Nuestra Bandera, revista teórica y política
del partido comunista de españa
· Madrid, abril 1964
número 39
páginas 45-48

El desarrollo del movimiento nacional en Cataluña

El proceso de descomposición de la dictadura franquista y la extensión de la oposición, ganando progresivamente a nuevos sectores de la sociedad española, convergen en un fenómeno característico de la actual situación política en España: todos los problemas pendientes de solución durante estos 25 años afloran a la superficie y aparecen al descubierto como una exigencia de cambios ya inaplazables.

Entre ellos se cuentan los problemas nacionales de Cataluña, Euzkadi y Galicia. Esas naciones hispánicas, oprimidas por la dictadura de la oligarquía financiera, se ponen en movimiento para lograr que sus derechos nacionales sean reconocidos y aparecen como una fuerza más que presiona hacia la liquidación del poder de Franco.

El proceso de activización del movimiento nacional cobra sus rasgos más aparentes en Cataluña, donde la notable expansión de la cultura catalana en estos últimos años, el movimiento de oposición intelectual y estudiantil, la agitación de las capas pequeño y medio burguesas y la presión del movimiento obrero, motor de todo el proceso, convergen en un marco político intensamente teñido por la aparición resuelta de las reivindicaciones nacionales del pueblo catalán.

El proceso es tanto más aparente por cuanto en los últimos meses ha experimentado un salto en su desarrollo que obliga a que sea tenido en cuenta incluso por quienes se empeñan en cerrar los ojos. El movimiento nacional catalán se ha convertido ya en una fuerza que mueve a masas cada vez más extensas fuera de los reducidos límites de las reivindicaciones exclusivamente culturales, dentro de las que se movía hace sólo muy pocos años.

Creemos que tiene interés un breve resumen de los acontecimientos que se han desarrollado en este frente en los últimos meses:

El pasado mes de noviembre, las declaraciones de Dom Aureli Mª Escarré, Abad de Montserrat, después de denunciar el régimen franquista y de reivindicar las libertades democráticas [46] para toda España, abordaban el problema nacional catalán en estos términos: «Los catalanes en gran mayoría, no somos separatistas. Cataluña es una nación entre las nacionalidades españolas. Tenemos derecho como cualquier otra minoría, a nuestra cultura, a nuestra historia, a nuestras costumbres que tienen su propia personalidad dentro de España. Somos españoles, no castellanos.» El PSU de Cataluña declaraba en el número de noviembre de su portavoz, Treball: «El PSU de Cataluña, vanguardia dirigente de la clase obrera de Cataluña, comparte plenamente estas opiniones del Abad de Montserrat. Los comunistas catalanes consideramos que el pueblo de Cataluña, igual como los otros pueblos de España, tiene, además de los derechos señalados por el Abad, los de determinar por sí mismo el régimen político en que quiere vivir y de elegir sus propios gobernantes.»

El franquismo contestó a la valerosa toma de posición del Abad de Montserrat con diversos artículos insultantes insertados en su prensa, entre los que destacaban unas manifestaciones del funcionario falangista Fray Justo Pérez de Urbel, Abad del Valle de los Caídos. Pero la reacción del pueblo catalán fue inmediata. Quizá nunca las declaraciones de una personalidad habían adquirido tanta difusión en Cataluña, desde hace 25 años, como en esta ocasión las de Dom Aureli Mª Escarré. El Abad ha recibido más de 5.000 adhesiones personales por escrito, entre las que destaca la carta firmada por 407 sacerdotes catalanes que se hacen totalmente solidarios de su toma de posición.

Paralelamente se ha desarrollado la campaña de petición de libertad para la lengua catalana (escuelas, prensa, radio, televisión, &c.). Más de 6.000 instancias individuales han sido ya reunidas para ser entregadas al Gobierno. La respuesta del régimen fue la clausura de los locales del Omnium Cultural, entidad que centralizaba la recogida de las instancias.

Este episodio, sucedido en diciembre, merece cierta atención. El Omnium Cultural era una sociedad civil fundada por un grupo de capitalistas catalanes sin ningún propósito subversivo. Promoviendo y financiando diversas actividades culturales en catalán y apoyando la petición de libertad para la lengua, sus fundadores se proponían ponerse al frente del movimiento nacional catalán y convertirlo en punto de apoyo para ejercer una influencia entre las masas con el fin de instaurar un régimen conveniente para sus intereses de clase, el día que desaparezca la dictadura del general Franco. Por ese camino ya habían logrado ejercer un cierto control sobre el «Institut d'Estudis Catalans», la «Agrupació Dramática de Barcelona», el Secretariado de los Premios de las Letras Catalanas, el movimiento de Coros y Orfeones de Cataluña, que agrupa a 60.000 personas, &c.

Pese a las intenciones de sus dirigentes, limitadas estrechamente por sus intereses de clase, el Omnium, protegiendo y fomentando una serie de actividades culturales catalanas, aparecía objetivamente enfrentado con la dictadura de Franco que ha pretendido arrasar esa cultura y liquidar las bases de la nación catalana.

Todo ello es un buen ejemplo del papel que juega objetivamente el movimiento nacional catalán en la lucha por la democracia, independientemente de las intenciones de quienes [47] pretenden apoyarse en él. Unos días después del cierre del local del Omnium, la concesión de los Premios de las Letras Catalanas, en medio de una concurrencia más numerosa que nunca, se vio caracterizada por el sentido progresista de muchas de las obras premiadas y por la institución de un nuevo premio para obras dedicadas al estudio de los movimientos sociales en Cataluña, bajo el nombre de «Premio Rafael Campalans » en memoria de un antiguo dirigente socialista, bien conocido.

El día 22 de diciembre, la Casa de Montserrat en Barcelona, sede de diversas organizaciones juveniles católicas, de carácter catalán, fue incendiada por una banda de forajidos falangistas. En sus paredes inscribieron una frase que resume el odio de todos los reaccionarios españoles a la nación catalana: «España, una bandera, una patria, una lengua.» Los incendiarios se han dado a conocer posteriormente, mediante cartas con amenazas dirigidas a diversas personas, como «Movimiento Jonsista» (JOES, Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas). Esas cartas ostentaban cabeceras de tipo terrorista que recuerdan procedimientos de la OAS francesa: «Grupo Psicológico», «Sección de Lucha Interior Poblaciones».

Claro que no sólo no han logrado asustar a nadie, sino que han ayudado a poner de relieve qué clase de «paz» es la del franquismo. Una paz con incendiarios que distribuyen amenazas de muerte, bajo la protección de la policía franquista y con el silencio cómplice de la prensa del régimen que ha intentado ocultar el origen del incendio y hacerlo pasar por un hecho casual.

Pero la respuesta popular fue inmediata. El día siguiente, 23 de diciembre, tuvo lugar una concentración frente a la Casa de Montserrat y de ahí arrancó una manifestación que recorrió el centro de la ciudad. Los manifestantes gritaban: «¡Viva Cataluña!, ¡Viva la libertad! ¡Viva la paz!». Los centenares de personas que tomaron parte en este acto se dispersaron pacíficamente sin que la policía armada, presente en torno a la manifestación, interviniera en ningún momento.

La misma actitud «prudente» ha manifestado la policía en las diversas detenciones practicadas posteriormente, en relación con la campaña por la lengua catalana y contra el Delegado de información y Turismo Delgado, en quien muchos catalanes ven la cabeza visible que dirige la represión contra su lengua, las multas impuestas a conferenciantes por expresarse en catalán y la prohibición de coloquios, ciclos de conferencias y publicaciones en lengua catalana. Todos los detenidos han sido puestos en libertad pocas horas después de su ingreso en la Jefatura de Policía.

En Barcelona, la politización de las masas contra la actitud represiva del régimen ha tenido ocasión de manifestarse con motivo de la celebración del 25 aniversario de la «Liberación» de Barcelona por Franco. Y ello pese a que las autoridades hicieron un esfuerzo para dar un cierto color «catalanista» a los actos oficiales, montando una vergonzosa mascarada a base de barretinas, sardanas y coros en torno a las manifestaciones franquistas. Esta provocación dio lugar a la destrucción total de los carteles fijados en las paredes de la ciudad con la consigna «25 años de paz». Ha sido el pueblo, en un movimiento colectivo, [47] quien hizo desaparecer en pocas horas varios millares de carteles franquistas, sin dejar apenas uno.

Los comunistas catalanes impulsan la lucha de su pueblo por las libertades nacionales catalanas y orientan el movimiento de masas a comprender que sólo la democracia en toda España puede garantizar una Cataluña nacionalmente libre. El problema nacional catalán, como el vasco y el gallego, sólo pueden encontrar solución en la lucha por un poder democrático que reconozca el derecho a la autodeterminación de Cataluña, Euzkadi y Galicia. Por eso el movimiento nacional es un aliado importante en la lucha que están librando todos los antifranquistas contra la dictadura en toda España.

En Cataluña, la convergencia de la lucha de la clase obrera y de las otras capas y clases sociales lesionadas por el franquismo, se funde estrechamente con las reivindicaciones nacionales, constituyendo –como dice la Declaración del Comité Ejecutivo del PSU, de marzo de 1964– «el movimiento nacional catalán contemporáneo, que es al mismo tiempo cultural, social y político, profundamente antifranquista y auténticamente democrático».

J. B.

 


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