Filosofía en español 
Filosofía en español

Filosofía política

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Estado (génesis)

No es la propiedad privada, en el sentido de Morgan o Fried o en el sentido de Marx o de Engels, la que determina la construcción del Estado. Es el Estado el que determina, entre otras muchas cosas, la propiedad privada. El origen del Estado tendrá lugar cuando dos o más sociedades políticas primarias [571-572] que han evolucionado con relativa independencia en torno a sus centros propios llegan a encontrarse, como consecuencia de su expansión, en fluctuantes líneas fronterizas (el border) y «reaccionan» de suerte tal que en lugar de constituir un tertium envolvente de ambas (por coordinación o subordinación de unas a otras), les lleva a desarrollar a cada una de ellas, a fin de mantener su «enfrentamiento», una «membrana» o capa cortical llamada a segregarse del cuerpo de las sociedades primarias (un cuerpo con dos capas ya bien diferenciadas como capa basal y capa conjuntiva). Se constituirá así el cuerpo característico de las sociedades políticas históricas que es un cuerpo de tres capas: basal, conjuntiva y cortical [593]. Algunas de las funciones de la capa cortical han de estar ya apuntadas en las sociedades primarias, y desempeñadas desde otras capas; lo característico de las sociedades secundarias es que tales funciones encuentran un tejido diferenciado de las otras, llamado a desempeñar un protagonismo a veces decisivo por respecto a las otras dos capas. Hay que suponer que cada sociedad política ha tenido que ir desarrollando un conjunto de contenidos peculiares –una lengua, costumbres, ceremonias, estudio de producción, religión…– que constituyen su propia cultura, que se diferenciará de las demás. Ahora puede aparecer algo similar al concepto de «soberanía», medida en una perspectiva temporal-histórica y cuyo contenido es el propio patrimonio cultural. Porque los movimientos de los otros Estados, o reinos, o «esferas políticas» podrán comenzar a «medirse» en una escala objetivada y porque la inicial «limitación» espacial que las demás esferas políticas imponen a cada Estado –limitación exterior que equivale para cada «reino» a una usurpación o apropiación privada de territorios que inicialmente podrían considerarse comunes– va asociada sin embargo con una «dilatación» temporal histórica (indefinida) de cada cual. Sólo por esto ya sería imposible la construcción del Estado al margen de una escritura capaz de fijar tradiciones, proponer normas objetivadas para un futuro indefinido, es decir, leyes. Sin escritura, tampoco podría funcionar la conexión que necesariamente, a través de una burocracia cada vez más compleja, ha de establecerse entre la periferia (cortical) y las restantes capas del cuerpo político. {PEP 252-255}

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