestarse en la fase ovular de «oocito de primer orden»{98}.

8) Tampoco se observa la diferenciación de órganos en el período de segmentación, durante el cual el germen se divide y subdivide en multitud de células, cada vez más pequeñas, y se van separando las substancias órganoformativas; pero sin que todavía aparezca ni siquiera un esbozo de los futuros órganos{99}; pues la labor morfogenética comienza propiamente después del período de segmentación{100}.

9) En resumen: a) La embriología moderna adopta la [41] doctrina «epigenista» de Aristóteles, corrigiéndola en lo que a la vida de los elementos germinales se refiere, y completándola en otros muchos detalles, particularmente en el relativo a la distribución o localización de las energías órganoformativas y de las substancias en que residen.

b) En el óvulo fecundado existen indudablemente órganos, llámense organitos, orgánulos, o como sé quiera, que el nombre no hace al caso, puesto que se dan operaciones vitales; pero tales órganos difieren «toto caelo» de los que más adela:zté han de ser órganos propiamente dichos del cuerpo humano.

c) Si a estos hechos se añaden los conceptos clásicos de alma humana y de generación, interpretados según la tradición escolástica, es necesario concluir que el alma racional no puede ser recibida en el óvulo fecundado, sino qué tiene que ser infundida posteriormente, como sostienen los partidarios de la animación retardada.

d) Es indudable que en óvulo fecundado existe en potencia el futuro organismo humano; pero, si no se quiere confundir la potencia con el acto, y la causa con el efecto, no puede deducirse de ahí que un organismo humano en potencia es materiaa apta para la recepción del alma racional.

e) Si, para desvirtuar la fuerza del argumento, se dice qre el germen de que se trata es un cuerpo vivo que contiene substancias y energías que sólo se encuentran en el germen humano, y, por consiguiente, que ya se dan las condiciones esenciales para la recepción del alma racional, se puede responder: 1° Es necesario demostrar que tales condiciones son suficientes para que el germen sea apto para ser informado por el alma racional: asserentis est probare, según el viejo precepto lógico. 2° Habría, además, que probar que es preciso interpretar la definición del alma de manera muy distinta de como la interpretó la tradición aristotélico-escolástica. 3:° En todo caso, esa interpretación ha dé ser tal qué de ella no pueda deducirse que el óvulo humano no fecundado está dotado de alma espiritual ; pues también es cuerpo vivo que contiene substancias y energías, que no se encuentran en óvulos pertenecientes a otras especies animales. [42]

 
Fundamentos de la tesis de la animación inmediata

Dejando a un lado los errores traducianistas y preformistas, que por algún tiempo fueron los pilares más sólidos de la animación retardada, pero que hoy ya no tienen partidarios, y prescindiendo también de las razones teológicas, que no son para tratadas en este lugar, vamos a examinar sumariamente otras razones que se han aducido, siendo muy de notar, como advierte sagazmente A. Lanza{101}, que los médicos acuden a los argumentos filosóficos, como si no concedieran valor a las pruebas tomadas de la embriología, y los filósofos recurren preferentemente al argumento embriológico, como si no tuvieran gran confianza en los filosóficos.

1) Un argumento en que muchos hacen gran hincapié es el formulado en el siglo VII por San Máximo{102} en un opúsculo consagrado a esta cuestión: si el alma humana, dice, no se uniera al cuerpo desde el primer momento de la fecundación, se daría sucesión de almas y los padres no engendrarían un hombre, sino una planta o un animal, lo que es manifiestamente absurdo. A. Eschbach remacha el razonamiento diciendo: «Si primo introduceretur vegetativa anima, homo non produceret stibi simile in, specie, quod est absurdum. Etenim homo non alia ratione dici vere potest producere sibi simile in specie, quam producendo in semine omnes dispositiones essentiales atque necessarias ad humanae rationalis animae introductionem, cum animam ipsam generare nequeat, quae immediate creatur a Deo, jam vero in hypothesi prima anima vegetativa semel producta, cessaret omnis activitas hominis in generando; ulteriores dispositiones causarent vegetativae et sensitivae animae, quae esse suum neque a patre, neque a matre acceperunt, neque in virtute animae generantis, sed in propria virtutte agerent, omnia disponerent, et demum rationalis animae adventum exigerent. Quid jam homo generare dicendus foret audias: «Si in semine, ait Fienus, primo esset vegetativa (anima), inde sensitiva, inde rationalis, sequeretur illum, qui nunc est homo, prius fuisse plantam, [43] postea bestiam, et tamdem esse factum hominem, hoc est absurdum. Ergo»{103}.

Es cierto.que gran parte de los partidarios de la animación retardada admitieron que se suceden las formas substanciales en el embrión, a medida que cambian y se perfeccionan las condiciones del nuevo organismo. Dice así Santo Tomás: «In generatione animalis apparent diversae formae substantiales, cum primo appareat sperma, et postea sanguis, et sic deinceps quousque sit forma hominis vel animalis»{104}. «Anima vegetabilis quae primo inest cum embrio vivit vita plantae, corrumpitur, et succedit anima perfectior, quae este nutritiva et sensitiva simul, et tunc embryo vivit vita animalis; hac corrupta, succedit anima rationalis ab extrinseco immissa, licet praecedentes fuerint virtute seminis»{105}.

En este punto hubo y hay discrepancia entre los mismos partidarios de la animación retardada; pues, aparté de los que como Occam, Janduno, Zabarella, &c., admitían la coexistencia de las tres almas; hubo otros, como Hugo de San Víctor, Alejandro de Halles y muchos escolásticos posteriores, para quienes ningún alma precede en el embrión al alma racional y esta opinión atribuyeron a Aristóteles algunos de sus comentaristas, como Filopón y San Alberto Magno.

La misma opinión tenía Vicente de Beauvais, O. P.{106}, según el cual no puede decirse con propiedad que viva el embrión [44] antes de la infusión del alma racional, y las operaciones que en él se manifiestan deben ser atribuidas a la «virtus formativa» con la que coopera la madre. Otros, como recientemente E. Blanc, Farges-Barbedette, Hickey y Maquart, enseñan que únicamente el alma sensitiva precede a la racional.

Cualquiera que sea la solución de ese pleito, lo cierto es que no hay motivo para invocar el absurdo y rasgar las vestiduras cuando se habla de la sucesión de las almas; pues de una m:.nera o de otra tienen que admitirla todos los que no admita:. su coexistencia. Y en efecto, no puede negarse que las células germinales están dotadas, por lo menos, de alma vegetativa: almas que deben desaparecer y ser substituidas por el alma racional en el momento de la fecundación, si se admite que entonces es infundida el alma racional. Aun hay más –y es argumento que en favor de la animación retardada invoca el teólogo canadiense F. T. Murphy{107}–: en los casos de poliembrionía con producción de gemelos monozigóticos habría qué admitir nueva sucesión de almas al separarse los dos embriones. Supuesta la animación inmediata, es necesario admitir la siguiente sucesión de almas: 1ª Al separarse las células germinales de los cuerpos de los genitores, de que antes formaban parte, el alma vegetativa o animal substituye al alma racional que antes las informaba. 2ª Al fusionarse las dos células en la fecundación sería infundida un alma espiritual, desapareciendo las otras dos. 3ª Al separarse los blastómeros que han de dar origen a los dos embriones monozigóticos, sobrevendría al menos otra alma espiritual.

No hay, pues, motivo para gritar contra la sucesión de las almas, como tampoco le hay para decir que, admitida esa sucesión, los padres no engendrarían seres humanos, sino plantas [45] o animales; pues, como dice Santo Tomás, que ya previó esa objeción: «Embryo antequar,a habeat animam rationalem non est ens perfectum, sed in via ad perfectionem; unde non est in genere vel specie nisi per reductionem, sicut incompletum reducitur ad genus vel speciem completi»{108}. Además, no debe olvidarse que, por definición, sólo se puede hablar de generación vital, en sentido propio, cuando el ser producido es de la misma especie que su principio eficiente.

Todavía hay más, y es que se falsifica la doctrina de la animación retardada al suponer que en ella se enseña que, al ser producida el alma vegetativa del embrión, cesaría la acción generativa de los padres; pues las transformaciones ulteriores serían producidas por esa alma vegetativa o por la sensitiva, que la substituye. Lejos de pensar así, los defensores de la animación retardada enseñaron qué esas almas efímeras para nada intervienen en la organización del embrión, que atribuían, como queda dicho, a la actividad de los padres, que obran mediante la potencia generativa denominada fuerza o virtud formativa, la cual sigue obrando durante toda la metamorfosis embrionaria, y ella es la que dispone el organismo para la recepción de las diversas formas substanciales, incluso él alma racional. Bien claramente enseña Santo Tomás que «per virtutem formativam; quae a principio est in germine, abjecta forma spermatis, inducitur alia forma, qua abjecta, iterum indicitur alia; ut sic primo inducatur anima vegetabilis; deinde, ea abjecta, inducatur anima sensibilis et vegetabilis simul; qua abjecta inducatur, non per virtutem, vraedictam sed a creante, anima quae simul cst rationalis, sensibilis et vegetabilis»{109}.

«Non igitur ipsamet virtus quae cum semine deciditur et dicitur formativa, est anima, neque in processu generationis fit anima; sed, cum ipsa fundetur inn spiritu cujus est semen contentivum, sicut quoddam spumosum, operatur formationem corporis prout agit ex vi animae patris, cui attribuitur generatio sicut principali generanti, non ex vi animae concepti, etiam postquam anima inest; non enim conceptum generat seipsum, [46] sed generatur a patre... Relinquitur igitur quod formatio corporis, praecipue quantum ad primas et principales partes, non est ab anima geniti, nec a virtute formativa agente ex vi eius, sed agente ex vi animae generativae patris, cujus opus est facersimile generanti secundum speciem. Haec igitur vis formativa eadem manet in spiritu praedicto a principio formationis usque ad finem. Species tamen formati non manet eadem; nam primo habet formam seminis, postea sanguinis, et sic inde quausque veniat ad ultimum complementum»{110}.

Por lo qué se refiere a la paternidad, ya advirtió también el santo Doctor que «homo sibi simile in specie genérat, tum virtus seminis ejus dispositive operatur ad ultimam forman, ex quo homo speciem sortitur»{111}.

2) Otro argumento formulado en el primer tercio del siglo XIII por Alfredo de Sareshel (Alfredus Anglicus), y el único que en nuestros días alegan algunos, se funda en que el alma espiritual, única que existe en el hombre, ejerce no solamente las funciones intelectivas y sensitivas, sino también las vegetativas; y como éstas indudablemente se verifican en el óvulo fecundado, no hay ningún inconveniente en que las ejecute el alma espiritual, aun cuando por falta de órganos adecuados no pueda entonces ejercer todavía las de orden superior. Dice J. Fróbés, S. J.: «Organismus statim ab initio vegetationem ad modum animalis ostendit, scilicet nutritionem ex sola materia organica... Porro cum anima rationalis facultaltes etiam vegetativas et sensitivas comprehendat, videtur superflua complicatio, ut per proprias animas ad tempus immissas fiat, quod a forma ultima statim fieri potest. Ideo etiam recentiores Scholastica, fere universaliter veterem sententiam reliquerunt{112}.

Santo Tomás desvirtuó de manera eficaz y en pocas palabras la fuerza aparente de ese razonamiento: «Nec dici quod in semine, ab ipso principio, sit anima secundum suam essentiam completam, cujus tamen operationes non apparent [47] propter organorum defectum. Nam cum anima uniatur corpori ut forma, non unitur nisi corpori cujus est proprius actus. Est autem anima actus corporis organici. Non est igitur ante organizationem corporis in semine anima actu, sed solum in potentia{113}

Es más, si el poder ejercer funciones vegetativas fuera disposición suficiente para la unión del alma racional, ésta podría unirse con un organismo vegetal cualquiera o con las células germinales antes de la fecundación; ya que en ellas se dan, como queda dicho, operaciones vegetativas, y apurando el argumento, debiera decirse que también puede unirse con un mineral, puesto que el alma, por ser forma substancial única, no solamente es origen de la actividad vital del organismo, sino que lo es también de las operaciones físicas y químicas que en él se verifican; pues en el ser vivo no hay más fuente dé actividad que la forma substancial que llamamos alma.

3) Menor consistencia tiene aún otro argumento tomado de que el cuerpo no solamente es para el alma, sino qué se adapta al modo de ser del alma, y, por consiguiente, el alma es la que ha de modelarle y disponerle según sus propias condiciones, a fin de que le sirva de instrumento adecuado a sus operaciones; por donde con razón dijo Aristóteles que «anima est e fficiens causa corporis»{114}.

Eso de que el alma organiza su propio cuerpo tiene larga historia; pues ya lo enseñaron Alejandro de Afrodisia, Temistio{115}, Lactancio y San Gregorio Niseno, y lo repitieron en el siglo XVII Tomás Fyen y Pablo Zacchia y los animistas de los siglos siguientes, los cuales, considerando las maravillas de la organización de los seres vivos, sostuvieron que sólo un alma inteligente puede ser la causa eficiente de tan asombrosos efectos.

En buena doctrina escolástica no puede decirse que una [48] misma sea causa eficiente y formal de un ser; y por tanto, no cabe afirmar que el alma humana organiza el cuerpo de que es forma; pero esto no quiere decir que otra alma de la misma especie, la de los genitores, no sea la causa eficiente de la organización del cuerpo del hijo. Un alma de categoría inferior no podría organizar un cuerpo humano y prepararle para recibir el alma racional. Por eso no les falta razón a los que exigen la intervención del alma humana en la organización del cuerpo humano; pero se apartan de los principios escolásticos al sostener que es la misma alma singular la que organiza y la que informa el cuerpo. Santo Tomás distinguió con toda claridad lo que hay de cierto y de falso en la premisa del razonamiento de que nos ocupamos: «Quod autem objicitur corpus animae configurari, et ob hoc animam sibi corpus simile praeparare, partim quidem est verum, partim autem falsum. Si enim inteligatur de anima generantis, est verum quod dicitur; falsum autem si intelligatur de anima generati. Non enim virtute animae generati formatur corpus quantum ad primas et praecipuas partes, sed virtute animae generantis, ut supra probatum est. Similiter enim et omnis materia suae formae configuratur: non tamen haec configuratio fit ex actione generati, sed ex actione formae generantis»{116}.

4) Algunos partidarios de la animación inmediata no discuten los principios filosóficos en que se apoyan sus adversarios .sino que, aceptándolos plenamente y fundándose en ellos, deducen la conclusión contraria, partiendo del supuesto de que las condiciones exigidas por esos principios se encuentran plenamente realizadas en el óvulo fecundado. Dice así. por ejemplo. el P. Zeferino González, O. P.: «Nobis valde probabile videtur, foetus animationem humanam, sin minus ipso conceptionis instante, ast non multo post locum habere. Quandoquidem, si, ut ex Cangiamilae aliorumque probatissimui experimentis et observationibus constat, septimo post conceptionem die, humanam formam et organizationem prae se fert, merito conjici potest, praefatam forman ipsi advenire et inesse paulo post conceptionem, [49] quamvis hebetibus nostris oculis nondum sit visibilis aut distincte appareat»{117}.

Tenemos aquí un caso típico de lo que suele acontecer: el insigne filósofo no aduce ningún argumento de orden filosófico, sino que recurre a la embriología, y, poco familiarizado con los datos de esa ciencia, invoca la autoridad del canónigo de Palermo, F. E. Cangiamila, que no había sido precisamente un especialista en la materia; pero que ¡un siglo antes! había escrito una Embryologia sacra (Panormi, 1758), en que no sólo se muestra preformista convencido, como los biólogos de su tiempo, sino que da crédito a las fantasías de F. de Plantadés en la descripción de los «homúnculos», como puede verse en el siguiente texto: «Cum unum ex his (homunculis) grandiusculum, dum exuvias deponeret in humano semine perscrutaretur (Dalempatius), plane in eodem crura cum tibiis, pectus et brachia, qualia in ceteris hominibus, vidisse; caput enim tegumento ad instar cucullae copertum, caudam vero quartum (¿quater?) vel quinquiés toto corpore majorem; denique illud et alia consianitia mirabili agilitate lusitare, et caudaé ministerio liquidorum undas percutiendo velocissime pernatare»{118}.

En eso de hablar recio los que, con más o menos fundamento, presumen de enterados, no es éste el único caso, y conviene citar algún otro ejemplo, aunque no sea más que para disculpar a los filósofos y teólogos que se fiaron de los que aparentaban estar bien informados:

a) El médico belga Tomás Fyen, en la obra ya citada, calificaba de longe absurdissimam la doctrina de la animación retardada.

b) Otro médico insigne, Pablo Zacchía, decía que de esa doctrina se siguen magna et innumera absurda{119}.

c) El fisiólogo doctor Frédault: «Il faut dire que l'áme arrivé dés le momen't de la conception... La quéstion physiologique [50] est tellement nette que la solution est a peu prés unanime au jourd'hui»{120}.

d) Agustín O'Malley, en un artículo escrito con el fin de desacreditar las enseñanzas de Santo Tomás, decía así no hace muchos años: «At the very instant of conception, fertilization, that is when the nucleus of the spermatozoon fuses with the nucleus of ovum, the «anima intellectiva» is in fused, and the single resulting cell is a human being, person, just as the year old baby is a person. No one that has any knowledge of embryology at all now denies this fact.».{121}

e) Más recientemente escribía José Antonelli, autor de una muy leída Medicina pastoralis: «Dicimus ex embriologia et physiologia argumenta solidissima desuni ad statuendam animationem in ipso instanti conceptionis... Evolutio corporis, augmentum ipsius et tota organica harmonia, statim in fecundato ovulo evidenter apparent... Si microscopico examini subjiciatur (ovulum fecundatum), primis diebus vel horis a fecundatione, facile videntur vere mirabilia indicia organorum compositionis... Quam ob rem, ex omnibus hucusque dictis, liquet animam humanam rationalem per creationem infundi in corpus in ipso instanti conceptionis, id est cum utrumque elementum generativum simul commiscetur»{122}.

Aunque los datos embriológicos apuntados más arriba parecen suficientes para echar por tierra todas esas tan rotundas como infundadas, no será de más aducir unos textos de reconocida autoridad, que no dejarán ni sombra de duda en un punto que es fundamental en la cuestión discutida.

Para hacer ver que soñaron despiertos los que en el óvulo recién fecundado han descubierto señales evidentes de que es materia apta para recibir el alma intelectiva, basta decir que nadie ha tenido la fortuna de observar y estudiar el germen [51] humano durante la primera semana después de la fecundación, según confiesan los embriólogos.

«Sumidos en perfecta ignorancia acerca de la maduración del óvulo, ovulación, fecundación, segmentación y otros primitivos estadios evolutivos del huevo humano, por razones fáciles de comprender, nos vemos obligados a meras conclusiones de analogía en ésa parte, y suponemos que todo pasa de un modo análogo a lo observado en otros mamíferos, al menos en los más próximos al hombre en la escala zoológica. Alguna mayor luz se tiene del huevo humano de 8-15 días; y decimos de 8-15 días; porque, no existiendo ningún criterio cierto para juzgar de la edad exacta del huevo, todo se ha de fundar naturalmente en conjeturas»{123}.

«Soltanto a cominciare dalla seconda settimana dalla fecondazione nel campo dell' embriologia umana possediano reperti sicuri»{124}.

«Manca ancora qualsiasi osservazione suclle fasi iniziali dello sviluppo dell'uovo umano... Non é stato possibile esaminare fin qui nella nostra especie l'uovo in segmentazione, e la formazioné della vesicola blastodermica. Ugualmente é sconosciuto lo sviluppo dei foglietti germinativi primari, esterno ed interno, e la prima comparsa del foglietto medio. Le uova più giovani capitate all'osservazione erano già annidate nella decidua... Le osservazioni sulle prime fasi di sviluppo di altri Primati, sono ancora più incomplete che nell'uomo»{125}.

Por lo que se refiere a la organización del óvulo humano fecundado, tal como por analogía se puede determinar, cedemos la palabra al notable embriólogo Julio Chiarugi, que resume así los hechos comprobados :

«Sarebbe certamente assurdo ammettere oggi che nell' uovo prima della fecondazione o néll'uovo fecondato siano rappresentati gli organi dell'adulto... Dobbiamo considerare l'uovo non [52] come una cellula qualunque, ma come un organismo in poteriza, capace, in condizione adatte, di formarlo. La polaritá e la simmetria che in esso si manifestano, in alcuni casi anche pirima della fecondazione, dimostrano un particolare ordinamento delle sue particelle costitutive, al quale deve corrispondere lo svolgianento in direzioni determinate dei processi del metabolismo cellulare... Un seguito di azioni chimico-fisiche e chimiche, fra loro concatenate, hanno come prime manifestazioni la comparsa nell'uovo delle sostanze organizzatrici e dei centri di organizzazione... Nello stesso modo che dalla organizzazione iniziale dell'uovo traggono origine le prime differenziazioni. cosi queste determinano gradualmente le successive, finché tutti gli organi si constituiscono e acquistano la loro completo funzionalitá. Ora questa successiva creazione di parti nuove, che é la conseguenza delle transformazioni chimico-fisiche. chimiche e morfologiche, che si compiono nelle parti che le precedono nel tempo, é un processo di epigenesi. La iniziale struttura dell'uovo, concludendo, non é uniforme ma eterogenea e da questa gli deriva il carattere di germe di un nuovo essere; la organizzazione che sará propria di questo non preesiste, ma prende origine per atti successivi strettamente connessi, che si compiono durante lo sviluppo»{126}.

Resulta, pues, que, a juzgar no por lo que se haya observado en el germen humano, sino por lo que con cierto fundamento se sospecha que debe de suceder, sólo puede afirmarse, como dicen los defensores de la animación retardada, que en él no preexiste más que en potencia la organización que tendrá el nuevo ser; y mientras no se demuestre que esa potencialidad de organizaciórn es condición suficiente para la infusión del alma humana, no se demuestra la tesis de la animación retardada.

 
La energía plástica o formativa

Los adversarios de la doctrina tradicional con frecuencia no la entienden o la tergiversan, por no ahondar un poco en él conocimiento del factor [53] ontogenético, que los antiguos designaban con el nombre de vis o virtus formativa; por lo cual no será fuera de propósito detenerse un poco a describir su naturaleza y actividades.

Nace ese problema de la necesidad de responder cumplidamente a la cuestión de cuál es la causa eficiente que produce obra tan maravillosa como es el cuerpo humano, y en general todo cuerpo vivo que tiene origen por generación.

Algunos se contentaban con señalar un agente director de todos los complicados procesos ontogenéticos, y ya Galeno enumera y rechaza varias hipótesis (el semen, el espíritu contenido en el semen, la naturaleza ciega, el alma del mundo, el alma del embrión, un alma inteligente distinta de la que después ha de habitar en el cuerpo), limitándose él a confesar con tristeza su propia ignorancia y a pedir que le ayuden a salir de ella: «Maxima tristitia mecum ipse coepi investigare an aliquam de fabrica animalium validam rationem possem invenire: ac nullam hucusque potui; id quod in hoc libro testatum relinquo, peritos hac in re philosophos ortatus, ut si idoneum quippiam invenerint, nobiscum id velint sine invidia communicare»{127}.

Posteriormente fueron señaladas otras causas genéricas dé la organización: Dios (Lactancio, Gennadio, Ricardo Fishacre (O. P.), Barreda, los preformistas); el ángel custodio (Mirindolus); el alma de la madre (algunos a quien impugna Santo Tomás{128}, Gabriél, Occam, Hurtado, &c.); un motor incorpóreo (Alejandro de Halles); una fuerza vital, que no procede del alma, pero que es a modo de espíritu (los vitalistas J. Barthez, T. Bordeu, E. Saissét).

Otros descendían a determinar en concreto las causas inmediatas de las operaciones ontogenéticas, y así, el mismo Galeno, en la obra titulada De naturalibus facultatibus, señala como causa genérica la facultad generativa («vis generatrix»), que divide en dos potencias: la alterativa y la formativa [54] («vis formatrix»), subdividiendo la primera en tantas potencias distintas (la «ossifica», la «nervifica», &c.) cuantos son los tejidos o «partes similares» que se han de formar{129}. y encomendando a la segunda la función de modelar y estructurar los órganos y sistemas.

Avicena, en el Canon Medicinae, reduce a tres las numerosas potencias que para la ejecución de las operaciones generativas había distinguido Galeno, y señala así sus funciones:

«Alterum genus (virtutum naturalium) ministrat in mitriente ad hoc ut remaneat species; quod etiam in duas dividitur species, in generativam et formativam... Generativae virtutis duae sunt species: una est quae in masculis et foeminis sperma generat; altera est quae dividit virtutes, quae sunt in spermate et permiscet eas temperando secundum quod unicuique convenit membro, duns nervo complexionem propriam, et ossi complexionem propriam: hoc tamen totum provenit de spermate similium partium et similis permixtionis. Et hanc quidem virtutem vocant medici virtutem immutativam primam. Virtus vero informativa imprimens est illa ex qua, praecepto sui creatoris, procedit membrorum lineatio, et ipsorum figuratio, et concavitas, et foramina, et lenitas, et asperitas, et eorum situs, et ipsorum communitas, et ad ultimum operationes quae ex finibus dimensionum eorum pendent»{130}.

En otra obra (Lib. VI. Naturalium) reduce todavía más el número de las potencias generativas, dejando solamente dos: una, que se encuentra en el cuerpo de los padres, y cuya misión es preparar los elementos germinales, y otra, la virtud formativa, qué se transmite con ésos elementos, y cuya iunción es organizar el cuerpo del hijo. Los escolásticos siguieron generalmente esta división, estudiando con particular atención la potencia formativa, a la que Santo Tornás atribuye las siguientes propiedades: [55]

a) Es una potencia anímica{132}.

b) Es potencia activa{133}.

c) Es corpórea{134}.

d) Procede del alma del generante{135}.

e) Se sustenta en la materia gaseosa («spiritus») contenida en el semen{136}.

f) Es un agente instrumental, que obra con virtud propia y con la que le transmite el alma del generante{137}.

g) Organiza la materia y la dispone para recibir el alma{138}.

h) Saca de la potencia de la materia las almas vegetativa y sensitiva{139}.

i) Contribuye a la unión del alma racional preparando la materia para recibir la última disposición{140}.

j) No está claro si, según Santo Tomás, la potencia formativa, una vez cumplida su misión principal, persevera en el organismo{141}. [56]

Para comprender las propiedades y funciones atribuidas a este factor ontogenético, es necesario comenzar por tener presente que los antiguos tenían necesidad de armonizar tres principios distintos, o sea que: a) Los padres, según exige el concepto clásico de «generación», no solamente suministran con los elementos germinales una parte de la propia substancia para la formación del cuerpo del hijo, sino que también por sí mismos y como causas eficientes han de producir el nuevo ser, al menos preparando convenientemente el organismo embrionario para la recepción del alma humana. b) Dado que, según la doctrina tomista, la substancia no es inmediatamente operativa, los padres tienen que ejercer la función generativa mediante una potencia vital, que como todas las otras potencias reciba de la substancia su virtud operativa y sea a modo de instrumento mediante, el cual obren los genitores en la producción del hijo. c) Los padres no intervienen como agentes inmediatos en la organización del cuerpo del hijo, como quien construye y acopla las piezas de una máquina, o como el escultor que modela una estatua, sino que la causa inmediata se encuentra dentro del mismo embrión.

Para compaginar esos principios formularon la doctrina de la facultad «formativa», que acabamos de resumir, y supusieron que se trata de un instrumento separado de la causa principal (los padres), que tiene analogía con el «impulso» que impele al móvil una vez separado del agente motor principal{142} [57]

A ese agente atribuían las funciones propiamente ontogenéticas, no las nutritivas y aumentativas que en el embrión se verifican; si bien éstas cooperan al proceso embriogenético, y por eso decía Avicena: «Huic quidem virtuti (formativae) ministrantes sunt quae rem nutrimenti ministrant ad speciem custodiendam, et sunt virtus nutritiva et crescitiva»{143}.

Por lo que se refiere al sujeto en que se sustenta la potencia «formativa» no es de maravillar que erraran los antiguos, qué desconocían la composición de los principios germinales. Hoy habría que identificar ese sujeto con las llamadas «substancias órganoformativas», cuya naturaleza y propiedades nos son todavía desconocidas.

Señalada así la causa eficiente inmediata de la organización, que transmitida por los padres en los elementos, germinales empieza a trabajar desde el momento de la fecundación, y continúa su labor, por lo menos, hasta terminar la organización, cae por su base un argumento invocado en contra de la animación retardada, y que expone así el P. J. Pujiula en una obra reciente: «La embriología manifiesta que en la evolución del óvulo fecundado hay perfecta unidad de plan desde la segmentación del huevo hasta la formación y desarrollo perfecto de todos los órganos. Luego ha de existir perfecta unidad de principio» (Problemas biológicos, pág. 260. Barcelona, 1941). De acuerdo, dirán los partidarios de la animación retardada: ese principio único que, como causa inmediata, ejecuta el plan del desarrollo embrionario y fetal hasta la formación de todos los órganos es la energía formativa cuya naturaleza y funciones tan detalladamente precisaron los antiguos.

Es muy digno de especial atención el hecho de que los émbriólogos no preformistas se han visto obligados a aceptar [58] el concepto escolástico de la vis formativa. Teniendo que señalar una causa inmediata de la ontogénesis, la designaron con los nombres de archacus (Van Helmont), facultas opifex (Harvey), vis ordinatrix (Maupertuis), vis essentialis (C. F. Wolff), nisus formativus (Blumenbach), vis formatrix (v. Hanstein), energía específica formativa (Wilson, 1928), energía formativa (Brachet, 1931), potencia formativa (Enriques, 1932), fuerza directiva (Roger, 1933), &c., &c.{140}{144}.

Claramente se ve que los modernos embriólogos resucitaron con nombres nuevos el viejo concepto de la «virtus formativa». La novísima rama de la ciencia biológica, denominada Embriología causal o analítica, que se ocupa de las causas inmediatas del desarrollo embrionario{145}, tiene un antecedente [59] muy antiguo en la doctrina escolástica, pues no es otra cosa la nueva ciencia que él estudio del modo de obrar de la «potencia formativa».

 
Conclusión

De lo dicho fácilmente se desprende que el problema del momento de la animación del embrión humano todavía no ha recibido una solución definitiva, digan lo que quieran algunos escritores que no dan muestras de haber tenido en cuenta todos los datos necesarios para formular sentencia inapelable contra la doctrina tradicional{146}.

Dicho queda, y repetido, que en este pleito es preciso tener presente dos órdenes dé principios: unos filosóficos, y otros empíricos; no bastando ni los unos ni los otros, por separado, para dar fundamento sólido a una demostración convincente. Los primeros no han sido desvirtuados por los ataques de los partidarios de la animación inmediata; si bien es preciso reconocer que tampoco los que en ellos se apoyan han demostrado su invulnerabilidad. Las definiciones de alma y de generación, tal como las formulan e interpretan generalmente los escolásticos, son aceptadas sin especial oposición dentro dé la escuela; pero ésta no es razón suficiente para afirmar que nc cabe modificarlas, si se demuestra la necesidad de hacerlo. Pero mientras eso no se demuestre, y hasta el presente no se ha demostrado, no hay motivo para rechazarlas, y es preciso aceptar las conclusiones que de ellas se derivan.

Por otra parte, la base empírica de la demostración tradicional, o sea que en el germen u óvulo fecundado ni existen actualmente, sino sólo en potencia, órganos espécíficamente [60] humanos es una verdad demostrada por la moderna embriología, si se da a la palabra órgano la significación que comúnmente tiene en las ciencias biológicas. Pero no se debe disimular que en el germen se verifican funciones orgánicas, las cuales, por definición, exigen la presencia de órganos, y el que no se los llame así, sino orgánulos u organitos, no cambia ésencialmente el concepto. El nudo de la cuestión está en si esos «orgánulos» son específicamente humanos y tienen disposición suficiente para la infusión del alma espiritual. Los adversarios de la doctrina tradicional dicen, que sí; pero no lo demuestran. El hecho de que en el óvulo fecundado haya polaridad, simetría y localizaciones de substancias y energías órganoformativas no es razón suficiente para decir que allí está también el alma humana; pues las mismas propiedades, aunque más atenuadas, parece tener el óvulo no fecundado, y no por eso se afirma que esté dotado de alma humana.

Resulta, por consiguiente, que no hay motivo fundado para condenar por anticuada la doctrina tradicional de la animación retardada; si bien tampoco se puede decir que esté apodícticamente demostrada. Es preciso resignarse a decir con San Agustín: «Utrum ab homine inveniri possit ignoro quando incipit homo in utero vivere»{147}.

Fr. M. Barbado, O. P.

Notas

{1} Casiodoro, De anima, c. 7. P. L., 70, 1292.

{2} J. Pujiula, S. J., Problemas biológicos, pág. 259. Barcelona, 1941.

{3} F. Marxuach, S. J., Compendium psychologiae speculativae, página 133, nota 1. Buenos Aires, 1933.

{4} J. Fröbes, S. J., Psychologia speculativa, vol. II, pág. 278. Friburgi Brisg., 1927.

{5} A. Lanza, La questione del momento in cui l'anima razionale é infusa nel corpo. Roma, 1939.

{6} «In generatione aliorum hominum locura habet quod dicit Philosophus, propter hac quod successive corpus formatur et disponitur ad animam; unde primo tanquam imperfecie dispositum recipit animara imperfectam et postmodum, quando perfecte est dispositum, recipit animam perfectam. Sed corpus Christi, propter infinitam virtutem agentis, fuit perfecte dispositum in instanti; unde statim in primo instanti recepit formam perfectam, id est, animam rationalem» (III p., q. 33, a. 2 ad 3).

Con esto se responde satisfactoriamente a los que, argumentando en favor de la animación inmediata, se apoyan en el hecho de que la Iglesia celebra la fiesta de Navidad (25 de diciembre) a los nueve meses después de la Anunciación (25 de marzo): lo sucedido en la organización y animación del cuerpo de Cristo no se puede aplicar a los demás hombres.

{7} A. Breitung, S. J., De conceptione Christi Domini, inquisitio physiologico-theologica. Gregorianum. 1924.

{8} Vid S. Antonino, O. P., Summa sacrae theologiae, P. III, tít. 7, c. 2, S. 2.– T. Sánchez, S. J., De matrimonio, 1. IX, disp. 20, núm. 6 s.– P, Zacchia, Quaestiones medico-legales, 1. VI, tít. 1, q. 7, núm. 14.

{9} Aristóteles, Política, 1. VII, c. 14.

{10} F. Hrozny, Code Hittite provenant de l´Asie Mineur, vers. 1350 av. J.-C., págs. 13 y 15. París, 1922.

{11} Si pugnaverint duo viri, et percusserint mulierem in ventre habentem, et egresos fuerit infans ejus non figuratus muleta mulctabitur secundum quod imposuerit vir mulieris et dabit cum postulatione. Si vero figuratus erat, dabit animam pro anima, oculum pro oculo, dentem pro dente, manum pro manu, pedem pro pede» (Exacto, XXI, 22).

{12} V. gr. S. Alfonso, Theologia moralis, 1. III, tr. 4, c. 1, dub. 1.– Prümmer, Manuale theologiae moralis, val. II, núm. 138. Friburgi Brisg., 1923, pág. 126.

{13} Si rexati fuerint viri, et percusserit quis mulierem praegnantem et abortivum quidem fecerit, sed ipsa vixerit, subjacebit damno quanto maritus mulieris expetierit et arbitri judicaverint» (Exodo, XXI. 22).

{14} Vid. I. Cardoso, Philosophia libera, 1. VI, q. 8. Venetüs. 1673, página 443.

{15} Gasparri, Codicis Juris Canonici Fontes, vol. I, núm. 167. pág. 308 s.

{16} Gasparri, Op. cit., núm. 173, pág. 330.

{17} Véase un ejemplo: «Sane quod anima intellectiva non statim a principio materiam foetus informet, plane ostendunt nonnulla sacrorum canonum decreta, quae id supponunt, et ut cetera omittamus, capas «Sicuti», 32, quaest. 2, ubi dicitur non committi homicidium ab eo, qui foetum in acero occidit ante infusionem animae, videlicet rationalis» (Conimbricenses, De anima, 1. II, c. 1, q. 4, a. 2. Venetiis, 1602, cal. 103).

{18} «Curandum ut omnes foetus abortivi quovis tempore editi, si certo vivant, bapticentur absolute; si dubie, sub conditione» (c. 747).

{19} «Si suppetat rationabile fundamentum dubitandi an foetus ille sit animatus anima rationali, tunc potest et debet baptizari sub conditione; si vero non suppetat rationabile fundamentum, nullatenus potest baptizari» (S. C. del Sto. Oficio, 5 abril de 1713.– Gasparri, Op, cit., vol. IV, pág. 60. Roma, 1926).

{20} «Omnes foetus abortivi, quovis tempore editi, sunt baptizandi (can. 747). Ratio est quia, juxta sententiam communiter receptora et ex praescripto citati canonis omnino certam, ut indubitanter putamus, foetus humanas a primo conceptionis momento anima rationali informatur. Diximus «omnino certam»; nam subjectum capax baptismi est omnis et solus hamo (can. 745) ; atqui nemo dicitur estque homo nisi habeat animam rationalem; ergo si canon cit. «praecipit» ut «omnes» foetus abortivi, «quovis tempore editi», baptizentur et quidem «absolute», si vivant, manifeste supponit, hujusmodi foetus «certo» anima rationali informari» (P. M. Cappello, S. J., Tractatus canonico-moralis de Sacramentis, vol. I, núm. 168. Taurinorum Augustae, 1928, pág. 124.– Cfr. Wernz-Vidal, Jus Canonicum, vol. IV, número 33. Romae, 1934, pág. 38.– Noldin-Schmitt, De Sacramentis, núm. 70. Oeniponte, 1935, pág. 71).

{21} «Prima specie videtur controversiam pro prima opinione (de immediata anima rationalis infusione) solvisse, cura statuat foetus qui curto vivant esse «absolute» baptizandos. Verum hujusmodi controversias solvere alienum erat a legislatore. Quare verba «si certo vivant» hoc modo complenda sunt: si cerco vivant anima rationali» (A. Vermeersch-J. Creasen, Epitome Juris Canonici, vol. II, núm. 31. Mechlinae, 1934, pág. 18).

Esta interpretación está conforme con la fuente de donde, según Gasparri, está tomado el canon: «In casibus propositis (nempe de baptismo foetus abortivi) si suppetat rationale fundamentum dubitandi an foetus ille sit animatus anima rationali, tunc potest et debet baptizari sub conditione» (Op. cit., vol. IV, pág. 60).

{22} «Ante finem tertii mensis, signa vitae solent esse incerta, et difficulter observantur propter embryonis parvitatem; unde de facto, in praxi coincidit tempus quo certe sit homo et quo vita cum certitudine observari possit. Et Ideo Codex Juris canonici tamquam generali norma practica, quae valet ordinario et in pluribus, statuere potuit can. 747: «Curadum... sub conditione». Regulariter scilicet, nisi quid certe obstet, ita est faciendum. Codex loquitur secundum ordinaria contingentia et rarissimas potest negligere exceptiones.– Idem valet etiam si redactores Codicis sententiam modernorum secuti sint de animatione inde a primo instanti conceptionis. Nam, ut notat Vermeersch (Theol. Mor. III, n, 239), Codex sententiam «minime doctrinaliter proponit, sed mere tradit practicam norman». Ceterum auctoritas Codicis in hae re non est irrefragabilis, sicut nec illa Ritualis romani. Unde sicut Rituale in praxi de baptismo in utero matris, vel de baptizandis monstris errare per plura saecula potuit, ita posset et in quaestione practica errare Codex; de quo, si constaret, esset relinquendus» (B. H. Merkelbach, O, P., Summa theologiae moralis, vol. III, número 159 y nota 3. París. 1933, pág. 131.– Cfr. Quaestiones de embryologia et de ministratione baptismatis, pág. 65 ss. Liège, 1927).

{23} «Hominem in utero materno usque ad primum mensem post conceptionem solent physiologi vocare embryonem et postea foetum». (D. M. Prümmer, O. P., Theologia moralis, vol. II, núm. 137. Friburgi Brisg, 1923, página 125).– «Foetus... ita vocatur a momento quo habet formam humanam, scilicet postquam incipit manifestari facies, i. e. post 6 hebd; antea dicebatur embryo» (B. H. Merkelbach, O, P., Quaestiones de embryologia, ectétera, pág. 5 s.).

{24} Vid. H. Diels, Die Fragmente der Vorsokratiker, vol. I, pág. 317. Berlín, 1906.

{25} Las méritos de Aristóteles como embriólogo los pondera un reciente historiador de la embriología con estas palabras: «The περιξώωυ γευέσεως the first great compendium of embryology ever written...» (J. Needham, A history of embryology, pág. 21. Cambridge, 1934).– «The depth of Aristotle's insight into the generation of animals has not been surpassed by any subsequent embryologist, and, considering the width of his other interests, cannot have been equalled» (Ibid., pág. 24).– «It is upon the great work «On the Generation of Animals» that Aristotle's welldeserved fame embryologist will allways rest» (Ibid., pág. 36).– «If I have devoted a very large space to an account of Aristotle's contributions to embryology, it is, firstly, because they are actually greater in number than those of any other individual embryologist, and secondly, because they had so profound an influence upon the following twenty centuries. Embryology from the third century B. C. to the seventeenth century A. D. is meaningless unless it is studied in the light of Aristotle's» (Ibid., pag. 36).

{26} «Conceptum inanimatum esse nemo statuerit et vita omnibus modis privatum, quippe quum nihilo minus semina et conceptus animalium vivant quam stirpes, et aliquatentis prolifica sint. Ergo animam ei inesse vegetabilem palam est... sensualemque etiam, qua animal est, tempore procedente recipi: non enim simul et animal fit et homo, nec animal et equus, eadeimque in ceteris animalibus ratio est... Constat itaque quod statuere debemus semina et conceptus nondum separatos animam vegetalem potentia, actu vero non continere, priusquam eo modo quo conceptus separati cibum trahant et affiaio talis animae fungantur: principio enim haec omnia vitam stirpis vivere videntur. Constat autem quod deinceps de anima quoque sensuali dicendum est, uti de intellectuali: omnes enim potentia prius necessario habere debent quam actu» (Aristóteles, De animalium generatione, 1. II, capítulo 3).

{27} «Mares in dextro plerumque latere quadragesimo fere die, femellae autem in laevo circiter nonagesimo moventur... Masculus, si quadragesimo exeat die... apparet foetus quantitate formicae grandioris; membra ejus conspicua sunt, tum cetera omnia, tum genitale atque oculi... Femineus vero foetus, quicumque mira tres menses corruptus fuerit, fere indiscretus prodit; qui vero quarti mensis partem sibi vindicavit, et fissus editur et celeriter adipiscitur reliquam de articulationem» (Aristóteles, De animalibus historiae, 1. VII, e. 3).

{28} Pseudo-Plutarco, De placitis philosophorum, 1. V, e. 21. Florientiae, 1750, pág. 141.

{29} «Jam vero genitus est infans, eoque pervenit, ut foemina quidem primam concretionem duobus et quadraginta diebus, cum longissime, accipiat; mas vero triginta diebus, quod longissimum. Ut plurimum enim intra hoc tempus, vel paulo minus, vel maius, ita distingui contingit» (De natura pueri. Hippocratis Opera omnia, pág. 191. Francofurti, 1596).

{30} Pseudo-Plutarco. Op. cit., 1. V, e. 15. Ed. cit., pág. 133.

{31} «Animas hominum non esse ab initio inter peteras intellectuales roturas nec simul creatas sicut Orígenes fingit; neque cum corporibus per coitum seminantur, sicut Luciferiani et Cyrillus et aliqui latinorum praesumptores affirmant. Sed dicimus corpus tantum per conjugii copulam seminari, ac formato jam corpore, animam creari et infundi» (De ecclesiasticis dogmatibus, c. 13).

{32} San Jerónimo, Epístola CXXVI, p. 1. 22 1.085 s.

{33} Aristóteles, De animalium generatione, 1. II, e. 3.

{34} «Generativas virtutis duae sunt species: una est quae in masculis et foeminis sperma generar; altera est quae dividit virtutes quae sunt in spermate, et permiscet eas temperando, secundum quod unicuique convenit membro, dans nervo complexionem propriam, et ossi complexionen propriam hoc tamen totum provenit de spermate similium partium et similis complexionis. Virtus vero informativa imprimens est illa ex qua, praecepto sui creatoris, procedit membrorum lineatio et ipsorum figuratio, et concavitas, et foramina, et lenitas, et asperitas, et ad ultimara operationes, quae ex finibus dimensionum eorum pendent. Et huic quidem virtuti ministrantes sunt quae rem nutrimenti ministrant ad speciem custodiendam, et sunt virtus nutritiva et crescitiva.» (Avicena, canon medicinae, 1. 1, fen. 1, doctr. 6, c. 2. Venetiis, 1595, pág. 72.)

{35} En el opúsculo De Potentiis animae. que figura entre las obras apócrifas de Santo Tomás, así la doctrina de Avicena: «Vis generativa est principium producendi de se tale quale ipsum est, ut ex homo hominem, plantam ex planta. Haec vis generativa habet tres vires, secundum Avicennam. Prima est seminativa, quae in masculis et feminis semen generat. Secunda est immutativa, quae sunt in seminibus permiscet temperando, secundum quod complexioni cujuslibet membri corporis formandi convenit. Tertia est, formativa, quae ex permixtis seminibus membra format et configurat» (C. 2).

{36} Avicena, VI Naturalium, c. últ.

{37} Averroes, Metaphysica, 1, VII, com. 31.

{38} Avicena, Canon medicinae, 1. III, fen. 21, tr. 1, c. 2. Ed. cit., página 921.

{39} «Tertiam sententiam sequuntur alii (haebrei), nimirum animam rationalem non infundi in corpus humanum nisi die nativitatis, eamque tenet Rabi Saul Mortera, variisque rationibus nititur probare in quodam sermone a.d c. 8. Numerorum... Neque multum distat Averroes ab ista sententia libro de anima, cum ait tunc primum animam intelligentem immitti, quando natus patrem et matrem potest appellare.» (I. Cardoso, Philosophia libera, 1. VI, q. 8. Venetiis, 1673, pág. 440.)

{40} «Quod mox ab ipsa conceptione infans rationalem animam habeat nullus humanus suscipit sensus; ... (sequeretur enim) in quoties susceptum semen humanum, etiam ab ipso momento susceptionis, perit antequam perveniat ad humanam figuram, toties damnetur in illo anima humana, quoniam non reconciliatur per Christum: quod est nimis absurdum.» (S, Anselmo, De conceptione Virginis, c. 12.)

{41} I. Cardoso, Op, cit, 1. IV, q. 8. Ed. cit., pág. 436.

{42} I. Cardoso, Loc. cit., pág. 437.

{43} I. Cardoso, Loc. cit., pág. 440.

{44} «In semine omnis futuri hominis ratio comprehensa est et legem barbas canorumque nondum natus infans habet, totius enim corporis et sequentis in parvo occultoque lineamenta sunt.» (Séneca, Quaestiones naturales, 1. III, 29, 3.– L. Annaei Senecae Opera, vol. II, pág. 236. Lipsiae, 1852.)

{45} S, Alberto Magno, De animalibus, 1. XV, tr. 2, c. 3.

{46} J. Degli Aromatari, Epistola de generatione plantarum. Venetiis, 1625.– O. Hertwig (Elementi di embriologia. Tr, tal., pág. 3. Milán, 1927) atribuye la idea a Andrés Cesalpini. En cambio, S. Roselli, O. P., la atribuye al médico español Ponce de Santa Cruz : «Opinionem de planta delitescente in semine, post Empedoclem defendit initio superioris saeculi hispanus Ponce de Santa Cruz libro peculiari vernacula lingua conscripto, quem postea alii sequuti sunt.» (Summa philosophica, II-II, q. 28, a. 4. Ed. Matriti, 1788, vol. IV, pág. 470, nota 1.)

{47} J. Swammerdam, Miraculum naturae, sive uteri muliebris fabrica. Leyden, 1672.

{48} M. Malpighi, De ovo incubato, 1672.– De formatione pulli in ovo, 1672. «Opera omnia». Londres, 1686.

{49} A. Leeuwenhoek, Observationes de natis e semine genitali animalibus. Philos. Trans. Roy. Soc., 1677.

{50} G. Agosty, Zoogénesie, ou génération de l'homme et des animaux. París, 1750.

{51} J. Needham, A history of embryology, pág. 172. Cambridge, 1934.

{52} A. von Haller, Elementa physiologiae corporis humani, 1. XXIX, sect. 2, s. 29. Ed, Venetiis, 1775, vol. IX, pág. 251.

{53} Ch. Wolff: «Hodie pro certo atque explorato habetur, foetum in utero materno non generari ex massa seminis rudi atque indigesta, sed ex corpusculo organico praexistente... Animae praexistent a prima creatione... Anima in statu praexistentiae perceptiones nonnisi obscuras habet.» (Psychologia rationalis, sect. IV, c. 2, §. 704, pág. 629.) « Dum foetus in utero formatur, anima e statu perceptionum confusarum in statum distinctarum transfertur.» (Ibid., pág. 631.)

{54} «Lorsqu'on examine au millieu de l'hiver le germe de l'oignon d'une tulipe, avec une simple loupe ou verre convexe, ou méme seulement avec les yeus, on découvre fort aisément dans ce germe les feuilles qui doivent devenir vertes, celles qui doivent composer la fleur ou la tulipe, cette petite partie triangulaire qui enferme la graine, et les six petites colonnes qui l'environnent dans le fond de la tulipe. Ainsi on ne peut douter que le germe d'un oignon de tulipe no renferme une tulipe tout entiére. Il est raisonnable de croire la méme chose du germe d'un grain de moutarde, de celui d'un pepin de pome, et généralement de tontes sortes d'arbres et de plantes, quoique celá ne se puisse par voir avec les yeus, ni même avec le microscope; et l'on peut dice avec quelque assurance que tous les arbres sont en petit dans le germe de leur semence.– Il ne parait pas même déraisonnable de penser qu'il y a des arbres infinis dans un seul germe, puisq'il ne contisent pas seulement l'arbre dont il est la semence, mais aussi un très grand nombre d'autres semences, qui peuvent toutes renfermer dares elles-mêmes de nouveaux arbres et de nouvelles semences d'arbres; lesquelles conserveront peut-être encore d'autres semences aussi fécondes que les premières, et ainsi à l'infini. De sorte que, selon cette pensée qui ne peut paraítre impertinente et bizarre qu'à ceux qui mesurent les merveilles de la puissance infine de Dieu avec les idées de leurs sens et de leur imagination, on purrait dire que dans un seul pepin de pomme il y aurait des pommiers, des pommes et des semences de pommiers pour des siècles infinis ou presque infinis... que la natare ne fait que développer ces petits arbres, en donnant un accroissement sensible a celui qui est hors de la semence, et des accroissements insensibles, mais tres réels et proportionnés a leur grandeur, a ceux qu'on conçoit ètre dans leurs semences... Ce que nous venons de dire des plantes et de leurs germes, se peut aussi penser des animaux et du germe dont ils sont produits... On voit dans le germe de l'oignan d´une tulipe une tulipe entiére. On voit aussi dares le germe d'un oeuf frais et qui n'a point été couvé, un poulet qui est peut-étre entièrement formé.» (Voy. le liv. De formatione pulli in ovo, de M. Malpighi. Voy. Miraculum naturae, de M. Swammerdam.»). On voit des grenouilles dans les oeufs des grenouilles, et on verra encore d'autres animaux dans leur germe, lorsqu'on aura assez d'adresse et d'expérience pour les découvrir. Mais il ne faut pas que l'esprit s´arrête avec les yeus; car la vue de l'esprit a bien plus étendue que la vue du corps. Nous devons donc penser outre celà que tous les corps des hommes et des animaux, qui naîtront jusqu'á la consommation des siècles, ont peut-être produits dès la création du monde; je veux dice que les femelles des premiers animaux ont peut-être éte crées avec tous ceux de même espéce qu'ils ont engendrés, et qui devaient s'engendrer dans la suite des temps.» (N. Malebranche. Recherche de la vérité, 1. I, c. 6. Ed. Paris, 1842, pág. 29, s.)

{55} «Ja tiens que les Ames, et généralement les substances simples, ne sçauroient commencer que par création, ni finir que par l'annihilation: et comme la formation des corps organiques animés no paroit explicable dans l'ordre de la nature que lorsqu'on supase une préformation déjà organique; j'en ad inferé que ce que nous apellons génération d'un animal n'est qu'une transformation et augmentation: ainsi, puisque le même corps ètoit déjà organisé, il est á croire qu'il étoit déjà animé, et qu'il avoit la même áme... Après avoir établi un si bel ordre, et de règles si générales á l'égard des animaux, il ne paroit pas raisonnable que l'homme en soit exclus entiérement, et que tout se fasse en lui par miracle par rapport à son ame... Ainsi je croirois que les ames, que seront un jour ames humaines, comme celles des autres especes, ont été dans les semences, et dans les ancêtres jusqu'á Adam, et ont existé par conséquent depuis le commencement des choses toujours dans une maniére de corps organisé, en quai il semble que M. Swammerdam, le R. P. Mallebranche, M. Bayle, M. Pitcarne, M. Hartsoeker, et quantité d'autres personnes très habiles soint de mon sentiment. Et cette doctrine est assez confirmée par les observations microscopiques de M. Lecuwenhoek (sic) et d'autres bons observateurs. Mais il me paroit encore convenable pour plusieurs raisons qu'elles n'existient alors qu'en ames sensitives ou animales, douées de perception et de sentiment, et destituées de raison; et qu'elles sont demeurées eans cet état jusqu'au temps de la génération de l'homme, à qui elles devoint appartenir; mais qu'alors elles ont reçu la raison, soit qu'il y ait un moyen naturel d'élever una ame sensitive au degré d'ame raisonnable (ce que j'ai de la peine a concevoir) soit que Dieu ait donné laa raison á cette ame par une operation particulier, ou (si vous voulez) par une espèce de transcréation.» (Leibniz, Essais de Théodicée sur la bonté de Dieu, la liberté de l'homme et l'origine du mal. Vol. I, pág. 191 ss. Amsterdam, 1714.)

{56} Ch. Wolff. Loc. cit.

{57} Los nombres de otros muchos preformistas pueden verse en la ya citada obra de Needham, A history of embryology, pág. 187.

{58} Véase lo que ya bien entrado el siglo XIX se dice en un libro de texto de fisiología, tratando de los espermatozoos: «Questi animaleti si dirigono insieme per le trombe sulle ovaie; ed ivi si danno un combatimento sino all'ultimo sangue, nel quale tutti perdono la vita, all'eccezione d`un solo, il quale, padrone del campo di bataglia, si annida, nell'ovo destinato a riceverlo.» (A. Richerand, Nuovi elementi di fisiologia, tr. it., vol. II, página 195 s. Florencia, 1815.)

{59} G. F. Wolff, Theoria generationis. Halle. 1759.

{60} «Il ne saurait plus etre question, a, aucum degré, de la vielle préformation. L'épigenése est évidente et totale, mais une épigenèse, dont toutes les étapes s'enchaînent depuis la premiére avec une rigueur fatale et prédeterminée en fait.» (M. Caullery, prólogo a la obra de V. Dantchakoff, La cellule germinale, pág. 5. París, 1934.)

{61} «L'oeuf fécondé n'est aucunement l'organisme adulte en miniature, il n'en est que le canevas sur lequel la morphogénèse brodera des méandres nombreux et compliqués. Mais ces réserves faites..., il n'en reste pas moins que la notion des localisations germinales de l'oeuf, en tant que prélude à la morphogénèse, est d'une immense valeur théorique en même temps qu'elle est extrémement commode.» (A. Brachet, La vie créatrice des formes, pág. 103 s. París, 1927.)

«Dans l'oeuf fécondé de grenuille, quelle que soit l'orientation du premier plan de segmentation par rapport au plan de symétrie bilateral, celle-ci se maintient intégralement dans tout le cours du développement; toutes les parties et tous les organes primordiaux de l'embryon s'édifient en des endroits déterminés par la constitution matérielle et dynamique de l'oeuf. Les localisations germinales sont done bien des zones formatrices. Fixées en leur place definitive par la fécondation, elles restent immuables el la segmentation n'y change rien.» (A. Brachet, L'oeuf et les facteurs de l'ontogenèse, pág. 295. París, 1931.)

{62} Aristóteles, De anima, 1. II, c, 1.

{63} En la llamada, «versión antigua» que utilizó Santo Tomás, se omite el adjetivo «orgánico». El santo, sin embargo, al comentar la definición aristotélica, advierte que «dicitur corpus organicum, quod habet diversitatem organorum». (De anima, 1. II, lect. 1)

En la edición Didot se vierte así el texto griego: «Si igitur commune quid de omni anima sit dicendum, erit perfectio prima, primusque actus corporis naturalis instrumentis praediti.» (Aristóteles, Opera omnia, volumen III, pág. 444. Parisiis, 1927.)

{64} Santo Tomás, Contra Gentiles, 1. III, c. 44.

{65} Santo Tomás, Metaphysica, 1. VIII, lect. 4.

{66} Santo Tomás, Q, de anima, a. 8.

{67} Santo Tomás, Op. cit., a. 1, ad. 1. Cfr. De spiritualibus creaturis, a. 3, ad 11.

{68} Santo Tomás, De potentia, q. 3, a. 10.

{69} «Illi autem absurdo obnoxia est tam haec sententia quam pleraeque earum quae feruntur de anima, quod conjungunt quidem animam cum corpore, ponuntque ipsam in eo, et tamen nihil prorsus determinant quam ob causam et quomodo se habente corpore... Ab illi dicere solummodo quale quid sit anima enituntur; de corpore vero, quod eam recipere debet, nihil amplius determinant, perinde quasi fieri possit ut quaevis anima, sine ullo discrimine, quodvis corpus subeat, ut Pythagoricorum fabulae dicunt.» (Aristóteles, De anima, 1. I, c. 3.)

{70} «Aristóteles, in I de Anima, reprehendit antiguos de hoc quod, dicentes de anima, nihil de proprio susceptibili dicebant; quasi esset contingens, secundum phythagoricas fabulas, quamlibet animara quodlibet corpus indui. Non est igitur possibile quod anima canis ingrediatur corpus lupi, vel anima hominis aliud corpus quam hominis. Sed quae est proportio animae hominis ad corpus hominis, eadem est proportio animae hujus hominis ad corpus hujus hominis. Non est igitur possibile animam hujus hominis ingredi aliud corpus quam istius hominis». (Santo Tomás, Contra Gentiles, 1. II, c. 73.)

{71} Santo Tomás, Contra Gentiles, 1. II, c. 89.

{72} Santo Tomás, Quaestio de anima, a. 8.

{73} «Multum eos (veteres scholasticos) in hac re movevat definitio aristotelica animam esse formam corporis organici; initio autem nulla organa adesse videntur. Sed patet definitionem animae statuendam esse secundum facta». (J. Fröbes, Psychologia speculativa, vol. II, pág. 278. Friburgi Brisg., 1927). No dice a qué hechos no se acomoda la definición aristotélica.

{74} «Dicendum definitienem esse valde obscuram neque ab omnibus eodem sensu accipitur; sed ille (Aristóteles) definit animam in statu perfecto, cum jam potest operari, non operatur vero sine organis; at nude et secundum suam simplicem essentiam considerata, seclusis operationibus, non est necessario actus corporis organici, nisi forte in potentia; id est, potest esse in corpore non organico secundum actum primum, quamvis non secundum, actum secundum.» (I. Cardoso, Philosophia libera, 1. IV, q. 8. Venetiis, 1673, pág. 441.)

{75} «Anima quid sit, Aristóteles docere voluit his verbis : Anima est actus corporis organici potentia vitam habentis, quam definitionem non esse undequaque bonam ostendunt pluribus Aemilius Parisanus et Daniel Sennert et rationem adducunt, quia anima non est actus corporis organici, cum corpus prius vivat et habeat animam, quam sit organicum, ipsa namque anima in semine existens organa sibi construit; nam alias oporteret organa ab alia anima vel ab alio agente fabricari... Verum in semine non potest dari aliud agens intrinsecum quam anima. Ergo organa fabricantur ab anima, et sic anima prius informat corpora, quam construantur organa; unde quoque sequitur corpus cujus actus est anima non habere vitam potentia, imo repugnat corpus habere vitam potentia.» (P. Zacchia, Quaestiones medico-legales, 1. IX, tit. 1, q. 1, núm. 9 ss. Venetiis, 1751, vol. II, pág. 195.)

{76} Denzinger, núms. 481 y 733.

{77} J. Gredt, O, S. B., confunde los dos conceptos: «Cum generatio eo fiat, quod ovum seu principium femininum spermate seu principio masculino fecundatur...» (Elementa philosophiae aristotelico-thomisticae, vol, I. pág. 377, Friburgi Brisg, 1921).

{78} Cayetano (In I. p., q. 118, a. 2), Soncinas (Metaphysica, 1. VIII. q. 14) y algunos otros exigen, para que haya verdadera generación humana, que la virtud formativa concurra con la acción divina. no precisamente a la creación del alma racional, sino a su unión con el cuerpo. A la mayoría de los tomistas les parece que basta decir con Santo Tomás: «Homo generat sibi simile inquantum per virtutem seminis ejus disponitur materia ad susceptionem talis formae» (I. p. q. 118, a. 2, ad 4).– Cfr. Contra Gentiles, libro II, c. 89.

{79} «Hoc quod agens agat sibi simile, contingit dupliciter: aut quia forma secundum quam similitudo attenditur, per actionem de potentia in actum deducitur; aut quia per actionem disponitur materia, ut sit necessitas ad receptionem formae... Secundum Aristotelem et Commentatorem, formae substantiales materiales pertinent ad primum modum, et anima rationalis ad secundum; et hic modus sufficit ad hoc quod agens agat sibi simile, quia non proprie forma generatur, sed compositora» (Santo Tomás, In II Sentent., d. 18, q. 2, a, 1, ad 4).– «Effectus non potest esse immaterialior sua causa: unde cum virtus generativa set potencia materiales, non potest ejus actio ad formam immaterialem terminare» (Ibid., a. 1).

«Id quod generatur, non est nisi compositum epsum, ut alibi saepe diximus : et quantum ad generationem compositi non est differentia inter hominem et alia animalia; homo enim hominem, et equus equum producit, et hoc sufficit ad unitatem genericam. Descrimen tamen est, quod homo non comproducit animam, sicut equus et alia, sed istud discrimen non impedit quin sit idem genus productionis, quia productio a termino primo et per se, quod est ipsum compositora, sumi debet. Illud tamen facit discrimen hoc, quod sicut homo cuncta excedit animalia, ita ipsius productionis modus Tria autem hic interveniunt, aut quatuor, ut possit dici vera hominis extrinsece generatio. Primo, quia exhibet alteram partem compositi, puta materiam et corpus unde generetur. Secundo, quod concurrit, et si non ad essentiam animae, sed ad ejus unionem cum corpore, et ad ejus informationem. Tertio; hinc etiam concurrit ad productionem totius compositi. Quarto, quia facit omnes dispositiones usque ad ultimam, quae sunt necessariae ad ipsius animae introductionem; et eta concurrit quoque dispositive. Et haec sunt satis ad univocam generationem, licet in essentia animae sit discrimen ob ipsius perfectionem... Homo enim causa est hominis, non quod formam faciat, hoc enim per accidens est in generatione, sed quo compositum, sicut dicetur etiam aliquid causa mortis hominis, non quod destruat animam, sed quod compositum ipsum., in hoc enim vera ratio corruptionis consistit. Et quamvis non faciat materiam, tamen dat materiam, et dat corpus organicum, et praeparat ac disponit» (Toledo, De anima, 1. III, c. 5, q. 17. Ed. Venecia, 1586, fol. 161).

{80} Santo Tomás, De potentia, q. 3, a. 12.

{81} Santo Tomás, I. p, q. 118, a. 2, ad 2.

{82} M. Liberatore, Institutiones philosophicae, vol. II, pág. 295. Neapoli, 1876.

{83} J. Fernel, Physiologia, 1. VII, c. 10. Ed. Lugduni Batavorum, 1645. página 329 s.

{84} A. Brachet, L'oeuf et les facteurs de l´ontogénèse, pág. 382. París, 1931.

{85} W. His, Unsere Körperform und das physiologische Problem ihrer Entstehung. Leipzig, 1874.

{86} W. Roux, Gesammelte Abhandlungen über Entwicklungsinechanik. Leipzig, 1894.

{87} A. Weismann, Die Continuität des Keimplasmas als Grundlage einer Theorie der Vererbung. Jena, 1885.

{88} O. Hertwig, Lehrbuch der allgemeinen Biologie. Jena, 1920.

{89} «On ne doit jamais oublier que si l'oeuf est un matériel admirable pour l'étude physiologique de la vie cellulaire, il est bien plus qu'une simple cellule, car il est chargé d'un potentiel ontogénétique à la réalisation duquel concourt tout ce qui se passe en lui, à tous les moments de son évolution. La cellule-oeuf, en effet, a devant elle le prodigieux avenir de pouvoir donner raissance à un être nouveau, représentant exact de l'espèce à laquelle elle appartient. Cette «fonetion» dt 1'oeuf imprime inevitablement á la vie qui est en lui des caractères espécifiques» (A. Brachet, L'oeuf et les facteurs de l'ontogénèse, pág. 115 s. París, 1931).

{90} Aristóteles, De animalium generatione, 1. II, c. 1.

{91} «Les cellules sexuelles... sont des êtres vivants et toutes les fonctions physiologiques par lesquelles se manifeste la vie, existent en elles: elles respirent, se nourrissent, sont en un mot le siège d'un incessant métabolisme» (Brachet, L'aeuf et les facteurs de l'ontogénése, pág. 115).

{92} Los antiguos ponían como sustentáculo de la «virtus formativa» un cuerpo gaseoso («spiritus») que suponían contenido en el semen : «In semine a principio suae decisionis non est anima, sed virtus animae, quae fundatur irn spiritu qui in semine continetur, quod de natura sui spumosum est, et per consequens corporalis spiritus contentivum. Ista autem virtus agit disponendo materiam et formando ad susceptionem animae» (Santo Tomás, De potentia, q. 3, a. 9, ad 9).

«Ab his autem ad reliquum semen convertamur. Quod intro inclusum est tennius, multo etiam magis calore diffunditur, hinc mox turgescit spiritum concipiens, ut inquit Hippocrates. Per id temporis quicquid in semine tenue est, in spiritum abit, non eum quidem venti flatusque plenum... At vero sic in spiritum id verti putamus, ut spiritus ille caloris omniumque facultatum moderator, et primus procreationis author, in seminis medium se colligat... Itaque hic spiritus non modo primum vehiculum et instrumentum est procreatricis facultatis (in eo enim constituta est summa illa divinaque vis conformandi) sed etiam reliquas omnes naturales, quibus nutrimur et augemur, earumque auxiliarias, is unus in se omnes sustinet et comprehendit» (J. Fernel, Physiologia, 1. VII, c. 9. Ed, cit., pág. 326).

{93} «Deve essere osservato che nella stessa maniera che in ciascuna specie animale 1'uava ha morfolagicamente una fisionomia sua propria, in generale riconoscibile a un esame diretto... cosl deve possedere una composiziane chimica che lo caratterizza» (G. Chiarugi, Trattato di embriologia, volumen I, pág. 52. Milán, 1929).

«Si l´on examine avec soin la genése des produits sexuels, on s'apercoit que, dés avant la fécondation, ils portent une empreinte spécifique indélébile. Des ovules et des spermatozoides anonymes, examinés par un histologiste averti, peuvent étre étiquetés rat, cobaye, fourmi, &c. Leur structure est caractéristique de l'espéce á laquelle ils appartienen't et se fixe à un moment donné de la spermatogenése ou de l'ovagenése» (R. Collin, Les hormones, pág. 206 s. París, 1938).

{94} «E superfluo far notare che le piccole uova dei Mammiferi non si prestano a indagini chimiche: quello che sappiamo (e non e molto) sulla composizione chimica delle uova è principalmente desunto da analisi eseguite in uova di alcuni Invertebrati e fra i Vertebrati in quelle di Pesci, di Anfibi e di Uccelli» (G. Chiarugi, Ibid., pág. 51).

{94 bis} Por lo que se refiere a las vegetales, el profesor de la Universidad de Berlín, G. Haberlandt, acaba de formular la siguiente hipótesis: «¿En qué relación se encontrarían las substancias morfógenas de reproducirse con los genes localizados en los cromosomas de los núcleos celulares?... La hipótesis más sencilla, aunque quizá también la más atrevida, es la de que las partículas de las substancias morfógenas son genes que se separan, como «microgenes», de los genes primarios de los cromosomas, los «macrogenes», y emigran al citoplasma» (Sobre la naturaleza de las substancias morfógenas. «Investigación y Progreso», mayo-junio de 1942, pág. 188).

{95} «L'oeuf de toutes les espèces animales est polarisé suivant un axe qui passe par son centre et réunit deux pôles dits supérieur et inférieur. De plus, et c'est tout aussi important, la polarité ne s'établit pas seulement lors de la maturation; elle lui est bien anterieur et peut, dans la majorité des cas, être retrouvée à tous les stades de l'accroissement, jusqu'á l'oogonie primaire. L'hétérogénéité selon l'axe des póles est done un caractére fondamental et elle implique déjà una localisation des composants du cytoplasme, qui se maintiendra visible pendant une longue période du développement, constituant ainsi un précieux point de repére. Mais l'hétérogénéité s'affirme encore par un autre caractére, tout aussi essentiel et dont l'origine remonte peut-être aussi lain dares la vie de l'aeuf que la polarité elle mame. C'est la symétrie bilaterale. Elle consiste en ce qu'il existe un plan unique qui, passant par les deux pôles, coups l'oeuf en deux maitiés exactement semblables et qu'on peut appeler droite et gauche» (A. Brachet, La vie créatrice des formes, pág. 87. París, 1927).

{96} «In una serie di casi esistono lacadizzaziani germina,li, cioè una distribuzione, a limiti piú o mino netti, di particolari sostanze, che daranno origine a determinati organi, e senza le quali i medesimi non possono formarsi. Ordinariamente queste regioni del germe non sano riconoscibili prima dalla maturazione e dalla fecondazione» (G. Chiarugi, Trattato di embriologia, vol. II, pág. 137. Milán, 1932).

«Mentre dai fatti fin qui riferiti indubbiamente risulta la importanza dalle sostanze organo-formative, altri dati dimostrano che ciò che di ecce conasciamo è insufficiente a renderci ragione del meccanismo dello sviluppo. Soltanto nene Ascidie è stata riconosciuta nell'uovo la presenza di sostanze organo-formative differenti, torete per quanti sano gli organi che si differenziano in fase precoce. Quasi sempre si troyano in piccolo numero... Rimane ancora da conoscere l'origine dalle sostanze organo-formative, il modo e il tempo della loro caratteristica localizzazione nel germe, come riescano alla determinaziane della forma, della struttura e del volume degli organi. Tanto mano possiamo intendere come possano agire real produrre l´armonica disposizione degli organi dell' embrione in un complesso unitario» (Ibid., página 148).

{97} «On parle souvent de la «promorphologie» de l'oeuf, de l'embryon virtual dans 1'aeuf (W. Roux). Ces expressions ne sont pas incorrectas á condition qu'on en précise exactement le seres. Elles n'impliquent pos une préformation dans le germe initial de toute l'organisation de l'étre futur, qui en naîtrait par un simple processus d'évolution, c'est-à-dire de déroulement dans l'espace et dans le temps de choses toutes faites. La vérité est autre. Les localisations germinales ne sont nullement un raccourci des organes et des régions du corps de l'embryon ou de l'adulte. Elles sont des «ébauches», nous voulons dice des concentrations de substances et d'énergie dont le travail –le métabolisme– va construir lentement et progressivement toutes les formes que l'embryologie descriptive a fait connaître; en ce sens on peut dire trés exactement que la vie de l'oeuf est créatrice des formes pendant toute la durée de l'ontogénése. Le developpement est done une épigénése, mais dont toutes les sources et tous les rouages sant dans l'oeuf lui-méme préexistant en tant que localisations germinales á la morphogénése et formant comme le canevas des differenciations ultérieures» (Brachet, L'oeuf et les facteurs de l'ontogénése, pág. 329 s.).

«Les localisations germinales ne sont á l'origine que des zones de concentration plus grande, oú les substances qui les composent et les énergies qui s'y déploient se trouvent dans des rapports de proportionnalité spécifiques pour chacune d'elles. Les différences qualitatives n'apparaitront que plus tard comme conséquence de l'élaberation chimique dont elles sont le siège. Cette conception, outre qu'elle s'accorde avec les faits, permet d'expliquer, sans sortir du damaine de la science positive, la labilité primaire des localisations germinales, suivie à plus ou moins bréve échéance de la stabilisation de leurs potentialités; elle rende compte aussi des phénomènes de régulation dont l'oeuf, les blastomeres ou méme le germe en developpement peuvent étre le siége» (A. Brachet, Ibid., pág. 382).

{98} «Au point de vue embryologique, on peut conclure de ce qui vient d'étre dit que le développement ne commence nulleunent avec la segmentation de l'oeuf. Son début coïncide avec le passage de l'oogonie au stade d'oocyte de premier ordre puisque c'est alors que se construisent et se mettent en place les matériaux qui serviront á la morphogénèse proprement dite» (A. Brachet. L'oeuf et les facteurs de l'ontogénése, pág. 388).

{99} «La segmentatio,. pour nous comme pour la plupart des embryologistes qui ont mis en oeuvre la méthode expérimentale, est uniquement un morcellement de l'oeuf et n'a par elle-méme aucun valeur formative. Elle ne crée pas de nouvelles localisations germinales, elle ne déplace pas celles qui existaient et elle respecte la répartition symétrique bilaterale de l'oeuf. Le seul fait nouveau qui apparaisse souvent pendant qu'elle se poursuit, c'est que les potentialités régionales, au fur et á mesure qu'elles s'isolent en des blastomères définis, deviennent plus fixes, plus stables et prennent un caractére déterminatif de plus en plus imperieux: la composition mosaïque de l´oeuf fécondé, qu'il est parfois difficile de déceler à ses débuts, s'affirme et se précise avec les progrés de la segmentation» (A. Brachet, L'oeuf et les facteurs de l'ontogénèse, pág. 287).

{100} «D'une façon génerale, c'est quand la segmentation s'achéve que l'oeuf commence á mettre en aeuvre le potentiel ontogénétique contenu dans ses localisations germinales. Celles-ci, à ce moment déjà, sont réparties dans des cellueos qui se nourrissent et prolifèrent abondamment; mais cette prolifération, dans la morphogénése camme dans la segmentation, est un agent de réalisation bien plus que de formation à proprement parler» (A. Brachet, L'oeuf et les facteurs de l'ontogénèse, pág. 331).

{101} A. Lanza, Op. cit., pág. 193.

{102} San Máximo, Ambignorum liber. Contra eos qui corpora ante animas existere affirmant, P. G., 91, 1338.

{103} A. Eschbach, Disputationes physiologico-theologicae, pág. 250. Romae, 1901.

{104} Santo Tomás, De potentia, q. 3, a. 9, ad 9.

{105} Santo Tomás, Contra Gentiles, 1. II, e. 89.– No obstante la claridad meridiana de esos textos, se empeña Arriaga en que Santo Tomás «solum docet animam prius esse nutritivam, deinde sensitivam, postea intellectivam, quod recte potest de unica anima intelligi; non quia eadem transeut in se de uno esse ad aliud, sed quia ex defectu dispositionis, primo sit nutritiva, id est, prius nutriat quam sentiat, et prius sentiat quam intelligat» (De anima, disp. III, sect. 3).

{106} «Passumus dicere, sine praejudicio, quod proprie loquendo non vivit embryo eo modo quod illud quod habet animam sive formam ac perfectianem dicitur vivere, sed improprie loquenda, et extenso nomine... Embryo vivit loquendo impreprie, quia non ex praesentia informantis animae, sed ex existentia quam recipit a corpore continente... Et notandum quod in decisione seminis a generante, relinquitur virtus in semine, quae invalescit et vigoratur a virtute continentis, sicut natura quandoque confortatur et roboratur opere artificis. Unde virtus illa seminis sic roborata operatur ad organizationem, praeparatque corpus et reddit congrum ad animae rationalis susceptionem, incessanter cooperante et influente ipso continente. Unde non est necesse prius inesse vegetabilem ac sensibilem embryoni per modum informantis, ut sic praeparatur ad susceptionem rationalis, sed solum per modum exterioris ipsum corpus praeparantis, quod debet esse organum ac perfectibile ipsius animae perficientis» (V. de Beauvais, Speculum naturale, 1. XXIV, c. 50, cal. 1747 s, Duaci, 1624).

{107} F. T. Murphy, Teories about the time the soul enters the body, The Ecclesiastical Review, 1917.

{108} Santo Tomás, De potentia, q. 3, a. 9, ad 10.

{109} Santo Tomás, Ibid., ad 9.

{110} Santo Tomás, Contra Gentiles, 1. II, c. 89.

{111} Santo Tomás, Ibid.

{112} J. Fröbes, Phychologia speculativa, vol. II, pág 278. Friburgi, Brisg, 1927.

{113} Santo Tomás, Ibid.

{114} Aristóteles, De anima, 1. II, c. 4.

{115} Anima «fabricatur, architectaturque conveniens sibi accommodatumque instrumentum; deformat ipsa sibi et praeparat domicilium, non deformatum autem et praeparatum demum subit. Non enim quemadmodum cythara dedolatur prius et conditur, tum demum adhibetur ad musicam, ita et corpus ornatur ante instruiturque, mox animae sumendum offertur» (De anima, 1. 1, c. 22. Venetiis, 1502, fol. 74).

{116} Santo Tomás, Ibid.

{117} Z. González, Philosophia elementaria, Vol. I, pág. 479. Matriti. 1868.

{118} F. E. Cangiamila, Embryologia sacra, 1. I. c. 6, n. 3.– Cit. A. Lanza, Op, cit., pág. 136, nota 444.

{119} P. Zacchia, Quaestiones medico-legales, 1, IX, tít. 1, q. 1. Venetiis, 1751.

{120} Fredault, Physiologie générale, pág. 728. Cit. A. Eschbach, Op. citado, pág. 239.

{121} A. O'Malley, The physical science in S. Thomas, The Ecciesiastical Review, 1913.

{122} G. Antonelli, Medicina pastoralis, vol. I, pág. 192 s. 5ª ed. Romae, 1932.

{123} J. Pujiula, Embriología del hombre y de los demás vertebrados, volumen I, pág. 268. Barcelona, 1923.

{124} O, Hertwig, Elementi di embriologia dell' uomo e dei vertebrati. Trad. ital., pág. 193. Milán, 1927.

{125} G. Chiarugi, Trattato di embriologia, vol. II, pág. 307 s. Milán, 1932.

{126} G. Chiarugi, Op. cit., vol. II, pág, 180.

{127} Galeno, De foetuum formatione, c, 6. «Galeni omnium operum prima classis». Venetiis, 1562, fol. 141.

{128} Santo Tomás, De potentia, q. 3, a. 9.

{129} «Alteratrices facultates in omni animalis genere te, membratim erunt, quot habet in se elementares particulas» (Galeno, De naturalibus facultatibus, 1. I, c. 6. Ed. cit., fol. 31.

{130} Avicena, Canon medicinae, 1, I, fen, s., doctr. 6, c. 2. Ed. Venetiis, 1595, pág. 72 a..

{132} Santo Tomás, I. p., q. 118, a. 1, ad 2.

{133} Santo Tomás, Ibid., ad 4.

{134} Santo Tomás, Quodlibeto, XII, a. 10.

{135} Santo Tomás, De potentia, q. 3, a. 9, ad 11.

{136} Santo Tomás, Ibid., ad. 9.

{137} Santo Tomás, I. p., q. 118, a. 1, ad 2 et 4.

{138} Santo Tomás, De potentia, q. 3, a. 9, ad 9.

{139} Santo Tomás, Ibid.

{140} Santo Tomás, Ibid., ad 2.

{141} Fue cuestión discutida entre los antiguos. San Alberto Magno dice (De homine, q. 17, a. 3, ad 13) que la «virtud formativa» persevera después de la infusión del alma racional, desempeñando entonces la función de «restaurare deperditum in organis fccetis». Santo Tomás viene a decir lo mismo en De potentia, q. 3, a. 9, ad 16: «Virtus formativa, quae in principio est in semine, manet adveniente etiam anima rationali; sicut et spiritus, in quos fere tota substantia spermatis convertitur, mannent. Et illa quae prius fuit formativa corporis, fiit postmodum corporis regitiva» En cambio, en la Suma Teológica, I. p., q. 118, a. 1, ad 4, parece decir lo contrario: «Virtus activa quae erat in semine, esse dessinit, disoluto semine evanescente spiritu cui inerat. Nec hoc est inconveniens, quia vis ista non est principale agens, sed instrumentale; motio autem instrumenti cessat effectu jam producto in esse».

Cayetano (In I. p., q. 118, a. 1) trata de evitar la contradicción de estos textos, diciendo que Santo Tomás en De potentia no enseña que permanezca la misma virtud numérica, y que en la Suma no dice que no quede la misma virtud específica; así que los textos no serían contradictorios suponiendo que, según el Santo, desaparece la vircud que antes existía y es sustituida por otra de la misma especie. Solución artificiosa y sin fundamento en el contexto.

De la cronología de esas dos obras no se puede deducir cuál fue el pensamiento definitivo del Santo, en caso de que haya cambiado de parecer; pues los autores que se han ocupado de esa cronología, no están de acuerde acerca de la fecha de la composición de las dos obras. La primera parte de la Suma Teológica, según algunos (A. Walz, Chronotaxis vitae et operum S. Thomae de Aquino, Angelicum, 1938), fue escrita en 1266, y según Mandonnet (Des écrits authentiques de S. Thomas, Fribourg, 1910), en 1267-1268. Respecto de la cuestión De potentia, hay mayor divergencia: según Mandonnet, en 1259-1263; según M. Grabmann (Die Werke des hl. Thomas von Aquin, Münster, 1931), en 1265-1267; según P. Glomieux (Les questions disputées de S. Thomas et leur suite chronologique, Recherches de Théol. Anc. et Médiev., 1932), en 1265-1268.

Se discutió bastante entre médicos y entre filósofos si desaparece y cuándo la virtud formativa. Vid. F. Vallés, Controversiarum medicarum et philosophicarum libri decem, pág. 87. Francofurti ad Moenum, 1582.– J. Fernel, Physiologia, p. 339. Lugduni Batavorum, 1645.– Conimbricenses, De generatione et corruptione, pág. 266 s. Venetiis, 1602.

{142} «Virtus quae est in semine a patre, est virtus permanens ab intrinseco, non influens ab extrinseco, sicut virtus moventis quae est in projectis; et ideo quantumcumque pater distet secundum locum, virtus quae est in semine operatur... Tamen quantum ad aliquid est simile : sicut enim virtus prajicientis, quae est finita, movet motu locali usque ad determinatam distantiam loci, ita virtus generantis movet motu generationis usque ad determinatam formam» (Santo Tomás, Quaest, de anima, a. 11, ad 2.)

{143} Avicena, Canon medicinae, 1. I, fen. 1, doctr. 6, e. 2.

{144} Cual simple muestra del concepto que los modernos embriólogos encierran en las expresiones citadas y de lo poco que en esto se ha adelantado, transcribimos un párrafo del gran embriólogo norteamericano E. B. Wilson, pero sin aprobar el organicismo que revela: «From a merely physico-chemical point of view the germ appears as a magazine of matter and energy which undergoes a series of specific transformations during development to produce a typical result. From a cytological and embryological point of view the germ is a single cell built upen the same plan as other cells. That a single cell can carry the total heritage of the complex adult, that it can in the course of a few days or weeks give rise to a mollusc or a man, is one of the great marvels of nature. In attempting to attack the problems here involved we must from the outset hold fast to ihe fact that the specific formative energy of the germ is not impressed upon it from without, but is somhow determined by an internal organization, inherent in the egg and handed on intact from one generation to another by cell-division. Precisely what this organization is we do not know. We do know that it is a heritage from the past somehow perpetuated by cell-division, and that development is only a further extension of processus that have been going on since life began... But when we have grasped this fundamental fact we have only focussed our instruments for a study of the problem. In what form are the potencies of the adult borne by the germ-cell and how do they become visible realities as development proceds? We can answer only imperfectly; but we are at least able to formulate many of its problems in terms of cell-activities. The gross errors of the early preformationists were long since dispelled. We know that the germ-cell contains no predelineated embryo; that the parts of the embryo are gradually formed in a typical order by a process which, externally, at least is one of epigenesis as understood by Aristotle, Harvey and Wolff» (The cell in development and heredity, pág. 1035 s. Nueva York, 1928).

{145} «L'embryologie analytique ou causale, elle, s'est donnée pour tâche de rechercher, non plus les causes historiques, mais bien les causes actuelles, immédiates, du développement embryonnaire... C'est á elle qu'incombe la recherche du jeu intime des facteurs dont la source est dans la vie et dont l´abautissant est l'organisatian et l'établissement des formes. Elle considère le développement d'un organisme comme une «fonction» du germe, au sens que les physiologistes attachent à ce mot quand ils analysent, par l'expérience, la fonction digestive, ou respiratoire, ou toute autre, et cemme eul. elle utilise tautes les méthodes qui sont en son pouvoir» (A. Brachet, La vi, créatrice des formes, pág. 18 s.).

{146} A los que no teniendo conocimientos embrialógicos suflcientes, se fían de lo que dice cualquier atrevido, había que recordarles la siguiente reprimenda de Galeno: «De foetum formatione philosophi, etiam nullam ex dissectione confirmationem adhibentes, scribere aggressi sum. Quocirca si a veritate aberrarunt, et inter se dissensere, nihil mirum est; nam quando iis, qui diligenter dissectioni studuerunt, ignota adhunc quaedam sunt, multo magis profecto errasse eos verisimile est, qui absque dissectionis evidentibus fidem suis opinionibus adhibuerunt» (De foetum formatione, c, 1, Ed, cit. folio 137 v.).

{147} San Agustín, Enchiridion, c. 85, P. L. 40.272.

Imprima esta pagina Informa de esta pagina por correo

filosofia.org
Proyecto Filosofía en español
© 2010 filosofia.org
 :
1940-1949
Hemeroteca