Boletín enciclopédico riojano de anuncios
Logroño, 25 de agosto de 1844
año 1, número 34
páginas 2-4

La Censura

Revista Mensual

Publicanla el editor y socios literarios de la Biblioteca Religiosa

Dos años hace que el editor y socios literarios de la Biblioteca religiosa, llevados del piadoso intento de propagar las doctrinas puras del catolicismo, emprendieron no sin muchos afanes y dispendios la publicación de obras de religión y moral cristiana, proponiéndose, ya que otra cosa no estaba en su mano, difundir el antídoto con la misma profusión y perseverancia que vertían el veneno los impíos y libertinos. Pero este remedio, lento de suyo en los efectos, es también ineficaz hasta cierto punto para atajar la irreligión y la inmoralidad, por la palmaria razón de que los que trafican en una y otra, no se curan de leer los libros de doctrina sana y ortodoxa. Era pues preciso discutir un medio de combatir al enemigo, forzando, por decirlo así, sus trincheras, para que provocado a la lid midiera sus armas, ya que tan arrogante se muestra, con los guerreros del Señor. En efecto no es lo mismo publicar obras de dogma o de moral, que en el mero hecho de tratar de estas materias son miradas con alto desprecio por los hombres irreligiosos e inmorales, que censurar las producciones pestilentes de estos ministros de Satanás. Cuando se vean embestidos en su propio campo, o habrán de repeler la acometida, y una vez trabada la contienda no hay miedo que prevalezcan las puertas del infierno contra los que defienden el depósito sagrado que Jesucristo encomendó a su iglesia; o habrán de enmudecer y darse por vencidos. En uno u otro caso la verdad saldrá más refulgente, y el monstruo de la impiedad y del libertinaje quedará derrotado con ignominia.

He aquí por qué el editor y socios de la Biblioteca religiosa; viendo que el error y la inmoralidad cunden de un modo portentoso, y se introducen bajo todas formas en todo género de escritos, periódicos, composiciones dramáticas, poesías, novelas y cuentos, obras científicas y hasta en las que se entregan a la juventud inexperta han determinado publicar LA CENSURA. En ella se examinarán con imparcialidad todas las obras que salgan a luz o hayan salido ya (si lo merecieren por su importancia), y se hará el juicio de cada una, favorable o adverso; pero únicamente considerándolas por el lado moral y religioso. Aunque la censura de los libros perniciosos ha de ocupar un lugar preferente en esta revista; también se tributará el debido elogio a los que lo merezcan por la pureza de su doctrina. La crítica recaerá solamente sobre los escritos, sin tocar para nada a las personas: exceptúanse de esta regla los autores extranjeros, respecto de los cuales se dirá algo de la religión que profesan, o de la tendencia de sus doctrinas.

Como que el objeto es perseguir el error donde quiera que se halle, claro es que han de estar sujetos a la férula de LA CENSURA los tratados de casi todas las facultades y ramos del saber humano, filosofía, historia, poemas, novelas, cuentos, algunas de las ciencias médicas y muy principalmente los libros de materias religiosas y los de educación. Al fin del número se dará muchas veces un índice de los que están prohibidos así por la santa sede, maestra de la verdad, respecto de todo el orbe católico, como por el santo tribunal de la fe y los reverendos prelados de España en lo que concierne a este reino.

El editor y socios de la Biblioteca religiosa conocen su pequeñez y así no presumen de su idoneidad para llevar a cabo tamaña empresa; pero confían en la divina providencia, que suele valerse de débiles instrumentos para ejecutar grandes designios, y esperan además que los ayuden con sus consejos, advertencias e instrucciones los venerables prelados, los curas párrocos y otros eclesiásticos sabios, como también las personas piadosas e instruidas del común de los fieles. Todas ellas, igualmente que los padres de familia y los preceptores de la juventud, están interesados en que se separe la cizaña de la buena semilla, para que esta penetre y fructifique en los tiernos corazones de aquellos cuya educación les está encomendada. ¿Será mucho que nos prometamos su especial cooperación para el logro de un pensamiento tan santo?

Y no se diga que los ministros del santuario desde el púlpito y en el tremendo tribunal de la penitencia o los padres de familia con su vigilancia y cuidado pueden atajar el mal gravísimo que queremos combatir en LA CENSURA. No, la ponzoña se ha extendido tanto, y tiene tanta facilidad para corromper todos los miembros del cuerpo social, que no bastan los esfuerzos del sacerdocio para contener la podredumbre, dado caso que la voz de aquel fuera oída hoy con la veneración que en días más dichosos. En cuanto a los padres de familia, o indolentes en un asunto de tanta monta, o faltos las más veces de los conocimientos necesarios para distinguir los libros buenos de los perniciosos, o acaso inficionados ellos mismos del contagio, ¿cómo se quiere que le atajen? Cuando el mal ha llegado a un punto tan alto, necesarios son remedios fuertes y extraordinarios. ¡Quiera Dios que LA CENSURA logre disminuirle, ya que no pueda extirparle!

Los señores suscritores que deseen censurar cualquier obra, remitirán su artículo en carta franca y se insertará después de revisado si se hallase arreglado al plan que la redacción se ha propuesto. También pueden indicar, si gustan, aquellas obras que a su juicio merezcan alabanza o censura, y enviar los apuntes conducentes.

Todos los meses desde julio se publicará esta revista en un pliego en 4° marquilla de letra de entredós y a dos columnas: por ahora no se dará mas que un número al mes.

El precio para los suscritores a la Biblioteca religiosa será 20 rs. en Madrid y 22 en las provincias por un año, término mínimo de suscrición, y para los demás 22 y 24 respectivamente por el mismo tiempo. Esta cantidad no parecerá excesiva, si se consideran los dispendios que la numerosa redacción y la adquisición de libros han de ocasionar forzosamente.

Se suscribe en Logroño en la librería de Ruiz.


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La Censura 1840-1849
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