La Época
Madrid, domingo 30 de abril de 1899
 
año LI, número 17.563
página 3

Interview con la Sra. Pardo Bazán

El Español publica anoche una interview celebrada por uno de sus redactores con la Sra. Pardo Bazán, a propósito de su conferencia de París.

Véanse algunas de las declaraciones de la ilustre escritora:

«En los momentos actuales –dijo la Sra. Pardo Bazán,– el tema de mi conferencia no era ni podía ser otro que el que fue. Amo con entusiasmo a mi patria, y nada para mí más grato, ni más triste, que hablar de ella en paraje donde mis frases podían encontrar eco simpático.

Soy yo patriota ferviente, y este patriotismo mío no deja de compadecerse sencilla y lógicamente con lo que he dicho en París. No es el que más quiere al niño el que más le mima y le deja en libertad absoluta. El que enseña y corrige, el que educa y el que castiga, ese es el que más quiere al pequeñuelo. Por eso yo pude hacer novela brillante y preferí hacer crónica triste y negra, pero real y exacta. La mejor prueba de españolismo que entendí debía dar, era la de decir la verdad, ¡la verdad toda!

Por eso decía yo en el texto de mi conferencia que el intento era que mis frases fuesen enérgico revulsivo aplicado a un organismo enfermo; botones de fuego puestos a un atáxico...

Y esto no ha podido producir sorpresa en Francia. La situación económica y política de España sábese en París tan bien como en Madrid. Los proyectos y las Leyes de Gobierno llegan a Francia casi al mismo tiempo que a las redacciones de los periódicos españoles.

Allí hay tenedores de nuestra deuda, allí hay negociantes interesados en la marcha financiera de nuestra nación. Allí no son un secreto las vicisitudes de nuestra Hacienda. Lo único que allí ignoran bastante es nuestra literatura. Francia apenas si conoce a contado número de nuestros escritores, y aun a esos pocos no los conoce bien. Pero en lo militar, en lo económico, en lo político, está al día, y sería vano intento querer pintarles la situación a capricho o con exagerado optimismo legendista.»

Acerca de la impresión que produjo en la colonia española el anuncio de su conferencia, dijo la señora Pardo Bazán:

«He sabido, acerca de eso, algo extraño. La víspera de mi conferencia se dijo en la Bolsa, ignoro con qué fines, pero buenos no serían, que yo iba a hacer la apología del carlismo y a trabajar, ¡asómbrese usted!, en pro de la idea del reparto de España por Inglaterra.

Después se me hizo justicia por todos; se deshizo el error; se convencieron de mi acendrado patriotismo; vieron en mí, según decían, –es frase de un español– a una Capitana Verdades, que pudiendo buscarse un éxito personal y popularísimo –fantaseando o mintiendo grandezas ilusorias–había preferido llanamente trabajar por el bien de la patria, romper lanzas contra lirismos románticos que nos han llevado a la catástrofe, abominar del abandono y de la apatía de nuestro pueblo, atenuar las imputaciones calumniosas que se le han dirigido y hacer votos fervientes por la prosperidad de esta tierra sin ventura, que puede lograrse con el trabajo y el esfuerzo de todos.»

«Respecto de la impresión en España –añadió– sé que no todos se han penetrado de mi propósito. Hay quien no ha comprendido el móvil que me impulsó. Aquí es frecuente que se acuse, no al incendiario, sino al que toca a rebato avisando para que apaguen el fuego. La falta de patriotismo no está en relatar males, está en batirse mal, en administrar mal, en gobernar mal, en perder un caudal ya mermado; la falta de patriotismo consiste en la falta de laboriosidad individual, en la carencia de espíritu colectivo, en el propósito de ocultar el daño, impidiendo así un pronto remedio.

En cuanto a los literatos franceses, asistieron muchos, así como también alguno italiano. Me oyeron con la atención con que un hermano escucha al médico el diagnóstico de la enfermedad de otro hermano. Convinieron en que, para las naciones latinas, el ejemplo de España era saludable, opinaron que muchos de mis juicios eran aplicables a Francia, y lamentaron, no la pérdida de la leyenda áurea del pasado, y sí la sustitución de ésta por la leyenda negra del presente.»

La Sra. Pardo Bazán terminó diciendo:

«Estoy satisfechísima de haber llevado mi modesto concurso a la obra que hay precisión de emprender. Con alegría he visto que la prensa ha recogido mis frases acerca de La España de ayer y la de hoy, frases que no han levantado realmente grandes protestas, porque en la conciencia de todos está la verdad de lo afirmado por mí, porque todos van viendo que vale más señalar la enfermedad y tratar de curarla que ocultarla y dejarla que crezca y aumente y mate el organismo. No concibo el desaliento: no soy pesimista en este sentido: hay que agotar todos los medios para despertar a España. Lo que yo dije, al fin y al cabo, es lo que está en la atmósfera, y lo que muy bien y muy fundadamente dijeron tantos hombres públicos en las Cortes, y en libros magistrales Malladas, Alba, Macías Picavea, y otros innumerables escritores, que han ido mucho más allá que yo, autorizados por su competencia de sociólogos.»

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