El Carbayón
Oviedo, miércoles 15 de octubre de 1930
Decano de la prensa de Oviedo
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En Gijón

El domingo se celebró
solemnemente en esta villa
la Fiesta de la Raza

(De nuestro corresponsal)

En el teatro Dindurra se celebró el domingo por la tarde con extraordinaria brillantez la Fiesta de la Raza, asistiendo selecta concurrencia y nutridas representaciones de todas las clases sociales. El teatro estaba adornadísimo con guirnaldas y banderas de los países hispano-americanos.

Comienzo de la Fiesta

Al levantarse el telón aparece en escena la presidencia, formada por el gobernador civil Sr. Rosón, quien tenía a su derecha al Sr. Obispo de la diócesis, al presidente de la Audiencia Sr. Prendes Pando y al alcalde de Gijón Sr. Vereterra, y a su izquierda al gobernador militar Sr. Ovilo, al Rector de la Universidad Sr. Galcerán y a los diputados provinciales D. Secundino Felgueroso y D. Mariano Merediz.

Otra presidencia la formaban las bellísimas señoritas Ernestina y Nineta Gutiérrez, Luchi y Joaquina Domínguez Gil y Galarra, Araceli González, Elisita Busto, Valentina Hevia, Alicia y Blanca Riva, María Lourdes Laviada, Carmina Velasco y Maruja Galarza, las cuales se sentaron en sillones en un estrado colocado en el centro de la sala, teniendo en las manos hermosos ramos de flores.

En el resto del escenario se hallaban los cónsules de Cuba, don Florentino Fernández; de la Argentina, D. Ricardo Spangenberger; de Guatemala, D. Gonzalo Meana; del Brasil, D. José Salcedo; y de Méjico, D. José Manuel Rivero (hijo); por el Club de Regatas, D. Marcelino F. Villamil; el teniente coronel de Tarragona Sr. Grau, don Andrés Monreal, el primer teniente alcalde D. Manuel I. G. Riera, el comandante de Infantería D. Luis Pumarola y otras representaciones.

Seguidamente la banda de Gijón preludió una sinfonía, siendo muy del agrado del público la labor de la misma.

A continuación usó de la palabra

D. Andrés Monreal

Comienza diciendo que es la primera vez que esta fiesta se celebra en Gijón. Dice que es posible que, científicamente hablando, la denominación de Fiesta de la Raza sea impropia, porque una raza no está constituida sólo por hombres que hablan un mismo idioma y tienen las mismas o parecidas costumbres; pero impropia o no, la denominación es fácil, clara, comprensible y da a entender perfectamente lo que nos proponemos celebrar en esta fecha del 12 de Octubre: la comunión espiritual, en un fervoroso anhelo de unión y de confraternidad, de todos los que hemos nacido en España, de los descendientes de españoles nacidos en otras tierras y de cuantos tenemos como nexo el lazo de unión entre el mundo de los espíritus y el mundo de los cuerpos: el idioma, y en este caso el castellano. En esa unión incluimos también a todos aquellos que, descendiendo de españoles, han pasado a depender, con gran pesar nuestro, de otra potencia extranjera. Se refiere a los Estados de abolengo español que ya forman parte de la nación norteamericana y a los habitantes de Filipinas y Puerto Rico, así como a los de Brasil y Portugal.

Dice que esta fiesta no ha de ser de agresividad ni patrioterismo, sino la afirmación de muchos millones de seres que quieren ocupar en el mundo el puesto que les corresponde.

Termina agradeciendo a las autoridades y representaciones asistentes la colaboración prestada para la brillantez del acto que han honrado con su presencia.

Le sigue en la tribuna, en representación del Ejército, el comandante

D. Luis Pumarola

Comienza saludando a las autoridades que presiden el acto y a todo el auditorio y dice que nunca hubiera creído que iba a recaer en él la representación del Ejército para tomar parte en este acto y que, aunque inmerecidamente, la acepta en cumplimiento del deber.

Afirma que el Ejército lucha por principios muy altos, sin que le guíen más ideales que los que le indica la Patria y la Historia nuestra, que ejerció siempre su acción como un apostolado, como lo hizo en América, donde luchó al lado del fraile, que llevaba a aquellas primitivas tierras los auxilios y las luces de la religión cristiana.

Dice que el presente vive del pasado acumulado y que el presente no hace más que perfeccionarlo. Manifiesta que cuando el descubrimiento de América, España era el país más adelantado del mundo, como lo demuestra el que el siglo de oro español se adelantó en mucho al siglo de oro francés, y además porque nuestra situación geográfica nos colocaba en un lugar preeminente para el progreso del mundo, cuando España tenía ya en disposición sus fuerzas expansivas y estaba dispuesta para la conquista y colonización de América.

Cita unos conocidos versos del gran poeta hispano-americano Rubén Darío dirigidos a Roosevelt, el ex Presidente norteamericano, donde se expone y alienta el ideal que inspira a toda la América española y que la funde en un mismo sentimiento.

Al terminar el orador fue muy aplaudido.

D. Feliciano Rodríguez

En nombre del Clero, y designado al efecto por el Sr. Obispo de la diócesis, hace uso de la palabra este distinguido sacerdote gijonés.

Expone en palabras ardorosas su amor a la Patria, de la que dice que después de Dios, y guardando la debida relación con el Ser Supremo, la ama con todas las fibras del corazón, y afirma que igual ocurre con todo el clero español, que puso y pone en todo momento sus corazones en el ara del altar de la patria, como lo acredita con hechos repetidos y elocuentísimos nuestra Historia.

Afirma que el poderío y la cultura de la Patria es consustancial con el clero y con el espíritu cristiano, pues si se redujeran a cenizas las páginas de nuestra Historia, que tratan de sus hechos, y todas las producciones de los genios cristianos en España, quedarían reducidas a la nada todas las glorias de la Patria.

Habla de Cristóbal Colón, de las amarguras que pasó antes de llevar a la práctica su proyecto del descubrimiento de América y de la ayuda que le prestó el Padre Marchena, guardián del Convento de la Rábida y confesor de Isabel la Católica, citando, al efecto, la conocida obra de un escritor norteamericano, Los exploradores españoles del siglo XVI, donde se enaltece debidamente lo hecho por la Reina Isabel a favor del descubrimiento y donde también se consigna la gran obra de los religiosos en los años de la colonización.

Termina, en brillantísimos párrafos, donde canta las glorias de España y la obra de la Religión, y al terminar, escucha una gran ovación.

Poesía y orfeón

El conocido doctor gijonés don Joaquín Sánchez se adelanta al proscenio y lee, con exquisita corrección, un canto épico a las glorias de Asturias y su exaltación patriótica, del que es autor don Manuel I. G. Riera, versos muy inspirados y que fueron aplaudidos en justicia.

Seguidamente, el Orfeón Gijonés cantó con gran afinación y sentimiento las obras que figuraban en el programa, o sea, «Canto de los mozos de la alborada» de Torner, «Ábreme la puerta» de Benedicto y «Sardana de las monjas» de Morera. El público aplaudió a los orfeonistas al terminar cada una de dichas obras.

D. Florentino Fernández

La segunda parte del programa de la fiesta comenzó con una obra ejecutada por la banda de Gijón, y seguidamente, el cónsul de Cuba, don Florentino Fernández, en nombre de todos los representantes del Cuerpo Consular de los países hispanoamericanos, pronunció unas sentidas palabras de salutación, y se adhirió al acto en nombre de todos los países de nuestra raza en América. Fue muy aplaudido.

No tomó parte en el acto, como estaba anunciado, el señor marqués de la Vega de Anzo, que lo iba a hacer en nombre de la Unión Ibero Americana, porque a última hora avisó que se lo impedían atenciones perentorias.

Seguidamente el actor señor Sánchez, leyó otra poesía, muy bien dicha, de Rubén Darío, titulada «Salutación del Optimista», y un soneto alusivo a la fiesta, firmado por L. Rico, siendo ambas composiciones muy aplaudidas.

A continuación y siendo su aparición en la tribuna acogida con grandes aplausos, pronunció un elocuente discurso,

El Marqués de Saltillo

Hizo historia detalladísima del descubrimiento de América, con que se ensancha el orbe al esfuerzo de nuestros héroes esclarecidos y no necesita la Historia de América tópicos que la crítica rechaza porque la realizada supera lo imaginado.

(Tenemos unas interesantes notas del admirable discurso que la falta de espacio nos impide publicar, lo que haremos en la próxima edición.)

Cita ejemplos admirables de gobernantes guerreros, cuyo juicio sale mejorado a su examen, como don Francisco de Toledo, el licenciado Alonso Muñoz, don Pedro de la Gasca, y en esa pléyade de hombres insignes sobresalieron algunos asturianos prototipos de virtudes excelsas de su raza y ejemplos acabados de dotes extraordinarias, como el glorioso Menéndez de Avilés, Pedro de Manjón, el virrey Abascal, Rodríguez de Albuerne, Trespalacios, José del Campillo, Pedro de Valdés, Toribio de Acebal y otros muchos.

El marqués de Saltillo condensó su discurso en la aportación de datos de la labor de España en América y la cooperación de los asturianos en su realización, y al final fue aplaudidísimo.

Final del acto

El Orfeón Gijonés volvió a ocupar el escenario cantando «Giraldilla», de San Marco, «Ariñetan», de P. San Sebastián y «Molondrón», de Saez de Adana, volviendo a ser muy aplaudido por la numerosa concurrencia, y con esta intervención de dicha agrupación, se dio por terminado el acto en el Dindurra.

En el pabellón del Club

Terminada la solemnidad en el expresado coliseo, las autoridades y las distinguidas señoritas que ocuparon la presidencia de la fiesta se trasladaron en automóviles al pabellón del Club de Regatas, donde se les sirvió un te, con la exquisitez que sabe hacerlo el Restaurant de la casa, y seguidamente se improvisó una animada fiesta, que fue amenizada por la orquesta del Club.

Así terminó este año la Fiesta de la Raza, que adquirió en Gijón, como queda reseñado, un relieve extraordinario.


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Fiesta de la Raza 1930-1939
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